sábado, 21 de marzo de 2026

Cantar de la reina Urraca I, a 900 años de su muerte

 




    

Un pequeño homenaje a la reina Urraca I de León, a 900 años de su muerte, siguiendo 

el estilo de los cantares de gesta. El texto no busca el rigor histórico ni el 

valor  literario,  es simplemente un acto de  gloria y memoria.   Fue leído el 20 de marzo 

de 2026 en el Ágora de la Casa de León en Madrid. Al final del texto se incluye la 

grabación.



Cantar de la reina Urraca I de León (a 900 años de su muerte)


Reina Urraca, reina Urraca, de León gobernadora,

*totius Yspanie regina, primera reina de Europa,

hija fuiste del rey  Alfonso  (VI),  de él heredaste  corona,  

con   dignidad gobernaste, que las  crónicas mencionan,

sorteando los problemas derivados de tu boda

con Alfonso el Batallador, un  rey que de ti hizo mofa…

¡Ay Dios qué buena reina si la historia fuera otra!

Entre el clero y la nobleza   menospreciaron tu honra  

enfrentaste desafíos y,  en actitud retadora,

resolviste  los  conflictos  y saliste victoriosa.

Llamada  “la Temeraria”, por  valentía notoria,

dejaste  tras ti en   herencia   unas tierras anchurosas

y un reino fortalecido que tu hijo  Alfonso (VII)  atesora.

 

Y un funesto   ocho de marzo (1126) llegó   la muerte  afrentosa

y te arrebató la vida, mas  quedó viva  memoria…

 

¡Urraca, mujer valiente,    y, en tu siglo, gran señora,

en  noveno centenario  rememoramos tu historia:

tu corazón de leona merece eterna gloria!

(*Así se denominó  a sí  misma en el primer documento que firmó).

 © Margarita Álvarez Rodríguez 

     Marzo de 2026 


 



jueves, 12 de marzo de 2026

Reseña de "La jaula de oro (apotegmas)", de Carlos d´Ors



 

Poemario

Editorial: Cuadernos del Laberinto

Páginas: 120

Carlos d´Ors es doctor en Historia del Arte y profesor de la UNED. También es pintor y ha sido conservador de Dibujo del MNCARS. Es crítico literario y, como escritor,  cultiva la narración  y la poesía, en  distintos  subgéneros. Tiene publicadas varias obras literarias.

Este  libro, de edición muy cuidada,   está formado por una extensa colección de apotegmas. Un apotegma es un dicho breve,  sentencioso y feliz, según   la definición del diccionario de la RAE. En una nota previa del autor este  nos habla de  que sus apotegmas son “breves sabidurías”. Asegura que no son aforismos porque “no  intentan ser normas de conducta (…) ni aspiran a tener un carácter ético”. Aunque bien mirado,  no siempre es fácil   distinguir entre apotegma,  aforismo, máxima, proverbio, sentencia…

El texto está prologado por el gran poeta leonés Juan Carlos Mestre quien, bajo el título Los bienaventurados de Carlos d´Ors, escribe  un prólogo que  ya  es en sí mismo un texto poético, como nos tiene acostumbrados este  escritor. En  él  elogia la categoría humana de Carlos con estas palabras: “Es un hombre que ha hecho del compañerismo en la palabra, de la camaradería poética,  una fidelidad intransable”  y asegura que en este libro hay “ética y apología de la honradez”.

En la portada de La jaula de oro aparece, efectivamente, una jaula  con una persona encerrada en su interior, mejor dicho, no una persona, sino una cabeza  femenina  aparentemente suspendida y encerrada en su interior. Quizá de esa cabeza, de ese cerebro, salgan los apotegmas que forman esta publicación. Precisamente, en uno de ellos, titulado Jaula, asegura: La libertad es pura farsa / en que aleteamos desesperadamente / dentro de la jaula. Creerse libre no es ser libre, viene a decirnos el autor, sino que  el ser humano está condenado a vivir “enjaulado”. En una jaula de oro, pero jaula, al fin y al cabo.

Los textos de La jaula de oro son muy breves, pues van de dos a once versos.  La disposición  de las líneas que forman estos apotegmas  nos habla, ciertamente, de versos  y, además, esos versos  están cuajados de emoción y de palabra poética. Y poeta es el autor  tanto en este libro como  en otras  publicaciones suyas,  en prosa y en verso, y los poetas somos magos de las palabras, asegura.   La palabra poética emana  claramente de todos los poemas contenidos en el libro.  Con las palabras y los recursos expresivos  utilizados Carlos d´Ors  convierte la palabra en   arte de la palabra. Con paralelismos sintácticos, aliteraciones de sonidos, polisíndeton con la repetición enumerativa de la conjunción y, juegos sintácticos, como los retruécanos… consigue algo fundamental  que es esencia de la poesía, además del arte de la palabra,  el ritmo: La rosa es / la rosa más rosa de todas las rosas: / es la rosa. O con simples  enumeraciones: nombres, nombres, nombres

Muestra además una gran  habilidad en el uso de una fina ironía   un acierto expresivo,  que, unida a la agudeza en la forma de expresar la idea que contiene el apotegma, da al conjunto de los textos gran belleza  y profundidad filosófica. En algunas ocasiones es capaz de partir de una frase hecha popular para, con ingenio, hacérsela ver al lector desde otra perspectiva y con un significado nuevo y más profundo. Así ocurre, por ejemplo, con la expresión “matar el tiempo” o “ahogarse en un vaso de agua”: Matas el tiempo  / y el tiempo te lo agradece… / El tiempo no quiere ser eterno…  A veces esa perspectiva nueva se basa en la paradoja con la que genera gran sorpresa en el lector.

Los poemas presentan ideas profundas, que son  pequeñas píldoras concentradas, expresadas de forma concisa y precisa. Este hecho se percibe ya en los títulos presentados en una sola palabra, casi en su totalidad, un sustantivo,  que inciden en lo esencial, en la sustancia: Niebla, Ojos, Poeta. Agua, Prisas, Reloj, Tristeza, Arterias, Belleza… Y así muchos más. Poesía desnuda, pues,  sin retórica superficial.  Esta forma nos recuerda un poco lo que quería León Felipe que fuera la poesía  y que definía en aquel conocido  poema titulado Deshaced este verso. La poesía, según él,  sería lo que queda después de quitar   todo lo decorativo y de aventar, incluso,  las propias palabras.

En La jaula de oro  el autor nos hace reflexionar sobre la vida con pequeñas píldoras de tipo filosófico o moral. Aparece la idea del tempus fugit,  la angustia que nos produce  ser esclavos del reloj, medidor  que no puede detener el tiempo ni inmortalizarlo. Lo vemos en  esa rosa de la que habla un apotegma, flor símbolo de color, aroma y belleza,  que es menos tiempo rosa que pétalos derramados por el suelo. Con el paso del tiempo, con la soledad, con el amor  se relaciona también la nostalgia que rezuman algunos poemas y que les da un tono romántico.  Y con el tiempo también aparece relacionado el  espacio, esos dos conceptos tan filosóficos y tan inaprensibles.

Los poemas nos hablan de la experiencia vital del ser humano.  De una vida en que   nos sentimos nadadores  que no llegamos nunca a la orilla, a pesar de nuestro ímprobo esfuerzo. En ese caminar (nadar) el precipicio de la muerte nos  amenaza siempre y   nos sorprende en cada recodo de ese camino  que nos conduce hacia  nuestro  destino: la muerte. Por él caminamos  rodeados de dolor y desencanto. Se repite en varios textos la idea de que  la vida es un camino, tópico literario presente en muchos poetas, de todas las épocas, desde Jorge Manrique a Antonio Machado. Pero la vida hay que vivirla, disfrutarla, por ello, nos invita al carpe diem, ya que  es la mejor    forma de sobreponernos a todas las nieblas  que oscurecen nuestro caminar, las que existen y las que nos inventamos. Hay que hacer el camino  llevando dentro del alma el dios del entusiasmo (etimológicamente, en theos: tener dentro un dios) y manteniendo siempre la capacidad de asombro, la conciencia de existir, que mitigará el miedo a la muerte.

 Sin embargo, creo que el tema central del libro es la poesía misma, no en vano en muchos poemas habla de  los poetas y de su visión de la realidad. En el camino de la vida el poeta tiene la función de dar cuenta de las injusticias y las penas que lo rodean. En algunos momentos puede ser considerado un ser “peligroso” que   encarna lo humano: cielos de humanidad son los poetas. Su destino es mejorar el mundo.  Dos temas inspiran de forma constante a los poetas: amor y muerte, ellos  son las arterias de la poesía. El poeta tiende a reflejar más  la desgracia que  la felicidad. Carlos d´Ors llega a decir que el poeta es masoquista. Y en otro apotegma: El poeta es como un faquir  / destinado a dormir sobre camas de pinchos.  

En esta colección de poemas-apotegmas aparecen muchos símbolos. Ahí está el ángel protector que nos invita a pararnos y a buscar caminos en medio de la niebla. Símbolos son también la idea del camino o la del reloj, que refleja el paso del tiempo. O esa muela que simboliza la vida: Vivir es muela sana / que mastica y mastica.  O el poeta presentado con la imagen del náufrago que nadie rescata. En el poema que abre el poemario aparece ya ese náufrago que se hundirá en el más profundo de los abismos.

Además de todas estas reflexiones, en algunos poemas sí  aparece una cierta exhortación o desiderátum similar a la de un aforismo. Por ejemplo, en algunos versos  nos previene contra  la soberbia.  Para ello utiliza  la clásica imagen de la torre que puede caer. También censura  el exceso de halago, porque ahoga.  Nos invita a amar: el amor es el camino. Nos exhorta a no tener miedo a la muerte: No tengamos miedo a la muerte. Nos recomienda cantar y bailar para disfrutar de la vida. Son consejos o pautas morales que nos pueden resultar de utilidad  para seguir nadando por el proceloso río de la vida. Y es que es difícil separar la reflexión filosófica de la valoración ética.

En conclusión, estamos ante una colección de apotegmas, pero estamos también ante un hermoso poemario. Un poemario que, en muchas de sus reflexiones, convierte en protagonistas a los poetas. Esos poetas que, como él mismo, buscan la inmortalidad  y mientras lo hacen adelantan su mortalidad (otra de las grandes paradojas). Pero los poetas son necesarios para  transmitir todas las incertidumbres, angustias, aspiraciones… del ser humano. Por ello, como decía Miguel Hernández, “el pueblo espera a los poetas con la oreja  y el alma tendidas al pie de cada siglo”.

 Y  es que los poetas son capaces de captar  y de  presentar en sus versos lo invisible, que es realmente lo esencial. Ya decía  El principito que “lo esencial es invisible a los ojos”.  Y  Carlos  d´Ors dice algo similar: El poeta es más consciente   / de lo invisible a los ojos / que de lo visible

 Los poetas  escriben desde su humanidad,  su deseo de justicia,   su sencillez, su espiritualidad.  La espiritualidad es   también un componente esencial de este poemario: Hay que tener alas para volar…  Y los poetas las tienen. De ellos dice Carlos d´Ors algo tan bello y tierno como esto: Los poetas se alimentan / de panecillos de luna llena. Que la luz de esa luna llena guíe a los poetas  y ellos vayan  derramando estrellas y  desprendiendo   luz,  estrellas como cada uno de los apotegmas de este libro tan  profundo y hermoso.


©Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga y escritora





domingo, 22 de febrero de 2026

Soledades machadianas

        A 87 años de la muerte del poeta, en la pensión Quintana de Collioure y en un 22 de   febrero lluvioso,  evoco  su vida  y su legado poético con unos cuantos versos suyos (la mayoría de Soledades)  entreverados con algunos versos míos...   




Recitación del texto "Soledades machadianas" en el Ágora de la poesía 
de la Casa de León en Madrid, el 20/febrero/2026. 
Margarita Álvarez recita  los versos de su autoría  y Pilar Pacho los de Antonio Machado.
Vídeo de Victoria Olaya

Soledades machadianas

 (Los versos en negrita y en azul son del poeta)


Es una tarde cenicienta  y mustia…


¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?


Evocas aquel patio sevillano,

ungido con el zumo de limones

que regaron los sueños de tu infancia…

 

Yo voy soñando caminos de la tarde…

 

Evocas tu escuela madrileña,

unas aulas de ciencia y libertades…

 

Allí el maestro un día

soñaba un nuevo florecer de España.

 

Allí aquel Giner de socrática presencia

se transmutó en Abel Martín y el gran Mairena…


¿Qué buscas poeta, en el ocaso?

 

He andado muchos caminos

He abierto  muchas veredas…

 

Evocas aquel París de los cisnes y las hadas

y  tus versos de  nostalgia rubeniana,

teñida de luz de ocaso en tardes mágicas.

Y  en Soledades ritmaste las notas de tu alma.

 

La tarde todavía

dará incienso de oro a tu plegaria…

 

Por los campos de Soria yerra tu espíritu,

el Duero allí  rocía de agua tu mirada.

 

Entre los álamos de oro,

lejos, la sombra del amor te aguarda…

 

El amor empapa tu vida y tu poesía,

en días cuajados  de dolor y de esperanza,

pero la muerte,  sin piedad,   te arranca el alma.

Allá, en el alto Espino, donde ella reposa

cae  ahora la tarde arrebolada.

 

El sol murió. ¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?

 

Evocas tu vuelta a las tierras andaluzas,

triste, cansado, pensativo y viejo.

Baeza te  acoge en su regazo

y despierta tu sangre jacobina

y tu verso se simplifica y  se sincera.

Allí  Soria está contigo,

porque es fuente en que brota  la añoranza…

 

El alma del poeta

se orienta hacia el misterio.

Solo el poeta puede

mirar lo que está lejos

dentro del alma, en turbio

y mago sol envuelto.

 

Y el cielo segoviano es  fiel testigo

de tu regreso a la tierra castellana…

Con un perfume de jazmín  el viento

te  anuncia refulgentes  primaveras

irisadas  de ecos y de magia,

y nuevo  amor que  en tus versos  aletea.

 

Tu poeta

piensa en ti (…).

Conmigo vienes Guiomar

nos sorbe la serranía.

 

El sol murió. ¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?

 

Pienso en España, vendida toda,

de río a río, de monte a monte, de mar a mar.

 

Mataron a Federico 

cuando la luz asomaba…

 

Y los desterrados camináis en busca de una patria,

vacías las manos  y  cercenadas las raíces.

Huís de los fantasmas de la guerra

por caminos  erizados de venganza…

 

La tierra se desgarra, el cielo truena…

 

Y, mientras,  tu hálito de vida ya se apaga. 

 

Está  la fuente muda,

y está marchito el huerto,

hoy solo quedan lágrimas para llorar.

No hay que llorar. ¡Silencio!

 

Y  silencioso y  ligero de equipaje,

llorándote  la lluvia de otro febrero

y alumbrándote el color una bandera,

inicias el último viaje

en la nave que te conduce a la  otra ribera.

 

El sol murió. ¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?

 

Dormirás muchas horas cada día

sobre la  orilla vieja

y encontrarás una mañana pura

amarrada tu barca a otra ribera.

 

Pero seguirás habitando entre nosotros,

porque la palabra machadiana

desde Collioure aún resuena  clara:

 

(…) hacedme

un duelo de labores y esperanzas.

Sed buenos  y no más, sed lo que he sido

entre vosotros: alma.


 

©Margarita Álvarez Rodríguez, 22 de febrero de 2026


En la tumba del poeta. Collioure, 2017


miércoles, 18 de febrero de 2026

Reseña de "Memoria de las mujeres", de Sol Gómez Arteaga

 

                                                          


 

    Sol Gómez Arteaga es una escritora leonesa que ha publicado  libros de relatos como  Los cinco de Trasrey y otros relatos y El sol a la tinaja y otros relatos, vinculados con la memoria histórica, y Trazos de sombra, en que aborda los desórdenes mentales, una novela breve, El vuelo de Martín,  y el poemario Viento de vilano.     

    La autora de Memoria de las mujeres es una persona comprometida con la memoria histórica, por su propia experiencia familiar  (nieta y biznieta de represaliados), por la historia de su pueblo, Valderas, muy castigado por la represión,  y por su propio talante de persona que manifiesta empatía hacia los más desvalidos, como se ve en sus obras previas.

    El libro Memoria de las mujeres  (Marciano Sonoro, 2025) recoge veinticinco entrevistas realizadas por Sol Gómez Arteaga a otras tantas mujeres vinculadas con la memoria histórica, entrevistas que fueron publicadas en su día en el periódico digital Nueva Revolución.  En la introducción de la obra nos encontramos con tres poemas,  escritos también  por mujeres. Uno de ellos de la propia autora, titulado  Mujeres rojas,  que es una completa y emotiva semblanza de esas mujeres, que tenían la firma convicción de que la memoria no es sino amor, / un amor que dura más que dura la vida. Le sigue un preámbulo titulado  Desde la raíz, en el que Sol Gómez Arteaga asegura  que sin memoria no hay futuro y  habla de la importancia de que los jóvenes conozcan la historia. También asegura que  la memoria no abre heridas, sino que las cierra. Le siguen las entrevistas a las veinticinco mujeres  y un regalo final, maravilloso, a modo de epílogo (a través de un QR): la canción Mujeres de negro, de la cantautora leonesa Isamil9.

    Leí en su día casi   todas las entrevistas  en el momento en que   estas se iban publicando  regularmente en el medio digital citado  y adquirí el libro el pasado verano cuando tuve oportunidad de asistir  al  emotivo y bello acto,  auspiciado   por el Ayuntamiento de  Murias de Paredes (León), sobre la  memoria de las mujeres silenciadas y  las víctimas de la violencia de género, en el que intervinieron   Sol Gómez Arteaga y otras personas, entre ellas la cantautora Isamil9, también comprometida con la memoria y que acompaña de forma habitual a la autora y tiene presencia en este libro.   

    Las protagonistas de las entrevistas recogidas en el libro   son  las mujeres entrevistadas, pero, si bien se mira, la auténtica protagonista del libro es  la historia de España,  la “otra” historia de España, la silenciada,  que está aquí presente no solo como telón de fondo, sino con sus protagonistas en primer plano, y con especial mirada a las protagonistas femeninas. Están presentes, pues, la  Historia (con mayúscula) y la historia con minúscula: la intrahistoria.   Esa que Unamuno definía como "la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia que a todas las horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol  y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana".

  La historia, según nos la presentan los libros de Historia,  ha sido protagonizada aparentemente por hombres, pero  la autora  y sus entrevistadas nos sacan en este libro  a la luz otra parte de esa historia, la  que fue   protagonizada por las  mujeres represaliadas, y también  la intrahistoria  sufrida por muchas más: mujeres silenciadas y  silenciosas. Una historia que es necesario contar,  porque,  como dice una entrevistada, las mujeres son las olvidadas de los olvidados.

    Sol Gómez Arteaga se suma así a la nómina de las escritoras que hacen memoria, con este libro y otros libros de relatos. Y   seguramente tenemos presentes a muchas más.  Por ser leonesa y por conmemorar este año su centenario, quiero recordar aquí a la gran escritora Josefina Aldecoa, que en su novela   Mujeres de negro  nos presenta a una mujer, viuda de represaliado, que le dice a su hija, huérfana: Escribe, para recordar y para conjurar los fantasmas. Eso hacen las mujeres cuyos sentimientos y pensamientos transcribe la autora de este libro: conjurar los fantasmas. El compromiso de Sol aparece expresado  también en  estos versos de su poemario Tiempo de vilano: He buscado los huesos de mis muertos / allá donde mis pasos me llevaban… Y con tesón y compromiso, humano y político, se ha puesto a ello, acompañada de otras muchas personas, las que aparecen en el libro y muchas más. Las entrevistadas tienen perfiles muy variados: familiares, historiadoras, arqueólogas, abogadas, periodistas, escritoras, políticas…, pero todas persiguen acercarse a la verdad. Así lo dice Susanna Toral, nieta de un represaliado (pág. 32): “Para sanar una herida (del alma) hay que reconocerla, aceptarla, mirarla de frente, hablar de ella, llorarla, compartirla, reparar lo que sea reparable y seguir el camino”.

     Memoria de las mujeres  dice el título y, sí, su interior nos habla de mujeres que tienen memoria y de mujeres y hombres a los que les debemos memoria. Esa palabra memoria tiene   un significado polisémico, con  catorce acepciones en el DLE. 1. "Capacidad de recordar". 2. "Recuerdo que se hace o aviso que da de algo pasado". Ciertamente, estas mujeres  nos traen al recuerdo  hechos trágicos del pasado  para darlos a conocer, desde su propia memoria: experiencias, emociones, conocimientos... 6. "Monumento para recuerdo o gloria de algo". Y este libro es un monumento  a la memoria que han erigido  estas veintiséis mujeres, si contamos a la entrevistadoraY lo erigen, porque se implican en el recuerdo de esos seres perseguidos  y trágicamente desaparecidos por pensar o ser diferentes y, con ello,   contribuyen a la memoria histórica y democrática.

    A través del   testimonio de las entrevistadas se trata  de recuperar  la historia total, esa historia en que necesariamente tienen que estar también las vencidas y vencidos, por ello  su testimonio evoca   la vida de estos: su pensamiento, sus aspiraciones, sus afectos… Y  su muerte.  Y hacen esa  memoria, en muchos casos, desde los huesos, reflejados en la portada del libro, que tratan de recuperar.  Esas personas represaliadas en muchos casos aparecen en algún registro con su nombre propio, pero en  la historia de España  del siglo  XX han sido  solo  un número: de fusilados,  de exiliados, de encarcelados, de huidos o escondidos como guerrilleros (como Bernardo Álvarez Trabajo, el Gasta, ajusticiado en 1949)…   Esos números esconden en su  gran mayoría a hombres, pero también hubo mujeres condenadas a muerte, encarceladas, exiliadas, violadas, torturadas, mujeres a las que sustrajeron sus hijos al nacer… Ellos y ellas: todos perseguidos, todas silenciadas. En España y fuera de ella: en la dictadura franquista, en la dictadura argentina, en los campos de concentración nazis… Y en tantos otros lugares… Porque la intolerancia y la crueldad son también “patrimonio” universal.

    Además de esas mujeres y hombres que  pagaron la persecución con su propia vida, están también las mujeres  de la espera,  esas mujeres innominadas y no contadas, esas a las  que cubrió el velo negro de la desesperanza: las mujeres  madres, esposas, hijas o hermanas  de los  desaparecidos.   Mujeres condenadas  al exilio del hogar: al exilio del silencio. Exilio habitado por  ultrajes: del desprecio,  de la sospecha, de  la soledad,  de las dificultades  económicas. Y, siempre, del miedo. 

    Pepa Miranda (una de las entrevistadas, familiar de desaparecido) nos dice algo sobrecogedor referido a varios miembros de su familia: “Los privaron hasta de llorar a sus muertos”. Otra frase suya, referida a una  mujer  que se queda viuda a los 35 años, también resulta impactante, pues  asegura  que se queda “con solo la profesión de  madre de cinco hijos”. Las madres con hijos huérfanos (algunos póstumos) a su cargo fueron las que arrastraron más el sufrimiento de la impotencia. Vuelvo a  los versos de Sol: ¿Qué puedo hacer con esta evocación de vencedores chuscos / y viudas en vitalicio luto /  que arrastran tras de sí una recua de críos…? (…) ¿Qué puedo hacer, di? (De Tiempo de vilano). Y también vuelvo a Josefina Aldecoa, que, en su novela Mujeres de negro (1994), decía: “Las mujeres de negro, las viudas, las madres,  las hijas todas vestidas de liza, todas con el mismo color. ¿Qué era lo que nos unía? ¿El dolor? ¿La memoria? La ausencia? No había palabras para decirlo…”.

    En el año  2020 coincidí con Sol,  con Isamil9  (y la recordada Paz Martínez) en un acto que me impactó mucho: el “reentierro” de  Genara Fernández, la llamada Pasionaria omañesa, en Cirujales, un pueblo de Omaña, de donde era natural y del que fue maestra.  Se la acusó de distribución de pasquines  en la plaza de san Marcelo de León, en 1941. Fue condenada a pena de muerte y ejecutada en Puente Castro,  a los 38 años.  Sus restos fueron recuperados por la  ARMH  y  devuelta a sus familiares para  poder ser enterrada dignamente en su pueblo. De ella se decía en la acusación, entre otras cosas: “Mujer peligrosa y con una mala conducta religiosa por no comenzar sus clases rezando”. Curiosamente, en el proceso de recuperación del cuerpo, junto con los restos de la maestra y algunas partes de su vestido, apareció una medalla de la Virgen de la Milagrosa en perfecto estado.  Fue asesinada por sus ideas, por ser maestra y por ser mujer. Sol leyó un texto muy emotivo en aquel acto. Allí estaba también la periodista Ana Gaitero, una de las entrevistadas en el libro, muy comprometida también con la memoria histórica, quien escribió un reportaje sobre Genara   que ayudó a encontrar sus restos, hecho que recuerda en el libro.  Otra de las entrevistadas, Laura Fernández  Garrido, antropóloga, participó en la identificación de Genara, hecho que le impresionó mucho, porque tenía su edad cuando murió. Cuenta que la familia le dio la llave del féretro como agradecimiento.  Esta antropóloga reflexiona sobre cómo vive una científica el proceso de identificación, que debe ser lo más aséptico posible,  cosa difícil, porque tienen que compartir las emociones encontradas de los familiares y es difícil conjugar  ambas experiencias.

    Las personas que vivimos varias décadas de dictadura  tenemos memoria directa de lo que pesaba el miedo y la desconfianza, y del silencio que la gente se autoimponía.  Pero en ese silencio general poco  se hablaba de forma abierta   de fosas comunes ni de fusilamientos masivos en la posguerra. Alguna vez, de niña,  recuerdo  vagamente que se mencionaban las cunetas, sin saber yo muy bien a qué se referían los adultos u oí comentar   que en casa de mi abuelo paterno había estado un tiempo una persona escondida. Se recordaba, eso sí, el hambre de la inmediata posguerra. Esa  especie  de pacto de silencio lo  opacaba todo, porque  los  protagonistas de la intrahistoria solo eran dueños de su  miedo y de su silencio.

    El libro muestra  un gran trabajo de la autora   para conocer previamente la vinculación de cada entrevistada con la memoria histórica  y  una certera habilidad para adaptar a cada caso  el cuestionario, para permitir que la memoria de la entrevistada fluya de forma natural.        Es un libro con cuerpo  y con alma, porque evoca  la historia viva de España, contada de una forma muy emotiva y desde varias perspectivas.  Consigue, además, que resulte una lectura   amena que nos ayuda a conocer y a comprender.  Y, por supuesto, a conmovernos. Nos hiere la crueldad de los hechos y también nos  hiere recordar  su lenguaje, esas palabras que siguen hiriendo: “las sacas” o  “pasear” a una persona.

     Con este libro viajamos  con la palabra  y la memoria a distintos lugares de España y de fuera de ella. Las personas que  hemos viajado por lugares de memoria (basta hacerlo en Madrid)   vemos que las atrocidades se diferencian poco de un lugar a otro. Cuando las sentimos cerca, siempre  hacen que se nos encoja el alma. Eso me ocurrió  a mí al visitar  los campos de concentración de Auschwitz (2013): allí el silencio  era memoria, y   en mi viaje a Argentina (2019), al visitar   la plaza de Mayo  y andar sobre los símbolos de los pañuelos blancos: allí la memoria era  emoción y empatía.   

    La pregunta final que dirige  Sol G. Arteaga a las entrevistadas versa sobre qué dirían a los jóvenes en materia de memoria. Todas aseguran que hay que procurar que conozcan la historia de esta España trágica. Pero creo que queda una pregunta  sin  responder para todos nosotros ¿cómo? Porque en el cómo creo que hemos fallado y habría que replantearlo.  A ello deben contribuir los currículos escolares, pero, insisto, hay que profundizar en el cómo.

    Todo lo que refleja Memoria de las mujeres  es  consecuencia de lo que expresaba  Ángel González en aquellos impresionantes versos, llenos de dramatismo e ironía crítica, del poema  Elegido por aclamación, un alegato contra todos los tiranos que son y han sido.

 Sí, fue un malentendido. / Gritaron: ¡a las urnas! / y él entendió: ¡a las armas! ─dijo luego. / Era pundonoroso y mató mucho.  / Con pistolas, con rifles, con decretos. (…). A partir de esta hora soy ─silencio─ / el Jefe, si queréis. / Los disconformes que levanten el dedo. / Inmóvil mayoría de cadáveres / le dio el mando total del cementerio”. 

    Sobre  la  "inmóvil mayoría de cadáveres" silenciosos de los represaliados se levanta hoy la voz de Sol Gómez Arteaga y la Memoria de las mujeres. Se levanta la historia real y la vida.

Gracias, Sol, por invitarme a participar en la presentación de este libro en la Casa de León en Madrid.

Febrero de 2026

©Margarita  Álvarez Rodríguez, filóloga y profesora de Lengua y Literatura


Galería de fotos de la presentación  de Memoria de las mujeres en la Casa de León en Madrid, el 26/02/2026.

Fotos de Miguel Ángel Paramio 

Interviene Sol Gómez Arteaga, la autora

Canta Isamil9


Interviene Margarita Álvarez Rodríguez




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