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Poemario
Editorial Granada Club Selección
87 págs.
María Fernández Fernández es diplomada en Enfermería y licenciada en Antropología Social y Cultural y, en ambos ámbitos, ha publicado trabajos profesionales. Ávida lectora de poesía, frecuenta los círculos literarios de Madrid y es socia del proyecto de Cultura Granada Costa, donde comparte sus poemas mensualmente. Textos poéticos suyos aparecen publicados en varias antologías. Obtuvo el primer premio con el poema místico Camino en el Certamen de Poesía Mística que organiza Granada Costa. Este poema forma parte esencial del poemario A propósito de vida, su primer poemario publicado, al que, en su día dediqué otra reseña (Reseña de A propósito de vida) .
Los dos poemarios de María Fernández hablan de la vida, de la vida humana (A propósito de vida) y nos la
presentan como camino (Surcando el
viento: acción, rapidez), al modo como lo hacían los grandes clásicos como
Jorge Manrique: Este mundo es el camino / para
el otro que es morada / sin pesar (…) /Partimos cuando nacemos / andamos mientras vivimos / y llegamos / al tiempo que
fenecemos, / así que cuando morimos / descansamos. Esta idea de vida y camino es una metáfora
recurrente en la literatura española, en prosa (Baroja, Desde la última vuelta del camino; Delibes, El camino… ¿Y qué hace don Quijote?: caminar.). Y de la poesía: los místicos concebían la
vida como camino a través de las vías místicas… Así iniciaba el camino san Juan
de la Cruz: En una noche oscura /con
ansias en amores inflamada. Y esa concepción del camino de la vida aparece
claramente en A Propósito de vida, donde el poema nuclear se titula Camino.
Y los poetas de todas las épocas se
han sentido caminantes: Vivir es caminar breve jornada, decía
Quevedo; ser en la vida romero, decía
León Felipe… Y Lorca y Hierro y tantos
otros. El que más A. Machado: Amargo
caminar, porque el camino /pesa en el corazón… O los conocidos versos: Caminante no hay camino, /se hace camino al andar…
Y un poemilla, en hexasílabos, menos conocido: Me dijo una tarde / de la primavera / si buscas caminos / en flor en la
tierra / mata tus palabras / y oye tu alma vieja…
Siguiendo esa estela, los poemarios
de María nos presentan el vivir como un proceso en que con frecuencia está presente el deseo
de trascendencia (sobre todo en el primero) y en el que aparecen diferentes
vivencias humanas: el sentido de la vida, el deseo de justicia, el amor, el dolor,
la fusión con la naturaleza, la
nostalgia, la memoria de los seres desaparecidos… La esperanza. Sobre todas
ellas la poeta tiende su mirada atenta y sensible y observa con atención el mundo que la rodea
y lo transforma en palabra poética. Hace real aquello que dijera Lorca: “La
poesía es algo que anda por las calles, que se mueve, que pasa a nuestro lado.
Todas las cosas tienen su misterio
y la poesía es el misterio que
tienen todas las cosas. En A propósito de vida camina, en Surcando el viento, parece que se eleva
sobre el camino terreste y vuela. Un acierto
ese título, por el uso del verbo surcar que nos lleva al aire, pero que
al tiempo nos fija en la tierra (surcar: avanzar cortando aire o agua como si
se hicieran surcos en la tierra) y por
ese gerundio del título que acentúa la acción y el movimiento,
Surcando el viento está dividido en seis partes, cada una de ellas, a modo de preludio,
está introducida por una frase poética que podría servir también de título. La
primera de esas frases: Y en el camino,
siempre, amigos, allegados, que tocan con sus aladas nuestras almas. Camina y llegarás, dice uno de sus
versos referidos a un personaje, y en otro poema:…lanza al viento tus alas / no te expongas al sol, por si las quemas /
déjate acariciar por la esperanza.
La
mayoría de los poemas de esta
primera parte están dedicados a personas concretas: su tío, Antonio, Nagore, A.
Machado, a quien evoca a las orillas del Duero, a Ofelia, el personaje
shakesperiano… Son poemas que tienen un componente
narrativo pues reflejan la vida de esas personas, si bien la mayoría de los
textos tienen forma de diálogo lírico,
por lo que utiliza la segunda persona para apostrofar a alguien. Por ejemplo, a un músico callejero que canta en la plaza y
espera el sonido de una moneda: ¿Qué
sientes cuando salen de tu alma / esos versos en bella melodía? /¿Qué te indujo
a adoptar aquella esquina / para sembrar
tu voz en las estrellas? (11). En muchos de ellos usa la interrogación
retórica para realizar ese apóstrofe. En uno de los poemas aparece también el
tema de la memoria histórica: la historia de un chico que se quedó en una
cuneta y nunca apareció.
En la segunda parte los poemas hablan
más de los porqués de la vida. Tiene
mayor contenido ético, filosófico y social. Sus versos hablan del daño social y
personal que generan la hipocresía y la calumnia y
de la necesidad de la búsqueda de
la virtud, de la importancia de
saber borrar el odio (título de un poema) y pedir perdón. La poeta quiere encontrar
los porqués, los cuándos y los cómos. Buscar un Qué, que dé sentido a la
vida… y seguir caminando. Sin
sosiego… y persiguiendo la
esperanza. En la apertura nos dice: Escuchamos las voces que susurran… Tiene que confiar en la virtud del ser humano
para que eso le sirva de estrella para seguir el camino, en medio de la una
naturaleza amiga. Ese caminante se pregunta a veces por su propia esencia: ¿Qué hay en mí de verdadero? Es preciso
conocerse y reconocerse, labor difícil. En ese camino de incertidumbre siente a veces la presencia espiritual de los seres
que la han querido. No falta la referencia al paso del tiempo, que pasa y nos
deja arrugas, pero que nos regala los
días para que nosotros seamos los dueños de nuestro vivir, en ese camino que a
veces se hace intransitable. En esta parte
están presentes todas las personas gramaticales. Abundan
los paralelismos sintácticos, como elementos rítmicos… Juega también con disposición especial de los
versos, para destacar determinadas ideas.
La tercera parte nos llevará al humor,
que tomará la palabra y nos
aliviará el camino… El juego con la disposición de los versos es
aquí muy llamativo y aparecen poemas con
rimas a modo de ripio para conseguir ese tono de humor. Una forma de decirnos
que no todo en la vida hay que tomarlo en serio: La vida es canuta… Disfruta, disfruta. Eso no significa que
desaparezca la crítica y compromiso en
estos poemas. Habla de la relación con el mundo que la rodea, de su deseo de
ayudar y la incomprensión que recibe, que la lleva a increpar a sus
interlocutores. En estos poemas está presente la ironía, con la que se refleja
también la decepción y los sobresaltos
que sufrimos en pos de nuestras aspiraciones. A pesar de ello María nos
recomienda: sigamos nuestra senda.
La cuarta parte comienza con un
lamento: Quién no lamenta algunas
emociones, algunos hechos. Quién no cambiaría días y palabras, dice. Aparece
el compromiso social (“no a la guerra”) y se
nos advierte sobre el vivir y el comportamiento. A veces también se
interroga a sí misma. En este apartado se incrementan las imágenes y el ritmo de los poemas, con versos tan
bellos como estos: las ventanas cerraron sus pupilas… Resbalaba el dolor por el cristal
/ como hielo fundido tras la noche… Aparece el sentimiento de
tristeza, la monotonía de lo cotidiano que se refleja también en el paso de las
estaciones. Hoy, como ayer, sangra mi
pensamiento… Se hace preguntas sobre la vida, la postura del ser
humano que se esconde bajo el ala para
no enfrentar la realidad. Pero, siempre, aunque el camino sea duro y provoque
decepciones, hay que seguir caminando. El tiempo fluye y es corto. No
pares la esperanza con este muro frío / que rodea la belleza que no dejas
entrar. Hay que sobreponerse y seguir surcando el viento: Tendré
que, hilando el viento / con los husos
de la melancolía / tejer a vida
nueva con las hebras de hiedra / que
verdean los sueños.
La quinta parte nos invita a
lanzar al viento votos de optimismo… En el poema Manifiesto asegura que el
viaje es el camino, no el destino. Hay que aceptar lo que nos hiere: Cual penitente acepto mi destino / aspiro a
libertad, y así camino… Y empaparnos de las sensaciones agradables que
podemos sentir alrededor: sabores, aromas, sedas... para disfrutar de la
belleza del entorno y compartir a través
de la palabra. Hay que caminar juntos y
juntos captar la belleza de la
naturaleza. Desde esa belleza del mundo sensorial se eleva el mundo espiritual,
a la fe. Nos recuerda a la Oda a
Francisco Salinas de Fray Luis de León.
María escribe: No quiero ser el
pájaro que trina / ni tierna mariposa. / Me conformo si el alma que me anima /
con la inmortalidad está adornada. Es
significativo el poema Un consejo.
La sexta parte refleja, en palabras de
la autora, el caminar atento y
agradecido por la naturaleza. Estos
poemas están llenos de sensaciones: de la brisa, del susurro del viento, de
cantos, de la luz, del árbol amigo… De
la presencia repetida del mar, en cuyo vientre acuna
vidas y tesoros… La naturaleza acompaña
al
mundo en su girar eterno. María se lamenta de las agresiones que sufre la naturaleza. Con la referencia a las
sensaciones aparecen las sinestesias: aroma
de sal. Abunda el léxico relacionado
con las sensaciones lo mismo que en el apartado anterior: salado, amargo,
aroma, susurro, caricia, estrellas, luna, luz, canto, quietud, grito, llanto…
La perfección de la naturaleza y su
belleza nos permiten disfrutar de ella y
aligerar los pesares de la vida y al mismo tiempo esa naturaleza despierta nuestra fe y nos lleva a Dios (un cierto misticismo).
En lo que llama Posfacio nos invita a seguir la ruta y dejarnos llevar por los
acontecimientos, aceptando la dicha y la desgracia y surcar el viento que nos lleva con voluntad de vida y esperanza.
María escribe en versos libres, pero sus poemas están llenos de ritmo poético, que consigue
fundamentalmente con el uso del paralelismo y la selección del léxico. Juega acertadamente con el uso de todas las
personas gramaticales, presentando así un perspectivismo lírico: habla de ella,
habla de los otros y con los otros y habla de ellos, ellas y de ello, lo que la rodea. En varios poemas
realiza una disposición especial de los
versos, para destacar determinadas ideas.
En conclusión, la poesía de María nos
hace reflexionar sobre la vida y nos permite
caminar con ella por bellas rutas
poéticas, pero que no dejan al margen la función social de la poesía. María
parece decirnos, como Gloria Fuertes: Me
manifiesto en poesía / para tardar menos / en deciros más. Y nos dice que la vida nos la dan y, al mismo tiempo, nos la van quitando, minuto a minuto y sin pausa… Tempus
fugit. ¿Qué nos queda entonces a los
seres humanos? Decidir sobre nuestra
forma de vivir… Eso es cosa nuestra. Hay que decidir si surcamos el viento o
nos paramos y nos dejamos abatir por
él. Y María nos orienta hacia el camino
de la fe y la esperanza.
©Margarita Álvarez
Rodríguez, filóloga, profesora y escritora
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| Presentación de los poemarios de María Fernández en la Casa de León en Madrid, el 26/marzo /2026 La acompañan: Margarita Álvarez Rodríguez y Andrés Pinar Godoy |



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