Género: poesía / apotegmas
Editorial Notting Hill
Páginas: 151
Margarita Campos Sánchez (Mar Cam San) es una poeta madrileña de vocación tardía que se prodiga en muchos encuentros poéticos, entre ellos, el Ágora de la poesía de León, a la que envía de forma regular sus poemas para que los lea otra persona. Después de Sendero de sentimientos y Las caras de la sal (sobre este poemario escribí en su día una reseña: Las caras de la sal), ahora nos sorprende con un poemario diferente: Espejo canalla. Toda su poesía nos refleja su forma de vivir y de encarar la realidad de una forma sincera. Es una poesía que tiene mucho de verdad.
He leído con atención este libro que su autora
generosamente puso hace tiempo en mis
manos. Lo primero que llama la atención del mismo es su edición, en tapa dura y muy cuidada. Pero este libro, que parece un poemario, en realidad, es más que un poemario. Su título resulta atrayente, pues parece
hablarnos de un espejo donde nos miramos y que nos responde con una imagen de
nosotros mismos que, con frecuencia, no nos gusta. Un espejo que tal vez se
burla de nosotros, nos recrimina nuestra forma de ser o nuestro comportamiento.
De algo de eso nos advierte la autora en un breve texto introductorio en el que dice: "El espejo nos cuenta emociones. A veces como
un canalla nos devuelve lo que no entregamos". O tal vez lo que entregamos,
pero cuyo reflejo nos sorprende.
Cuando nos adentramos en el libro nos vemos sorprendidos por las imágenes, por la disposición de los versos y los
distintos tamaños de letra con los que juega la autora, por el uso de la negrita y la cursiva… Y por la introducción de textos
manuscritos que añaden una sensación de
verdad y de mayor cercanía con el lector
y, también, de pensamiento fugaz, escrito
de forma apresurada, pero no por ello
menos profundo.
A primera vista tenemos la sensación de que estamos ante aquellos caligramas con los que nos sorprendía el poeta francés Guillaume Apollinaire y sus seguidores entre los poetas de las vanguardias españolas, a principios del siglo XX. Visto superficialmente, podríamos pensar que lo más importante de esta obra está en lo formal, sin embargo, estaríamos equivocados, pues, en realidad, esos experimentos formales están al servicio del contenido, que es profundo desde el punto de vista de lo emocional y de lo racional. Se podría decir que estamos ante poemas que son más que eso: son colecciones de apotegmas, aforismos, axiomas, greguerías… El hecho de que no lleven título hace que el sentimiento o el pensamiento que brota de ese espejo aparezca de manera límpida y con toda su potencia emocional y reflexiva.
En los poemas que incluye Espejo canalla se nos habla de los grandes temas de la literatura universal: del amor, del sentido de la vida y de la palabra como cauce esencial para hablar de los temas anteriores. Se podría decir que son poemas interiorizados que nos hablan a (de) nosotros mismos. El amor, o mejor la ausencia de amor, es uno de los temas más importantes del poemario: Abre el amor / los sentidos dormidos… Y es que el amor nos hace superar los sinsabores de la vida. Requiere fortaleza anímica, pues es un sentimiento que desgasta al ser humano.
Pero el amor que anhela Margarita
Campos no es algo abstracto, exige una
respuesta física, por eso, el beso y el abrazo son manifestaciones necesarias
del deseo de fundirse con la persona amada. Este sentimiento es una necesidad de todo ser humano, aunque luego
cada amante lo sienta de forma
diferente: Tú, todo fuera / Yo, toda adentro. / Tú, todo risas / Yo, mis silencios… El
juego de contrastes entre los pronombres, remarcados por el uso de la mayúscula
y la negrita acentúa esa diferente concepción del amor que confluye en una
necesidad única al final del poema:
iguales y diferentes / aun así / deseamos lo mismo: querer y que nos
quieran. Este sentimiento simbolizado y concentrado en
el tú y el yo, recuerda aquello que decía Pedro Salinas en La voz a ti debida: ¡Qué alegría más alta: vivir en los pronombres! En todo el poemario aparece con frecuencia
esa segunda persona, ese amante ausente al que apostrofa. Pero en ese
intercambio amoroso parece más importante para la autora el deseo de querer que
el de ser querida: Yo, regalo cariño,
aunque la ausencia de respuesta amorosa también está muy presente y provoca
desencanto.
El amor es parte esencial de la vida,
pero la vida es más que amor. La vida es el proceso de encontrarnos a nosotros
mismos, de ver nuestro exterior e
interior reflejados en ese “espejo
canalla”. Tenemos que descubrir quiénes
somos y aprender a querernos. La vida, para la autora, es el difícil equilibrio
entre el sufrir y el gozar. En ese análisis vital, a veces, nos presenta pensamientos desiderativos que
nos hablan del hálito vital: querer ser
amanecer o ser como fiebre, o sea, aspirar a una vida vivida con pasión, pero sin necesidad
de perseguir el éxito, porque el éxito / es un envenenador, / el fracaso,
/ un Maestro Paciente. Por tanto, la vida es un deambular constante buscando el sentido de ese vivir, pero el
sentirse, con frecuencia, con las manos vacías genera zozobra. Para mitigarla
el ser humano necesita presencias alrededor. La vida debería ser simple, pero,
desgraciadamente, la enredamos de forma
innecesaria.
No falta la alusión al tempus fugit, tema que tan bien reflejaron nuestros poetas del Siglo de
Oro. Aparece claramente la idea quevediana de que vivir es ir muriendo: Vivo sin sentir que muero, dice la
autora. Otro tema universal que se plantea en el poemario es la relación
vida-sueño, no tanto del sueño entendido como engaño, sino más bien como
ilusión, como un acicate vital. Sin sueño
no se puede vivir y sin vivir no se puede soñar. Con ese retruécano nos presenta
nuestra paradoja vital. Lo ideal ─y difícil─ es buscar la verdad que esconden los
sueños y soñar que lo que cada persona vive es su verdad.
El tercer gran tema es el valor de la palabra. Y, también, el valor del
silencio, o sea, la ausencia de palabras pronunciadas, un
silencio que puede hablar sin palabras. De
las palabras y de la necesidad de comunicar
con ellas habla en varios textos, porque
lo que no se trasmite no existe,
aunque las palabras no siempre encuentran respuesta en el tú, más bien, en algunos momentos, solo encuentran la nada. Muchas veces son incapaces de
contener y expresar el sentimiento amoroso. Pero, contradiciendo al dicho
popular, las palabras no se las lleva el viento, asegura Margarita Campos, sino
que llevan vientos tras ellas: llevan
quereres, saberes, sentires… que en
ocasiones no encuentran receptor adecuado y al caer en el mar / ahogadas quedaron. En su
“espejo canalla”, pues, habitan palabras y silencios, pero sus silencios son sonoros,
expresivos: son silencios elocuentes.
Algunos poemas son muy musicales,
como uno muy hermoso en que juega con los paralelismos sintácticos, las
aliteraciones y onomatopeyas: Resuenan
las paredes… / Resuenan los tambores… /
Resuenan… El paralelismo, junto con
otros tipos de repetición como la anáfora, el retruécano o el uso de parónimos, como en pensares… pesares… acentúan la musicalidad de muchos textos. La
palabra poética se embellece también con imágenes muy acertadas: repican campanas de hielo, dejó sangrar el
corazón… Con antítesis: ojos
cerrados, corazón abierto. Otro recurso expresivo que usa para acentuar la
expresión de un sentimiento es la interrogación retórica. Son interrogaciones
que no buscan respuesta, sino que nos
hacen reflexionar y que, de alguna forma, llevan dentro la respuesta. La
mayoría están relacionadas con lo metafísico, con la búsqueda del sentido de la
vida: ¿Es posible estar sin querer, / ser
sin saber, / sentir sin tocar, / o morir
viviendo? Y en otro texto: ¿Quién no
se encuentra alguna vez con su propia
sombra? / ¿Quién no desearía que el sol no naciera, para tener reposo de
sí mismo?
A pesar de las sombras que el ser
humano se encuentra en el camino y que se reflejan en los sentimientos y
reflexiones de Margarita Campos, creo que estamos ante un poemario luminoso. Logramos atisbar con la autora el secreto que
esconde de nosotros ese Espejo canalla.
Aprendemos a mirarnos en él, sin miedo. Y ese espejo nos invita a hacer otra vez realidad aquella
traducción latina del aforismo griego
repetido por Sócrates: Nosce te ipsum
(conócete a ti mismo).
La poesía de este poemario es una
poesía concentrada, esencial. Como
aquella que preconizaba León Felipe cuando aseguraba que, si después de
quitar todos los adornos de un poema quedaba algo, eso era la poesía. Es una poesía que funde el vanguardismo
formal con la temática más profunda
de la poesía española y universal. Estamos ante versos que sorprenden y atraen al lector. La poeta se acerca visualmente a los
“ismos” de principios del siglo XX, pero bebe de los clásicos en cuanto a los
temas y al uso de la palabra poética: de la metafísica quevediana, de la
agudeza de la greguería…
En conclusión, estamos ante una poesía de la
esencia: reflexiones breves cargadas de
pensamientos metafísicos, éticos... Poesía que nos conmina a mirar hacia
dentro: Mirar dentro de nosotros mismos
es un reto. Cuando doblamos la última página los lectores quedamos convencidos de que el “espejo canalla”,
enmarcado en negro, quizá no lo sea
tanto y nos sentimos dispuestos a darle las
gracias y a encarar el mañana viviendo (y
viendo) de lleno el hoy: Mañana.
/ Mañana es un / verbo que / no /
sé / conjugar… / Hoy vivo.
© Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga, profesora y escritora



