viernes, 10 de abril de 2026

Reseña de "Espejo canalla", de Margarita Campos


 

Género: poesía / apotegmas

Editorial Notting Hill

Páginas: 151

Margarita Campos Sánchez (Mar Cam San) es una poeta madrileña de vocación tardía que se prodiga en muchos encuentros poéticos, entre ellos, el Ágora de la poesía de León, a la que envía de forma regular sus poemas para que los lea otra persona. Después de  Sendero de sentimientos y Las caras de la sal (sobre este poemario escribí en su día una reseña: Las caras de la sal), ahora nos sorprende con un poemario diferente: Espejo canalla. Toda su poesía nos refleja su forma de vivir y de encarar la realidad de una forma sincera. Es una poesía que tiene mucho de verdad.

He leído  con atención este libro que su autora generosamente puso hace tiempo  en mis manos. Lo primero que llama la atención del mismo es  su edición,  en tapa dura y muy cuidada. Pero este libro, que parece un poemario,  en realidad, es más que un poemario. Su título resulta atrayente, pues  parece hablarnos  de un espejo donde nos miramos y que  nos responde con una imagen de nosotros mismos que, con frecuencia, no nos gusta. Un espejo que tal vez se burla de nosotros, nos recrimina nuestra forma de ser o nuestro comportamiento. De algo de eso nos advierte la autora  en un breve texto introductorio en el que dice: "El espejo nos cuenta emociones. A veces como un canalla nos devuelve lo que no entregamos". O tal vez lo que entregamos, pero  cuyo reflejo nos sorprende.

Cuando nos adentramos en el libro nos vemos sorprendidos por las imágenes, por la disposición de los versos y los distintos tamaños de letra con los que juega la autora, por  el uso de la negrita y la cursiva…  Y por la introducción de textos manuscritos  que añaden una sensación de verdad y  de mayor cercanía con el lector y, también,  de pensamiento fugaz, escrito de forma apresurada, pero  no por ello menos profundo.

A primera vista tenemos la sensación de que estamos ante aquellos caligramas con los que nos sorprendía  el poeta francés Guillaume Apollinaire  y sus seguidores entre los poetas de  las vanguardias españolas, a principios del siglo XX. Visto superficialmente, podríamos pensar que lo más importante de esta obra está en lo formal, sin embargo, estaríamos equivocados, pues, en realidad, esos experimentos formales están al servicio del contenido, que es profundo desde el punto de vista de lo emocional y de lo racional. Se podría decir que estamos ante poemas que son más que eso:  son colecciones  de apotegmas, aforismos, axiomas, greguerías… El hecho de que no lleven título hace que el sentimiento o el pensamiento que brota de ese espejo  aparezca de manera límpida y con toda su potencia emocional  y  reflexiva.  

En los poemas que incluye  Espejo canalla  se nos habla de los grandes temas de la literatura universal:  del amor,  del sentido de la vida y  de la palabra como cauce esencial para hablar de los temas anteriores. Se podría decir que  son poemas interiorizados  que nos hablan  a (de)  nosotros mismos. El amor, o mejor la ausencia de amor,  es uno de los temas más importantes del poemario: Abre el amor  / los sentidos dormidos… Y es que el amor nos hace superar los sinsabores de la vida. Requiere fortaleza anímica, pues es un sentimiento que desgasta al ser humano. 

Pero el amor que anhela  Margarita Campos no es algo abstracto, exige una respuesta física, por eso, el beso y el abrazo son manifestaciones necesarias del deseo de fundirse con la persona amada. Este sentimiento  es una  necesidad de todo ser humano, aunque luego cada amante lo sienta de  forma diferente: , todo fuera / Yo, toda adentro. / Tú, todo risas / Yo, mis silencios El juego de contrastes entre los pronombres, remarcados por el uso de la mayúscula y la negrita acentúa esa diferente concepción del amor que confluye en una necesidad única al final del poema: iguales y diferentes / aun así / deseamos lo mismo: querer y que nos quieran.  Este sentimiento simbolizado y concentrado en el tú y el yo, recuerda aquello que decía  Pedro Salinas en La voz a ti debida: ¡Qué alegría más alta: vivir en los pronombres!   En todo el poemario aparece con frecuencia esa segunda persona, ese amante ausente al que apostrofa. Pero en ese intercambio amoroso parece más importante para la autora el deseo de querer que el de ser querida: Yo, regalo cariño, aunque la ausencia de respuesta amorosa también está muy presente y provoca desencanto.

El amor es parte esencial de la vida, pero la vida es más que amor. La vida es el proceso de encontrarnos a nosotros mismos, de ver nuestro exterior  e interior reflejados en ese  “espejo canalla”.  Tenemos que descubrir quiénes somos y aprender a querernos. La vida, para la autora, es el difícil equilibrio entre el sufrir y el gozar. En ese análisis vital, a veces,  nos presenta pensamientos desiderativos que nos hablan del hálito vital: querer ser amanecer o ser como fiebre,  o sea, aspirar a  una vida vivida con pasión, pero sin necesidad de perseguir el éxito, porque  el éxito / es un envenenador, / el fracaso, / un Maestro Paciente. Por tanto, la vida es un deambular constante  buscando el sentido de ese vivir, pero el sentirse, con frecuencia, con las manos vacías genera zozobra. Para mitigarla el ser humano necesita presencias alrededor. La vida debería ser simple, pero, desgraciadamente, la enredamos  de forma innecesaria.

No falta la alusión al tempus fugit, tema que tan  bien reflejaron nuestros poetas del Siglo de Oro. Aparece claramente la idea quevediana de que vivir es ir muriendo: Vivo sin sentir que muero, dice la autora. Otro tema universal que se plantea en el poemario es la relación vida-sueño, no tanto del sueño entendido como engaño, sino más bien como ilusión, como un  acicate vital. Sin sueño no se puede vivir y sin vivir no se puede soñar. Con ese retruécano nos presenta nuestra  paradoja vital. Lo ideal y difíciles buscar la verdad que esconden los sueños y soñar que lo que cada persona vive es su verdad.

El tercer gran tema es el valor de la palabra. Y, también,  el valor del silencio, o sea, la ausencia de palabras pronunciadas,   un silencio  que puede hablar sin palabras. De las palabras y de  la necesidad de comunicar  con ellas habla en varios textos, porque lo que no se trasmite no existe, aunque las palabras  no siempre  encuentran respuesta en el tú, más bien, en algunos momentos, solo encuentran la nada.   Muchas veces   son incapaces  de contener y expresar el sentimiento amoroso. Pero, contradiciendo al dicho popular, las palabras no se las lleva el viento, asegura Margarita Campos, sino que llevan vientos tras ellas: llevan quereres, saberes, sentires…  que en ocasiones no encuentran receptor adecuado y al caer   en el mar / ahogadas quedaron. En su “espejo canalla”, pues,  habitan palabras y silencios, pero sus silencios son sonoros, expresivos: son silencios elocuentes.

Algunos poemas son muy musicales, como uno  muy hermoso en que juega con los paralelismos sintácticos, las aliteraciones y onomatopeyas: Resuenan las paredes… /  Resuenan los tambores… / Resuenan…  El paralelismo, junto con otros tipos de repetición como la anáfora, el retruécano  o el uso de parónimos, como en pensares… pesares…  acentúan la musicalidad de muchos textos. La palabra poética se embellece también con imágenes muy acertadas: repican campanas de hielo, dejó sangrar el corazón… Con antítesis: ojos cerrados, corazón abierto. Otro recurso expresivo que usa para acentuar la expresión de un sentimiento es la interrogación retórica. Son interrogaciones que no buscan respuesta, sino  que nos hacen reflexionar y que, de alguna forma, llevan dentro la respuesta. La mayoría están relacionadas con lo metafísico, con  la búsqueda del sentido de la vida: ¿Es posible estar sin querer, / ser sin saber, / sentir sin tocar,  / o morir viviendo? Y en otro texto: ¿Quién no se encuentra alguna vez  con su propia sombra? /  ¿Quién no desearía  que el sol no naciera, para tener reposo de sí mismo?

A pesar de las sombras que el ser humano se encuentra en el camino y que se reflejan en los sentimientos y reflexiones de Margarita Campos, creo que estamos ante un poemario luminoso.  Logramos atisbar con la autora el secreto que esconde de nosotros ese Espejo canalla. Aprendemos a mirarnos en él, sin miedo. Y ese espejo  nos invita a hacer otra vez realidad aquella traducción latina del  aforismo griego repetido por Sócrates: Nosce te ipsum (conócete a ti mismo).

La poesía de este poemario es una poesía concentrada, esencial. Como  aquella que preconizaba León Felipe cuando aseguraba que, si después de quitar todos los adornos de un poema quedaba algo, eso era la poesía.  Es una poesía que funde el vanguardismo formal con la  temática  más profunda  de la poesía española y universal. Estamos ante versos  que sorprenden y atraen al lector.  La poeta  se acerca visualmente a los “ismos” de principios del siglo XX, pero bebe de los clásicos en cuanto a los temas y al uso de la palabra poética: de la metafísica quevediana, de la agudeza de la greguería…

En conclusión, estamos ante una poesía de la esencia: reflexiones breves  cargadas de  pensamientos metafísicos, éticos... Poesía que nos conmina a mirar hacia dentro: Mirar dentro de nosotros mismos es un reto. Cuando doblamos la última página los lectores  quedamos convencidos de que el “espejo canalla”, enmarcado en negro,  quizá no lo sea tanto y nos sentimos dispuestos  a darle las gracias y a encarar el mañana viviendo (y  viendo) de lleno el hoy: Mañana. /  Mañana es un / verbo que  / no  / sé  / conjugar… / Hoy vivo.


© Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga, profesora y escritora




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