martes, 28 de abril de 2026

Reseña del poemario "Respiraciones", de Andrés Pinar Godoy


 



        Este poemario es el tercero del escritor Andrés Pinar Godoy, quien, además de este género literario, cultiva la narrativa. Andrés es una persona que participa activamente en foros poéticos y actos literarios de todo tipo. Precisamente en el Ágora de la Poesía de Madrid, organizada por mí, nos conocimos y,  desde entonces, hemos entablado  una relación muy cordial. 


        Esta reseña se corresponde con el prólogo del libro, que el autor me pidió que escribiese, cosa que hice con mucho gusto.


        El poemario Respiraciones se inicia con una introducción en que el autor habla de su concepción de la poesía. Según Andrés Pinar, la poesía es el cauce para la expresión de las vivencias que guardamos acumuladas en nuestra memoria o nuestro subconsciente y  sirve al poeta para aproximarse al misterio y lo invisible. Es un acto creativo casi espontáneo; algo, con frecuencia, meramente intuitivo y  no sometido al análisis del intelecto.


        Respiraciones está dividido en cuatro apartados. El primero se titula Aprehensión y  nos sugiere la idea de captura, de discernimiento, de percepción.   Se abre con un poema  en el que el autor habla de la aprehensión de lo poético, que se inicia con este verso: Deslizada la pluma, mi poema, poema  que le sirve para entenderse y sentir su yo. En ese deseo de aprehensión que le llevará al amor, eje temático del poemario, se siente, en ocasiones, desorientado,  pero trata de  extraer el néctar de cada día / y con esa esencia / nuevo aire en la escalada /  eludir el tropiezo predecible.  

        El segundo apartado  se titula Crecimiento. Se inicia con el poema Sal de la vida. En  ese sentir que el cuerpo vibra / y el  alma encuentra su  misterio / está la sal de la vida. La sal de la vida consiste en conseguir la plenitud infinita, basada en el amor.


        El tercer apartado  se titula Anhelos del corazón.  Dos poemas, uno titulado Sustancia, que abre el apartado, y otro  Palpar la esencia  de lo que nos rodea,  nos hablan de sus aspiraciones poéticas. En este bloque aparecen temas más metafísicos. El poeta busca la esencia de la realidad, que tal vez sea gozar en la revelada  poesía de la vida, entre las Angustias del deseo, como  refleja el título de un poema.  El poema Intuir la ausencia  podría ser la esencia de esta tercera parte y, tal vez, del poemario: Ir más allá de lo real /  para ver lo real, utilizando la poesía como instrumento. Y así alcanzar la esencia… Intuir, conocer, vivir... Son significativos los títulos de algunos poemas: Intuir la ausencia, Angustias del deseo, Aprehensión, Emerger del alma, Algo de luz,  Deseos vacíos, Amor frustrado. Vida perdida… Pero, a pesar de todos los sinsabores vitales,  mi corazón se siente fuerte, asegura el poeta. Y en esa búsqueda de la sustancia y la perfección, siempre aparece  el amor como tabla de salvación. Es lo que  da sentido a la vida, aunque también produce sufrimiento: Rehuimos la esencia /  diluida en tantos egoísmos. / Así vino la muerte, no se murió  el amor; nosotros lo matamos.             

        El cuarto  apartado se titula  Sortilegios. La palabra sortilegio nos habla de  adivinación,  de embrujo, aquí seguramente relacionada con el embeleso que produce el amor,  que es el tema  absoluto de este bloque: Amor es vida, como  el título de uno de sus poemas. Y es que  pensar en la persona amada hace evadirse al poeta, escapar de la cárcel en que está inmerso y huir de la rutina y la vulgaridad.


        Sin duda,  el tema esencial  del poemario es el amor,  amor en el sentido amplio de la palabra, pues hace referencia al amor familiar a través de la presencia de la madre,   del padre y de la evocación de reuniones familiares.  La madre es sangre de amor.  El padre es referencia de vida para  el hijo.  En algunos poemas también nos presenta el amor entendido como solidaridad  que  le hace  clamar contra la injusticia, la guerra, el egoísmo, la envidia… siguiendo aquel lema de Celaya de que la poesía “es un arma cargada de futuro” que tiene una finalidad transformadora. Pero, sin duda, es el amor de pareja entre hombre y mujer el que inspira la mayoría de los poemas. El amor es  fuerza / sangre de vida, “el motor del mundo”, que diría Dante. 


        El amor del que habla  Andrés Pinar, que es vitalidad sumida en el universo, no se queda solo en la relación entre los amantes, sino que parece tener un efecto cósmico; es una fuerza expandida,  que desborda    a los amantes y se extiende  a su entorno:   Desborda nuestro amor  /  no olvida a nadie. Esta visión del amor nos recuerda la que expresaba  Bécquer en la  Rima X: "Los invisibles átomos del aire / en derredor palpitan  y se inflaman, / el cielo  se deshace en rayos de oro, / la tierra se estremece alborozada".  Algo similar nos dice el autor de este poemario: Los amantes  elaboramos otro mundo /  no ilusión /  no incierta /  para que irradie. Y un elemento esencial relacionado con la expansión del amor es el aire (éter, brisa, viento…): Estás en esta brisa que me acaricia… Tu estilo armonioso / conforma / el aire que ocupas, dice de la amada.


        La mujer que ama y es amada una mujer elegante y leve,    irradia belleza y lleva al poeta a lo sublime: estiliza el alma del poeta. También en eso nos  recuerda otros versos becquerianos: “Mientras haya una mujer hermosa, /  habrá poesía”. Belleza, amor y poesía, aparecen fundidos en el poemario. La amada  encandila al amado, lo “embruja”,  le ofrece algo espiritual: místico secreto de tu mirada.   El amor  libera y aleja  al poeta de un mundo marcado por la envidia, el egoísmo y el odio.   


    Pero el amor, con frecuencia, estalla de forma sensual como una gran pasión, como  un  delirio de cuerpos y almas que se fusionan. El contacto de cuerpos  se convierte en   lujuria que asienta y perfila  y la fusión de los cuerpos lleva a la fusión de los destinos. El punto de partida de esa pasión puede ser un beso: Te beso tiernamente /   poco a poco se despierta mi pasión. La pasión amorosa, a veces, se manifiesta con evocaciones de la amada ligadas a lugares o tiempos concretos, con un poso de eternidad, como ocurre en el poema Amor queda en Toledo. En otras ocasiones, lo evocador es  el mar o el océano o  un momento del día o del año. No faltan los ambientes  refinados o galantes relacionados con la música  o con determinados lugares: Viena, Aranjuez, fiesta renacentista, teatro de ópera… El amor, paradójicamente, es  pasión y  es armonía: La paz del amor sosegado / atempera el espíritu /  y lo hace estallar de indomable pasión /  al tener que expresarse.


        Además del aire que expande el amor, el poeta utiliza otros símbolos. El más significativo de la pasión amorosa es el fuego, símbolo que se ha repetido en la poesía,  y que, en el poemario, es calor, ardor, incendio, rescoldo, color rojo…     Se puede decir que el estilo de Andrés Pinar Godoy es un estilo muy plástico  que refleja constantemente sensaciones captadas por distintos sentidos: vista, oído, gusto… Por  ese motivo, la sinestesia es un rasgo de estilo frecuente  en su poesía. Ahí aparece la dulzura: dulce clamor, dulce aliento, dulzura de amor…Y, especialmente, las sensaciones táctiles: palpar tus gemidos, risas cálidas… Las metáforas, asimismo,  inciden en lo sensual: aceradas puntas de dolor, el frío de la incertidumbre, la sal de la vida… Aunque las imágenes presentes en el poemario son metáforas universales, en la métrica  el poeta, en cambio, huye del encorsetamiento y prefiere el verso libre   y  a veces  prescinde, de forma deliberada, de signos de puntuación, lo que hace que algunos de sus versos tengan un significado abierto para los lectores.


        En conclusión, estamos ante un poeta del amor, belleza cincelada /  en un jardín de deseos… Sus versos parten de elementos narrativos relacionados con la vida cotidiana,  que son transformados en elementos líricos, siempre con una especial finura.  Invito a los lectores a  adentrarse  en este  poemario de esencias y armonías y a disfrutar  de la expresión poética de un amor que glorifica y genera plenitud de ánimo, porque, según  Andrés Pinar Godoy, sentir el sonido interior, / cada uno el del otro, /  es la cima de la vida. Dejemos que nos lleve a esa cima el embrujo poético de estas Respiraciones.

 

        ©Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga, profesora y poeta      



       

 

 

       

viernes, 10 de abril de 2026

Reseña de "Espejo canalla", de Margarita Campos


 

Género: poesía / apotegmas

Editorial Notting Hill

Páginas: 151

Margarita Campos Sánchez (Mar Cam San) es una poeta madrileña de vocación tardía que se prodiga en muchos encuentros poéticos, entre ellos, el Ágora de la poesía de León, a la que envía de forma regular sus poemas para que los lea otra persona. Después de  Sendero de sentimientos y Las caras de la sal (sobre este poemario escribí en su día una reseña: Las caras de la sal), ahora nos sorprende con un poemario diferente: Espejo canalla. Toda su poesía nos refleja su forma de vivir y de encarar la realidad de una forma sincera. Es una poesía que tiene mucho de verdad.

He leído  con atención este libro que su autora generosamente puso hace tiempo  en mis manos. Lo primero que llama la atención del mismo es  su edición,  en tapa dura y muy cuidada. Pero este libro, que parece un poemario,  en realidad, es más que un poemario. Su título resulta atrayente, pues  parece hablarnos  de un espejo donde nos miramos y que  nos responde con una imagen de nosotros mismos que, con frecuencia, no nos gusta. Un espejo que tal vez se burla de nosotros, nos recrimina nuestra forma de ser o nuestro comportamiento. De algo de eso nos advierte la autora  en un breve texto introductorio en el que dice: "El espejo nos cuenta emociones. A veces como un canalla nos devuelve lo que no entregamos". O tal vez lo que entregamos, pero  cuyo reflejo nos sorprende.

Cuando nos adentramos en el libro nos vemos sorprendidos por las imágenes, por la disposición de los versos y los distintos tamaños de letra con los que juega la autora, por  el uso de la negrita y la cursiva…  Y por la introducción de textos manuscritos  que añaden una sensación de verdad y  de mayor cercanía con el lector y, también,  de pensamiento fugaz, escrito de forma apresurada, pero  no por ello menos profundo.

A primera vista tenemos la sensación de que estamos ante aquellos caligramas con los que nos sorprendía  el poeta francés Guillaume Apollinaire  y sus seguidores entre los poetas de  las vanguardias españolas, a principios del siglo XX. Visto superficialmente, podríamos pensar que lo más importante de esta obra está en lo formal, sin embargo, estaríamos equivocados, pues, en realidad, esos experimentos formales están al servicio del contenido, que es profundo desde el punto de vista de lo emocional y de lo racional. Se podría decir que estamos ante poemas que son más que eso:  son colecciones  de apotegmas, aforismos, axiomas, greguerías… El hecho de que no lleven título hace que el sentimiento o el pensamiento que brota de ese espejo  aparezca de manera límpida y con toda su potencia emocional  y  reflexiva.  

En los poemas que incluye  Espejo canalla  se nos habla de los grandes temas de la literatura universal:  del amor,  del sentido de la vida y  de la palabra como cauce esencial para hablar de los temas anteriores. Se podría decir que  son poemas interiorizados  que nos hablan  a (de)  nosotros mismos. El amor, o mejor la ausencia de amor,  es uno de los temas más importantes del poemario: Abre el amor  / los sentidos dormidos… Y es que el amor nos hace superar los sinsabores de la vida. Requiere fortaleza anímica, pues es un sentimiento que desgasta al ser humano. 

Pero el amor que anhela  Margarita Campos no es algo abstracto, exige una respuesta física, por eso, el beso y el abrazo son manifestaciones necesarias del deseo de fundirse con la persona amada. Este sentimiento  es una  necesidad de todo ser humano, aunque luego cada amante lo sienta de  forma diferente: , todo fuera / Yo, toda adentro. / Tú, todo risas / Yo, mis silencios El juego de contrastes entre los pronombres, remarcados por el uso de la mayúscula y la negrita acentúa esa diferente concepción del amor que confluye en una necesidad única al final del poema: iguales y diferentes / aun así / deseamos lo mismo: querer y que nos quieran.  Este sentimiento simbolizado y concentrado en el tú y el yo, recuerda aquello que decía  Pedro Salinas en La voz a ti debida: ¡Qué alegría más alta: vivir en los pronombres!   En todo el poemario aparece con frecuencia esa segunda persona, ese amante ausente al que apostrofa. Pero en ese intercambio amoroso parece más importante para la autora el deseo de querer que el de ser querida: Yo, regalo cariño, aunque la ausencia de respuesta amorosa también está muy presente y provoca desencanto.

El amor es parte esencial de la vida, pero la vida es más que amor. La vida es el proceso de encontrarnos a nosotros mismos, de ver nuestro exterior  e interior reflejados en ese  “espejo canalla”.  Tenemos que descubrir quiénes somos y aprender a querernos. La vida, para la autora, es el difícil equilibrio entre el sufrir y el gozar. En ese análisis vital, a veces,  nos presenta pensamientos desiderativos que nos hablan del hálito vital: querer ser amanecer o ser como fiebre,  o sea, aspirar a  una vida vivida con pasión, pero sin necesidad de perseguir el éxito, porque  el éxito / es un envenenador, / el fracaso, / un Maestro Paciente. Por tanto, la vida es un deambular constante  buscando el sentido de ese vivir, pero el sentirse, con frecuencia, con las manos vacías genera zozobra. Para mitigarla el ser humano necesita presencias alrededor. La vida debería ser simple, pero, desgraciadamente, la enredamos  de forma innecesaria.

No falta la alusión al tempus fugit, tema que tan  bien reflejaron nuestros poetas del Siglo de Oro. Aparece claramente la idea quevediana de que vivir es ir muriendo: Vivo sin sentir que muero, dice la autora. Otro tema universal que se plantea en el poemario es la relación vida-sueño, no tanto del sueño entendido como engaño, sino más bien como ilusión, como un  acicate vital. Sin sueño no se puede vivir y sin vivir no se puede soñar. Con ese retruécano nos presenta nuestra  paradoja vital. Lo ideal y difíciles buscar la verdad que esconden los sueños y soñar que lo que cada persona vive es su verdad.

El tercer gran tema es el valor de la palabra. Y, también,  el valor del silencio, o sea, la ausencia de palabras pronunciadas,   un silencio  que puede hablar sin palabras. De las palabras y de  la necesidad de comunicar  con ellas habla en varios textos, porque lo que no se trasmite no existe, aunque las palabras  no siempre  encuentran respuesta en el tú, más bien, en algunos momentos, solo encuentran la nada.   Muchas veces   son incapaces  de contener y expresar el sentimiento amoroso. Pero, contradiciendo al dicho popular, las palabras no se las lleva el viento, asegura Margarita Campos, sino que llevan vientos tras ellas: llevan quereres, saberes, sentires…  que en ocasiones no encuentran receptor adecuado y al caer   en el mar / ahogadas quedaron. En su “espejo canalla”, pues,  habitan palabras y silencios, pero sus silencios son sonoros, expresivos: son silencios elocuentes.

Algunos poemas son muy musicales, como uno  muy hermoso en que juega con los paralelismos sintácticos, las aliteraciones y onomatopeyas: Resuenan las paredes… /  Resuenan los tambores… / Resuenan…  El paralelismo, junto con otros tipos de repetición como la anáfora, el retruécano  o el uso de parónimos, como en pensares… pesares…  acentúan la musicalidad de muchos textos. La palabra poética se embellece también con imágenes muy acertadas: repican campanas de hielo, dejó sangrar el corazón… Con antítesis: ojos cerrados, corazón abierto. Otro recurso expresivo que usa para acentuar la expresión de un sentimiento es la interrogación retórica. Son interrogaciones que no buscan respuesta, sino  que nos hacen reflexionar y que, de alguna forma, llevan dentro la respuesta. La mayoría están relacionadas con lo metafísico, con  la búsqueda del sentido de la vida: ¿Es posible estar sin querer, / ser sin saber, / sentir sin tocar,  / o morir viviendo? Y en otro texto: ¿Quién no se encuentra alguna vez  con su propia sombra? /  ¿Quién no desearía  que el sol no naciera, para tener reposo de sí mismo?

A pesar de las sombras que el ser humano se encuentra en el camino y que se reflejan en los sentimientos y reflexiones de Margarita Campos, creo que estamos ante un poemario luminoso.  Logramos atisbar con la autora el secreto que esconde de nosotros ese Espejo canalla. Aprendemos a mirarnos en él, sin miedo. Y ese espejo  nos invita a hacer otra vez realidad aquella traducción latina del  aforismo griego repetido por Sócrates: Nosce te ipsum (conócete a ti mismo).

La poesía de este poemario es una poesía concentrada, esencial. Como  aquella que preconizaba León Felipe cuando aseguraba que, si después de quitar todos los adornos de un poema quedaba algo, eso era la poesía.  Es una poesía que funde el vanguardismo formal con la  temática  más profunda  de la poesía española y universal. Estamos ante versos  que sorprenden y atraen al lector.  La poeta  se acerca visualmente a los “ismos” de principios del siglo XX, pero bebe de los clásicos en cuanto a los temas y al uso de la palabra poética: de la metafísica quevediana, de la agudeza de la greguería…

En conclusión, estamos ante una poesía de la esencia: reflexiones breves  cargadas de  pensamientos metafísicos, éticos... Poesía que nos conmina a mirar hacia dentro: Mirar dentro de nosotros mismos es un reto. Cuando doblamos la última página los lectores  quedamos convencidos de que el “espejo canalla”, enmarcado en negro,  quizá no lo sea tanto y nos sentimos dispuestos  a darle las gracias y a encarar el mañana viviendo (y  viendo) de lleno el hoy: Mañana. /  Mañana es un / verbo que  / no  / sé  / conjugar… / Hoy vivo.


© Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga, profesora y escritora




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