Este poemario es el tercero del escritor Andrés Pinar Godoy, quien, además de este género literario, cultiva la narrativa. Andrés es una persona que participa activamente en foros poéticos y actos literarios de todo tipo. Precisamente en el Ágora de la Poesía de Madrid, organizada por mí, nos conocimos y, desde entonces, hemos entablado una relación muy cordial.
Esta reseña se corresponde con el prólogo del libro, que el autor me pidió que escribiese, cosa que hice con mucho gusto.
El poemario Respiraciones se inicia con una introducción en que el autor habla
de su concepción de la poesía. Según Andrés Pinar, la poesía es el cauce para
la expresión de las vivencias que guardamos acumuladas en nuestra memoria o
nuestro subconsciente y sirve al poeta para
aproximarse al misterio y lo invisible.
Es un acto creativo casi espontáneo; algo, con frecuencia, meramente intuitivo y
no sometido al análisis del intelecto.
Respiraciones está
dividido en cuatro apartados. El
primero se titula Aprehensión y nos sugiere la idea de captura, de discernimiento,
de percepción. Se abre con un poema en el que el autor habla de la aprehensión
de lo poético, que se inicia con este verso: Deslizada la pluma, mi poema, poema que le sirve para entenderse y sentir su yo. En
ese deseo de aprehensión que le llevará al amor, eje temático del poemario, se
siente, en ocasiones, desorientado, pero
trata de extraer el néctar de cada día / y con esa esencia / nuevo aire en la
escalada / eludir el tropiezo
predecible.
El segundo apartado se titula Crecimiento. Se inicia con el poema Sal
de la vida. En ese sentir que el cuerpo vibra / y el alma encuentra su misterio / está la sal de la vida. La sal
de la vida consiste en conseguir la
plenitud infinita, basada en el amor.
El tercer
apartado se titula Anhelos del corazón. Dos
poemas, uno titulado Sustancia, que
abre el apartado, y otro Palpar la esencia de lo que nos rodea, nos hablan de sus aspiraciones poéticas. En este
bloque aparecen temas más metafísicos. El poeta busca la esencia de la
realidad, que tal vez sea gozar en la
revelada poesía de la vida, entre
las Angustias del deseo, como refleja el título de un poema. El
poema Intuir la ausencia podría ser la esencia de esta tercera
parte y, tal vez, del poemario: Ir más allá de lo real / para ver lo real, utilizando la poesía
como instrumento. Y así alcanzar la
esencia… Intuir, conocer, vivir...
Son significativos los títulos de algunos poemas: Intuir la ausencia, Angustias del deseo, Aprehensión, Emerger del alma,
Algo de luz, Deseos vacíos, Amor
frustrado. Vida perdida… Pero, a pesar de todos los sinsabores
vitales, mi corazón se siente fuerte, asegura el poeta. Y en esa búsqueda de
la sustancia y la perfección, siempre aparece el amor como tabla de salvación. Es lo que da sentido a la vida, aunque también produce
sufrimiento: Rehuimos la esencia / diluida en tantos egoísmos. / Así vino la
muerte, no se murió el amor; nosotros lo
matamos.
El cuarto apartado se titula Sortilegios.
La palabra sortilegio nos habla de
adivinación, de embrujo, aquí
seguramente relacionada con el embeleso que produce el amor, que es el tema absoluto de este bloque: Amor es vida, como el título
de uno de sus poemas. Y es que pensar en
la persona amada hace evadirse al poeta, escapar de la cárcel en que está
inmerso y huir de la rutina y la vulgaridad.
Sin duda, el tema esencial del poemario es el amor, amor en el sentido amplio de la palabra, pues
hace referencia al amor familiar a través de la presencia de la madre, del padre y de la evocación de reuniones
familiares. La madre es sangre de amor. El padre es referencia de vida para el
hijo. En algunos poemas también nos
presenta el amor entendido como solidaridad
que le hace clamar contra la injusticia, la guerra, el
egoísmo, la envidia… siguiendo aquel lema de Celaya de que la poesía “es un
arma cargada de futuro” que tiene una finalidad transformadora. Pero, sin duda,
es el amor de pareja entre hombre y mujer el que inspira la mayoría de los
poemas. El amor es fuerza / sangre de vida, “el motor del
mundo”, que diría Dante.
El amor del que habla Andrés Pinar, que es vitalidad sumida en el universo, no se queda solo en la relación entre los amantes, sino que parece tener un efecto cósmico; es una fuerza expandida, que desborda a los amantes y se extiende a su entorno: Desborda nuestro amor / no olvida a nadie. Esta visión del amor nos recuerda la que expresaba Bécquer en la Rima X: "Los invisibles átomos del aire / en derredor palpitan y se inflaman, / el cielo se deshace en rayos de oro, / la tierra se estremece alborozada". Algo similar nos dice el autor de este poemario: Los amantes elaboramos otro mundo / no ilusión / no incierta / para que irradie. Y un elemento esencial relacionado con la expansión del amor es el aire (éter, brisa, viento…): Estás en esta brisa que me acaricia… Tu estilo armonioso / conforma / el aire que ocupas, dice de la amada.
La mujer que ama y
es amada una mujer elegante y leve, irradia belleza y lleva al poeta a lo sublime:
estiliza el alma del poeta. También
en eso nos recuerda otros versos
becquerianos: “Mientras haya una mujer hermosa, / habrá poesía”. Belleza, amor y poesía,
aparecen fundidos en el poemario. La amada encandila al amado, lo “embruja”, le ofrece algo espiritual: místico secreto de tu mirada. El amor
libera y aleja al poeta de un
mundo marcado por la envidia, el egoísmo y el odio.
Pero el amor, con frecuencia, estalla de forma sensual como una
gran pasión, como un delirio de cuerpos y almas que se fusionan. El contacto de cuerpos se convierte en lujuria
que asienta y perfila y la fusión de
los cuerpos lleva a la fusión de los destinos. El punto de partida de esa
pasión puede ser un beso: Te beso
tiernamente / poco a poco se despierta
mi pasión. La pasión amorosa, a
veces, se manifiesta con evocaciones de la amada ligadas a lugares o tiempos
concretos, con un poso de eternidad, como ocurre en el poema Amor queda en Toledo. En otras ocasiones,
lo evocador es el mar o el océano o un momento del día o del año. No faltan los
ambientes refinados o galantes
relacionados con la música o con
determinados lugares: Viena, Aranjuez, fiesta renacentista, teatro de ópera… El
amor, paradójicamente, es pasión y es armonía: La paz del amor sosegado / atempera el espíritu / y lo hace estallar de indomable pasión / al tener que expresarse.
Además del aire que
expande el amor, el poeta utiliza otros símbolos. El más significativo de la
pasión amorosa es el fuego, símbolo que se ha repetido en la poesía, y que, en el poemario, es calor, ardor, incendio, rescoldo, color rojo… Se puede decir que el estilo de Andrés
Pinar Godoy es un estilo muy plástico
que refleja constantemente sensaciones captadas por distintos sentidos:
vista, oído, gusto… Por ese motivo, la
sinestesia es un rasgo de estilo frecuente
en su poesía. Ahí aparece la dulzura: dulce clamor, dulce aliento, dulzura de amor…Y, especialmente, las
sensaciones táctiles: palpar tus gemidos,
risas cálidas… Las metáforas, asimismo,
inciden en lo sensual: aceradas
puntas de dolor, el frío de la incertidumbre, la sal de la vida… Aunque las
imágenes presentes en el poemario son metáforas universales, en la métrica el poeta, en cambio, huye del encorsetamiento
y prefiere el verso libre y a veces
prescinde, de forma deliberada, de signos de puntuación, lo que hace que
algunos de sus versos tengan un significado abierto para los lectores.
En conclusión,
estamos ante un poeta del amor, belleza
cincelada / en un jardín de deseos… Sus
versos parten de elementos narrativos relacionados con la vida cotidiana, que son transformados en elementos líricos,
siempre con una especial finura. Invito
a los lectores a adentrarse en este
poemario de esencias y armonías y a disfrutar de la expresión poética de un amor que
glorifica y genera plenitud de ánimo, porque, según Andrés Pinar Godoy, sentir el sonido interior, / cada uno el del otro, / es la cima de la vida. Dejemos que nos
lleve a esa cima el embrujo poético de estas Respiraciones.
©Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga, profesora y poeta



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