lunes, 25 de mayo de 2026

Reseña de "El banco del instituto", de Daniel Gómez Ibáñez

 


Género: novela

Editorial:  Letrame

Páginas: 254

    En fecha reciente recibí un grato regalo: la novela que ahora voy a comentar. Conocí al autor, Daniel Gómez Ibáñez, cuando él transitaba por la adolescencia y cursaba Bachillerato. Yo entonces era su profesora de Lengua y Literatura. Unos veinte años separaban nuestras edades. Yo trataba de despertar en mis alumnos el interés por adquirir   unos mínimos conocimientos de historia de la   literatura y, sobre todo, por el disfrute del arte de la palabra. Parece que aquella semilla no solo no cayó en mala tierra, sino que, en algunos casos, fructificó de forma extraordinaria.  Hoy es para mí una alegría tener constancia de que unos cuantos de aquellos alumnos míos     cultivan el arte literario en distintos géneros. Uno de ellos es Daniel, el autor de la novela El banco del instituto.  Las redes sociales han hecho que se hayan vuelto a cruzar nuestros caminos vitales y que nos hayamos reencontrado en torno a  la palabra, precisamente, en la presentación de un libro mío.

    Daniel Gómez Ibáñez, de formación técnica en lo académico, fue precoz en el ámbito de las letras, en las que es  autor de relatos breves y de novelas.  Su última novela es esta que termino de leer con mucha atención: El banco del instituto. No sé si ese instituto tiene que ver algo con aquel centro educativo en el que coincidimos, próximo al barrio madrileño de san Blas, que se reconoce en el marco geográfico de la novela, pero  se parece mucho.

    El título de la novela es ya de por sí muy atractivo y también lo son las cubiertas del libro: la anterior con un personaje que refleja a un indigente meditabundo, sentado en un banco, sobre fondo oscuro, y la posterior, en la que, sobre fondo negro, refulge el vestido azul de una mujer joven y hermosa. La anterior tiene que ver con el presente de la trama, la posterior, con un pasado que en realidad es un presente continuo y luminoso en la memoria del protagonista. A lo largo de la novela iremos descubriendo el secreto de ese simbolismo.

    El libro se abre con una presentación del propio autor. En ella afirma: Todos tuvimos un banco del instituto.  Curiosamente una frase similar aparece, también en su boca, al final la novela: Todo instituto necesita un banco. Ese banco, ligado a sus recuerdos de época estudiantil es, pues, un símbolo de vida, porque la vida ha dejado un poso sobre él, ha dejado  los ardores y sueños de juventud.    Un banco puede ser lugar de compañía y de soledad. Es lugar de espera, de confidencias, de encuentros y desencuentros, de reflexiones, de descanso, de morada… Es una bella introducción en la que el autor apostrofa al lector y lo invita a viajar al pasado recordar es viajar en el tiempo, dice y a bucear en sus propios recuerdos, apoyándose en la vida de los personajes de la novela. Para él, también es una manera de reconocer sus propios fantasmas, los cuales  menciona en la dedicatoria.

    La novela está protagonizada por tres personajes fundamentales, amigos entre sí. Tres personas para las que aquel banco fue algo más que un lugar para sentarse: Javi, Patri y Silvia. Javi es el personaje esencial de la trama, un cincuentón que trabaja en una empresa informática y que hace del trabajo el eje de su vida, porque en el presente no encuentra mayores alicientes.  Es un ser solitario, un tanto egocéntrico, que en realidad vive anclado a los fantasmas del pasado y pasa más tiempo evocando ese pasado que siendo consciente de los alicientes del presente.

    Desde su adolescencia está enamorado de Patri, pero su indecisión, cobardía y miedo a poder perderla han impedido poder disfrutar de ese amor a lo largo de su vida. Patri, a su vez, está enamorada de Javi, con el que ha compartido muchos momentos felices, pero existe una incomunicación entre ambos que hace que su relación sea solo la de un “amor amistoso”.  Tiene que ocurrir un hecho dramático en la vida de Patri para que Javi despierte de su indolencia y se apresure a manifestar ese sentimiento, que siempre ha sentido por Patri y siempre ha querido silenciar.

    Silvia, persona superdotada y experta en inteligencia artificial, comparte trabajo con Javi. Son propietarios con otras personas de la empresa informática en  la que trabajan en el campo de los ordenadores cuánticos y la IA.   Es buena amiga de ambos, pero tiene una visión más realista y práctica de la vida y es la persona que espolea a Javi para que cambie de actitud respecto  a su actitud ante Patri.

    Javi es un personaje excesivamente anclado en el pasado, en el que se regodea, hecho que le sirve para huir de un presente que no quiere asumir. Está convencido de poseer una facilidad excepcional para evocar ese pasado (hipermnesia), aunque en realidad esa constante evocación puede manifestar un signo de depresión y no aceptación de su propia realidad.  Vive en el mismo barrio donde se crio, trabaja en el mismo barrio y hace el mismo recorrido que hacía décadas atrás para ir al instituto.  Un cambio en su vida laboral, por la venta “obligada” de la empresa al  ejército, lleva a que muchos  de sus compañeros decidan jubilarse y disfrutar de la vida, cosa que él no sabe hacer y  esto  lo lleva a sentirse aún más  solo.

    En la novela, de trama aparentemente desenfadada, se plantean, sin embargo, varios temas profundos. Uno de ellos es ese tema universal de la percepción del paso del tiempo, que inquieta al ser humano. Somos conscientes de que no podemos detener el tempus fugit, pero debemos enfrentarnos al reto de aprender a disfrutar al máximo de ese breve tiempo  del que disponemos. No es buena idea vivir anclados al pasado y no percibir lo que de bueno nos ofrece el presente. El pasado ha dejado huella en nuestra mente, pero ya no existe, por tanto, no debe inmovilizarnos.  Eso le ocurre al protagonista. Esa sensación del tempus fugit se acentúa cuando nos hacemos mayores, pero también devora a la juventud, que a veces realiza acciones que son huidas temporales del presente que está viviendo.

    Hay algo que produce desesperanza e, incluso, desolación   en la trama de la novela  es la no consecución del amor soñado, del amor sentido entre Javi y Patri, pero no verbalizado: nunca declarado abiertamente. Y así estos   personajes se van consumiendo en la soledad de esa espera, porque el amor ideal, al que aspira Javi, imposibilita vivir el amor real que siente Patri.

    Un día, al tener noticia de que Patri está enferma, Javi decide dar un paso al frente y entregarse en cuerpo y alma a acompañarla y a cuidarla para resarcirse de la mala conciencia que ha arrastrado toda su vida. Este amor, que cobra   presencia cierta en una situación dramática y que el autor nos presenta con mucha emotividad y delicadeza y hasta con belleza, pone de manifiesto la simbiosis   entre la manifestación de ese sentimiento, siempre a la espera,  y el paso del  tiempo. La vida ha  ido engullendo  una relación amorosa que pudo ser hermosa, pero que solo logra florecer ante una situación dramática. El tiempo nos ha engullido a los dos, dice Patri. Esto nos hace reflexionar sobre el hecho de que hay que aprovechar el tiempo presente y disfrutar de los afectos y de todo lo placentero que la vida nos ofrece. Se hace realidad otro tópico literario que se repite en la literatura universal: carpe diem.  Javi, en sus fantasmas mentales del  quiero y no  hago lo posible por poder, se ha pasado toda su vida queriendo ver a Patricia como amiga, mientras se engañaba a sí mismo. En definitiva, el mensaje que nos deja el autor y la vida es que hay que arriesgar para ser feliz, porque, de lo contrario, nos sentiremos culpables y  no hay nada peor que no saber perdonarse a uno mismo. Por idealizar algo en demasía y no querer perderlo, no arriesgamos, y así no lo perderemos, pero tampoco seremos felices. Además, como dice Daniel Gómez, los recuerdos tienen la capacidad de poder ver como tú quieras cualquier cosa que tuvieras recogida en la memoria.

    Así, Javi, ante la muerte inesperada de Patri, se siente culpable por no haber sabido dirigir su vida y entra en un proceso de degradación personal y social que le lleva a la pérdida de la cordura, porque vuelve, una vez más, a cometer el error de convertirse en yonqui de los recuerdos. Y, deteriorado física y psíquicamente, convierte el banco del instituto en su morada imagen de la portada, un lugar en que el pasado es fuente que  brota de forma permanente.  Desde allí contempla los fantasmas que vagan a su alrededor, que son, en realidad, los que él lleva dentro. Un tema relacionado con este fracaso amoroso del protagonista persona inteligente y profesional de éxito y el sufrimiento que ello produce es cómo se puede degradar la vida de una persona después de sufrir un trauma, hasta llegar   al borde de la locura, porque, según Silvia,    la línea entre la excelencia mental y la locura es más fina de lo que creemos.

    Se nos presentan de una forma muy hermosa esos momentos en que el amor entre Javi y Patri, finalmente, florece a través de la ternura y la delicadeza de los gestos y que el autor nos transmite con las palabras. Con la palabra literaria logra convertir el momento dramático en algo hermoso. Y los lectores conseguimos ver a los amantes sentados eternamente en el “banco” del instituto. Aparece también un canto a la amistad,  sentimiento que convierte a los auténticos amigos en personas de nuestra propia familia.

    Otro de los temas importantes que aborda la novela es la reflexión sobre los límites de la IA, en lo tecnológico y en lo moral. En la novela se plantea en un mundo distópico en este momento, pero perfectamente posible. Se plantea la posibilidad  de que se pueda entrar en el cerebro de una persona mientras esta duerme y modificar sus recuerdos. La IA podría recrear una vida  distinta en nuestro cerebro y dar realidad a lo deseado o soñado, si le proporcionamos datos. Bastaría implantar un nanobot para controlarlo. En la novela se debate ese tema entre los propietarios de la empresa, especialmente cuando esta es comprada por el ejército para hacer experimentos. En ese contexto, la IA   podría convertirse en un arma muy potente. Silvia es partidaria de usarla en todo su potencial, pues considera que el avance científico no debe estar lastrado por los límites éticos: La moralidad llega hasta donde uno no la necesita o puede pagarla; hay momentos en la vida más importantes que una moralidad, asegura.  Además,  piensa que la moralidad depende del momento de la vida. Es un hecho cierto que nadie duda de los usos muy beneficiosos que puede tener la IA, en algunos campos, por ejemplo, en medicina, pero su poder nos resulta inquietante. Cuando escribo esto termina de presentarse la encíclica Magnifica humanitas, de León XIV.  Su subtítulo dice: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. El papa nos advierte de sus peligros y asegura que “quien controla la IA impondrá su propia visión moral”.

 En la empresa en que trabajan Javi y Silvia se plantean realizar el experimento de introducir un nanobot en la mente de una persona para modificar sus recuerdos. ¿Nos podrá la IA controlar hasta ese límite? ¿Hay que avanzar cueste lo que cueste? El protagonista se opone a ello, frente a su compañera, pero, curiosamente, en un giro inesperado y muy hábil de la narración, será el propio Javi el que será usado como conejillo de indias para  modificar su cerebro y evitarle el sufrimiento que ha deteriorado su vida en lo físico y en lo mental, después de perder a Patricia. De la reflexión que nos plantea la novela nos surgen otros interrogantes: ¿Puede ser bendecida la IA moralmente por contribuir a evitar el dolor psicológico de un ser humano? ¿Es ético utilizar cualquier procedimiento científico o tecnológico para que alguien  sea feliz, aunque haya que modificar lo que se almacena en su cerebro? ¿Puede una persona decidir sobre la felicidad de otra? ¿Sigue siendo la misma persona aquella a la que le han alterado los recuerdos? Hoy no tenemos una respuesta general, aunque cada cual pueda tener la suya. Seguramente el futuro cercano nos contestará.

    Relacionado con esto, está la reflexión colateral que plantea el autor sobre la realidad y la ficción. La persona cuyo cerebro se manipula creerá al despertar que las sensaciones experimentadas han sido un sueño. Nos recuerda el debate filosófico planteado  en La vida es sueño, de Calderón de la Barca,  cuando Segismundo duda sobre si lo real es lo vivido mientras es llevado a palacio narcotizado o lo que se encuentra al ser devuelto a su prisión: “¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión / una sombra, una ficción…”. El autor, en ese hábil giro narrativo del final de la novela, consigue hacer dudar al lector si todo el drama vivido al lado de Patricia ha sido solo el sueño de una mente modificada y si esa ha sido la cruda realidad y, en cambio, es un sueño la tranquilidad inducida al borrar los malos recuerdos de ese drama en espera de  su propia muerte. Nos deja otra pregunta: ¿Cuáles son los límites de la realidad?

    Desde el punto de vista de la técnica narrativa, la novela está narrada en primera persona por el personaje fundamental, Javi, aunque de manera muy puntual Patri y Silvia comparten el papel de narradoras.  El uso de la técnica autobiográfica contribuye a dar más veracidad. La novela sigue una estructura interna lineal, pues avanza en el tiempo, pero este avance se mezcla con constantes flash back para, a través de la evocación, dar saltos constantes al pasado para situarnos especialmente en el periodo de su adolescencia y juventud. Y lo hace de forma muy acertada, mezclando presente y pasado sin solución de continuidad. Con ello reproduce mejor la  confusión mental  en que se debate el personaje. La narración es muy viva y dinámica, a ello contribuye el diálogo abundante.  En medio de la narración y el diálogo se cuela con frecuencia la técnica del monólogo interior que nos hace sentir la zozobra permanente en que vive el personaje. Los monólogos se realizan con frecuencia en segunda persona. En ellos el autor se apostrofa a sí mismo, lo cual supone un desdoblamiento de su personalidad, aunque, a veces, podría dar la sensación de que el interpelado es el lector: Vámonos para el trabajo, Javiercito. Es un buen ejercicio de introspección psicológica por parte del autor. Patri y Silvia son más bien personajes de acción, los conocemos por lo que hacen y dicen o por lo que se dice de ellas.

    A la viveza de la narración contribuye el lenguaje coloquial utilizado por los personajes, especialmente en los diálogos que nos presentan  situaciones de la vida cotidiana: sintaxis  de frase breve y frases hechas propias de la lengua coloquial, como calentar la cabeza, no tienes huevos, ni tan mal, manda narices… También aparecen muchas interrogaciones que buscan respuesta y otras muchas retóricas, diminutivos, tacos variados, apócopes de vocablos… A veces introduce juegos de palabras usando el calambur:  Midas talleres de coches  y “medas” me das, petición de dinero en casa.  No falta la presencia de lenguaje técnico: interfaz, ordenadores cuánticos, algoritmo, nanobot…  

    La novela finaliza con un epílogo en que el narrador-personaje (Javier Martí), quiere hacerse notar como auténtico protagonista y despedirse de lector antes de iniciar ese sueño inducido que le llevará a la felicidad junto a su amada. También toma la palabra el autor-narrador, o sea, Daniel Gómez Ibáñez, para confesarnos las dificultades que encontró para contar esta historia, especialmente para reproducir los sentimientos adolescentes de Patri  y  para expresar  el dolor de Javi y su proceso hacia la locura. También confiesa su gusto por las historias románticas y dramáticas. Parece que Daniel Gómez también tuvo su banco del instituto y tal vez ese Javi no sea solo un personaje literario para él.  

    Desde luego, los lectores no apreciamos esas dificultades, pues parece que toda la narración fluye de forma natural y que no hay forma más adecuada y emotiva de narrarla. Ese es uno de los grandes méritos de la novela. Si la leemos desde la presentación al epílogo, dos textos en que el autor se hace presente, la novela tendría una estructura circular. Comenzaba interpelando al lector y a él se dirige también en el epílogo final para advertirnos sobre el peligro de que los recuerdos no nos dejen ver el presente.

    Siguiendo paso a paso la historia de sus personajes, ha conseguido que vibremos con ellos, que reflexionemos sobre el papel de los recuerdos, sobre los grandes temas filosóficos y morales que se ha planteado siempre la humanidad y sobre los problemas morales  que, en el presente,  presentan las nuevas tecnologías. Y también consigue que reflexionemos sobre la importancia de los recuerdos y sobre el papel equilibrado que tienen que representar en nuestra vida.  Y es que en la vida todos hemos tenido nuestro “banco”, un lugar que ha acogido esas vivencias vitales en las que nos refugiamos. Un banco que ha podido desaparecer en lo físico, pero que será inmortal para cada lector que se adentre en las páginas de esta novela.

© Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga, profesora de Lengua y Literatura y escritora







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