jueves, 9 de abril de 2020

Poesía relacionada con la Semana Santa (I)


Estado de alarma. Día 26. Jueves Santo. 9 de abril de 2020


Este día de Jueves Santo tan especial, en que por las calles no se van a ver procesiones ni se se va a oír esa música estremecedora que las acompaña,  es buen momento para que esa procesión desgraciada que llevamos hoy por dentro se acompañe de poesía. 

Vamos a recoger algunos de los poemas de grandes poetas de la literatura española relacionados con la Semana Santa. Este primer apartado lo dedicaremos a la poesía del Siglo de Oro y otros posteriores, a la poesía contemporánea.

Son muchos los textos que nuestros grandes poetas de Siglo de Oro dedicaron a la visión  de Cristo crucificado y a la relación del alma con él. Lope  de Vega, Góngora, Quevedo… dedicaron hermosos y dramáticos textos a este tema.

El poema más conocido es, sin duda,  el famoso Soneto  a Cristo crucificado, de autor desconocido. Aunque se ha atribuido a Santa Teresa y a San Juan de la Cruz, no se tiene la certeza que sea obra de ninguno de los dos.



   
Soneto a Cristo crucificado. Anónimo

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


Imagen Pixabay. com


SANTA TERESA DE JESÚS

De Santa Teresa, escritora mística,  tomamos este poema que nos presenta la cruz como un camino para el cielo.


En la cruz está  la vida y el consuelo
y ella sola es el camino para el cielo.
En la cruz está el Señor de cielo y tierra
y el gozar da mucha paz aunque haya guerra.
Todos los males destierra de este suelo
y ella sola es el camino para el cielo.
Es una oliva preciosa la santa cruz,
que con su aceite nos unta y nos da luz.
Alma mía, toma la cruz con gran consuelo
que ella sola es el camino para el cielo.


Imagen: Pixabay.com


LOPE DE VEGA


Lope de Vega fue el autor más prolífico en la creación de textos relacionados con la 
Pasión. Vamos a recordar algunos de los más famosos. 

Descendimiento de Van der Weydem. Museo Nacional del Prado (MNP)

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!



Cristo de la Vega. Toledo


A Cristo en la cruz

¿Quién es aquel Caballero
herido por tantas partes,
que está de expirar tan cerca,
y no le socorre nadie?

«Jesús Nazareno» dice
aquel rótulo notable.
¡Ay Dios, que tan dulce nombre
no promete muerte infame!

Después del nombre y la patria,
Rey dice más adelante,
pues si es rey, ¿cuándo de espinas
han usado coronarse?

Dos cetros tiene en las manos,
mas nunca he visto que claven
a los reyes en los cetros
los vasallos desleales.

Unos dicen que si es Rey,
de la cruz descienda y baje;
y otros, que salvando a muchos,
a  sí no puede salvarse.

De luto se cubre el cielo,
y el sol de sangriento esmalte,
o padece Dios, o el mundo
se disuelve y se deshace.

Al pie de la cruz, María
está en dolor constante,
mirando al Sol que se pone
entre arreboles de sangre.

Con ella su amado primo
haciendo sus ojos mares,
Cristo los pone en los dos,
más tierno porque se parte.

¡Oh lo que sienten los tres!
Juan, como primo y amante,
como madre la de Dios,
y lo que Dios, Dios lo sabe.

Alma, mirad cómo Cristo,
para partirse a su Padre,
viendo que a su Madre deja,
le dice palabras tales:

Mujer, ves ahí a tu hijo
y a Juan, ves ahí tu Madre.
Juan queda en lugar de Cristo,
¡ay Dios, qué favor tan grande!

Viendo, pues, Jesús que todo
ya comenzaba a acabarse,
Sed tengo, dijo, que tiene
sed de que el hombre se salve.

Corrió un hombre y puso luego
a sus labios celestiales
en una caña una esponja
llena de hiel y vinagre.

¿En la boca de Jesús
pones hiel?, hombre, ¿qué haces?
Mira que por ese cielo
de Dios las palabras salen.

Advierte que en ella puso
con sus pechos virginales
un ave su blanca leche
a cuya dulzura sabe.

Alma, sus labios divinos,
cuando vamos a rogarle,
¿cómo con vinagre y hiel
darán respuesta süave?

Llegad a la Virgen bella,
y decirle con el ángel:
«Ave, quitad su amargura,
pues que de gracia sois Ave».

Sepa al vientre el fruto santo,
y a la dulce palma el dátil;
si tiene el alma a la puerta
no tengan hiel los umbrales.

Y si dais leche a Bernardo,
porque de madre os alabe,
mejor Jesús la merece,
pues Madre de Dios os hace.

Dulcísimo Cristo mío,
aunque esos labios se bañen
en hiel de mis graves culpas,
Dios sois, como Dios habladme.

Habladme, dulce Jesús,
antes que la lengua os falte,
no os desciendan de la cruz
sin hablarme y perdonarme.


Cristo crucificado. Museo del Greco. Toledo


Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

 Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?

  
Cristo crucificado de Zurbarán. MNP


Muere la vida, y vivo yo sin vida,
ofendiendo la vida de mi muerte,
sangre divina de las venas vierte,
y mi diamante su dureza olvida.

Está la majestad de Dios tendida
en una dura cruz, y yo de suerte
que soy de sus dolores el más fuerte,
y de su cuerpo la mayor herida.

¡Oh duro corazón de mármol frío!,
¿tiene tu Dios abierto el lado izquierdo,
y no te vuelves un copioso río?

Morir por él será divino acuerdo,
mas eres tú mi vida, Cristo mío,
y como no la tengo, no la pierdo.

Jesús del Gran Poder. Sevilla.


Con ánimo de hablarle en confianza
de su piedad entré en el templo un día,
donde Cristo en la cruz resplandecía
con el perdón que quien le mira alcanza.

Y aunque la fe, el amor y la esperanza
a la lengua pusieron osadía,
acordéme que fue por culpa mía,
y quisiera de mí tomar venganza.

Ya me volvía sin decirle nada,
y como vi la llaga del costado,
paróse el alma en lágrimas bañada:

Hablé, lloré y entré por aquel lado,
porque no tiene Dios puerta cerrada
al corazón contrito y humillado.

 
Crucifijo de don Fernando y doña Sancha.
MAN


¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,

y cuántas con vergüenza he respondido,

desnudo como Adán, aunque vestido

de las hojas del árbol del pecado!


Seguí mil veces vuestro pie sagrado,

fácil de asir, en una cruz asido,

y atrás volví otras tantas, atrevido,

al mismo precio en que me habéis comprado.


Besos de paz os di para ofenderos,

pero si fugitivos de su dueño

hierran cuando los hallan los esclavos,


hoy que vuelvo con lágrimas a veros,

clavadme vos a vos en vuestro leño,

y tendréisme seguro con tres clavos.



Traslado  de Cristo. Rafael. Galería Borghese



















Muere la vida, y vivo yo sin vida,

ofendiendo la vida de mi muerte,

sangre divina de las venas vierte,

y mi diamante su dureza olvida.


Está la majestad de Dios tendida

en una dura cruz, y yo de suerte

que soy de sus dolores el más fuerte,

y de su cuerpo la mayor herida.


¡Oh duro corazón de mármol frío!,

¿tiene tu Dios abierto el lado izquierdo,

y no te vuelves un copioso río?


Morir por él será divino acuerdo,

mas eres tú mi vida, Cristo mío,

y como no la tengo, no la pierdo.




Semana Santa de Valladolid. (Imagen del Norte de Castilla)


QUEVEDO


Quevedo también abordó este tema en varios poemas. 


Recogemos aquí algunos:




Pues hoy derrama noche el sentimiento

por todo el cerco de la lumbre pura,

y amortecido el sol en sombra oscura,

da lágrimas al fuego, y voz al viento;


pues de la muerte el negro encerramiento

descubre con temblor la sepultura,

y el monte, que embaraza la llanura

del mar cercano, se divide atento,


de piedra es hombre duro, de diamante

tu corazón, pues muerte tan severa

no anega con tus ojos tu semblante.


Mas no es de piedra, no; que si lo fuera,

de lástima de ver a Dios amante,

entre las otras piedras se rompiera.



Cristo yacente. Gregorio Fernández. MNP



Adán en Paraíso, Vos en huerto;

él puesto en honra, Vos en agonía;

él duerme, y vela mal su compañía;

la vuestra duerme, Vos oráis despierto.


Él cometió el primero desconcierto,

Vos concertastes nuestro primer día;

cáliz bebéis, que vuestro Padre envía;

él come inobediencia, y vive muerto.


El sudor de su rostro le sustenta;

el del vuestro mantiene nuestra gloria:

suya la culpa fue, vuestra la afrenta.

Él dejó horror, y Vos dejáis memoria;

aquél fue engaño ciego, y ésta venta.

¡Cuán diferente nos dejáis la historia!





Sobre estas palabras que dijo Jesucristo en la Cruz: “Mulier, ecce filius tuus: ecce Mater tua” (Ioan, 19).  

Mujer llama a su Madre cuando expira,
porque el nombre de madre regalado
no la añada un puñal, viendo clavado
a su Hijo, y de Dios, por quien suspira.

Crucificado en sus tormentos, mira
su Primo, a quien llamó siempre «el Amado»,
y el nombre de su Madre, que ha guardado,
se le dice con voz que el Cielo admira.

Eva, siendo mujer que no había sido
madre, su muerte ocasionó en pecado,
y en el árbol el leño a que está asido.

Y porque la mujer ha restaurado
lo que sólo mujer había perdido,
mujer la llama, y Madre la ha prestado.

El Expolio. El Greco

Al buen ladrón, sobre las palabras: “Memento mei” et “Hodie mecum eris in Paradiso”, acordando lo que dice: “Non rapinam arbitratus”.


¡Oh vista de ladrón bien desvelado,
pues estando en castigo tan severo
vio reino en el suplicio y el madero,
y rey en cuerpo herido y justiciado!

Pide que dél se acuerde el coronado
de espinas, luego que Pastor Cordero
entre en su reino, y deja el compañero
por seguir al que robo no ha pensado.

A su memoria se llegó, que infiere
con Dios su valimiento, porque vía
que por ella perdona a quien le hiere.

Sólo que dél se acuerde le pedía
cuando en su reino celestial se viere,
y ofreciósele Cristo el mismo día.



Jesús de Medinaceli. Madrid



GÓNGORA

También recogemos un soneto de Góngora


A Cristo en la Cruz
 
Pender de un leño, traspasado el pecho
y de espinas clavadas ambas sienes;
dar tus mortales penas en rehenes
de nuestra gloria, bien fue heroico hecho.

Pero más fue nacer en tanto estrecho
donde, para mostrar en nuestros bienes
a dónde bajas y de dónde vienes,
no quiere un portadillo tener techo.

No fue esta más hazaña, ¡oh gran Dios mío!,
del tiempo, por haber la helada ofensa
vencido en flaca edad, con pecho fuerte

—que más fue sudar sangre que haber frío—,
sino porque hay distancia más inmensa
de Dios a hombre que de hombre a muerte.




CALDERÓN DE LA BARCA



¿Qué quiero, mi Jesús?...Quiero quererte,

quiero cuanto hay en mí del todo darte

sin tener más placer que el agradarte,

sin tener más temor que el ofenderte.


Quiero olvidarlo todo y conocerte,

quiero dejarlo todo por buscarte,

quiero perderlo todo por hallarte,

quiero ignorarlo todo por saberte.


Quiero, amable JESÚS, abismarme

en ese dulce hueco de tu herida,

y en sus divinas llamas abrasarme.


Quiero, por fin, en TI transfigurarme,

morir a mí, para vivir tu vida,

perderme en Ti, JESÚS, y no encontrarme.












lunes, 6 de abril de 2020

De la soledad y la alegría



 Estado de alarma. Día 23.  6 de abril de 2020


Cuántas historias se guardan entre las páginas de los libros de una  balda de mi biblioteca. Cuántas historias de vida, de muerte, de ilusiones, de desengaños, de alegría, de amor, de rabia, de miedo.  Cuántos personajes con los que me he identificado, a los que he amado o despreciado, están deseando volver a ponerse de pie….

Me he fijado hoy en los libros que tengo delante de Antonio Gala. He recordado sus obras de teatro que tuve ocasión de ver  en su día en los escenarios. He releído alguno de sus sonetos de amor y algunos artículos de aquellas columnas tan recordadas y que muchos leíamos con deleite: Charlas con Troylo, Dedicado a Tobías, Cuaderno de la dama de otoño… Y he recordado especialmente   una de aquellas series, la titulada  La soledad sonora, como la famosa obra de Juan Ramón Jiménez… Y ha vuelto también  a mi mente la belleza paradójica de los versos de  san Juan de la Cruz: “La música callada / la soledad sonora…”. Y me han hecho sentir así la soledad: una soledad silenciosa en el exterior y una soledad sonora en el interior.

He recordado que tengo varias de las obras de Antonio Gala dedicadas por el autor,  y sus dedicatorias, que ya tenía olvidadas, hablan de compañía y de alegría. “Para Margarita, mil alegrías compartidas…”. (El imposible olvido). “Para Margarita, con la esperanza en ella,  mi deseo de compartir la alegría...”. (Los papeles de agua).



De compañía y de  alegría andamos mendicantes en este momento.  Necesitamos sentirnos acompañados y alegres… Imposible contar con  la alegría exterior, porque las lágrimas se derraman con profusión por muchas caras.  Pero, en estos momentos convulsos, hay que buscar la  alegría interior, aunque lloren nuestros ojos, aunque nuestra vida se desgarre. Quizá haya que buscarla en la adopción de un sentido ascético de la vida que nos haga resistir al enemigo  feroz que nos golpea.

Creo que el texto más bello que he leído sobre la alegría está en la conmovedora novela Donde el corazón te lleve, de Susanna Tamaro. Una novela para leer una y mil veces.

La felicidad es, respecto a la alegría, como una lámpara eléctrica respecto al sol. La felicidad tiene un objeto, somos felices por algo, es un sentimiento cuya existencia depende de lo exterior. La alegría, en cambio, no tiene objeto. Te posee sin ningún motivo aparente, en su esencia se parece al sol: arde gracias a la combustión de su propio corazón.

Quizá hoy podamos hacer nuestra soledad sonora con un rayo de sol, con unas palabras de ánimo, con esa pequeña mejoría que experimentemos,  restando días a esta condena, empezando a hacer un duelo… O quizá simplemente abriendo un  libro…



(…) La vida es desierto y oasis,
nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el mayor de los errores:
el silencio. (…)

“La alegría de vivir”.
Walt Whitman



domingo, 5 de abril de 2020

A esas manos rugosas





Estado de alarma. Día 22. 5 de abril de 2020





Unas manos rugosas apoyadas en las rodillas, tal vez deformadas por la artrosis.  Manos de trabajo, manos de caricias, manos de gestos, manos de lealtades… 

Manos que han sabido formar un cuenco para beber, que han servido de unidades de medida (un puñadín de lentejas,  de arroz…), que han hecho sombras chinescas para entretener, que han acompañado al “cura, sana, culín de rana…” ante los ojos desconsolados de un niño… Manos que han secado lágrimas, que han limpiado  mocos; manos que han apretado las de sus hijos para darles seguridad y las de sus padres para evitar la soledad de la enfermedad o la muerte.  Manos entrechocadas como  símbolo inequívoco de un trato…  Manos que, desde lejos, han despedido a los hijos cuando se iban a la capital… 

Manos temblorosas,  surcadas por ríos azules de recuerdos, de generosidad,  de vida... Manos frágiles que hoy se apoyan en un bastón, en un andador, en un brazo… Esas manos que, en el pasado, fuertes y hábiles, empujaban  un arado, manejaban una herramienta, colocaban un ladrillo, ordeñaban, hacían un pespunte… Manos que han mimado la tierra que hoy las acoge. 



Son manos que nos hablan... Son manos que nos cuentan su historia: una historia silenciosa.

Son las manos de personas que hoy son octogenarias o nonagenarias. Esa generación que por primera vez en nuestra historia está pasando su vejez masivamente en residencias  de mayores. Son personas que vivieron la guerra siendo niños, que sobrevivieron a la dura  posguerra en familias numerosas (que se dejaban hijos por el camino), que compartían la  miseria de las cartillas de racionamiento y el miedo y la muerte que había a su alrededor. Lograron mejorar su fortuna al final del franquismo o al inicio de la democracia, en algunos casos con un gran desgarro afectivo, pues  tuvieron que emigrar a  las ciudades o  a tierras extrañas, en las que ni siquiera entendían el idioma. Algunos, los menos, consiguieron seguir viviendo en su mundo rural, en ese lugar en el que se sentían seguros, pero siempre a costa de ver cómo se iban  sus hijos. Y en su vejez, la mayoría de  estos han tenido que salir también de su espacio vital para vivir en residencias de mayores.

Fueron una generación con una escolarización elemental, pero querían que sus hijos “fueran más que ellos”, y se esforzaron para que así fuera. Con ellos dimos un paso gigantesco en la liberación de la mujer, a través de sus hijas que logramos tener profesión e independencia económica. Consiguieron, en muchos casos, que sus hijos y sus hijas, tuvieran estudios universitarios. Con ello asumían también que sus descendientes (especialmente las hijas, según mandaba la tradición) no los iban a cuidar cuando llegaran a la ancianidad.

Ellos han contribuido decisivamente al estado de bienestar del que ahora disfrutamos.  Ellos, con pensiones exiguas, fueron una pieza fundamental en el  soporte social de la crisis de 2008 y años siguientes. Y aceptaron, la mayoría de buen grado, compartir la ancianidad en residencias. Y allí estaban, tranquilos, sentados unos al lado de otros para sentir calor humano y facilitar su cuidado, cuando llegó el maldito Covid 19, que ha conseguido lo que no conseguía ninguna estadística:  bajar el número de pensionistas.

La muerte se ha cebado con el colectivo y ha planteado graves dilemas morales a los profesionales sanitarios a la hora de decidir si atender a una persona más joven o anciana, si no había posibilidad de atender a  ambas. En situaciones como esta, a pesar del dolor y la rabia que produce, entendemos racionalmente que pueda ocurrir eso por  imposibilidad de atención a todos o porque criterios médicos desaconsejen la aplicación de un respirador a una persona concreta. Pero ninguno quisiéramos vernos en la piel de un profesional médico o un responsable sanitario que debe decidir. 

Lo que no es de recibo es que algunos países como Holanda nos hayan señalado con el dedo  por  atender a mayores de 70 años con medios extraordinarios.  La sociedad española se basa en las relaciones familiares, para bien y para mal, lo mismo que la italiana. Estamos orgullosos de nuestros mayores. Y celebramos con alegría el ver imágenes de ancianos que salen de alta de los hospitales.

Por eso hoy nos duelen especialmente sus muertes a consecuencia del fatídico virus. Y nos duelen más, porque mueren solos, asustados, sin una palabra de consuelo, sin otra mano que apriete su mano  o acaricie su cara, sin un rostro familiar que puedan reconocer, porque la persona que ven va “disfrazada” de forma extraña, sin la presencia de un familiar que reciba ese encargo o consejo que seguramente su padre o su madre le hubieran dado en su lecho de muerte… Porque los padres y las madres siempre nos dan un último consejo.

La muerte forma parte de la vida, pero esta muerte es una muerte inhumana, porque  impide el acompañamiento al enfermo terminal y tampoco permite que los familiares compartan unos con otros de forma presencial el dolor, y hagan un homenaje a la memoria del fallecido.

Pero nada puede la muerte contra la inmortalidad del recuerdo. Seguirán vivos en  la memoria, en la individual y en la colectiva. Son mucho más que  un número dentro de  una cifra trágica. Para ellos estas palabras  de resistencia  y de homenaje. Para ellos muchas manos tendidas… Para ellos la rosa del recuerdo y la gratitud.



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© Texto: M. Álvarez Rodríguez
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