viernes, 8 de noviembre de 2019

Memoria de un pozo



Pozo del pueblo de Paladín en verano


Ahí estás aún, orondo, erguido, sintiendo pasar el tiempo,  vigilando, como un centinela, los días y las noches de una  calle solitaria.  Has visto pasar por delante el silencio, el jingrio,  el trabajo…  El ladrido de un perro,  la moñica de una vaca. Alegrías y penas.  La vida y la muerte.   

Abres los ojos al sol  de la mañana y acarician tu espalda  las rubianas de la tarde. Has resistido, impertérrito, al frío, al calor, al viento, al bastio Nadie como tú sabe mejor qué es estar albentestate


Al sol mañanero de un día de verano

Desde tu silencio ves pasar las estaciones.  El invierno esconde tu pelo bajo un gorro de lana  blanca, la primavera te adorna con una pamela florida, el verano te   hace crecer una espléndida melena   que cae sobre tu frente   y la otoñada te  cubre con  una boina afrutada.

Con su pamela florida, en primavera

Distingues los pasos de tu gente y los de las personas desconocidas, pero saludas a todos  los que te encuentran a su paso. Eres un símbolo de la relación de vecindad, de la convivencia.

Has sido espejo en que se han  reflejado las caras de varias generaciones, caras del color del sol y del viento, sobre todo de mujeres, que dejaban deslizar el caldero desde la polea, para que tú, generoso, se lo devolvieras lleno de agua. En tu entorno se ha desarrollado una parte importante de la dedicación a las labores de hogar de la mujer campesina, que ha acudido a ti para saciar la sed de la familia, para poder cocinar para ella,  para lavar el sudor de la fatiga… ¡Qué esfuerzo el de portar esos pesados calderos de cinc que se llevaban por pares y que siempre tenían que estar llenos!

Con su boina afrutada de inicios de otoño

Hoy tu ventana está cerrada y  tu polea silenciosa. Quizá los  rapaces ignoren lo que has significado para  sus abuelos. Saben que eres un pozo, pero nunca se han asomado a tu brocal. No saben que  fuiste cavado a mano, que tus paredes están revestidas de piedras, colocadas con  arte y con mimo,  o que, en un tiempo ya lejano, la vida cotidiana  tenía mucho que ver contigo. No saben que no siempre existieron los grifos. 

Te vas quedando solo. Otros pozos comunitarios o privados te acompañaban hace décadas, pero el tiempo los ha desmoronado  o los ha transformado en otros pozos de  formas nada tradicionales. También las fuentes compartían contigo sus  aguas salutíferas y generosas.  Fuentes naturales que brotaban con fuerza del suelo en cualquier rincón, que nos sorprendían  escondidas entre unas hierbas, protegidas por unas urces,  al borde de un camino o en lugares más apartados. Hoy ya no son reconocibles muchos de los  lugares en que manaban. Llegó el progreso y con él el calentamiento global, y se llevó muchos  regalos de la naturaleza. ¿Progreso? 

Mientras, han surgido otros pozos, tubos plantados en el suelo a golpes o con maquinaria, por dentro de los cuales sube el agua sacada con el motor, mientras baja, de forma preocupante, la capa freática.  Ganó la utilidad al encanto y a la ecología.

Hoy ya  no nos ofreces tu agua, pero ahí sigue, escondida a la mirada, quizá un poco nartinosa.  Es posible que esperes que alguien tire una piedra para  devolvernos el eco, para sentirte vivo y útil. Pero, aunque no nos lleguen ni la imagen ni el sonido,  nos conformamos con tu presencia, con tu compañía. Manos generosas te han ayudado a resistir, a dejarte en herencia. Manos futuras deben seguir curándote  las heridas y manteniéndote con vida. 


Con tu gorro de lana blanca, en invierno


Has sido fuente de vida… Hoy eres fuente de memoria…  ¿Mañana?

Mañana será otra historia.


Al final de la primavera


De centinela, en la calle solitaria


viernes, 1 de noviembre de 2019

Las flores del recuerdo


A la memoria de mis padres...




En el mudo camposanto,
hoy cobra voz el silencio.

Allí quedaron los cuerpos,
las almas de allí partieron,
para anidar en la mente
de aquellos que los quisieron.

San Pedro bendice el campo,
con las lágrimas del duelo,
gota  a gota convertidas,
en un río de recuerdos.

Agua sonora de vida,
que suena a rumor eterno.
A los pies de la vallina,
la memoria se hace eco.

Y el eco retumba y vuela
por los valles y los cerros,
y proclama esa memoria
más allá del cementerio...




El cementerio de Paladín (León), donde están enterrados mis padres, está situado al pie de la vallina de san Pedro.

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La Recolusa de Mar por Margarita Alvarez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.