sábado, 30 de noviembre de 2019

Romance a la EÑE





Te escondes entre las letras
misteriosa y pizpireta,
otras catorce grafías
te llevan la delantera.

Pero tú eres pintoresca
y te sales de la hilera,
porque no te asusta el mundo:
¡te lo pones por montera!

Te acicalas, te maquillas
y  te pones la peineta,
y segura de ti misma
organizas una fiesta.

Celebras ser española
y tañer las castañuelas,
y bailar sobre teclados
que un día  te dieron penas.

Prestas nombre a  festivales,
que llaman a los poetas,
y el Instituto Cervantes
te  agita como su enseña.



Eres emblema de España,
que te lleva entre sus letras,
y con sonido nasal
le añades voz y solera.

Tienes hermanas gemelas
en los ecos de  otras lenguas,
mas tu aspecto es singular
y tu figura discreta.

No salgas del alfabeto,
que nos dejas sin vivencias,
porque necesitan  eñes
para hacerse verdaderas.

Nos faltarían castañas,
las del Bierzo y  extremeñas,
pues el lugar  y el producto
necesitan tu presencia.

Y añoranzas de    niñez,
quizá de  ñoñas muñecas,
que educaron nuestros sueños
en  sensaciones maternas.

¿Cómo escribir las palabras
curiosas por su rareza,
por ejemplo, ñiquiñaque,
o,  simplemente, pequeña?

Nos faltaría cariño
y caricias hogareñas
y las hazañas de héroes
y las enseñanzas nuevas,

y los vestidos añiles,
que  miriñaques no llevan,
y  zapatillas de paño
que buscan unas madreñas.


Te necesitamos, eñe,
queremos tu pervivencia:
eñe de coño y de coña, 
eñe de guiño y de peña,

eñe de niña   y pestaña,
eñe de moño  y cigüeña,
eñe de montaña y piña,
eñe de teñir y aceña,

eñe de viña y de braña,
ene de pañal y leña,
eñe de caño  y campiña,
eñe de  morriña añeja…

Sin olvidar gentilicios:
madrileño, cacereña,
logroñés y tinerfeño,
coruñés y malagueña…

También  el leonés  siente
por ti, eñe, la querencia:
tiene ñalgas y ñegrales,
tiene ñisgo y ñorabuena...


Mántente siempre ahí firme,
clama mi voz  pedigüeña,
y sigue marcando el ritmo
con zanfoña y pandereta.
 
Lanza al mundo una sonrisa,
con tu carita risueña,
y mantén la resistencia
que has llevado por bandera.

Con  la  virgulilla al viento
y el futuro que te espera
presumes  hoy de   española,
que es tu esencia más señera.

Mientras lo español exista
tu vida será halagüeña:
eres parte de su sangre,
eres su santo y su seña.

Logotipo del Instituto Cervantes
Palabras leonesas:

ñalgas: nalgas
ñegrales: negrales, moratones 
ñisgo: bizco
ñorabuena: enhorabuena

¡Viva la eñe, leñe!  (J. G.)

domingo, 24 de noviembre de 2019

¡Regaladme un río!



A esas mujeres...

"Siemprevivas calladas. Siempremuertas". 
                          
                                Luzmaría Jiménez Faro


Río Omaña (León)

Regaladme  un río. 
Un río caudaloso.
  
Un río  que acoja las lágrimas
que  se deslizan silenciosas  de unos ojos marchitos.
Una lágrima y otra lágrima. Y otra.
Lágrimas de mujer.
Lágrimas de  desamor. 
Lágrimas  de soledad.
¡Lágrimas de duelo!

Esas  lágrimas amargas 
que  han hecho olvidar la dulzura  de un beso,
esas que han sembrado de sollozos  los rincones oscuros,
esas que han quebrado  una dignidad horadada,
esas que han caído al borde de un torrente furioso,
esas que han encogido los cuerpos y congelado las almas...


Regaladme un río. 
Un río misericordioso.

Un río que acune esas lágrimas y las envuelva en ternura,
que  entone  un clamor por la   libertad y el  respeto,
que borre  las huellas  del desprecio y del llanto,
que cure las heridas  sangrantes del desconsuelo,
que arrastre la negra amenaza al mar del olvido.

Regaladme un río. 
Un río luminoso.

Un río que  atrape en su  noche  reflejos de luna.
Un río  que se vista de estrellas  y desprenda fulgores.
Un río que vea dormir los inviernos  y despertar primaveras.
Un río que tiña  su espejo de color esperanza.
Un río humano que alumbre  aguas de  igualdad y justicia.

Regaladme  un río. 
Un río impetuoso... 

Solo necesito que me regaléis un río.
¡Un río de vida!


   Margarita Álvarez Rodríguez, 2019







jueves, 21 de noviembre de 2019

Del agua y del tiempo, de Manuel Cuenya


Reseña literaria 





Edición: La Nueva Crónica. León, 2019

Género: Lírica

Págs: 125

Manuel Cuenya (Noceda del Bierzo-León), es escritor, profesor universitario, colaborador  en prensa, editor de  la revista cultural La Curuja, viajero sensible que busca emociones, que luego nos hace llegar con imágenes y palabras…

La obra  Del tiempo y del agua nos presenta las emociones del autor ante el mundo que lo rodea. Su mundo exterior y su mundo interior. Y, especialmente,  lo que él llama su matria berciana, ese rincón leonés que está  “más allá de León, más acá de Galicia”.

La  obra contiene una Presentación de la filóloga Álida Ares, un Proemio, varios apartados que el autor titula: Matria, Memoria y muerte, Amor y vida, De otras sendas y Dioses humanos. Remata con un Epílogo del autor y unas palabras en la contraportada de la poeta Margarita Merino.

El libro es un conjunto de poemas escritos en versos libres y de textos en prosa que podemos enmarcar dentro de la mejor línea de la prosa  poética. Sigue en ello la estela literaria de tantos autores bercianos y leoneses. 

En Matria el autor nos acerca a la esencia de la tierra berciana pasada por el tamiz de sus sentimientos. “Mi matria es la tierra carnal donde nací y el agua que me arrulla en las llamas del valle”. Es la vida en armonía con una naturaleza exuberante: tierra, pájaros, colores, olores, sonidos… Y el agua, que tiene una presencia esencial. Un paisaje  generoso,  que sigue  regalando vida, a pesar de que  el progreso  lo  ha hollado cruelmente y ha transformado los pulmones de sus gentes en “nata negra”.

Dentro de ese paisaje   tienen un protagonismo especial los ríos y lagos  bercianos. Breves pinceladas de una bellísima prosa poética nos presentan, de una forma muy plástica. unas aguas que hablan a los ojos, a los oídos y a los sentimientos. Son las aguas  de los ríos : Balboa, Sil, Selmo. Cúa, Valcarce, Burbia, Boeza y Oza.  Ríos que,  en unos casos, aportan dinamismo y pasión, y, en otros, armonía, sosiego... Y siempre,  emoción y vida. También los lagos tienen  un atractivo especial: Cheiroso, Sumido, Carucedo y  Las Charcas. Lagos de pepitas de oro, lagos de leyenda, lagos de magia. Una naturaleza paradisíaca en torno al agua.

En el segundo apartado, a los sentimientos se une la reflexión sobre el paso del tiempo, la vida y la muerte. Nos eleva ahora  a los temas metafísicos. La muerte golpea y mata a los que mueren y también a los vivos. Pero el tiempo no borra las heridas ni la memoria. Destacan en este apartado los poemas que dedica a la memoria histórica de los desaparecidos a causa de la dictadura franquista. Son poemas que nos producen estremecimiento. A pesar de todo, frente a la angustia que nos produce la muerte y también la vida,  el autor defiende que vale la pena soñar.

El tercer apartado nos habla de amor y vida. El amor se presenta  con muchas pinceladas de sensualidad  (“déjame habitarte en los acantilados de tu oleaje”) y en relación con el paso del tiempo. La visión del amor parece adquirir alguna resonancia nerudiana (también recuerda  la rima X de Bécquer), al  extenderse por el universo y adquirir una dimensión cósmica.

El cuarto apartado, titulado De otras sendas, nos mueve por el espacio y el tiempo. Hay resonancias  de otros lugares más lejanos: Tierra Santa, México, Marruecos… Lugares engarzados con tiempos concretos: Nochebuena, Nochevieja, Año Nuevo. Nos invita a caminar,  a viajar, a sentir, a empaparnos de experiencias… “La vida es tiempo y espacio”. 

El último apartado es el de Dioses humanos, y nos presenta a personas que han marcado  la vida de aquellos que los han conocido  y amado, entre ellos su padre, cuya trágica muerte conmocionó al autor.

En el epílogo nos habla de la necesidad de escribir, escribir para reflexionar, para sentir, para vivir… Para ser.  Y para  provocar una emoción  en los lectores.

El agua y el tiempo son los ejes sobre los que gira la obra y los que  le dan título.  El agua porta vida  y el tiempo trae muerte. Ambos son un fluir constante. Parece que el autor se mueve entre la apelación epicúrea al carpe diem (sensualidad  referida al amor y a la naturaleza) y la visión de  un universo armónico y bello, que se situaría más en una línea platónica. De cualquier forma, aunque no aparezca una trascendencia de tipo religioso, refleja una creencia en la inmortalidad de las personas desaparecidas, a través de la memoria.

Es verdad que el tiempo corre sin dilación lo mismo que el agua de los ríos: nos atrapa y nos devora. Pero no se puede borrar aquello que ha ocurrido en el tiempo: la memoria de lo pasado.   El tiempo está impregnado de dolor, pero también de amor. El tiempo es una ilusión, pero debemos vivir esa ilusión de eternidad, porque se puede atrapar la belleza en la misma fugacidad, ya que la belleza trasciende al tiempo. Por eso,   hay  que  amar la vida y la belleza. 

Aunque  el autor no omita referencias a  las  pesadillas de la vida, la obra presenta una visión optimista, pues, a pesar de la fugacidad del tiempo, siempre nos pueden salvar    los sueños y la inmortalidad de la memoria. No podemos bañarnos dos veces en el mismo río, porque ni el río sería el mismo ni tampoco nosotros, como decía Heráclito, pero podemos bañarnos una y otra vez, y  triunfar sobre el tiempo.

En cuanto al estilo, el autor usa con frecuencia una sintaxis de  frases breves que concentran e intensifican la emoción. Los paralelismos sintácticos  y la repetición frecuente de palabras (“el tiempo, el tiempo, el tiempo…”)  también contribuyen  a esa intensificación y   a dar ritmo poético al verso libre. Nos sorprende un doble uso literario de la segunda persona gramatical con la que, unas veces, logra desdoblar su personalidad  (el yo, y el tú que es también el yo), introduciendo de forma muy eficaz la técnica del monólogo interior y, en cambio, en otras ocasiones, le sirve para apostrofar a un interlocutor silencioso.

La obra nos sorprende por la abundancia de metáforas con imágenes sorprendentes y muy creativas: “Bierzo-útero”, “vida afilada”, “los raíles del dolor”…  Otro recurso que está muy presente es la sinestesia, tanto en la fusión de sentimiento y sensación, como de sensaciones captadas por distintos sentidos: “aguas amorosas”, “suave reflejo”, “versos que saben a ternura”,  “el color de los anhelos”…  Uno de los poemas alude a ella en el título: Sensual y sinestésica

Es también un acierto la forma  que tiene  Cuenya de usar la intertextualidad de otras obras, para integrarlas en sus propias reflexiones, y   el uso de  las citas que encabezan la mayor parte de los textos, y que nos permiten leer fragmentos de otros poetas: Ángel González, Julio Llamazares, Pedro Salinas, Miguel Hernández, A. Gamoneda, P. Neruda, Rosalía de Castro…

El autor, según dice en el epílogo,  trata de compartir su emoción con la de los lectores, de que los lectores sientan “escalofríos”,  y lo ha conseguido plenamente, ya que nos hace reflexionar sobre el tiempo y el espacio, la vida y la muerte… Y también sobre la justicia, la libertad, el amor… Nos hace emocionarnos al compartir los sentimientos del autor mientras se embelesa con la contemplación de la naturaleza, mientras se rebela contra la injusticia, mientras ama, mientras sufre… Y nos hace disfrutar de la plasticidad con que describe el paisaje y de  la belleza de las palabras (algunas de colorido leonés: trancar). “La lengua que hablo puede que sea mi matria”, dice el autor.

En resumen, estamos ante un libro que seduce al lector  por la emoción de su contenido y la belleza de su estilo y edición.





Margarita Álvarez Rodríguez

Madrid, noviembre de 2019


viernes, 8 de noviembre de 2019

Memoria de un pozo



Pozo del pueblo de Paladín en verano


Ahí estás aún, orondo, erguido, sintiendo pasar el tiempo,  vigilando, como un centinela, los días y las noches de una  calle solitaria.  Has visto pasar por delante el silencio, el jingrio,  el trabajo…  El ladrido de un perro,  la moñica de una vaca. Alegrías y penas.  La vida y la muerte.   

Abres los ojos al sol  de la mañana y acarician tu espalda  las rubianas de la tarde. Has resistido, impertérrito, al frío, al calor, al viento, al bastio Nadie como tú sabe mejor qué es estar albentestate


Al sol mañanero de un día de verano

Desde tu silencio ves pasar las estaciones.  El invierno esconde tu pelo bajo un gorro de lana  blanca, la primavera te adorna con una pamela florida, el verano te   hace crecer una espléndida melena   que cae sobre tu frente   y la otoñada te  cubre con  una boina afrutada.

Con su pamela florida, en primavera

Distingues los pasos de tu gente y los de las personas desconocidas, pero saludas a todos  los que te encuentran a su paso. Eres un símbolo de la relación de vecindad, de la convivencia.

Has sido espejo en que se han  reflejado las caras de varias generaciones, caras del color del sol y del viento, sobre todo de mujeres, que dejaban deslizar el caldero desde la polea, para que tú, generoso, se lo devolvieras lleno de agua. En tu entorno se ha desarrollado una parte importante de la dedicación a las labores de hogar de la mujer campesina, que ha acudido a ti para saciar la sed de la familia, para poder cocinar para ella,  para lavar el sudor de la fatiga… ¡Qué esfuerzo el de portar esos pesados calderos de cinc que se llevaban por pares y que siempre tenían que estar llenos!

Con su boina afrutada de inicios de otoño

Hoy tu ventana está cerrada y  tu polea silenciosa. Quizá los  rapaces ignoren lo que has significado para  sus abuelos. Saben que eres un pozo, pero nunca se han asomado a tu brocal. No saben que  fuiste cavado a mano, que tus paredes están revestidas de piedras, colocadas con  arte y con mimo,  o que, en un tiempo ya lejano, la vida cotidiana  tenía mucho que ver contigo. No saben que no siempre existieron los grifos. 

Te vas quedando solo. Otros pozos comunitarios o privados te acompañaban hace décadas, pero el tiempo los ha desmoronado  o los ha transformado en otros pozos de  formas nada tradicionales. También las fuentes compartían contigo sus  aguas salutíferas y generosas.  Fuentes naturales que brotaban con fuerza del suelo en cualquier rincón, que nos sorprendían  escondidas entre unas hierbas, protegidas por unas urces,  al borde de un camino o en lugares más apartados. Hoy ya no son reconocibles muchos de los  lugares en que manaban. Llegó el progreso y con él el calentamiento global, y se llevó muchos  regalos de la naturaleza. ¿Progreso? 

Mientras, han surgido otros pozos, tubos plantados en el suelo a golpes o con maquinaria, por dentro de los cuales sube el agua sacada con el motor, mientras baja, de forma preocupante, la capa freática.  Ganó la utilidad al encanto y a la ecología.

Hoy ya  no nos ofreces tu agua, pero ahí sigue, escondida a la mirada, quizá un poco nartinosa.  Es posible que esperes que alguien tire una piedra para  devolvernos el eco, para sentirte vivo y útil. Pero, aunque no nos lleguen ni la imagen ni el sonido,  nos conformamos con tu presencia, con tu compañía. Manos generosas te han ayudado a resistir, a dejarte en herencia. Manos futuras deben seguir curándote  las heridas y manteniéndote con vida. 


Con tu gorro de lana blanca, en invierno


Has sido fuente de vida… Hoy eres fuente de memoria…  ¿Mañana?

Mañana será otra historia.


Al final de la primavera


De centinela, en la calle solitaria


viernes, 1 de noviembre de 2019

Las flores del recuerdo


A la memoria de mis padres...




En el mudo camposanto,
hoy cobra voz el silencio.

Allí quedaron los cuerpos,
las almas de allí partieron,
para anidar en la mente
de aquellos que los quisieron.

San Pedro bendice el campo,
con las lágrimas del duelo,
gota  a gota convertidas,
en un río de recuerdos.

Agua sonora de vida,
que suena a rumor eterno.
A los pies de la vallina,
la memoria se hace eco.

Y el eco retumba y vuela
por los valles y los cerros,
y proclama esa memoria
más allá del cementerio...




El cementerio de Paladín (León), donde están enterrados mis padres, está situado al pie de la vallina de san Pedro.

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