jueves, 22 de octubre de 2020

Ritmo otoñal

 


  

Llega el otoño

con abanicos,

que  mueven ramas

con mucho ritmo.

 

Las hojas bailan

danzas airosas

y caen raudas,

leves y hermosas.

 

Y ya en el suelo,

son recibidas

por sus hermanas

antes caídas.

 

De color ocre

tiñen caminos

que son espejos

de su destino.

 

¡Ay pobres hojas,

tan sufridoras,

lamen los pies

como las olas!


Hojas de otoño,

fiel añoranza

de los magostos

y las matanzas.









© Texto y fotos: MAR

domingo, 11 de octubre de 2020

Vuela, niña, vuela

 A todas esas niñas que aún necesitan alas para volar





Vuela, niña, vuela, 

extiende tus alas,

de soles y lunas,

de ilusiones claras.


Con sed de justicia

y metas soñadas,

pintas el futuro 

de verdes miradas.


De miradas libres 

y de almas aladas,

de sonrisas dulces,

que iluminan caras.


Supera las nubes,

sedosas y blancas,

que van por el cielo

enjugando lágrimas.


Prosigue tu vuelo

con la frente alzada,

persigue una estrella

de noche robada.



11 de octubre, 

Día Internacional de la Niña


© Margarita Álvarez

Foto: Ilustración del cuento Buscando la sonrisa de las nubes, realizada por Naiara Carretero. (Autora: Margarita Álvarez).



viernes, 9 de octubre de 2020

Distintas miradas

El  confinamiento

 



Días largos de miradas cortas...


Miradas encadenadas que se posaban

en el detalle de ese cuadro

que, silencioso,  siempre  había estado en esa pared,

en esa filigrana escondida

de la lana de la alfombra que ataba  nuestras pisadas,

en ese defecto de la pintura,

en esa raya del parqué,

en el cristal que, piadoso, nos  acercaba imágenes

de calles desiertas 

y de ocasos extraviados  

que no comprendía nuestra mirada,

en  filas de letras,

letras y letras

amarradas a las páginas de un libro,

compañero de soledades y ladrón del tiempo,

o  a las teclas  del ordenador

que,  golpe a golpe,   trataban de romper los negros  eslabones…

Miradas interiores… Miradas confinadas.


La desescalada 




Días cortos de miradas largas...


Miradas de candados abiertos y  eslabones rotos.

Miradas amplias que transitan por una calle,

por un camino,

que se extienden a lo largo de una carretera,

que contemplan un río

y sienten el verdor de un paisaje,

que susurran palabras cercanas…

Miradas que trepan por el tronco de un chopo 

con sed de infinito,

miradas  aladas que  quedan suspendidas

del blancor de  una nube,

miradas  iluminadas por los rayos de la libertad

y  acariciadas por la brisa de la esperanza…

Miradas que buscan encuentros, abrazos…


La"nueva normalidad"



Días inciertos de miradas recelosas...

 

Miradas exteriores de pisadas inseguras.

Miradas distantes, 

que se posan en cifras amenazantes;

que suben y bajan por las escaleras mecánicas

y se esconden de la mirada del otro.

Miradas que buscan al enemigo invisible.

Miradas  inquisitivas, 

temblorosas, expectantes…

Miradas de despedida.  

Miradas arrancadas, 

exiliadas del reino de la cordura.


 El desconcierto




Miradas des-concertadas

que  con ojos otoñales solo pueden refugiarse

en el color  de la melancolía...

O tal vez de la rabia.  

O quizá del olvido.

Del olvido en que yacen las  hojas caídas 

que quedan aprisionadas por la suela de una zapatilla 

o que vagan sin meta  en la soledad de un naufragio.




Distintas miradas que cercenan el futuro

 anclan el presente a  una realidad inestable.



Texto: © MAR, 2020

Foto: © MAR y Pixabay com (primera foto)


jueves, 8 de octubre de 2020

Ser docente es conducir

 DÍA MUNDIAL DEL DOCENTE, 5 de octubre de 2020

Foto: MAR. Parque del Oeste. Madrid


Ser docente es conducir
por los caminos del sueño
hacia metas invisibles
que se marcan en el cielo.

En cielo de sol y nubes
se siembran nuestros afectos
dejando estelas de luz
que la escuela graba a fuego.

Un fuego que agita almas
con las llamas del anhelo
y aviva las mentes jóvenes
para iniciar otros vuelos.

Vuelos que emprende el discípulo
con las alas del recuerdo
de la enseñanza y las huellas
de los pasos del maestro.


© Margarita Álvarez






martes, 6 de octubre de 2020

Abrazos

 

Abrazos

La naturaleza sabia

sigue derramando abrazos

que crecen entre los troncos

estrechándose con lazos.

 

Lazos que emiten susurros,

que alados los lleva  el viento,

y los convierte en caricias

entre el sabor de los besos.

 

Besos que llegan colmados

de dulzura y  de  tequieros,

que sentimos con deleite

al visitar el hayedo.

 

Hayedo que  siembra mimos

en la piel y en la mirada

para tiempos de nostalgia

en  el otoño del alma.


Besos de ternura


Amor de madre


© M. Álvarez

viernes, 2 de octubre de 2020

Las dos caras de un puente


 

Forzados a convivir

Un  puente, una obra de ingeniería para poder salvar un obstáculo entre dos puntos.  Una obra de proporciones y equilibrios. Una obra útil.
  

Una construcción que suele dejar a su espalda una naturaleza agredida, mutilada,  mortecina, invisible… Tal vez un hermoso  río que apenas podemos contemplar si no nos asomamos para ver el puente reflejado en su espejo.

  Pilares   de cemento sustentan la obra imponente. Son los árboles del progreso.  Árboles redondos, uniformes, estáticos. Árboles de ramas grisáceas que a modo de vigas  se extienden de forma horizontal y simétrica. Árboles  que no pueden ver  el cielo y que han vestido de gris    el verde luminoso de la vega...

 

Por sus pies pasan rutas de senderismo

Esos  árboles extraños  conviven con nuestros árboles, árboles vivos, árboles esbeltos de corteza rugosa, que se bambolean al ritmo del viento, que se desnudan en invierno y se visten de distintos colores a lo largo  del año. Árboles que  estiran su cabeza para atrapar una nube, una estrella... Para dejarse acariciar por un rayo de sol.


Por debajo del puente siguen pasando  las  presas de riego
 

A los pies de ambos,  un río, una presa de riego, un cancillón, una sebe... Un prado rebosante de verdor.  Símbolos de la historia que avanza frente a símbolos de la vida cíclica que  permanece.

 

Un cancillón 

Por encima del puente, el color del asfalto, las rayas blancas,  el ruido de los vehículos…  Algún viandante solitario. La civilización. Los caminos abiertos del presente y del futuro...  



Por debajo, una naturaleza que, orgullosa,   trata de recuperar espacio asomándose el asfalto y tratando de apresarlo  con  su sombra. Una naturaleza que no se rinde. Una naturaleza que también es futuro.

Por debajo, la naturaleza; por encima, el progreso. Progreso y  medioambiente. Y la ciencia de conseguir un adecuado equilibrio entre ambos.

 


Un cierro (sebe) recuerda el uso tradicional del prado.


Texto y fotos: Margarita Álvarez (MAR).

Puente de la Vega, en la carretera  LE-451, Astorga-Pandorado , en el término de Paladín. Ayuntamiento de Valdesamario (León).

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La Recolusa de Mar por Margarita Alvarez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.