jueves, 30 de diciembre de 2021

"Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio", por Alicia López Martínez

 La autora de la reseña sobre Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio que se incluye a continuación es Alicia López Martínez, filóloga, profesora de Enseñanza Secundaria y escritora.

Para ella, mi gratitud.






El pasado día 22 de diciembre, tuve el honor de presentar en el Salón de Actos del Ayuntamiento de León el libro de Margarita Álvarez Rodríguez  que lleva por título Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio, publicado por la editorial Lobo Sapiens. Con este libro Margarita nos regala su trabajo, su esfuerzo, su afán por dejar constancia del auténtico valor que tienen las palabras como expresión del humano pensamiento y que, en no pocas ocasiones, son denostadas. Tengo claro que, como dice su prologuista, Carlos Junquera Rubio, Catedrático de  Etnología de la Universidad Complutense de Madrid, aquí tenemos un libro “lleno de ciencia, de sabiduría”.  Y yo afirmo que es un libro necesario. Necesario por varios motivos, y me centro sobre todo en dos.

 El primer motivo es el hecho de que Margarita determina en su obra algo evidente y que es que el lenguaje está íntimamente vinculado con la sociedad. Es más, nosotros somos seres sociales gracias al lenguaje, facultad única y, como indicó Platón, innata, del ser humano.  Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio gira, por tanto, en torno a una de las disciplinas más importantes de la Lingüística actual: la Sociolingüística y, en concreto, la sociolingüística crítica que nace de la mano de autores como William Labov o Deborah Tannen y cuyo objetivo es identificar y tratar de explicar la lengua y sus procesos dentro de los diferentes grupos o estratos de la sociedad, oponiéndose, en cierta medida a que esta, la lengua, sea estudiada únicamente como un sistema de códigos, estructuras y símbolos. Obviamente, no se trata de una exclusión, sino una inclusión dentro del campo del estudio filológico ya que el todo lingüístico permite conocer y, cómo no, reconocer el alcance que tiene una lengua en la sociedad y el habla en la individualidad al ser medio de comunicación de índole convencional con el que los usuarios hacen un tipo de contrato acerca de su configuración interna. Y es que ya era hora de poner los puntos sobre las íes.

 El segundo motivo es su carácter claramente divulgativo, práctico, pedagógico. Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio es un libro de investigación que muestra continuos guiños, y que conjuga la sabiduría popular y el saber científico de una persona especialista en el estudio de la Lengua. Margarita, como filóloga y como docente con 40 años de experiencia, ha deseado a través de esta obra cubrir un amplio espectro de receptores, que en realidad no es más que la sociedad en sí misma. Su meta está conseguida dado que Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio es el resultado de una labor concienzuda, realizada con sumo cariño, con mucho mimo en el que Margarita desglosa en distintos campos semánticos o bloques, hasta 17, el rico repertorio de frases hechas, modismos, giros lingüísticos, así como proverbios o refranes que se usan hoy en día y otros que van perdiendo calado ya que la lengua, como ser vivo que es, evoluciona adaptándose al medio con novedosas expresiones que realizan muy bien su labor de ponerse en el medio y quitar a otras de en medio. Nombro algún apartado como es el referido al cuerpo humano, a la música, a las matemáticas, a la literatura, a la enfermedad y la muerte, a la religión, al carácter y el comportamiento, al sexo, a los oficios … No hay duda de que este acúmulo de elementos es imprescindible para poseer una adecuada competencia sociocultural y comunicativa al constituir un claro reflejo de tradiciones y costumbres de una colectividad, abierta y expresiva, muy dada a la locuacidad, al desparpajo, a los palabros.

 Palabras hilvanadas. El lenguaje de menosprecio pese a ser un libro denso, de casi 500 páginas, es lúdico, llano y cercano. Cada apartado es un conjunto de hebras muy bien pespunteadas a través de distintas agujas. Una de ellas es la intertextualidad pues no hay momento en que no aparezcan citados autores y obras como Cela,  Quevedo, Unamuno, El Quijote, Góngora, El Buscón, Miguel Hernández y así suma y sigue. La otra aguja es el metalenguaje, que no es más que hablar sobre la propia lengua para comprenderla y comprendernos. Margarita Álvarez aborda los niveles de estudio metalingüístico: el metalenguaje universal, el histórico y el individual mediante la búsqueda de la raíz en la doble articulación del lenguaje de Martinet, la teoría de la Información de Roman Jakobson y el análisis metapragmático al describir las reglas del uso del habla que ayudan a comprender ese acervo lingüístico que constituye nuestra cultura.

Es evidente que uno cuando comienza o continúa la lectura de Palabras hilvanadas no pierde el hilo, ni los papeles porque se puede leer por el principio, por el medio o por el final. En realidad, uno puede leerlo por donde le salga del moño porque en cada apartado Margarita realiza un auténtico y genuino encaje de bolillos, quedando cada uno de ellos como un pequeño relato, según ella indica, que representa la exclusiva estructura de la influencia que la colectividad tiene en el habla y que hace que esta refleje las pautas vitales que la conforman a la vez que demuestra que un idioma es esa caudalosa fuente de información que confluye en la dimensión general de sus hablantes.

         No hay que olvidar que, como indica el título Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio, Margarita Álvarez hace especial hincapié en el llamado lenguaje del menosprecio. Siomesí, ese lenguaje tan personalmente o íntimamente social. Recordemos que la humanidad ha sentido especial atracción por lo prohibido, sin que ello haya impedido que lo respetara o lo transgrediera con cometidos diversos, y que quisiera conocer su origen y/o motivación. De ahí que “el lenguaje del menosprecio” pueda y deba incluirse dentro de lo prohibido, políticamente hablando. De ahí que determinados términos sean considerados tabúes o disfemismos. No hay duda de que podemos considerar que lo tabuizado, en la lengua o en el habla, no son más que comportamientos y realidades, que pueden incluso vincularse a determinados factores como son el sexo, la edad, el nivel de instrucción, la clase social y que se expresan mediante el más potente vehículo de comunicación: nuestro idioma. Margarita expone y contextualiza. Expone y explica el origen, su etimología, el uso de este lenguaje un tanto alejado de lo formal y que de por sí es irónico, displicente, arrogante, transgresor y siempre contundente. Qué carajo, se utiliza en la oralidad y de manera espontánea. Margarita, por tanto, demuestra y hace sonreír en no pocas ocasiones, al lector con estas expresiones tan utilizadas por el común de los mortales y que a veces te deja con la boca abierta. Por eso Margarita también advierte de su uso indiscriminado e inapropiado en determinadas situaciones. Así, manifiesta en sus propias palabras que la lengua sigue manteniendo expresiones sexistas, pero esos dichos son producto de los comportamientos sociales y debemos cambiar estos, si queremos que cambie el idioma. El uso de este lenguaje soez por parte de las mujeres no va a cambiar nada porque la palabra “coño” no es sinónimo de libertad y porque la repetición de la misma es una copia de los comportamientos machistas que esas mujeres pretenden desterrar y termina diciendo que es mejor que las mujeres saquen la capacidad de razonamiento del cerebro.

         En definitiva, Margarita Álvarez, mujer, amiga, escritora, profesora, omañesa, gracias por tu empeño, por tu buen hacer, por tu sabiduría y gracias por este obsequio con el que nos acercas de una manera tan gozosa al conocimiento de estas palabras hilvanadas, a través de tu dedal único. Ha merecido la pena ya que todo conforma una obra de alta costura.

Alicia López Martínez

José Antonio Martínez Reñones (editor), Margarita Álvarez Rodríguez (autora),
Alicia López Martínez (filóloga y autora de esta reseña). Presentación en León,
salón de actos del Ayuntamiento, 22/12/2021



Miembros de la mesa y actuación de Isamil9

Fotos: Paco Fergar

Otras reseñas: 






martes, 21 de diciembre de 2021

A María Antonia, in memoriam

 Y la memoria se hace palabra

para María Antonia Megido García


Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la  alegría

no podrá morir nunca. José Hierro.




Entre el dolor y la emoción escribo estas palabras para ti, María Antonia. Un 20 de diciembre (con un día de retraso) nos llega de forma brusca la noticia de tu muerte,  que se presentó  de forma  inesperada y  traicionera.  Y me vienen a la mente aquellos versos de Alberti : “No tuviste tu muerte, la que a ti te tocaba / malamente a sabiendas equivocó el camino”.  Y los de  Miguel Hernández: “Temprano  levantó la muerte el vuelo / temprano madrugó la madrugada”.

Hasta hace pocos días manteníamos  contacto contigo, gozabas  de buena salud, hacías planes, realizabas viajes…  Algunos los hemos compartido tras nuestras jubilaciones: Escocia, Castillos del Loira (con Beatriz y con Ana y nuestros esposos). Y aquel a Sicilia, que hicimos sin ti, porque imponderables de última hora lo impidieron.  Otros se quedaron pendientes… Pero si algún día los realizamos, ten por seguro que te  enviaremos una crónica a la inmortal morada.

Han pasado varias décadas, desde que nos conocimos, pero conservabas el mismo aspecto, siempre moderno y dinámico,  y el mismo corte de pelo que llevabas  cuando estudiábamos Filología, en la Universidad de Oviedo. en aquellos tiempos convulsos del final del franquismo  Tu voz cantarina, tu risa clara  eran puentes que tendías hacia tus amigos… Eran  puertas que indicaban que tu casa y tu amistad estaban abiertas para los que nos acercábamos a ti.

Hace pocos días había hecho planes contigo  para una posible presentación de mi libro en Oviedo. Sé que  te estaba prestando leer mis Palabras hilvanadas… Me decías hace pocos días: "Desde el prólogo atrapa. Un libro para leer, releer y  consultar. Admiro tu capacidad de investigación y documentación".  Y me  asegurabas que harías una reseña... Pues en esas palabras estabas haciendo  esa reseña, sin saberlo. Mi gratitud. Son  para mí palabras  hilvanadas de amistad.

Me resulta  difícil hoy encontrar  algo adecuado para que te acompañe en el viaje. No querías flores, pero permíteme que estas palabras  sean como  las pétalos  de la memoria… Te voy -tus amigos  te vamos-  a ofrecer versos.  Versos compartidos que a buen seguro te serán conocidos, porque los hemos leído muchas veces.  Para ti, que fuiste profesora de Lengua y Literatura (catedrática), no puede haber mejor despedida…  Cuando hace  mes y medio cumplías años,  yo te escribí estas coplillas de felicitación y me decías al leerlas que “celebrar  la vida en verso es un privilegio”:

Caen hojas, caen años,

es proceso natural,

pero vuelven primaveras

y  la vida bullirá.

Hay que cultivar los sueños

y nunca dejar de andar

buscando luz y belleza

en un paisaje otoñal… MAR

Pues,  a pesar de tu ausencia, queremos  poder seguir celebrando contigo la vida en “prosa” y en  verso, porque  nada puede la muerte contra la inmortalidad del recuerdo…  Y tu ser y tu estar permanecerán vivos en la memoria. Te  has ido, pero permanecerás con nosotros: con tu familia,  con tus amigos, con tus antiguos alumnos… En el año 2020, en el momento en que perdías a tu madre, yo escribí para ti un poema sobre las madres. Y ese texto terminaba así: Porque el recuerdo inmortal tiene una vida infinita / y se convierte en un río que siempre es espejo de vida. Hoy esos versos van hacia ti, pero también se quedan con nosotros...

Y, dado tu carácter vital y alegre, a  buen seguro suscribirías estos  de Juana de Ibarbourou, porque tus ojos, siempre expresivos,  volverán a ver “la lámpara salvaje de los ocasos rojos”.

Amante: no me lleves, si muero, al camposanto.

A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente

alboroto divino de alguna pajarera

o junto a la encantada charla de alguna fuente

A flor de tierra, amante. Casi sobre la tierra,

donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos,

alargados en tallos, suban a ver de nuevo

la lámpara salvaje de los ocasos rojos.


Hasta siempre, María Antonia.

Francia, 2018 / Escocia, 2017

Oviedo, junio de 2021
Hoy quiero vivir sin darme cuenta. Mafalda



sábado, 18 de diciembre de 2021

Trazos de sombra, de Sol Gómez Artega

 

Género: narrativa (relato)

Marciano Sonoro Ediciones, 2021

Págs. 224


Trazos de sombra traspasados de luz


Ha sido para mí un regalo conocer a Sol Gómez Arteaga: conocerla como escritora y, posteriormente, como persona. Una persona en que destacan: su tenacidad para defender aquello en lo que cree (rebelde con causa), su entrega, su equilibrio, su serenidad… Sol es una persona que observa, con mirada incisiva, pero serena, el mundo que la rodea. Es una persona que escucha. Escucha los problemas que tiene la gente, escucha el español conversacional… Y de ello hace literatura.  Decía en un artículo reciente que el escritor tiene que  estar atento, como un cazador de mariposas, a lo que pasa fuera y lanzar la red, cuando algo, como un aleteo, brilla en el aire. Y desde ahí, desde ese aleteo,  lanza la red y consigue  crear belleza, la belleza de lo sencillo, de lo cotidiano, y  consigue arrastrarnos en pos de su mirada.

Despacio, sin hacer ruido, pero con todo merecimiento, Sol Gómez Arteaga, se está ganando un puesto destacado entre los escritores leoneses. Su forma de aproximarse a la vida de la gente sencilla o diferente  nos recuerda a otros escritores de la tierra como  Julio Llamazares,  que hablan  con frecuencia de soledad y desarraigo. Son escritores que consiguen  la belleza más difícil: la de la sencillez. Y, además,  Sol es siempre una escritora y una persona de luz, aunque  hable de sombras, porque es capaz de iluminarlas a través de la narración. Todas sus obras destilan verdad (sea historia real o inventada) y visión crítica de la realidad. Así lo vemos en sus anteriores libros de relatos  Los cinco de Trasrey y otros relatos y  Del sol a la tinaja y en su novela breve El Vuelo de Martín.  Y también en sus artículos y poesía.

Su última obra, de reciente publicación, es Trazos de sombra, un libro formado por cuarenta de relatos. Tuve el privilegio de ser lectora anticipada de esta obra cuando era aún un manuscrito sin pulir  y ya supe, desde ese momento, que en él había literatura: buena  literatura. También tuve el honor de participar en su presentación pública en Madrid.  Los relatos de Trazos de sombra están inspirados en hechos y personajes que se han entrecruzado en su vida, por su dedicación profesional. Son personajes de sombra, de sombra porque algo hay en su mente escondido tras un tupido velo, que no es fácil  sacar a la luz, aunque Sol ha conseguido hacerlo patente  magistralmente. Y es que ella narra desde la luz (es como aquella "señora de rojo sobre fondo gris", de Delibes) y ha sabido de manera certera, y a la vez delicada, ponernos delante de las enfermedades mentales, de situaciones  que, a veces, no están muy lejos de nuestra propia realidad. Y lo hace desde la verdad y desde la literatura. 

Sol Gómez Arteaga, con su nueva publicación
"Señora de rojo sobre fondo gris". Foto: Luis Luisiten

Todo lo que escribe la autora está pegado siempre al día a día. Consigue con su cercanía que reflexionemos con ella, que nos pongamos de su parte. Nos convence. Son textos que con frecuencia reflejan situaciones  problemáticas, incluso dramáticas, tomadas casi siempre de la realidad, relatos que tienen vida en su interior. Y a pesar de que a veces presentan situaciones duras o personajes que nos producen inquietud, casi siempre aparece la ternura o el bien, como un contrapunto. Domina a la perfección la técnica del relato, y consigue atrapar al lector desde las primeras líneas y, casi siempre, rematarlos con broche de oro, unas veces con finales intuidos por el lector y otras con   unos finales sorprendentes, por lo inesperados.

El libro tiene un sugerente título: Trazos: dibujos, rayas, bosquejos, (de) sombra: algo escondido que la mente consciente no puede ver del todo o quizá comprender. Hermosa e inquietante metáfora. Son personajes diferentes  a los ordinarios,  y la autora nos sumerge en la profundidad de los trastornos mentales de sus mentes y  saca al exterior esas obsesiones que los atenazan. Son relatos breves, de 3 o 4 págs., pero de gran intensidad dramática: relatos con fuerza.  Esa  brevedad condensa el problema que vive el personaje, nos hace enfocar nuestra visión lectora más intensamente sobre él y así consigue que la situación planteada produzca un mayor impacto emocional en el lector.

Por estos relatos pululan seres humanos que se creen perseguidos, adolescentes con rebeldía causada por falta de  afecto, trastornos obsesivos, miedo al deterioro cognitivo, problemas de autoestima, bulimia y anorexia, celos, miedo a envejecer, violencia de género… Son “trazos de sombra”, historias diferentes a las vividas por cada uno de nosotros, pero que, en realidad, no son  tan extrañas como pueda parecer: la incomunicación, el sentirse en un mundo hostil con lo que les rodea, une a la mayoría de los personajes. Con pinceladas rápidas y con distintos procedimientos narrativos se nos presenta la personalidad de unos seres humanos desvalidos, incomprendidos, débiles… que, con frecuencia,  nos inspiran ternura.

Ternura nos inspira esa mujer que contrata un viaje en taxi solo para poder mantener una conversación con el taxista, ese chico abandonado  por el padre en un bosque al cuidado de una abuela que no conoce o ese otro discapacitado que se convierte en asesino de palomas porque no sabe canalizar la agresividad que siente, a causa de los  celos. O esos dos Pececitos, ancianos con demencia, que en un descuido de su hija provocan una inundación mientras se bañan. Y otros varios.

Los títulos de  los  relatos ya merecen por sí mismos una observación.  Algunos quedan reducidos a un adjetivo o a un solo nombre  acompañado por un determinante: Atrincherada, Desfondada, Mi caja, La gotera, Una maleta… Una palabra nos da a conocer ya el tema del relato y fija la atención en ese elemento que se convierte en sombra en la mente del personaje.

Trazos de sombra nos atrae   también por la forma de contar, que se corresponde con  las inquietudes y nubes que nublan esas mentes alucinadas. La autora usa distintas técnicas narrativas. Es poco frecuente la técnica   omnisciente del narrador que sabe todo y narra en tercera persona, más bien aparece la narradora observadora que, cuando usa  la tercera persona,  no sabe todo  del personaje, solo conoce lo que observa. Eso se ve muy bien en el relato El hombre que tocaba las esculturas, uno de los más bellos  y conmovedores,  y que, además, condensa el estilo y la visión crítica de la autora.  

Sol Gómez Arteaga  quiere bucear en la mente convulsa de esos personajes diferentes, captar sus desequilibrios, sus vaivenes emocionales, y para ello maneja con mucha soltura el monólogo interior, el estilo libre indirecto, la narración en primera y en segunda persona, con frecuencia mezclados en el mismo texto. En A través del espejo, que trata el tema de la  anorexia y bulimia, utiliza la primera persona para  introducirnos con mayor intensidad en el problema que vive la narradora: Tenía dieciséis años cuando empezó todo. Me miraba en el espejo, me veía gorda, entonces empecé a no comer. Hay textos en que narra en segunda persona con una especie de diálogos de interlocutor “mudo” que interpelan al propio lector con la verdad que desprende el personaje. Eso ocurre en Desfondada, que termina con estas palabras:   ¡Qué más le puedo contar yo, señor juez! Que creo que la mente es el mayor de los misterios, y que mi señora —Dios sabrá por qué, eso no le toca juzgarlo a una ignorante criada— se dejó ir sin enfermedad, pero también sin alicientes, exhausta de vida, desfondada, desfondada.

A veces cuenta  “sin contar”. En Adelfa,  se presenta una  particular técnica narrativa, pues la autora juega con varios tiempos: pasado lejano que se narra, presente que no se narra, pero se intuye, pasado cercano que no recuerda la enferma…  Pero el diagnóstico final nos revela de forma clara y escueta el pasado no narrado: amnesia psicógena compatible con asfixia erótica tras supuesta y desafortunada y brutal… práctica sadomasoquista.

Es una obra  innovadora también en la estructura interna. Hay textos que adoptan forma de carta (Carta al rey); otros, de diario, incluso aparece  la visión caleidoscópica, con narración a varias voces, como en  Hermanos de leche. Algún relato tiene estructura dramática: Señorita Corazón Solitario. En general, son puntos de vista muy originales, en los que un  humor tierno e inteligente tamiza las situaciones duras o dramáticas… Ese tipo de humor tierno que recuerda a veces al de Miguel Mihura está presente, por ejemplo, en  De dinosaurios y elefantes. Al humor hay que añadirle una fina ironía con la que consigue la autora en ocasiones  la ridiculización del mundo de los cuerdos (El hombre que tocaba las esculturas).

La autora escribe con  un estilo claro, limpio: pocos adjetivos, pero  muy certeros, unidos, a veces, a comparaciones: diestra sagaz, escurridiza como un anfibio (la sombra de una persona). Maneja muy bien el registro  coloquial,  con toda la riqueza, el dinamismo, la expresividad  y la creatividad de este, rasgos que reflejan el desequilibrio mental de los personajes, como ocurre en   el relato La maleta.

En cuanto a los personajes, la obra es un mosaico del género humano, pues hay  variedad de protagonistas: niños,  adolescentes, personas maduras, ancianos, hombres, mujeres… En algunos relatos aparece más de un personaje, pero el eje de la narración pivota sobre uno solo, en el que se manifiesta ese trastorno  que lo aparta de la lucidez. Con descripciones muy breves,  conocemos en muchos casos el aspecto externo de los personajes  y apenas se muestran, en cambio,  otros rasgos de su personalidad que no sean aquellos relacionados con el tema que se plantea en cada relato. La brevedad de los relatos y el hecho de que cada uno se centre en un desequilibrio mental concreto  nos hace hablar de   personajes planos. Son personajes débiles, inquietantes, sin alicientes, que parecen esconderse en ese trastorno mental.  Tal vez esa locura es su escudo protector ante el  mundo hostil que los rodea. Decía un personaje de su obra anterior (un sintecho de El vuelo de Martín): No solo no te dejan morir como quieras, sino que tampoco te dejan vivir. Por eso elegir la locura no me parece la peor opción.

También es interesante la intertextualidad en Trazos de sombra. Añade la autora citas al principio de cada relato, de autores clásicos y contemporáneos que nos ponen en la pista de lo que luego nos va a presentar.  El libro  incluye, asimismo, sugerentes fotografías de Óscar García Bárcena. Ponen un contrapunto de color, añaden plasticidad  a esos trazos de sombra y les van abriendo puertas de luz. La obra está prologada por José Jaime Melendo, psiquiatra, con el que la autora ha trabajado en los servicios de salud mental de un gran hospital madrileño.  "La lectura repetida de estos relatos constituye un tratado del alma, un discurso de las entretelas de nuestro psiquismo", asegura el prologuista. Y Marciano Sonoro Ediciones ha realizado una cuidada edición de la obra.

En conclusión,  Sol Gómez Arteaga nos hace avanzar por los relatos sin respiro, porque nos sorprende con cada personaje, con cada situación,  con cada problema que plantea. Porque nos hace entrar en la mente de los personajes, en sus zozobras, en sus miedos, en sus soledades. Porque nos hace sentir cercanos a esos personajes. Porque nos descubre otra realidad que está ahí y que a veces permanece oculta a nuestros ojos. Estos Trazos de sombra son pequeñas pinceladas de gran literatura  con las que consigue sorprendernos, conmovernos,  distraernos…. ¿Qué más podemos pedir a un libro? Solamente que caiga en nuestras manos y lo leamos despacio y  con fruición.

        Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga y profesora.


Presentación de Trazos de sombra en Madrid, Casa de León en Madrid, el 17/XII/2021
Foto: Luis Luisiten

Sol Gómez Arteaga con la autora de esta reseña.
Madrid, 17/XII/2021. Foto: Luis Luisiten


El libro Trazos de sombra se presentará en León el día 30 de diciembre, en el salón de Actos del Ayuntamiento, calle Alfonso V, 1.



Artículo relacionado: Reseña sobre El vuelo de Martín

martes, 14 de diciembre de 2021

Palabras hilvanadas, el lenguaje del menosprecio, por Antonia Álvarez Álvarez

 

Antonia Álvarez Álvarez, autora de la reseña que se publica a continuación, es  filóloga, profesora de Lengua y Literatura y  poeta. Como poeta  ha recibido varios premios literarios.  El más reciente, el XII Premio de Poesía Enrique Ríus Zunón por el poemario El arca de los días. Entre sus poemarios están:  Donde la nieve, La raíz de la luz, Todos los relojes, Cauces...

Para ella mi gratitud.


RESEÑA


PALABRAS HILVANADAS. EL LENGUAJE DEL MENOSPRECIO

Margarita Álvarez Rodríguez

Editorial Lobo Sapiens. León, 2021

 

 


No se trata de lisonjear a la ligera un libro, se trata de valorar con justeza, de la que se deriva una merecida admiración, un gran libro: Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio, libro que lleva detrás de sí muchas horas de trabajo, de recopilación de datos, de atenta mirada hacia el lenguaje desde múltiples puntos de vista. Margarita Álvarez Rodríguez, que tuvo como maestro a Emilio Alarcos, ejemplo de rigurosidad, de claridad y de coherencia como lingüista, sabe bien lo que es hilvanar, sin que se escape una sola puntada, las palabras y los motivos que las propician.

Partiendo del axioma de Paul Whatzlawick de que “es imposible no comunicar”, haré algunas consideraciones sobre el lenguaje. Ya Pitágoras y Platón afirmaban que el lenguaje es una necesidad innata; Demócrito y Aristóteles decían que nació de un acuerdo, Quintiliano, que era un don divino, Humboldt, que está puesto de antemano en los hombres y es anterior a toda experiencia; Schelling opinaba que su forma originaria era poética, Hobbes, que la experiencia era decisiva para la adquisición del lenguaje… Para Alarcos, la lengua tiene una manifestación primera, que es oral. Por otra parte, pensamos con palabras orales y la lengua evoluciona oralmente. Y otro dato curioso: parece que soñamos con sonidos el 25 % del tiempo que permanecemos dormidos. ¡Qué importantes son, pues, las palabras! En el lenguaje verbal, no analógico, el significante se fija al significado de un modo sincrónico y arbitrario, pero las palabras cambian diacrónicamente, y este cambio es inicialmente un hecho de habla, individual, que poco a poco se extiende a más personas, llega a triunfar, y es entonces cuando se incorpora a la lengua.

Las palabras sufren cambios semánticos como consecuencia de factores históricos, sociales, lingüísticos, psicológicos… El caso es que cambian, como cambia lo que está vivo. Y la lengua es algo vivo, como vivo está este libro de Margarita, verdadero tesoro de la sociolingüística, que, según Labov, no es una disciplina independiente, sino una lingüística interdisciplinar: para muestra, estas Palabras hilvanadas, libro que evidencia un manejo riguroso y a la vez ameno del lenguaje en múltiples ámbitos y actividades. 

Encontramos en este libro más de seis mil palabras y frases hechas que Margarita recoge del registro coloquial, en el sentido que le da A. Briz: “uso socialmente aceptado en situaciones cotidianas de comunicación”. Dentro de las variedades diafásicas, este registro coloquial, nacido de la oralidad, puede, naturalmente, exportarse a la escritura. Así pues, más de seis mil expresiones hilvanadas sabiamente, con humor también, ¡qué importante es el humor!, con precisión, rastreando sus orígenes, literarios o no, su etimología, su uso en los distintos campos semánticos, hasta más de cincuenta (desde las matemáticas y la música, pasando por la cocina, las profesiones, el tiempo, el sexo, la muerte, la gratitud…), haciendo especial hincapié en los disfemismos o expresiones que tienen un carácter peyorativo, El  lenguaje del menosprecio, del que se ocupa en la mayor parte del libro. Causa admiración comprobar cómo enlaza unas expresiones con otras, con qué maestría y fino humor, con qué precisión y habilidad, sin que nada se le escape. Margarita Álvarez Rodríguez, gran filóloga, fue también durante muchos años profesora de Lengua y Literatura, y eso se nota en el esmero por presentarnos su trabajo de un modo claro, de fácil comprensión para todo tipo de lectores.

Veamos algunos ejemplos.  En las “Expresiones relacionadas con la aritmética”, nos dice Margarita: “Cuando apareció el cero nos dieron la primera en la frente y corrimos a ponernos a la derecha, porque nadie quiere ser un cero a la izquierda. Si nuestra cuenta se queda a cero, los amigos  de conveniencia se olvidan de nosotros y nos quedamos más solos que la una. En cambio, si tenemos una cuenta con muchos ceros (siempre a la derecha), se nos multiplican las amistades”. De “Las expresiones relacionadas con los libros y la literatura”, dentro del apartado “Desde el mundo clásico”, nos llega esto: “Relacionada también con La guerra de las Galias está presente en nuestro lenguaje la expresión cruzar el río Rubicón, para referirnos a algo que ya no admite vuelta atrás, aunque provoque consecuencias negativas. Y Demóstenes y Cicerón nos legaron lo de soltar una filípica a alguien (Demóstenes las dirigió contra Filipo II de Macedonia y Cicerón contra Marco Aurelio)”. En el campo semántico que lleva por título “De la cocina y la alimentación”, leemos: “Con la sopa y el caldo hay que tener cuidado, porque siempre nos pueden amargar el caldo y ya sabemos que si no quieres caldo, toma tres tazas. Tampoco conviene hacerle el caldo gordo a alguien, porque puede ser que las personas a las que hayamos apoyado se dediquen luego a revolver el caldo, generando disputas. Pero, en fin, ya que la cosa va de caldos, siempre nos quedará la posibilidad de poner a caldo a quien se lo merezca”. En el apartado “Expresiones relacionadas con la estupidez” nos deja hasta un pequeño diccionario que lleva por título “Tontos de la A a la Z”. Y no solo eso, también se remonta en muchos casos a la etimología de las palabras y ejemplifica sus primeros usos literarios: “Parece que la palabra envidia llegó al español en el siglo XIII, de la mano de Gonzalo de Berceo. Procede del latín invidere, del verbo videre, con el prefijo in-, que significaba mirar con malos ojos. Del verbo surge el sustantivo invidia-ae, del que deriva envidia. A esta mirada que mata aludía ya Baltasar Gracián en el siglo XVII: Achaques de arpía son los de la Envidia, que todo lo inficiona y, a fuer de basilisco, su mirar es matar”. Y en “Perdidos por el reino de León”, leemos: “Los que están en Babia eligen para vivir despistados esta comarca del noroeste de León, que no es un lugar literario, sino real”. Recoge luego el bello romance de El pastor que estaba en Babia y hace un exhaustivo estudio no solo de la etimología de la palabra Babia, sino también de las diversas teorías acerca del significado de estar en Babia, rastreando el uso de esta expresión a través de textos literarios de diferentes épocas. ¡Cuánta sabiduría, cuánto trabajo bien hecho hay en este libro!

Pero dejemos que el lector vaya descubriendo por sí solo toda la riqueza que Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio contiene. Y así, con amenidad, rigurosidad, humor, inteligencia y un manejo asombroso del idioma, nos lleva Margarita Álvarez Rodríguez en viaje feliz a través del apasionante mundo de las palabras. Gracias, Margarita, por esta maravilla.

 Antonia Álvarez Álvarez




  

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Darle a la lengua con Palabras hilvanadas

 

Una página de 476  del apartado "Expresiones relacionadas 

con el cuerpo humano", del libro Palabras hilvanadas: 

el lenguaje del menosprecio, escrito por  Margarita Álvarez Rodríguez.




En manos de un lector


 


 Darle a la lengua

 

La lengua también es un órgano de nuestro cuerpo que tiene mucho recorrido, sobre todo,  en el sentido metafórico de la palabra. De niños, empezamos a hablar con lengua de trapo o media lengua.  Esa media lengua,  a medida que crecemos, se va estirando y a veces termina siendo una lengua larga  o ligera, tanto que   terminamos siendo nosotros los largos de lengua. Si le  ponemos además mala intención, la lengua se alarga tanto que  ya no nos cabe en la boca por su tamaño y terminamos  poniendo la lengua en alguien, y  no con muy sana intención.


Por eso, en ocasiones,  conviene  atarla, porque se suelta demasiado o hay que mordérsela, para no decir algo inconveniente, o hay que ir con ella fuera, porque nos la  echa fuera   de la boca un sobreesfuerzo. Otras veces, se nos pega al paladar y no podemos hablar por sentirnos turbados  o no tenemos ganas de hablar y decidimos no despegar los labios, pues   la lengua nos la ha comido un gato.  Y  en algunos casos  se nos traba  o, simplemente, la tenemos gorda por haber bebido más de la cuenta.


 En esas circunstancias, nos pueden tirar de la lengua para que liberemos las palabras que tenemos en la punta, pero debemos tener cuidado para no irnos de la lengua, porque, una vez que lo hemos hecho,  las noticias  andan en lenguas, van  de lengua en lengua y terminan cayendo en poder  de las malas lenguas.


Podemos hacernos lenguas de alguien, con exquisita lengua de plata, para conseguir, a través del halago, un beneficio, pero faltamos al respeto a alguien cuando le sacamos la lengua. Y si usamos una  lengua  sucia  es posible que nos inviten  a metérnosla   en el culo, porque ese sería su lugar más adecuado. En ese caso, desde luego, la lengua tendría que ser muy larga para llegar a ese lugar del cuerpo.


Una vez que la tenemos  en pleno funcionamiento, podemos darle tanto a la lengua que se nos caliente y que tengamos  que refrescarla  echándola al aire. Hay hablantes que se van de la lengua, que  la convierten en mala lengua  e incitan a reñir a los demás buscando la lengua a alguien.


Y, por supuesto, hay  lenguas de todas las clases, desde la inofensiva del lenguaje de los niños,  hasta las  lenguas de gato, que comemos con gusto.  Las hay que son signo de peligro e inquietud, como las  lenguas de fuego,  y   las de las personas lenguaraces, que, a fuer de  deslenguadas,  se pueden transformar en lenguas viperinas. Lo mejor es  hablar lo justo y no echar la lengua a pacer, porque, aunque podamos rumiar las ideas, las palabras dichas no podemos devolverlas a la boca y rumiarlas, como hacen las vacas. Y, aun hablando poco, podemos cometer un lapsus linguae, porque la lengua es más rápida que el razonamiento.  Siempre conviene tener en cuenta lo  que decía Baltasar Gracián en El Criticón:

"Bien está dos veces encerrada la lengua y dos veces abiertos los oídos, porque el oír ha de ser el doble que el hablar".



 

En el estante de una librería


sábado, 4 de diciembre de 2021

"Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio", por María José Prieto Vázquez

 

Agradezco a María José Prieto Vázquez  la lectura que ha realizado de estas Palabras Hilvanadas y el haber puesto manos a la labor para, con su aguja certera,   añadir un hilván más...

Reseña sobre el libro Palabras Hilvanadas: el lenguaje del menosprecio

María José Prieto Vázquez es  doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación, catedrática de IES  de Lengua y Literatura y escritora.


Obra de divulgación.
Editorial Lobo Sapiens.
León, 2021.
476 págs.


Esta gran obra de divulgación en el campo de la sociolingüística es un vivo ejemplo de la sabiduría de la autora, Margarita Álvarez Rodríguez, y de su tesón, pues ha recogido prácticamente todas las locuciones, modismos populares, frases hechas, palabras (y  algunos refranes) que se usan  en la actualidad  y se consideran disfemismos por sus connotaciones grotescas, agresivas y críticas;  además de otros que se han existido a lo largo de la historia y que han sido  muy bien reflejados en la literatura, como lo demuestran sus citas literarias de autores clásicos y otros renombrados, de los que ha transcrito algunos ejemplos  e, incluso, algún poema jocoso… Su recopilación  abarca  más de cincuenta campos semánticos, que van desde la lengua y las matemáticas, a la comida, el comportamiento, los oficios, la enfermedad, la religión…  

Las  expresiones relacionadas con este lenguaje del  menosprecio nos incitan, a veces,  a la hilaridad, a la risa amable y extravertida.  Aunque en el fondo tengan connotaciones fuertes, sin embargo, para la persona que las lee sin estar implicada en las situaciones a las que aluden, resultan cómicas.

Este bagaje cultural muestra la forma de ser de nuestro pueblo,  por lo general,  locuaz   y simpático, abierto a todo, como las demás civilizaciones mediterráneas; por eso el énfasis de dichas frases son el producto de una personalidad nacional, aunque analizándolas pertenezcan a diferentes provincias  españolas. 

Margarita Koszla, de la cátedra de Estudios Ibéricos  de la Universidad de Varsovia, señala que estas  expresiones son muy importantes para la enseñanza y comunicación del idioma español, y que son un reflejo del propio pueblo,  de su carácter y cultura.

Hay que tener en cuenta que, como la lengua es  algo vivo  que va evolucionando a lo largo del tiempo, porque cambian la mentalidad y los usos y costumbres con los años, se van introduciendo nuevas expresiones en todos los ámbitos, y en el futuro veremos muchas novedades en este aspecto. La inteligencia también es un factor digno de tener en cuenta a la hora de la creación del lenguaje.

Ha comentado la autora multitud  de expresiones dentro de distintos campos semánticos, tanto referentes a realidades exteriores y materiales como a realidades abstractas, y   las ha engarzado de manera lógica y graciosa, lo cual no es nada fácil. Me ha llamado la atención la forma de relacionar unos modismos con otros, pues lo hace con un sentido humorístico e irónico, que parece que sigue la línea conceptista de Quevedo. Así lo corroboran los recursos estilísticos que emplea con connotaciones muy  expresivas, como son los juegos de palabras, expresiones chistosas y quiasmos,  en que aparecen matices irónicos.

Vemos que al referirse a cada expresión, en su afán de transmitir conocimientos (téngase en cuenta que Margarita ha dedicado cuarenta años a la enseñanza de la Lengua y Literatura  Española), expone también el origen etimológico de la misma o su explicación social y popular  o, en su caso, literaria, y hace alusión a muchos autores, como ya dije antes, con citas de los mismos (Quevedo, Baltasar Gracián, Tirso de Molina, Cela y otros).

Es una obra de lectura  muy   recomendable,  tanto para  profesores de esta materia como para el público de la calle, porque, a la vez que enseña, divierte. Y también para los escritores de relatos y novelas que incorporen en las mismas el lenguaje  coloquial.

Y no hay que olvidar el concienzudo  prólogo que le dedica el catedrático de Etnología de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Junquera Rubio.


María José Prieto Vázquez


La obra se presentará el día 10 de diciembre en la Casa de León en Madrid.




Y el día 22 de diciembre en el salón de actos del Ayuntamiento de León (calle Alfonso V)




Texto relacionado: Reseña de Manuel Cuenya en La Nueva Crónica


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La Recolusa de Mar por Margarita Alvarez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.