miércoles, 11 de diciembre de 2019

¡Mucha mierda! Con perdón…


  Expresiones relacionadas con lo escatológico



  

     Este artículo  se va a mover entre lo escatológico y lo coprófilo. Aclaramos, pues, desde el comienzo, el significado de los sustantivos de los que proceden estos términos. La escatología es uso de expresiones soeces relacionadas con los excrementos. La coprofilia es la atracción fetichista por los excrementos.

    Caca, culo, pedo, pis.  A los niños pequeños les hacen gracia estas palabras  relacionadas con la coprofilia  y las usan, a modo de retahíla, para provocar la atención de los  adultos, especialmente cuando ven que estos se encuentran incómodos al oírles  repetirlas  en público. 

       Pero no solo  a los niños. A los hablantes adultos también nos gusta movernos en lo mundo de lo escatológico. De lo contrario,  no se entendería  por qué la palabra mierda, y lo que tiene que ver con ella, está tan presente en el habla coloquial española.

  Como una forma de mostrar nuestro disgusto o  contrariedad (aunque a veces también estas expresiones solo reflejan  afectividad), usamos muchas veces la expresión “me cago en”, que suele  quedar convertida en me cagüen Y nos cagamos en las cosas más diversas.

      Con frecuencia recurrimos a la madre o al padre: cagüen tu madre, tu padre. A la madre, dudando de su moralidad sexual, se le añade a veces, sin miramientos, un epíteto: tu puta madre. Pero no solo  nos cagamos en los padres de los demás, a veces también  en los nuestros. Y lo curioso es que cuando un hijo consigue enojar a sus padres pueden ser estos los que digan cagüen tu madre o padre, como si los aludidos por el insulto no fueran ellos, sino otras personas.

       Y poco importa si están vivos o muertos, o si los muertos son recientes o no, pues también tenemos la variante me cagüen tus muertos. Y en ese cagarnos en las cosas más diversas, aparece también la referencia a nuestros primeros meses de vida, a la cuna, a la leche: cagüen la cuna que te arrulló  o la leche (que mamaste). Uno de los más frecuentes es, sin duda, cagüen la puta, que se puede convertir  en la puta madre o simplemente en el naipe de la puta  de oros o de bastos. No es menos frecuente la alusión a la mar salada. Y algunos se remontan a tiempos y  personajes muy lejanos y traen a Diógenes a la actualidad. Otros disfemismos  menos bastos sirven para suavizar la expresión anterior, tal es el caso de mecachis.

      Tampoco nos sentimos extrañados cuando oímos decir que alguien se caga en diez (Diez). No parece que haga referencia al número, ni al apellido Díez, que es frecuente en la provincia de León, tal vez sea una suavización de la palabra Dios. No falta quien considera que es una etimología popular que procede del apellido de un general francés (D´Huez) que los españoles del sureste de España recordaban con odio por su crueldad.

     Los elementos religiosos no quedan fuera de la escatología. Se oyen con frecuencia expresiones blasfemas como me cagüen Dios (o san Dios),   la hostia o la hostia puta,  el copón,  la Virgen,  los clavos de Cristo, todos los santos… En algunos casos, con ligeras modificaciones  que alteran la referencia a  Dios, no nos importa crear otra divinidad y aparece la forma: me cagüen diosla. También se puede aludir al demonio con nuestros “cagamentos”: me cagüen el demonio. Y no faltan las tres Marías que en este contexto son: la caca, la mierda y la porquería.

  Aunque estas expresiones pueden ser consideradas blasfemias y, en cualquier caso, son expresiones irrespetuosas,  en muchos ocasiones no tienen componente injurioso, porque se han desposeído del sentido religioso y  son usadas  de la misma forma por personas que creen en Dios  y  por otras  que no creen. Y no solo hay expresiones relacionadas con la divinidad para el Dios cristiano, pues Buda también aparece con frecuencia en expresiones de este tipo. Y hasta nos podemos inventar algún santo original: cagüen san pito pato.

    Hay otras expresiones ligadas a partes  o aspectos de nuestro cuerpo. Se puede alguien cagar en nuestras muelas –de momento los dientes están a salvo-  o  elegir el cuerpo entero y cagarse en  nuestra (mi) estampa o en algo más etéreo como nuestra sombra. Y cuando no se encuentra el lugar o la persona oportuna para regalarle nuestros excrementos lingüísticos o queremos mostrar un desagrado genérico la frase se transforma en me cago en todo (lo que se menea). Personas, animales y plantas serían los objetivos de esta lindeza. Si se mueven, claro está. Y hay unos extraños animales que parecen especialmente inquietos, son los ratones colora(d)os, a los que convertimos en receptores preferidos de nuestros excrementos.

   El hecho de defecar no se queda en las expresiones anteriores. Con frecuencia, cuando cometemos un error difícil de enmendar, nos sale espontánea la expresión: ¡La he cagado!  En ocasiones, cuando son otros los responsables de la metedura de pata, les dedicamos la expresión la cagaste Burt Lancaster (pronunciado aproximadamente: Bur Lancáste). ¿Y qué tiene que ver el actor estadounidense con este asunto? Parece que nada que vaya más allá de la  gracia o la musicalidad de la propia frase que dio título  a un disco muy popular, del grupo Hombres G,  publicado en 1986. En cualquier caso, seamos nosotros los responsables de la cagada o él,  la mancha puede ser indeleble.



Si salimos precipitadamente de un lugar, lo hacemos cagando leches. Como parecía que lo hacían los animales que transportaban la leche en tinajas, cuando este reparto se hacía a domicilio y la precipitación iba dejando pequeños regueros de leche donde se había repartido.

Algo de resultado muy insatisfactorio es una cagada, quizá porque la persona que lo ha hecho lo ha realizado atropelladamente. Está claro: no conviene ser un cagaprisas. 

A los que actúan de forma cobarde o pusilánime les llamamos caguetas,  cagados, cagones… Y sin ser especialmente cobardes todos hemos sentido alguna vez el   cague, ese miedo intenso que paraliza.  Es bien conocido el hecho de que ante una situación de miedo extremo es difícil controlar los esfínteres. Dejó buen testimonio de ello Cervantes en El  Quijote, cuando, en la  famosa aventura  de los batanes, Sancho siente un miedo extremo ante unos misteriosos sonidos nocturnos, y este miedo  le impide controlar lo que ocurre en su cuerpo, por lo que don Quijote lo reprende:

̶ Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo.

̶ Sí tengo –respondió Sancho ̶ , mas ¿en qué lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca?

 ̶ En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar –respondió don Quijote. (Capítulo 20, I).

"El Quijote" (20, I),  edición  de  Martín de Riquer
con ilustraciones de Mingote


      El mismo fragmento del Quijote traducido al macedonio,  en la edición del "Quijote universal del siglo XXI"

Algunos vocablos  que designan  a las personas aluden a su poca categoría laboral, como el cagatintas (chupatintas), un oficinista de poca categoría, o el cagarrache, operario de una almazara que depende del maestro. Y la palabra caganidos que, con el mismo sentido que el último pájaro de una pollada, se aplica al último hijo de una familia. Y con el significado de desecho se usa la palabra cagafierro para la escoria del hierro. Algunos nombres de  animales también derivan del verbo cagar: cagaaceites se llama al pájaro zorzal. El cagachín o cagarropa es un tipo de mosquito.

En el lenguaje juvenil actual encontramos, sin embargo, una expresión que llama poderosamente la atención, porque trata de destacar algo de forma positiva. Así, oímos decir ¡huele que te cagas! para un perfume u otra cosa que huele bien. Expresión curiosa y contradictoria, pues hay que evitar hacer lo que sugiere, de lo contrario, el olor sería bien diferente. 


     ¡Y una mierda! 


    Con lo de cagar y cagada viene en consonancia la palabra mierda que también adorna el lenguaje coloquial. 

    Para mostrar el enojo y despachar de un lugar a la persona que nos resulta inoportuna podemos optar por enviarla a distintos lugares, algunos bastantes escatológicos: a cagar, a cagar al vía, a buscar la cagada  de un lagarto, al guano  (excrementos de aves marinas) o, llana y simplemente, le decimos: ¡Vete a la mierda! Cuando la sensación se hace ya insoportable actuamos contra nuestro abanico: ¡A la mierda, abanico, que se acabó el verano! O simplemente elevamos el tono, lo acompañamos del movimiento de algún dedo de la mano y lanzamos una expresión con componente cuantitativo: ¡Y una mierda!

    ¡Mierda o a  la mierda!, es la interjección que usamos más frecuentemente para indicar contrariedad: ¡Mierda, no me di cuenta!  A veces lo comunicamos con cierta calma: lo mando todo a la mierda  y, otras, mostramos nuestra rabia con una expresión de mayor  intensidad: ¡a la puta mierda! O repetimos la palabra haciendo un dúo o trío: ¡Mierda, mierda, mierda!  Y  si somos políglotas podemos sustituirla por la conocida palabra francesa  y  gritar:  ¡Merde!

    Como sustantivo, la palabra mierda sirve para calificar algo malo o muy malo: un trabajo de mierda,  una vida de mierda…  O sirve para calificar la poca valía de una persona: es un mierda, es un jefe de mierda… A veces adquiere valor pronominal y equivale a nada: me importa una mierda o ¿a mí qué mierda me importa?  Pero la mierda puede ser un poco más visible si la convertimos en una especie de estandarte,  en una mierda pinchada en un palo y salimos con ella a pasear o desfilar. Podremos hacerlo si antes no nos hemos cogido una mierda (castaña, cogorza, pedo…), porque en caso contrario perderíamos nuestro estandarte en el paseo.

    En ocasiones, adopta un  significado más claramente metafórico. Eso ocurre en expresiones como revolver la mierda, que aluden al hecho de  buscar más problemas donde ya los hay, o  estar de mierda hasta el cuello, para describir a alguien al que se le puede criticar por su actitud moral o social, o me tocó comerme la mierda, cuando alguien debe responsabilizarse de los errores ajenos. Lo que huele a mierda, sin serlo, es algo reprochable dentro de una actuación poco clara. Y si no levantamos las alfombras con frecuencia, es posible que estemos ocultando la mierda desde épocas lejanas.

      Una de las expresiones más conocidas para desear éxito de público dentro del mundo del espectáculo  es la famosa  ¡mucha mierda! Parece que viene de siglos atrás cuando la gente elegante acudía al teatro en coches de caballos.  Los animales dejaban sus excrementos camino del teatro, por tanto,  a mayor cantidad  de excrementos,  más público, y más éxito de la representación.
    
     Hay muchos refranes populares que  recogen la palabra mierda  y le dan un  sentido figurado. Vayan unos pocos ejemplos: A quien con mierda trasiega, algún olor se le queda; gaviota hacia tierra, marinero a la mierda; la mierda cuanto más se revuelve, más huele; ni mierda sin pedo, ni boda sin tamborilero… Y todos hemos oído alguna versión de este  microcuento: Este era el cuento de María Sarmiento que fue a cagar y cagó en el asiento.

   En la lengua catalana hay muchos dichos populares y refranes que usan este lenguaje escatológico  sin ningún reparo: Pluja a la muntanya, merda al pla (los problemas de los de arriba afectan más a los de abajo). Las gallinas de arriba cagan a las de abajo, se dice en castellano.  Són cul i merda (son culo y mierda), para hablar de personas que son inseparables. Hay que recordar también la presencia en los belenes  de un personaje  que está defecando y que es típicamente catalán, el caganer.  Esta figura está  aceptada por la iglesia y  puede representar a cualquier personaje famoso de la actualidad, aunque en su origen representaba a un campesino catalán.

    Y al lado de la mierda la caca, que es una forma más  familiar y personal, y que a veces adquiere un tono afectivo, por lo que parece que podemos hablar de ella de  una forma menos malsonante. La  expresión hacer caca (parece que es algo que depende de nuestra propia decisión) es la preferida para niños y adultos. Y para los más modernos la palabra se ha quedado en dos escuálidas letras: KK (caca).

     También el habla cotidiana usa expresiones relacionadas con el verbo mear: al que mea (o escupe) para arriba le cae encima, es una frase que critica la jactancia. Cuando queremos mostrar máxima extrañeza ante un hecho decimos que es para mear y no echar gota. Y cuando alguien tiene una actuación inadecuada o inoportuna, que mea fuera de tiesto. De la  niebla que desprende mucha humedad se dice que es una niebla meona y de la lluvia que es solo un calabobos,  lluvia meona. Y meón  o meona se llama también a los niños  recién nacidos.  Sin olvidarnos de esos beatos santurrones que llamamos meapilas.

     El español también es original a la hora de referirse a ir a orinar o a defecar. El número de expresiones es ingente. Unas finas, como ir al baño, al inodoro, al excusado, a hacer aguas mayores…, y otras menos finas, pero más originales. Ahí van unas pocas: a hacer popó, a plantar un pino, a sentarse en el trono, a descomer, a poner un mojón, al confesionario, a quitarse un peso de encima, a visitar al señor Roca, a ver chi cago, a rescindir el contrato a KK, a hacer lo que nadie puede hacer por mí, a soltar lastre… Y tantas más que se oyen, sobre todo, en el lenguaje juvenil.

     Los excrementos  han  tenido en ocasiones usos prácticos que les han dado un valor social reconocido. Parece que algunos pueblos prerromanos de la península Ibérica, de forma profiláctica,  se enjuagaban la boca con orina. También es conocido que  algunas damas romanas se embadurnaban el rostro con las heces para conseguir mayor tersura. En algunas culturas se han usado también con fines médicos para curar heridas.

    Hoy casi todos  reconocemos   la caca sonriente del WhatsApp, uno de los emoticonos más conocidos del mundo. Una evolución del señor Mojón de la serie South Park,   que apareció en diciembre de 1997.



        Y  no hay que olvidarse  del culo.  Aunque esta palabra, es más aceptable en el lenguaje formal que las anteriores, siempre que nos refiramos únicamente al conjunto de las nalgas.  A pesar de ello, con frecuencia, en la lengua más finolis, esta palabra se evita con otros términos  como trasero, pompis, culete  Sin embargo, hay  muchas expresiones malsonantes y vulgares, seguramente por sus connotaciones sexuales, como la dirigida a quien se le manda ¡a  tomar por el culo! o a quien le deseamos  ¡que te den por el culo!, expresión de rechazo hacia alguien. También podemos dar por el culo a los demás, cuando nos empeñamos en molestar.

   Otras expresiones sirven para expresar defectos o situaciones. Tenemos  el culo apretado, si somos personas presuntuosas;  apretamos el culo contra el taburete,  si tratamos de afrontar un peligro; nos  caemos de culo, cuando  nos quedamos atónitos ante una situación sorprendente; nos quedamos con el culo al aire, cuando nos encontramos en una situación comprometida; perdemos el culo, cuando nos damos mucha prisa, o vamos de culo cuando algo nos va muy mal.

   Para intensificar algo podemos añadir también esta palabra, bien para definir a alguien, como en es tonto del culo,  o para quejarnos: estoy hasta el culo de todos, especialmente de los los lameculos del jefe.  Y cuando queremos rechazar contundentemente algo que antes se había pedido,  le decimos a la persona que nos lo proporciona  que se lo meta por el culo, (si tiene el tamaño adecuado, claro está).

     Si queremos que  alguien se comprometa,  le exigimos que se moje el culo y que no se equivoque y  confunda el culo con las témporas. Otras expresiones con la palabra culo nos presentan también aspectos peyorativos como la excesiva lejanía de algo que está en el culo del mundo, la deficiencia visual de la persona que lleva gafas de culo de vaso o la excesiva inquietud del que es un culo inquieto o culo de mal asiento. Quizá de tanto moverse  termine desgastando el pantalón y dejando sus posaderas a culo pajareroPero siempre es mejor que el desgaste se produzca por ese motivo que  por el hecho de que le hayan dado una patada en el culo. Y esto de dar patadas en semejante lugar está demasiado de moda en algunos ámbitos, especialmente en el laboral, aunque hay personas que tienen siempre buena suerte, porque nacen con una flor en el culo.


   Hay un culo, sin embargo, que tiene connotaciones positivas. Es el culo de rana. Todos hemos oído o reproducido aquello de sana (cura), sana, culito (rabito) de rana, que si no sanas hoy, sanarás mañana. Parece que estas palabras se convierten en un bálsamo curativo para conseguir que un niño se calme cuando ha sufrido un daño físico.

     Y concluimos con el  pedo, que ha dado origen a muchos refranes, alusivos a su significado real, con frecuencia relacionados con la alimentación o los buenos modales o con sentido más figurado: Ni en parte pública ni en secreta hagas del culo trompeta.  También se ha incorporado al idioma la expresión metafórica cogerse un pedo, para hablar de la situación de ebriedad.

      La literatura no ha sido reacia a incorporar en sus textos algunas referencias a lo escatológico. El escritor clásico que tiene mayor obsesión por  lo relacionado con la  coprofilia es Quevedo. Aparentemente trata el tema de forma humorística, pero en muchos casos, tras el humor y la burla, se esconde un componente simbólico o   moral. 

     Uno de sus famosos sonetos comienza: La vida empieza en lágrimas y caca… Y para defenderse de las críticas de su  enemigo Góngora le escribe estos  versos: (…que nunca que yo sepa  / se le cayó la mierda de la boca. Escribe también la ingeniosa y humorística obra breve, en prosa,  Gracias y desgracias del ojo del culo. Y en muchos otros textos también está presente esta temática.

      Recogemos un fragmento de su famoso Poema al pedo:

(…) El pedo es como la nube que va volando

y por donde pasa va fumigando,

el pedo es vida, el pedo es muerte,

y tiene algo que nos divierte:

el pedo gime, el pedo llora,

el pedo es aire, el pedo es ruido

y a veces sale por un descuido,

el pedo es fuerte, es imponente,

pues se los tira toda la gente. (…)

Quevedo decía que el pedo es cosa alegre, porque dondequiera que se suelta anda la risa y la chacota. 

Pues así,  poniendo una sonrisa en el lector, cerramos este artículo tan merdoso. Y si te has asombrado de que este tema dé tanto de sí, solo te queda decir: ¡Cágate, lorito!

Manneken pis, famosa estatua de Bruselas
Jeanneke pis,  Bruselas



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