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martes, 22 de febrero de 2022

De patos y monjas, 22-02-2022

Foto de uso gratuito de Pixabay.com

         


La fecha de hoy es curiosa, pues repite seis veces el número dos y dos veces el número cero: 22-02-2022. Brillan, pues, en ella,  como nunca, "los dos patitos", repetidos en dos parejas, cruzando el estanque de este mes de febrero, o esas seis monjas   arrodilladas, que  no en vano estamos en el mes expiatorio o de la purificación, nombre derivado de februārǐus mensis, mes (mensis) relacionado con (–arius)  februa o fiestas de la expiación.

 


El dos, tanto  número cardinal como ordinal, está presente en algunos dichos de la lengua coloquial. El dos  tiene  suerte  porque no está tan solo como la una, pero puede ser peligroso, si se refiere a una casa con dos puertas, que siempre es difícil de guardar, o desagradable, si se trata de nadar entre dos aguas, especialmente si los interlocutores tienen segundas intenciones. Pero en ese caso también podemos optar por tomar el dos y dejar a los interlocutores con uno o varios palmos de narices. Este ordinal también nos hace ser reticentes ante las cosas de segunda mano.


Cada dos por tres este número opta por presentarse en pareja, de dos en dos, por partida doble o haciendo doblete, como Pili y Mili  o la parejita que los padres desean siempre tener. Pero, tan real  como dos y dos son cuatro,  no siempre todas las  parejas nos son propicias, especialmente la pareja de la Guardia Civil,  si  cometemos una infracción de tráfico.


Sin embargo, hay personas que no encuentran fácilmente pareja y siempre  se quedan a dos velas. Y las dos velas pueden ser peligrosas si nos colocamos entre ambas, pues, a la primera de cambio, caen sobre nosotros y podemos quedar entre dos fuegos, que   son como  dos caras de la misma moneda. Pero, aunque velas y fuegos se parezcan como  dos gotas de agua, no debemos preocuparnos, porque el agua apaga el fuego. Y si no es así, siempre quedará echarle a la cosa dos cojones, pues parece que en ellos reside la fuerza y la valentía necesarias para vencer cualquier situación arriesgada.


En cualquier caso,  no nos  gusta ser  platos de segunda mesa, porque nunca  segundas partes fueron buenas. También tenemos  que evitar las armas de doble filo y procurar salir airosos de las situaciones comprometidas, para no tropezar dos veces en la misma piedra.  Y si la piedra es alguien que nos molesta porque no tiene dos dedos de frente, ¡que le den dos duros! La clave está en solucionar los problemas que se nos presenten en un dos por tres y, luego, ¡a vivir que son dos días!, según recomendaba el carpe diem latino.


El dos tiene a veces resonancias artísticas, porque los dúos han proliferado en el mundo del espectáculo y en la literatura: dúos-personaje y dúos-persona. Muchos nos vienen a la memoria en distintas manifestaciones artísticas: en el mundo del cómic, Mortadelo y Filemón; en el del cine, imposible olvidar, por ejemplo, al Gordo y al Flaco; en el de la música, Amistades Peligrosas.  ¡Y nuestro dúo literario preferido: don Quijote y Sancho! A veces también oímos duetos, con voces en vivo o, de manera más esotérica, acoplando la  voz de un vivo  a la voz de un muerto. ¡Qué cosas tiene la técnica moderna! 


El dos, como ordinal,  sirve para marcar  grados de parentesco. Hablamos de tíos segundos, primos segundos, segundo grado de consanguinidad. Y también marca  cortas distancias, ya que cuando algo está cerca siempre se encuentra a dos pasos y, además, podemos llegar en dos patadas. Claro que ¡a saber cómo se miden los pasos! Pero a dos pasos o más, ya   que vamos al lugar,  aprovechamos y matamos dos pájaros de un tiro. Y siempre hay que tener cuidado con los que actúan con segundas (intenciones).


Dentro del mundo del boxeo, en la expresión segundos fuera, el ordinal no señala el tiempo, sino que   los ayudantes (segundos) de los boxeadores deben abandonar el cuadrilátero, porque va a comenzar el combate.


Pero no hay dos sin tres, así que en pocos días vendrá marzo y unos meses después, 2023, y con él los  “dos patitos” tendrán que nadar por separado, pero algunas "monjas" seguirán arrodilladas. Siempre habrá algo que expiar...



El contenido de este artículo está tomado de mi libr

Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio. 

Editorial Lobo Sapiens, 2021 

 

 

domingo, 16 de enero de 2022

Gracias a la vida...

 

Río Omaña, en Paladín (León)

    Como  Violeta Parra, en la famosa canción  “Gracias a la vida, que me ha dado tanto…”, cuando cumplo años  siento la necesidad de dar gracias a la vida.  Y a todas las personas que  han dedicado unos segundos a pensar en mí y a felicitarme. Decir felicidades  a alguien es  desear a esa persona  un estado de grata satisfacción espiritual o psíquica. Por tanto felicitar es regalar: regalar  los mejores deseos.

    Los años caen sobre la vida como las gotas de agua caen sobre la tierra. Y los años van alumbrando la vida lo mismo que el agua fertiliza la tierra. Cumplir años es un privilegio de la propia vida, porque en ese caminar por ella  unos seguimos adelantando  los  pasos y otros se han quedado ya en los recovecos del camino, como recientemente una persona querida.  Por eso, siempre hay que dar las gracias por cumplir años,  esperar con ilusión que  los días que tengamos por delante nos propongan nuevos sueños, nos abran  nuevas expectativas. Y no dejarlas  pasar por delante y quedarnos quietos, sino ir en pos de  ellas.

Cuando dejamos la vida laboral activa parece que nuestra vida entra en una desaceleración, en una sensación de que quien se jubila ya ha hecho lo más importante y que ahora debe mirar más al pasado que al futuro, porque el primero es más largo. Pero el reto está en saber equilibrar la memoria del pasado y  la esperanza de futuro. El tiempo no se mide por su duración cronológica, sino por la percepción psicológica. Cuando nos hacemos  mayores parece que los años corren más y que nos dejan atrás, especialmente si nosotros no nos movemos.  Por eso, hay que seguir volando con ellos,  aunque quizá el vuelo sea más corto y más pausado. No cabe la resignación. 


Los que estamos en “la edad del júbilo” no solemos dar gritos de alegría (aunque a eso aluda la palabra), pero sí somos capaces de sentir la alegría serena de  tener a nuestras espaldas un pasado fructífero en el plano personal, familiar, profesional, social…  Y además, en esa edad, podemos  aprender a   vivir la alegría del silencio,  de un silencio activo, creativo: “sonoro”.  Silencio sonoro es contemplar  la belleza de la naturaleza y del   arte, dedicar tiempo a  la lectura y  la escritura,  entablar  una serena conversación, pararse a reflexionar, caminar en soledad  sintiendo que “para estar conmigo me basta mi pensamiento”,  observar cómo transcurre la vida de los demás seres vivos, tender la mano a quien la necesita…  Disfrutar del cariño familiar  y del de los amigos…  Esos silencios sonoros son regalos que nos ofrece  la vida  y que nos pueden producir grandes satisfacciones.


 Necesitamos serenidad para darnos cuenta de que en la vida no todo es blanco o negro,   rojo o  azul… Nuestra propia  lengua, que responde a nuestras necesidades expresivas, ha creado un montón de adjetivos  para expresar que los colores  de la existencia humana no siempre son nítidos, sino que con frecuencia son difuminados, indefinidos: azulado, blanquecino, rojizo, negruzco, amarillento, grisáceo, verdoso…  En esas gamas de color y de vivencias  más difuminadas  nos movemos la mayoría de las personas.  Y, sin ser  relativistas en lo moral,  pero viendo lo que ocurre a nuestro alrededor, a  veces hay que darle la razón a Campoamor: “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira”.  O al menos  ser más  empáticos y  mirar también desde el punto de vista del otro.


 Los muchos años cumplidos nos hacen ver   la vida de una manera más serena, pero  la serenidad no está reñida con el entusiasmo. No me gusta esa frase: “¡A mí ya nada me sorprende!”. El entusiasmo nos lleva  a la sorpresa. Y sorprenderse es uno de los grandes estímulos  de la vida. Con la sorpresa llega la emoción, la alegría… A veces  la decepción… A veces la rebeldía… A veces el conocimiento… La emoción que nos produce la sorpresa es con frecuencia la causa  de ese conocimiento que queda fijado en nuestra memoria  y que no olvidaremos fácilmente. Ya decía Baltasar Gracián que  “de nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda”. ¡Qué gran palabra y actitud esa del entusiasmo! El entusiasmo nos hace sentir  dentro del ánimo  una posesión divina (en-théos, etimológicamente) que nos ayuda a  elevarnos, a perseguir sueños,  para no ver la vida "de forma pedestre" o "rastrera".


Hermosa felicitación de cumpleaños...
Con arte, con mimo, con cariño... En su pizarrina.
De Sol Gómez Arteaga. ¡Gracias! 


El año que dejo atrás ha sido para mí un año de entusiasmo, pues, además del entusiasmo hacia las cosas sencillas y cotidianas, ha habido entusiasmos y satisfacciones de mayor calado …

    Con entusiasmo he podido concluir y  llevar a la publicación mi libro Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio,  con el que ha culminado un trabajo de varios años.  Ha sido una tarea ardua y   ahora  es una satisfacción saber que ya, en forma de libro,  esas Palabras… están en las librerías y  en manos de unos cuantos lectores…  Tal vez ellos puedan   coserlas con la aquiescencia, con una sonrisa, con unos momentos de entretenimiento o de descubrimientos…   Con que un solo lector  esté dispuesto a añadir una puntada más de emoción a las que contempla hilvanadas ante sus ojos, ya produce satisfacción en quien escribe.  Sois muchos los amigos que me habéis dado alas para iniciar ese vuelo.  Gracias a todas  las personas que me  han acompañado en la presentación del libro y a las que han escrito sobre él, que ya empiezan a ser muchas.   Gracias a la vida…

Palabras hilvanadas en presentaciones, en librerías y en manos de lectores...

    Con entusiasmo  he leído  y valorado  obras  literarias de otras personas. Algunas  de ellas han confiado en mi criterio  y han permitido  que yo  “metiera mi pluma” en sus publicaciones o que les acompañara con la  palabra y la  presencia en las presentaciones de sus obras.  Con entusiasmo he escrito artículos para diversas publicaciones, reseñas, prólogos...  Con entusiasmo  sigo hilvanando palabras todos los días. Gracias a todas esas personas. Gracias a la vida…

     Con  entusiasmo emprendí la tarea, que me encomendó una persona que confiaba en mí,  de escribir la letra para un Himno a Omaña, la comarca leonesa de la que procedo.    “Yo no he  escrito himnos, yo no sé escribir himnos”,  eso pensé y eso dije. Pero una ilusión surgió dentro de mí que me dijo: “Tú puedes. Y tú debes”. Y pensé que sí, que podría intentarlo y que debía hacerlo  porque esa tierra de Omaña ha sido parte de mi esencia y lo es de mi querencia,   y porque Omaña, a través del Instituto de Estudios Omañeses, me concedió el galardón   “Omañesa 2013”. Y, con mejor o peor fortuna, escribí el himno… Y saber que lo que una hace  puede emocionar a cuantas personas  y que, además,  sirve  para hacer nuevos  amigos es un gran regalo. Gracias a la vida….

Himno a Omaña


    Con entusiasmo asumí el  encargo  de elaborar el pregón para conmemorar los 75 años de vida de la institución en la que desarrollé mi larga vida docente… “Yo no sé elaborar un pregón, nunca lo he  hecho”, pensé también… Pero debía corresponder a las expectativas de alguien que creía en mí. Bien o mal, el pregón está elaborado  y se pronunciará el día 21 de enero. Gracias a la vida…

   Con entusiasmo he asumido nuevos retos que me han propuesto para los próximos meses. Espero poder conseguirlos y,  aunque  desconozco qué me va a deparar el primer día del resto de mi vida y los que puedan  seguirlo, intentaré  compaginar la serenidad (aunque alguna vez  la azoten vientos huracanados) con el entusiasmo,  buscar cada día un nuevo aliciente: una nueva imagen o hecho que me sorprenda… Puede ser una palabra, una actitud… Algo, en definitiva,  que me haga reflexionar, escribir una frase, compartir la experiencia…

    Por todo eso y  por mucho más  hay que dar las gracias… Y por ello la palabra gracias    es  para mí  la palabra favorita (…), una palabra que es un auténtico tesoro y  que procuro  que sea siempre fiel compañera de las demás. Una palabra multicolor, una palabra de vida. Esa palabra que solo tiene sentido si es algo que damos, pues va unida necesariamente al verbo dar con el que ha creado una unidad indisoluble: dar las gracias. Si nadie diera las gracias, es como si esta palabra no existiera. Su esencia está en  el darse, en el derramarse hacia los otros. Dar las gracias es algo   que tiende puentes, que despierta sonrisas, que halaga, que acaricia… Que hace sentir al otro que está ahí,  que lo tenemos en cuenta… Es un regalo, una emoción: una palabra mágica.

    Gracias por tener una familia que me quiere y valora, gracias por tener buena salud (sin entrar en detalles), gracias por haber tenido el privilegio de ser docente, gracias por tener muchos y   buenos amigos…  Gracias por no tener enemigos. Y gracias por tener el don de la palabra  y por poder seleccionar  aquellas que me permite expresar lo que siento…

Me atraen las palabras sinceras, luminosas, que no contengan aristas, ni recovecos, ni amargura. Palabras que acaricien, que curen… Palabras de optimismo, de utopía… Palabras que me sigan haciendo creer en las personas, en su buen criterio, en su creatividad. Palabras que me hagan rebelarme ante las injusticias, palabras que no levanten vallas, sino que tiendan puentes entre un tú y un yo, y los conviertan en nosotros. Palabras de colores: palabras de vida.


La capacidad del lenguaje es lo que nos hace verdaderamente humanos. Deberíamos amar las palabras del idioma en que nos comuniquemos.  No olvidarlas, no lastimarlas, no quitarles dignidad, no añadirles agresividad innecesaria, a pesar de que expresen nuestro dolor, nuestra decepción o nuestro enfado.  Necesitamos las palabras para pensar, para hablar, para escribir: para ser… Esta es seguramente  la palabra más grande del idioma: ser. Es más que tener, es más que estar, es más que parecer… Y somos a través de las palabras. Somos lo que pensamos, lo que decimos y lo que de nosotros dicen y piensan los demás. Somos palabras…”.

Y cuando perdamos la palabra comenzamos a morir. Por tanto, mientras la vida nos permita, caminemos  y compartamos las emociones  y la sabiduría con palabras entusiastas. Tal vez ellas sean la auténtica vida.


¡Gracias a la vida!


Caminos de otoño para seguir caminando...


Nota: Las líneas escritas  en cursiva son fragmentos de las Palabras finales del libro
Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio.

    M. Álvarez Rodríguez, 16 de enero de 2022

martes, 14 de diciembre de 2021

Palabras hilvanadas, el lenguaje del menosprecio, por Antonia Álvarez Álvarez

 

Antonia Álvarez Álvarez, autora de la reseña que se publica a continuación, es  filóloga, profesora de Lengua y Literatura y  poeta. Como poeta  ha recibido varios premios literarios.  El más reciente, el XII Premio de Poesía Enrique Ríus Zunón por el poemario El arca de los días. Entre sus poemarios están:  Donde la nieve, La raíz de la luz, Todos los relojes, Cauces...

Para ella mi gratitud.


RESEÑA


PALABRAS HILVANADAS. EL LENGUAJE DEL MENOSPRECIO

Margarita Álvarez Rodríguez

Editorial Lobo Sapiens. León, 2021

 

 


No se trata de lisonjear a la ligera un libro, se trata de valorar con justeza, de la que se deriva una merecida admiración, un gran libro: Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio, libro que lleva detrás de sí muchas horas de trabajo, de recopilación de datos, de atenta mirada hacia el lenguaje desde múltiples puntos de vista. Margarita Álvarez Rodríguez, que tuvo como maestro a Emilio Alarcos, ejemplo de rigurosidad, de claridad y de coherencia como lingüista, sabe bien lo que es hilvanar, sin que se escape una sola puntada, las palabras y los motivos que las propician.

Partiendo del axioma de Paul Whatzlawick de que “es imposible no comunicar”, haré algunas consideraciones sobre el lenguaje. Ya Pitágoras y Platón afirmaban que el lenguaje es una necesidad innata; Demócrito y Aristóteles decían que nació de un acuerdo, Quintiliano, que era un don divino, Humboldt, que está puesto de antemano en los hombres y es anterior a toda experiencia; Schelling opinaba que su forma originaria era poética, Hobbes, que la experiencia era decisiva para la adquisición del lenguaje… Para Alarcos, la lengua tiene una manifestación primera, que es oral. Por otra parte, pensamos con palabras orales y la lengua evoluciona oralmente. Y otro dato curioso: parece que soñamos con sonidos el 25 % del tiempo que permanecemos dormidos. ¡Qué importantes son, pues, las palabras! En el lenguaje verbal, no analógico, el significante se fija al significado de un modo sincrónico y arbitrario, pero las palabras cambian diacrónicamente, y este cambio es inicialmente un hecho de habla, individual, que poco a poco se extiende a más personas, llega a triunfar, y es entonces cuando se incorpora a la lengua.

Las palabras sufren cambios semánticos como consecuencia de factores históricos, sociales, lingüísticos, psicológicos… El caso es que cambian, como cambia lo que está vivo. Y la lengua es algo vivo, como vivo está este libro de Margarita, verdadero tesoro de la sociolingüística, que, según Labov, no es una disciplina independiente, sino una lingüística interdisciplinar: para muestra, estas Palabras hilvanadas, libro que evidencia un manejo riguroso y a la vez ameno del lenguaje en múltiples ámbitos y actividades. 

Encontramos en este libro más de seis mil palabras y frases hechas que Margarita recoge del registro coloquial, en el sentido que le da A. Briz: “uso socialmente aceptado en situaciones cotidianas de comunicación”. Dentro de las variedades diafásicas, este registro coloquial, nacido de la oralidad, puede, naturalmente, exportarse a la escritura. Así pues, más de seis mil expresiones hilvanadas sabiamente, con humor también, ¡qué importante es el humor!, con precisión, rastreando sus orígenes, literarios o no, su etimología, su uso en los distintos campos semánticos, hasta más de cincuenta (desde las matemáticas y la música, pasando por la cocina, las profesiones, el tiempo, el sexo, la muerte, la gratitud…), haciendo especial hincapié en los disfemismos o expresiones que tienen un carácter peyorativo, El  lenguaje del menosprecio, del que se ocupa en la mayor parte del libro. Causa admiración comprobar cómo enlaza unas expresiones con otras, con qué maestría y fino humor, con qué precisión y habilidad, sin que nada se le escape. Margarita Álvarez Rodríguez, gran filóloga, fue también durante muchos años profesora de Lengua y Literatura, y eso se nota en el esmero por presentarnos su trabajo de un modo claro, de fácil comprensión para todo tipo de lectores.

Veamos algunos ejemplos.  En las “Expresiones relacionadas con la aritmética”, nos dice Margarita: “Cuando apareció el cero nos dieron la primera en la frente y corrimos a ponernos a la derecha, porque nadie quiere ser un cero a la izquierda. Si nuestra cuenta se queda a cero, los amigos  de conveniencia se olvidan de nosotros y nos quedamos más solos que la una. En cambio, si tenemos una cuenta con muchos ceros (siempre a la derecha), se nos multiplican las amistades”. De “Las expresiones relacionadas con los libros y la literatura”, dentro del apartado “Desde el mundo clásico”, nos llega esto: “Relacionada también con La guerra de las Galias está presente en nuestro lenguaje la expresión cruzar el río Rubicón, para referirnos a algo que ya no admite vuelta atrás, aunque provoque consecuencias negativas. Y Demóstenes y Cicerón nos legaron lo de soltar una filípica a alguien (Demóstenes las dirigió contra Filipo II de Macedonia y Cicerón contra Marco Aurelio)”. En el campo semántico que lleva por título “De la cocina y la alimentación”, leemos: “Con la sopa y el caldo hay que tener cuidado, porque siempre nos pueden amargar el caldo y ya sabemos que si no quieres caldo, toma tres tazas. Tampoco conviene hacerle el caldo gordo a alguien, porque puede ser que las personas a las que hayamos apoyado se dediquen luego a revolver el caldo, generando disputas. Pero, en fin, ya que la cosa va de caldos, siempre nos quedará la posibilidad de poner a caldo a quien se lo merezca”. En el apartado “Expresiones relacionadas con la estupidez” nos deja hasta un pequeño diccionario que lleva por título “Tontos de la A a la Z”. Y no solo eso, también se remonta en muchos casos a la etimología de las palabras y ejemplifica sus primeros usos literarios: “Parece que la palabra envidia llegó al español en el siglo XIII, de la mano de Gonzalo de Berceo. Procede del latín invidere, del verbo videre, con el prefijo in-, que significaba mirar con malos ojos. Del verbo surge el sustantivo invidia-ae, del que deriva envidia. A esta mirada que mata aludía ya Baltasar Gracián en el siglo XVII: Achaques de arpía son los de la Envidia, que todo lo inficiona y, a fuer de basilisco, su mirar es matar”. Y en “Perdidos por el reino de León”, leemos: “Los que están en Babia eligen para vivir despistados esta comarca del noroeste de León, que no es un lugar literario, sino real”. Recoge luego el bello romance de El pastor que estaba en Babia y hace un exhaustivo estudio no solo de la etimología de la palabra Babia, sino también de las diversas teorías acerca del significado de estar en Babia, rastreando el uso de esta expresión a través de textos literarios de diferentes épocas. ¡Cuánta sabiduría, cuánto trabajo bien hecho hay en este libro!

Pero dejemos que el lector vaya descubriendo por sí solo toda la riqueza que Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio contiene. Y así, con amenidad, rigurosidad, humor, inteligencia y un manejo asombroso del idioma, nos lleva Margarita Álvarez Rodríguez en viaje feliz a través del apasionante mundo de las palabras. Gracias, Margarita, por esta maravilla.

 Antonia Álvarez Álvarez




  

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Darle a la lengua con Palabras hilvanadas

 

Una página de 476  del apartado "Expresiones relacionadas 

con el cuerpo humano", del libro Palabras hilvanadas: 

el lenguaje del menosprecio, escrito por  Margarita Álvarez Rodríguez.




En manos de un lector


 


 Darle a la lengua

 

La lengua también es un órgano de nuestro cuerpo que tiene mucho recorrido, sobre todo,  en el sentido metafórico de la palabra. De niños, empezamos a hablar con lengua de trapo o media lengua.  Esa media lengua,  a medida que crecemos, se va estirando y a veces termina siendo una lengua larga  o ligera, tanto que   terminamos siendo nosotros los largos de lengua. Si le  ponemos además mala intención, la lengua se alarga tanto que  ya no nos cabe en la boca por su tamaño y terminamos  poniendo la lengua en alguien, y  no con muy sana intención.


Por eso, en ocasiones,  conviene  atarla, porque se suelta demasiado o hay que mordérsela, para no decir algo inconveniente, o hay que ir con ella fuera, porque nos la  echa fuera   de la boca un sobreesfuerzo. Otras veces, se nos pega al paladar y no podemos hablar por sentirnos turbados  o no tenemos ganas de hablar y decidimos no despegar los labios, pues   la lengua nos la ha comido un gato.  Y  en algunos casos  se nos traba  o, simplemente, la tenemos gorda por haber bebido más de la cuenta.


 En esas circunstancias, nos pueden tirar de la lengua para que liberemos las palabras que tenemos en la punta, pero debemos tener cuidado para no irnos de la lengua, porque, una vez que lo hemos hecho,  las noticias  andan en lenguas, van  de lengua en lengua y terminan cayendo en poder  de las malas lenguas.


Podemos hacernos lenguas de alguien, con exquisita lengua de plata, para conseguir, a través del halago, un beneficio, pero faltamos al respeto a alguien cuando le sacamos la lengua. Y si usamos una  lengua  sucia  es posible que nos inviten  a metérnosla   en el culo, porque ese sería su lugar más adecuado. En ese caso, desde luego, la lengua tendría que ser muy larga para llegar a ese lugar del cuerpo.


Una vez que la tenemos  en pleno funcionamiento, podemos darle tanto a la lengua que se nos caliente y que tengamos  que refrescarla  echándola al aire. Hay hablantes que se van de la lengua, que  la convierten en mala lengua  e incitan a reñir a los demás buscando la lengua a alguien.


Y, por supuesto, hay  lenguas de todas las clases, desde la inofensiva del lenguaje de los niños,  hasta las  lenguas de gato, que comemos con gusto.  Las hay que son signo de peligro e inquietud, como las  lenguas de fuego,  y   las de las personas lenguaraces, que, a fuer de  deslenguadas,  se pueden transformar en lenguas viperinas. Lo mejor es  hablar lo justo y no echar la lengua a pacer, porque, aunque podamos rumiar las ideas, las palabras dichas no podemos devolverlas a la boca y rumiarlas, como hacen las vacas. Y, aun hablando poco, podemos cometer un lapsus linguae, porque la lengua es más rápida que el razonamiento.  Siempre conviene tener en cuenta lo  que decía Baltasar Gracián en El Criticón:

"Bien está dos veces encerrada la lengua y dos veces abiertos los oídos, porque el oír ha de ser el doble que el hablar".



 

En el estante de una librería


sábado, 4 de diciembre de 2021

"Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio", por María José Prieto Vázquez

 

Agradezco a María José Prieto Vázquez  la lectura que ha realizado de estas Palabras Hilvanadas y el haber puesto manos a la labor para, con su aguja certera,   añadir un hilván más...

Reseña sobre el libro Palabras Hilvanadas: el lenguaje del menosprecio

María José Prieto Vázquez es  doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación, catedrática de IES  de Lengua y Literatura y escritora.


Obra de divulgación.
Editorial Lobo Sapiens.
León, 2021.
476 págs.


Esta gran obra de divulgación en el campo de la sociolingüística es un vivo ejemplo de la sabiduría de la autora, Margarita Álvarez Rodríguez, y de su tesón, pues ha recogido prácticamente todas las locuciones, modismos populares, frases hechas, palabras (y  algunos refranes) que se usan  en la actualidad  y se consideran disfemismos por sus connotaciones grotescas, agresivas y críticas;  además de otros que se han existido a lo largo de la historia y que han sido  muy bien reflejados en la literatura, como lo demuestran sus citas literarias de autores clásicos y otros renombrados, de los que ha transcrito algunos ejemplos  e, incluso, algún poema jocoso… Su recopilación  abarca  más de cincuenta campos semánticos, que van desde la lengua y las matemáticas, a la comida, el comportamiento, los oficios, la enfermedad, la religión…  

Las  expresiones relacionadas con este lenguaje del  menosprecio nos incitan, a veces,  a la hilaridad, a la risa amable y extravertida.  Aunque en el fondo tengan connotaciones fuertes, sin embargo, para la persona que las lee sin estar implicada en las situaciones a las que aluden, resultan cómicas.

Este bagaje cultural muestra la forma de ser de nuestro pueblo,  por lo general,  locuaz   y simpático, abierto a todo, como las demás civilizaciones mediterráneas; por eso el énfasis de dichas frases son el producto de una personalidad nacional, aunque analizándolas pertenezcan a diferentes provincias  españolas. 

Margarita Koszla, de la cátedra de Estudios Ibéricos  de la Universidad de Varsovia, señala que estas  expresiones son muy importantes para la enseñanza y comunicación del idioma español, y que son un reflejo del propio pueblo,  de su carácter y cultura.

Hay que tener en cuenta que, como la lengua es  algo vivo  que va evolucionando a lo largo del tiempo, porque cambian la mentalidad y los usos y costumbres con los años, se van introduciendo nuevas expresiones en todos los ámbitos, y en el futuro veremos muchas novedades en este aspecto. La inteligencia también es un factor digno de tener en cuenta a la hora de la creación del lenguaje.

Ha comentado la autora multitud  de expresiones dentro de distintos campos semánticos, tanto referentes a realidades exteriores y materiales como a realidades abstractas, y   las ha engarzado de manera lógica y graciosa, lo cual no es nada fácil. Me ha llamado la atención la forma de relacionar unos modismos con otros, pues lo hace con un sentido humorístico e irónico, que parece que sigue la línea conceptista de Quevedo. Así lo corroboran los recursos estilísticos que emplea con connotaciones muy  expresivas, como son los juegos de palabras, expresiones chistosas y quiasmos,  en que aparecen matices irónicos.

Vemos que al referirse a cada expresión, en su afán de transmitir conocimientos (téngase en cuenta que Margarita ha dedicado cuarenta años a la enseñanza de la Lengua y Literatura  Española), expone también el origen etimológico de la misma o su explicación social y popular  o, en su caso, literaria, y hace alusión a muchos autores, como ya dije antes, con citas de los mismos (Quevedo, Baltasar Gracián, Tirso de Molina, Cela y otros).

Es una obra de lectura  muy   recomendable,  tanto para  profesores de esta materia como para el público de la calle, porque, a la vez que enseña, divierte. Y también para los escritores de relatos y novelas que incorporen en las mismas el lenguaje  coloquial.

Y no hay que olvidar el concienzudo  prólogo que le dedica el catedrático de Etnología de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Junquera Rubio.


María José Prieto Vázquez


La obra se presentará el día 10 de diciembre en la Casa de León en Madrid.




Y el día 22 de diciembre en el salón de actos del Ayuntamiento de León (calle Alfonso V)




Texto relacionado: Reseña de Manuel Cuenya en La Nueva Crónica


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La Recolusa de Mar por Margarita Alvarez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.