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| Portada de la antología de este año. |
Los ayes de la memoria
Vengo de una
tierra de urces y escobas
que engalanan
los montes con mantos de magia.
Vengo de una
tierra de árboles recios
que
arrastran tras ellos miradas de cielo.
Vengo de una
tierra de verdes de luna
que pueblan
las noches de vida y misterio.
Vengo de
Omaña, cercana, amiga,
y llego a ti
hoy, tierra cepedana,
para
compartir contigo los ayes de la memoria,
lo mismo que
en Villameca compartimos las aguas.
¡Ay de aquellos
sentires y decires
con los que
nuestras gentes hilvanaban la vida!
¡Ay de
aquellas vacas de nombres sonoros
que abrían
los surcos con el sudor de los yugos!
¡Ay de
aquellos hombres de manos curtidas
que apuñaron
manadas de pan de centeno!
¡Ay de
aquellas mujeres de aguja y de fuego
que alumbraron festones y hogazas
y cocieron
patatas que burlaban al hambre!
¡Ay de
aquellas gentes que escuchaban los ayes
del cantar
de las fuentes, del susurrar de las ramas
y del
quejido nocturno de la cabrallouca!
¡Ay de aquellas veladas de filandones de huso,
y leyendas
de moras al borde del agua!
¡Ay de nuestros silencios!
¡Ay de nuestras soledades!
Los de unas
tierras holladas por pisadas serenas
que han arrastado
la intrahistoria de siglos…
Y siempre esperando
las gracias del cielo:
¡Será lo que Dios quiera!
Y lo que
Dios quiso ha sido…
Nuestros
pueblos son espejo de puertas trancadas
y de tejas,
que muertas, se van a la nada…
Pero, ¡ay!, aún
hablamos, aún nos quejamos…
¡Aún vivimos!
¡Y regamos
nuestras tierras de agua y poesía!
Y a ti,
Oliegos, llegamos otra vez los poetas,
con
cuartales de versos de luz y de vida.
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| Monumento en el lugar donde están los restos de Oliegos. Foncastín es el pueblo castellano adonde llevaron la población. Foto, 2025 |




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