domingo, 30 de junio de 2019

Alma de piedra


  


La Peña de la Fortuna hace unas cuantas décadas



Allí estaba ella, estática y silenciosa, al borde del camino. La llamaban Peña de la Fortuna.  Los caminantes  le arrojaban  piedras que herían su piel. Ella las atrapaba y las transformaba  en un rayo de ventura.

Pero, en esta ocasión, Fortuna no sintió el golpe… Ahora la embargó una nueva sensación: alguien la abrazaba invocando su nombre.

 ¡Fortunaaaa!

Su dura alma de piedra  se estremeció...  Quiso  devolver el abrazo, pero solo pudo atrapar el sonido de unos  pasos que se alejaban.  

Y en  aquel escobio, donde moraba, volvieron a reinar  el silencio y la soledad. Pero aquellas nuevas sensaciones la cambiarían para siempre... ¡Era algo más que una pena!

Lágrimas plateadas empezaron a resbalar por su cara.  Lágrimas que el  paisaje  iba tiñendo de verde, lágrimas que regaban  el camino de la esperanza. Lágrimas de esmeralda que  el río Omaña reflejaba en su espejo de aguas cristalinas.

¡Lágrimas de emoción!

Por fin, Fortuna había sentido las caricias de la gratitud.

Seguiría regalando fortuna, pero a partir de ahora no sería un testigo mudo. Su voz se oiría clara y potente:

¡Caminante, tira la piedra!





Escobio: garganta estrecha.







Estado actual de la peña de la Fortuna







Recital ante la peña de la Fortuna. 25/8/2018



Texto relacionado:

http://www.larecolusademar.com/2018/08/romance-la-pena-de-la-fortuna.html

     © Margarita Álvarez Rodríguez
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