jueves, 12 de enero de 2017

La mochila de los sueños


                                                                                             A todos los que han compartido conmigo la casa y el sueño de la educación

De la sana educación de la juventud depende la felicidad de las naciones. Don Bosco


Nuestra historia comienza un día ya muy lejano,  cuando una mochila tímida, ligera y soñadora traspasó la puerta de la casa de la educación. Iba cargada de entusiasmo, pero pesaban más en ella la inexperiencia, el miedo y la incertidumbre. Entró despacito  y, de forma expectante y silenciosa, se buscó un hueco entre los  varios cientos de mochilas con las que iba a compartir su destino.

Las había pequeñas, cargadas  de libros y cuadernos, decoradas con los colores de las    travesuras, del juego, de la alegría y de la ilusión por  aprender. Había  otras un poco menos lustrosas y más pesadas, llenas de experiencia, de sensatez, de conocimientos...

La nueva mochila dudó dónde situarse. Muy pronto,  las mochilas más grandes y abultadas la invitaron a ponerse a su lado. En su compañía, entró en un  aula. Todas las mochilas pequeñas se mostraban ansiosas. Querían saber qué contenía aquella nueva compañera que estaba situada en lugar destacado. 

Con respeto y curiosidad empezaron a acercarse a ella, y comprobaron que, bajo la apariencia de seriedad, de su interior emanaban utopías. Sueños alados que  pedían ser compartidos. Y poco a poco decidieron participar en ese juego de compartir sueños. Pero el juego de los sueños también requería compromiso,  esfuerzo y alguna decepción.

Pronto esa mochila austera y soñadora empezó a sentir cómo aquellas otras más pequeñas tímidamente se iban colgando de sus cinchas y le iban añadiendo   el peso de la responsabilidad. También le pesaban los libros, los cuadernos, los exámenes, el estuche... En algunos momentos la carga llegaba a ser tan pesada que temía que el desengaño y el cansancio se apoderaran de ella y, meditabunda y solitaria, se quedaba acurrucada en un rincón. Su soledad no duraba mucho, porque pronto algunas de sus viejas compañeras o de aquellas recién estrenadas se le acercaban y le prestaban sus hombros o sus manos para aligerarla. Entonces, sintiendo el calor de ese apoyo, recuperaba sus ánimos y volvía a cargarse, pero ahora  con el peso liviano de la alegría y la ilusión. Así, pletórica,   seguía acudiendo  día tras día a la casa de la educación.

Sin sonrisa no es posible demostrar amistad. D. B.

Fueron pasando  los años. Al inicio de cada  otoño, siempre se repetía el mismo ritual. Mochilas nuevas y juguetonas inundaban de colorido la casa de los sueños. Allí las esperaba nuestra vieja mochila que se volvía añosa  y descolorida. Su aspecto deteriorado la llevó a quedar relegada y olvidada en un rincón. Como la cremallera estaba rota y pesaba poco, parecía que estaba vacía y abandonada, pero alguien, antes de desecharla, tuvo interés por ver qué contenía. Habían desaparecido los libros, los papeles, las tizas…, pero no todo su contenido. 

Al sacudirla, apareció   la tela que recubría el interior  que, sorprendentemente, mantenía intacto su colorido. Sobre ese forro, letras de formas y colores diferentes  conformaban varias  palabras. Dos destacaban sobre las demás: alegría y amor.  Alegría que invitaba a seguir persiguiendo sueños, amor  que enseñaba  a compartirlos.

Sin cariño, resulta estéril toda educación. D. B.
Pero si se observaba con más detenimiento se veía otra palabra repetida muchas veces, de manera que  parecía un auténtico dibujo sobre la tela: 
gratitud, gratitud,  gratitud...

En realidad, nadie se había dado cuenta de que  la vieja mochila era reversible. Y  no, no estaba muerta. 


Le quedaba una segunda vida. Se le dio la vuelta y volvió a ser colocada entre aquellas que llegaban cada curso recién estrenadas y aquellas otras que se iban reciclando año tras año. 

Manos anónimas fueron volviendo a introducir en ella todo lo que algún día  había albergado en su interior y le había dado vida: vocación, responsabilidad, humildad, respeto, equilibrio, paciencia, cercanía, compromiso... Una pizca de sabiduría… Y grandes dosis de ilusión. 

Pronto volvió a rebosar vida y a teñirse  de color. Seguía estando en un lugar  ilusionante y luminoso: la casa de la educación.

¿Dónde mejor que allí podría tener la vieja mochila una vida jubilosa? Aquel era su hogar, porque  era, sin duda, el hogar de los sueños...
                                              

Tristeza y melancolía fuera de la casa mía. D. B.

Patio, polideportivo y pabellón de Primaria. Colegio Salesiano Santo Domingo Savio. Madrid


La buena educación es el germen de muchas virtudes. D. B.

Aula de Bachillerato




El árbol de los sueños...

"Tenemos recuerdos mi árbol y yo". A . Cortez

Hasta siempre...








13 comentarios:

  1. ¡Qué bonito, Margarita! 41 años de docencia en la historia de una mochila.
    Te voy a echar mucho de menos. Y a tus palabras que siempre estaban en los momentos importantes, las despedidas de compañeros o de tantas promociones de alumnos, los recitales de poesía... Y a tu sabiduría. Y a tus cuentos.
    Espero que esa mochila siga llena de sueños. Hasta siempre.
    Ana Dueñas

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    1. Gracias, Ana. Tus palabras, por venir de ti, son especialmente valoradas. Eres una gran profesora, una excelente persona y una buena amiga. Intentaré que algo de mí os sobrevuele cerca y, si no se ve por fuera, siempre estaréis en mi corazón. Los sueños no pesan, pero alimentan el alma. ¡A soñar!

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  2. Canteros del Viejo Reino
    tallaron en mil palabras
    la noble roca de Omaña
    y la erigieron al viento,
    verba volant. Mas al tiempo
    se encarnó en Savio lugar
    y sembró de libertad
    mil conciencias incipientes.
    Gracias por tus sueños siempre,
    larecolusademar.

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    1. Tus palabras agradezco,
      me producen emoción,
      pues tus versos han volado
      entre Madrid y León.

      De noble tierra de Omaña
      un día a Madrid llegué
      y de alumnos y palabras
      muchos años disfruté.

      Se ha cerrado ya una puerta
      eso me dice la edad,
      sigue abierta todavía
      larecolusademar.

      Muchas gracias por este comentario tan hermoso y poético, que rastrea mi vida. Podía ser muy bien una parte de mi biografía, pues fui hija de cantero omanés, soy amante de las palabras, que son los más valioso que poseo. he tratado de enseñar a mis alumnos y a mis hijos a ser críticos y sigo soñando...

      Siento no conocer tu identidad, Foteo, para darte las gracias de forma más personal. Un saludo soñador.

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    2. Un abrazo, Margarita. Fernando Oteo, prom. 1982

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  3. Margarita Muchas felicidades encontrarás en esa rica mochila cargada de un bagaje tan vivido de ilusiones, trabajo, esfuerzos y tantas cosas bonitas como como alumnos han pasado por sus aulas. Felicidades en los recuerdos. Felicidad en el descanso muy merecido. Muchos Besos

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    1. Muchas gracias, Julio, por tus buenos deseos. Que sigamos compartiendo ilusiones largos años.

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  4. Querida Margarita,

    Mi asignatura favorita siempre fue la literatura, y la razón evidente es que tuve dos maestras que plantaron y me enseñaron a regar la semilla de esta materia con todo corazón: Carmenchu, mi profesora de literatura y tutora en EGB y tú.
    Ni te imaginas las veces que te he nombrado, las veces que he contado a mis compañeros y amigos las suerte que tuve de tener una profesora como tú, que me inspiró tanto amor y pasión por las letras y las palabras. Gracias por poner en mi mochila algo que me ha regalado tantas satisfacciones en mi vida.
    Tengo tantos recuerdos nítidos de tus clases y enseñanzas casi 20 años después de que sucedieran... Te recuerdo vívidamente frente a la clase, con tu bata blanca y tu pelo corto... tu voz la tengo grabada, casi 20 años después.... Recuerdo perfectamente el día en que me enseñaste a hacer una plica, y recuerdo recordarte la primera vez que hice una al presentarme a un concurso de poesía, no hubo más, pero ese momento fue clave más por el trasfondo que por el papel.... "Margarita confía en que me puedo presentar a concursos" pensé, y esa confianza me animó y motivó a seguir escribiendo, hasta hoy.... Recuerdo la luz anaranjada cayendo sobre tu pelo, en el salón de actos, preparando aquel recital de poesía, y una vez más tus actos y palabras como un jarro de agua clara regando la confianza y el amor por las letras, por la poesía y por mi misma...
    Gracias, gracias, muchas gracias, por el amor, por la ilusión, por los sueños, por la confianza.
    Ahora sin duda es momento de júbilo, porque sin duda, miles de semillas han germinado, florecido, y echado raíces gracias a ti en todos tus años de enseñanza. Un abrazo enorme y mi agradecimiento eterno,
    Amanda.

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    1. Amanda, tu texto me ha dejado sin palabras. Me maravilla que tengas tantos recuerdos. Aunque yo también recuerdo muy bien tu voz dulce en aquel poema de Bécquer: "Es el amor que pasa". Después de aquel recital hubo muchos más. Incluso aquel lo repetimos diez años después, con mayor montaje de música, imágenes y luz... Y también les encantó. En esa segunda ocasión, incluimos también poemas escritos por los alumnos. Muchas generaciones de adolescentes han aprendido a amar la poesía y a aumentar la autoestima, como te ocurrió a ti. Hasta 70 personas han participado en algunos recitales. ¿No tendrás por casualidad alguna foto de ese recital?

      Con tu permiso, usaré esta preciosa carta para hacer un recordatorio de esos recitales.

      Muchas gracias. Tú también estás, y de manera notable, en esa mochila de los sueños... Que los sueños te sigan alimentando el alma por los caminos del arte. Los míos se alimentarán de tanta gratitud y cariño como estoy recibiendo en estos días. Me quedo con vosotros..., os vais conmigo. Besos.

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  5. Poco puedo decir de lo mucho que me has aportado en una etapa difícil de mi vida. Margarita, siempre serás mi "profe" de Lengua y Literatura, y de las mejores profesoras y profesores que jamás he tenido y al cual un alumno pueda acceder. Y aún espero poder disfrutar de tu sabiduría, quizá un día con un café. Muchas gracias Margarita
    Raúl de Diego

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    1. Muchas gracias, Raúl. Tú también estás dentro de la mochila de los sueños. Y si alguna vez en la vida vieras que los sueños escasean, echa mano de esa mochila. Simplemente siempre amé lo que hacía y, por ello, traté de hacerlo bien. Mi felicidad también estaba en ese empeño. Ha valido la pena por toda la gratitud que estoy recibiendo. Ya sabes que tengo colgado sobre mi escritorio "nuestro" Quijote, en él veo tu arte y tu nombre todos los días. Es imposible que te olvide. Los caminos del arte te llevarán a buen puerto... "Adelante, siempre adelante", decía un personaje de Marianela... Pues ESO.

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  6. Enhorabuena Margarita por tu próxima jubilación!
    Me ha agradado mucho disfrutar de este relato y recordar los análisis de poesía y textos literarios...
    Aunque los años me llevaron a trabajar en ingeniería, de algún modo, hace 5 decidí cambiar a la docencia lo que me reporta muchas alegrías y no pocos disgustos...pero compensa.
    Sigo leyendo mucho y encuentro siempre refugio en la lectura, entre otras cosas, gracias a ti.

    Un abrazo de Álvaro Núñez Díaz (fui alumno tuyo de segundo de BUP en 1998...

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    1. Muchas gracias, Álvaro, por valorar mi cuento (más bien memoria autobiográfica) y por recordar mis clases. Me alegro de que también tú hayas entrado en la casa de la educación. La docencia tiene muchos sinsabores, pero también hermosos momentos. Yo he "sobre-vivido" 41 años y he seguido soñando y amando lo que hacía hasta el último día. Que tu mochila esté siempre llena de sueños. En mi mochila estás tú y muchos miles de alumnos más. Pero toda la gratitud que he recibido no cabe en ninguna mochila. Si quieres lo que haces serás feliz. Un abrazo.

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La Recolusa de Mar por Margarita Alvarez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.