viernes, 29 de junio de 2012

El ansiado verano leonés


        En los meses de julio y agosto, coincidiendo con el verano, los omañeses volvemos  a nuestra tierra. Por las calles pindias, caleas,  recolusas  y plazuelas de nuestros pueblos se vuelve a oír el jingrio de los rapaces. 

Ya estamos a  “sesenta de mayo” y ya  podemos empezar a  quitarnos  el sayo en la montaña leonesa. Aunque a los leoneses nos ofende poco el jersey, porque el verano es corto; dura un día, según el refrán: el verano en la montaña empieza en Santiago y termina en Santa Ana. A pesar del refrán, con el verano, a las tierras omañesas llega, por fin, el calor. Incluso hay días en que hace una calor o un calorón muy grande y se procura no andar a la fuerza el sol para no coger una soleadura. El río Omaña, en sus pozos y puertos, se prepara para que los atrevidos metan su pies y cuerpos en el agua, y compartan con  sus buenas truchas la friura que les obligará a salir pronto para no sentirse arrecidos. 

Pozo del Piélago (Paladín)

Gracias a la frescura del río y a la abundante vegetación de las plantas (chopos), los alisos, los negrillos, las cerezales, las nogales… a la tardecina baja bastante  la temperatura   y  ¡vien un buen fresquín…! 

Y cuando llega la noche, siempre está bien tener a mano el cobertor, porque las noches pueden ser frías ya que  en nuestro verano está presente el urbayu e incluso hay días de  fuertes pelonas que a veces queman los frutos… 

Los cielos suelen ser de un azul transparente en los meses de verano, pero algunos días  se pone el sol en medio de nubes bajas y resplandece de forma rojiza por entre ellas. Entonces decimos que se peinan las gallegas y que al día siguiente hará calor.  A pesar de ello, también hay  días anublaoscaniculaos, amarañaos o días que se quedan  en suspenso. Estos  cambios pueden desembocar en tormenta y entonces viene la nube, que da tronidos, relampa,   y hace  colubrinas  en el cielo, e incluso puede caer una  chaparrada o un chapuzo o, en el peor de los casos, la nube mala trae piedra que destroza la cosecha.

Y entonces los omañeses  rezan para espantar la nube:

Tente, nube, /  tente tú, / que Dios puede / más que tú. 

Tente, nube, / tente palo, / que Dios puede / más que el diablo.





Un día de tormenta en el Valle de Samario


Otras veces  se acude a  Santa Bárbara:

                            Santa Bárbara bendita,
                            que en el cielo estás escrita,
                            con papel y agua bendita.
                            Santa bárbara doncella,
                             líbranos de aquella centella,
                            de aquel rayo mal airado,
                            Jesucristo Sacramentado,
                            en el ara de la cruz,
                            Pater Noster,
                            amén Jesús.

      En el mes de julio, en Omaña, no suele llover, salvo que sea de tormenta, pero si lo hace, la lluvia puede ser persistente, ya que si llueve por Santa Ana, llueve un mes y una semana. Si la lluvia llega en agosto, favorece a la vid y perjudica  a las colmenas, que están preparadas para que sea catada la miel: agua en agosto, poca miel y mucho mosto.   Y, en agosto, ya se sabe: agosto enfría el rostro.  Y con ese rostro refrescado, nos llega septiembre que nos trae  a veces el calor que no nos acompañó en  agosto, y acentúa la sequía, o  es mes de grandes tormentas. Por eso se dice en la tierra que  septiembre, o seca las fuentes, o lleva las fuentes  (los puentes).  Pero en ese mes, en general, el verano amenaza con irse y empieza a ser necesaria la ropa de abrigo. Septiembre, el que no tenga ropa que tiemble.

Pero con la bufina o la calor, con la friura o con la farona, ojalá los omañeses sigamos volviendo a nuestros pueblines, sigamos disfrutando de su paisaje y fundiéndonos con su paisanaje, y  aprendiendo de  esa sabiduría que expresan sus  gentes en eso que ellas llaman chapurriau…, pero que es,  en realidad, lo que pervive del leonés expresado en la bella y  expresiva fala omañesa. En ella  reconocemos la historia de nuestra tierra.

                         ¡Buen verano leonés!




Valle de la Omaña Baja



Texto basado en el vocabulario recogido en el libro  
 "El habla tradicional de la Omaña Baja" de Margarita Álvarez Rodríguez





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