A 87 años de la muerte del poeta, en la pensión Quintana de Collioure y en un 22 de febrero lluvioso, evoco su vida y su legado poético con unos cuantos versos suyos (la mayoría de Soledades) entreverados con algunos versos míos...
Soledades machadianas
(Los versos en negrita y en azul son del poeta)
Es
una tarde cenicienta y mustia…
¿Qué
buscas, poeta, en el ocaso?
Evocas aquel
patio sevillano,
ungido con
el zumo de limones
que regaron
los sueños de tu infancia…
Yo voy
soñando caminos de la tarde…
Evocas tu
escuela madrileña,
unas aulas
de ciencia y libertades…
Allí el
maestro un día
soñaba un
nuevo florecer de España.
Allí aquel
Giner de socrática presencia
se transmutó
en Abel Martín y el gran Mairena…
¿Qué buscas poeta, en el ocaso?
He andado
muchos caminos
He
abierto muchas veredas…
Evocas aquel
París de los cisnes y las hadas
y tus versos de nostalgia rubeniana,
teñida de
luz de ocaso en tardes mágicas.
Y en Soledades
ritmaste las notas de tu alma.
La tarde
todavía
dará
incienso de oro a tu plegaria…
Por los
campos de Soria yerra tu espíritu,
el Duero
allí rocía de agua tu mirada.
Entre los
álamos de oro,
lejos, la
sombra del amor te aguarda…
El amor
empapa tu vida y tu poesía,
en días
cuajados de dolor y de esperanza,
pero la
muerte, sin piedad, te
arranca el alma.
Allá, en el
alto Espino, donde ella reposa
cae ahora la tarde arrebolada.
El sol murió. ¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?
Evocas tu
vuelta a las tierras andaluzas,
triste,
cansado, pensativo y viejo.
Baeza
te acoge en su regazo
y despierta
tu sangre jacobina
y tu verso
se simplifica y se sincera.
Allí Soria está contigo,
porque es
fuente en que brota la añoranza…
El alma
del poeta
se orienta
hacia el misterio.
Solo el
poeta puede
mirar lo que
está lejos
dentro del
alma, en turbio
y mago sol
envuelto.
Y el cielo
segoviano es fiel testigo
de tu
regreso a la tierra castellana…
Con un
perfume de jazmín el viento
te anuncia refulgentes primaveras
irisadas de ecos y de magia,
y nuevo amor que
en tus versos aletea.
Tu poeta
piensa en ti
(…).
Conmigo
vienes Guiomar
nos sorbe la
serranía.
El sol murió. ¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?
Pienso en España, vendida toda,
de río a río, de monte a monte, de mar a mar.
Mataron a
Federico
cuando la
luz asomaba…
Y los
desterrados camináis en busca de una patria,
vacías las manos
y cercenadas las raíces.
Huís de los
fantasmas de la guerra
por
caminos erizados de venganza…
La tierra se
desgarra, el cielo truena…
Y, mientras, tu hálito de vida ya se apaga.
Está la fuente muda,
y está
marchito el huerto,
hoy solo
quedan lágrimas para llorar.
No hay que
llorar. ¡Silencio!
Y silencioso y
ligero de equipaje,
llorándote la lluvia de otro febrero
y
alumbrándote el color una bandera,
inicias el
último viaje
en la nave
que te conduce a la otra ribera.
El sol murió. ¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?
Dormirás
muchas horas cada día
sobre
la orilla vieja
y
encontrarás una mañana pura
amarrada tu
barca a otra ribera.
Pero
seguirás habitando entre nosotros,
porque la
palabra machadiana
desde
Collioure aún resuena clara:
(…) hacedme
un duelo de
labores y esperanzas.
Sed
buenos y no más, sed lo que he sido
entre
vosotros: alma.
©Margarita Álvarez Rodríguez, 22 de febrero de 2026
![]() |
| En la tumba del poeta. Collioure, 2017 |



No hay comentarios:
Publicar un comentario