domingo, 28 de enero de 2024

Reseña de "La flor del esparto", de Ana Ortega Romanillos

 Poemario

87 páginas

Ediciones Vitrubio. Poesía Tatoo


Ana Ortega Romanillos es natural de Alcolea de las Peñas, un pueblo de Guadalajara, aunque ha realizado su vida profesional en Madrid. Es poeta de  larga trayectoria, pues tiene publicados ya más de una docena de poemarios. Además,  es también promotora  cultural en distintos ámbitos, especialmente en lo referido a recitales de poesía.

Ana Ortega nos presenta ahora  un nuevo poemario titulado La flor del esparto. El título nos remite ya a esa naturaleza tan inspiradora  siempre para la poeta, como ya ocurría en poemarios anteriores, tales como Perfiles del agua,  Tréboles refulgentes… Tomo de la cubierta posterior del libro una frase que me parece significativa, porque tiene mucha relación con la concepción de la poesía que tiene Ana Ortega. “Pocas amistades tiene un poeta como la naturaleza, pocas, como el mar, el campo, el silencio nocturno, cualquier luna que sea espacio de soledad”. Y es que el  mar, el campo, el silencio, la luna, la soledad… son piedras angulares de este poemario. Evoco a mi tierra de dorada parva / con versos sonoros / tierra roja de brezo y jara, confiesa la poeta.

Los poemas se agrupan en dos partes bien diferenciadas, aunque también  presentan   unos cuantos elementos comunes: la primera se titula Volver al mundo real y la segunda, Incertidumbre global en tiempos de pandemia.

La poesía de Ana Ortega podría inscribirse, en general, en la llamada poesía de la experiencia. Son esas vivencias que vive la poeta al tender la mirada sobre el mundo que la rodea las que inspiran sus versos. Sigo la estela de la poesía / y la pongo en mi vida diaria, manifiesta en el poema Vuelan recuerdos. Y esa poesía surge a veces a partir del silencio y  la soledad. Precisamente en un poema con ese título nos dice: Soledad buscada de los poetas, / en este estado la poesía es suspiro, es lamento / es la voz del mundo, / un mismo idioma, / a veces los mismos sueños.

En sus versos aparecen constantemente elementos del mundo natural, del mundo rural: relinchos de los caballos, molinos, campos de maíz,  el trabajo del esparto de las mujeres... También están presentes  personajes vinculados a ese mundo, como los arrieros, los segadores, los labriegos…  En general, es un paisaje de quietud.

Se repiten momentos o situaciones que son propicios para el recuerdo y la nostalgia: la caída de la tarde, la noche, la luna… Y es que  la nostalgia es la línea conductora del poemario. Y esa  nostalgia en algunos poemas se transforma en dolor: detrás de las puertas /  navega el dolor, llora el alma. El recuerdo la lleva a un mundo donde anida la verdad y el misterio, que la autora transforma en materia poética.

El mar es  también lugar de calma y de nostalgia y lugar de encuentro con la persona amada  en una  amalgama  / de miradas  y abrazos. El amor es otro de los temas del poemario, pues  la poeta invita al amado al encuentro amoroso y pasional que refleja con alusiones a la naturaleza y con el símbolo del fuego o  la llama.  Te cobijaré en mi fuego, dice en el poema Agua de venero. La persona amada parece trascender lo humano y elevarse a un amor plenamente místico, como refleja el poema Tus manos en mis manos, en  que la autora parece fundirse con el amado en un éxtasis: Soy esencia de tu esencia (…)  Abre tus brazos a los míos y todo será uno. La poeta  tiene en su haber un poemario de poesía mística: Alba desnuda. En varios poemas de este poemario  aparece su ansia de búsqueda de ese amor perfecto del que dice: abrazo tu esencia...

En los versos de Ana  Ortega también está presente la luna, una luna inspiradora y que también es marco de la nostalgia: La luna me rige… / me inspira / como violín que muestra sus cuerdas / en haces de luz. Y en otro poema: Bajo el imán de la luna / hoy pregunto a mi yo. Esa luna nos recuerda a la luna  lorquiana, una luna testigo y a veces una luna trágica. A Federico García  Lorca, precisamente, le dedica un hermoso  poema El duende de Federico, que es una auténtica elegía al escritor granadino, y  en él, ¡cómo no!, aparece  la luna lorquiana.  En ese mundo de nostalgia también alude con frecuencia al silencio y la soledad que sirven de inspiración poética. Otro elemento poético es el agua, en forma de río, venero, fuente, torrente… El agua es vida y luz: luminoso cenit. Uno de los poemas se titula Quisiera ser agua. ¿Es acaso en su poesía un símbolo de la fe? El agua sacia mi alma, asegura la poeta.

Los poemas de la segunda parte están inspirados en los días de zozobra y dolor vividos en la pandemia. Nos habla de sueños perdidos: las ilusiones se apagaron. Sigue presente la nostalgia, pero a ella  se añaden  la incertidumbre, el dolor, la angustia. Y, precisamente,  el dolor hace que la autora vuelva a refugiarse en la nostalgia.  Ansía el olvido y evoca  otros veranos llenos de flores, de luna  y de tréboles refulgentes, pero carentes de abrazos y despedidas. El confinamiento  es un tiempo de silencio impuesto en que la melancolía nos habita  y la luna domina las sombras. Pero, a pesar de todo aparece la luz de la esperanza  y la solidaridad, como ciega voluntad de lucha y también la fe religiosa   y el refugio en la naturaleza. Ante esa zozobra  que produce la pandemia la poeta  acude a refugiarse en los recuerdos y se deja envolver por el aliento de lumbre del amor.

El léxico está en consonancia con los temas tratados en sus poemas. Se repiten palabras y expresiones relacionadas con el pasado y la nostalgia: el pasado, lo antiguo, el recuerdo, los ancestros, eternas nostalgias,  tiempos pretéritos, antiguos caminos, rumor del pasado… A veces los títulos son alusivos por sí mismos al tiempo pasado. En la segunda parte aparecen muchas palabras relacionadas con el sufrimiento: dolor, incertidumbre, luna, cipreses, oscuridad…

Ana Ortega utiliza con soltura   un lenguaje poético bastante elaborado.  Son poemas muy plásticos en los que juega  con  bellas sinestesias mezclando sensaciones distintas o sensaciones y sentimientos: Sinfonía de flor.  En  mar de ritmos / y de fragancias embrujadas. Dulce llamada. Luz de ausencias.  Es bellísimo el poema titulado Paseo por la Alhambra por esa plasticidad de la que hablamos y por su emotividad. En él aparecen versos como estos: La noche es azul / es tibia, es clara/ llena de aromas y sonidos / de las aguas que cantan. No faltan tampoco elaboradas metáforas, en ocasiones transformadas en símbolos: Bebo en el río de tus ojos… Un oasis nace en tu alma… Flotan estrofas. Trenzabas primaveras… También personifica con frecuencia elementos de la naturaleza o sensaciones: En la tarde vociferan los jazmines. Escucho los latidos del tiempo. Se durmió la primavera. Danzan mis versos como resonancias de mi infancia… Y,  no sabemos si de forma buscada o por mera  intuición poética,   nos sorprende con   aliteraciones de sonidos como la s y las nasales: tiempo de nuevas miradas… tiempo de encontrar algo de magia…

Desde el punto de vista métrico usa, en general el verso libre, aunque  en ellos se reconocen a veces los octosílabos.  Hay variados elementos rítmicos, los más frecuentes  son el paralelismo y las repeticiones de palabras: Hoy la luna me observa / hoy la luna me llama… En esas repeticiones encontramos, en ocasiones,  versos bimembres: crepitan veranos, rugen inviernos  y también  contrastes entre los elementos que indican movimiento y los  que sugieren quietud.

Como ya he dicho más arriba, la nostalgia es el eje temático del poemario. Es el  sentimiento que cruza todos sus poemas: La génesis de mi poesía está en / el pasado y mi melancolía. Detrás de esa nostalgia está el paso del tiempo, pues nos consume la vida. En la primera parte,  se evoca ese pasado  relacionado con la naturaleza como lugar de sosiego y belleza y en la segunda, como una necesidad de huir de un presente agónico: el de la pandemia.

Pero, a pesar de ello, ráfagas de luz, de sosiego, de esperanza y  de solidaridad  iluminan todo el poemario: el agua es luminosa o  iridiscente, los tréboles refulgentes, las luces calladas,  hay vergeles en medio de la noche  Y esa luz ilumina la vida, aunque sea en el recuerdo. Disfrutamos, pues,  en  La flor del esparto, de la luz de los poemas de Ana Ortega Romanillos,  como lo hemos hecho de sus anteriores poemarios.


©Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga

Enero de 2024


 

Madres que alumbran palabras (1)

 

            De madres y mamás

"
"Maternidad» de Castorina. En Astorga (León, España). Foto tomada de MasticadoresFEM

           En artículos anteriores hablábamos de mujeres, féminas y hembras. Vamos a comenzar  a hablar en este artículo de lo relacionado con la maternidad como atributo femenino, pero desde un punto de vista meramente lingüístico: el de la relación entre mujer (madre, en este caso) y lenguaje.

            Partimos, por tanto,  de la palabra madre. El vocablo español madre procede de la palabra latina mater, -tris, con el mismo significado. Con ligeras variantes fonéticas,  es común a muchos idiomas europeos, lo cual induce a pensar que proceda de una lengua o tronco común que suele llamarse indoeuropeo. Con la misma raíz, y  a modo de ejemplo, tenemos  en otras lenguas románicas: mãe, en portugués; mare, en catalán; madre, en italiano;  mère, en francés… En la rama germánica: mother, en inglés; moder, en sueco… Y en la eslava: matka, en polaco; maika, en croata… Méter, en griego...

            Es curioso que la primera lengua que aprendemos los seres humanos para comunicarnos  en nuestra infancia se  llame precisamente lengua materna (también madre, natal o nativa). En las comunidades primitivas, en general, era  la madre la encargada del cuidado de los hijos y del hogar mientras el padre salía a buscar el sustento ─aunque sabemos que no en todas las sociedades ha ocurrido así─, por ello, los infantes se movían, casi siempre, tanto en el hogar como fuera de él, en torno a la madre y  aprendían de ella  el idioma. Conviene recordar que  infante procede de  infans, infantis, que a su vez está formada por el prefijo negativo in- y el participio presente del verbo fāri, hablar. Es infante, pues, en sentido general y etimológico, el que aún no habla.

            Aunque lo habitual es que  a la lengua primera que aprendemos le llamemos materna, no siempre ha sido así. En la Roma imperial,  a la lengua materna se la llamaba patrius sermo. Era, por tanto, la lengua del varón. Y conviven en nuestro idioma el adjetivo materna,  con la palabra patria, sustantivo o adjetivo, según los casos, que procede de pater, aunque hoy, sorprendentemente, sea una palabra femenina: patria potestad,  patria chica, madre patria... 

            Comparten el mismo lexema que la palabra madre unas cuantas palabras más de uso común. La más notable es maternidad, que es la que define  la propia condición de madre y también denomina el lugar donde se atiende a las parturientas. De la maternidad ha hablado la sociología, la psicología, la religión, la literatura... Recordamos, en literatura, a Gertrudis, la  protagonista de la  Tía Tula, de Unamuno, aquella mujer que entrega su vida al sacrificio para satisfacer su ansia de maternidad y, así, cuidando a sus sobrinos, se convierte en una virgen madre.  La maternidad frustrada  está asimismo presente en el sufrimiento que vive  la protagonista de La Regenta, de Clarín. Miguel Hernández nos hablaba del vientre  luminoso de Josefina Manresa mientras acogía al hijo de ambos, en aquellos hermosos y esperanzados versos: Menos tu vientre / todo es oscuro / menos tu vientre / claro y profundo.

        De madre, también procede comadre, que en su origen era sinónimo de partera y, en otras acepciones alude a  una  vecina con la que se tiene especial confianza o a la madre del ahijado de una persona, aunque también tenga una connotación peyorativa en el significado de alcahueta o celestina. Y de comadre proceden las palabras comadrón/na, con el mismo significado que comadre o partera, pero referido a personas más especializadas en la  atención a las parturientas. Esta palabra deriva de conmāter, -tris, que en latín significaba madrina, si bien, en español, hoy madrina es palabra distinta de comadre.  También matrón y matrona.  De  madrina, han surgido derivados como amadrinar, amadrinamiento, madrinazgo. Con sentido despectivo usamos las palabras mamimis, enmadrado/da y  madrero, para calificar a algún bebé que siente un apego desmedido por su madre. Y, por el contrario, para ponderar a la madre muy entregada, usamos la palabra madraza.

       Con madre tienen relación, asimismo, a través de la palabra latina mater, palabras como matriarcado o matriarca. En ambas aparece la etimología latina de madre y el sufijo griego alusivo al poder. También matricidio, que nos habla de dar muerte a la madre, y  matrimonio. Esta última palabra se asocia a madre, porque en el acto del matrimonio la mujer casada recibía el reconocimiento oficial de que podía ser la madre de los hijos del hombre con el que se casaba. De mater, a través de matrix,  proviene matriz. Y  relacionada con ella está la palabra matrícula, en el sentido de  ser el origen de algo.

             Otras palabras llevan también el lexema madre: madreselva, una planta trepadora de flores muy olorosas,  madreperla, molusco con concha donde se cría una perla de la que se obtiene el nácar,  madrecilla,  una huevera de las aves; madreclavo, clavo de especia que ha estado en el árbol dos años; madrejón,  cauce seco de un río; madrediosino, gentilicio para quien procede de Madre de Dios, departamento de Perú. Hay que recordar también que se usa el tratamiento de respeto de madre o hermana en las órdenes religiosas femeninas.

            Como forma familiar de la palabra madre usamos mamá, con algunas variantes: ama, mami, ma… Esta palabra procede del latín mamma, que significaba mama o teta, con pronunciación llana (mámma), y así se mantuvo hasta el siglo XVIII. Con la llegada de los Borbones al trono de España y el afrancesamiento general de la sociedad española, la palabra se convirtió en aguda (mamá), por influencia del francés. Esta forma se ha impuesto en el uso culto del idioma, aunque en la lengua popular y rural convive con la forma llana mama.

            En España, mamá, en lugar de madre, se suele usar en la lengua coloquial. Vayan  algunos ejemplos. Me recoge mi mamá, frase utilizada en conversaciones entre niños pequeños. Quiero hablar con tu mamá, usada cuando un adulto le da un mensaje a un niño para su madre. Díselo a mamá, frase  dicha en el seno familiar entre los hermanos y hermanas o por el marido referido a su esposa. También hay maridos que llaman a su esposa habitualmente mamá. Fuera del núcleo familiar y entre adultos la forma habitual  de llamar a la progenitora es madre.

            Según el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), en América se usa de forma generalizada mamá para referirse a la madre entre interlocutores adultos. Como diminutivos, tanto en España como en Hispanoamérica, se usan las formas mamaíta y mamita, esta última  más extendida en América. En México, en cambio, es más frecuente  la variante mamacita. Y en el norte de España, en el ámbito del asturleonés, es de uso frecuente el diminutivo afectivo mamina, que también forma parte de una expresión  para manifestar  miedo o asombro: ¡Ay, mamina!

            La palabra mamá tiene la misma  forma o formas  muy parecidas fonéticamente en muchas lenguas, lo cual puede tener una explicación lingüística, pues mamá, lo mismo que papá, son palabras formadas por la repetición de dos sílabas (ma-ma, pa-pa) que son fáciles de pronunciar para un bebé por estar formadas por sonidos labiales y la vocal abierta a. Y somos las personas adultas las que aprovechamos esas sílabas que pronuncia el bebé sin significado concreto  y le enseñamos a identificarlas con sus personas de referencia.  Esto explica que no solo se utiliza esta palabra u otras de fonética similar en idiomas europeos, sino en lugares muy lejanos como en  el coreano (omá/apá) o en el idioma quechua, en que ya se usaba la palabra mama, antes de la llegada de los españoles. De esa palabra procede la expresión Pachamama, que significa madre tierra, una diosa que veneran en la zona andina y que está asociada a la maternidad. En muchos países americanos se venera a  la Pachamama y se le hacen ofrendas de alimentos.

            Como se ve, la palabra madre y otras concomitantes dan mucho de sí para seguir alumbrando palabras y expresiones. Aquí, en Palabra de Mujer.

Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga

Artículo publicado inicialmente en MasticadoresFEM

De madres y mamás (1)

             

martes, 16 de enero de 2024

Pasa la vida... Queda el vivir

 





Pasa la vida… Ladrona de minutos,

nos hace perseguirla sin pausa…

Y ella corre…  Y es más rápida…

Y, entre niebla huidiza, se desvanece.

Nos arrebata la edad,

pero  nos deja el eco del vivir,

esa sinfonía de instantes

que vamos exprimiendo con gozo.

Un vivir del que nos apropiamos,

que moldeamos, que compartimos…

Un vivir en nosotros…

Un vivir con los otros…

Un vivir que anhela el secreto de la sabiduría:

del saber que no sabemos…

Y, en pos de ese secreto, se nos  va consumiendo la vida.

Pero el vivir es cosa nuestra…

Podemos seguir la senda oscura de la amargura

o   buscar el venero

del que brotan  cada día  manantiales de luz,

como esa sonrisa clara que ilumina  los rostros,

como esos sueños azules que envuelven el alma,

como esas palabras  y gestos sinceros

que van  y  vienen    del tú y el yo al nosotros…

En ese vivir, desde nuestra nadería,

somos uno y somos todos.

Juntos observamos  el mundo,

con mirada atenta, con oído presto…

Porque juntos vivimos.

Porque juntos sobrevivimos.

Porque juntos… 

deberíamos hacer habitable el vivir del otro.


© Margarita Álvarez Rodríguez

©Foto: T. Álvarez Rodríguez 

En el día en que cumplía años... 16 de enero de 2024


viernes, 5 de enero de 2024

Reyes: contrastes de alegría y dolor

 



Niños que vivís en un mundo 

teñido de espanto,

que buscáis abrazos  y sonrisas de vida,

en medio de paisajes pintados

de sangre, desolación y llanto,

sin agua, 

sin comida, 

sin hogar, 

sin familia,

entre la muerte y el desconcierto;

os faltan respuestas, os  sobra dolor.

Aquí, del lado de acá de las guerras,

otros niños dejan zapatos  en la ventana

para  que, en la noche,   

iluminen sus sueños,

para que los Reyes  los llenen de magia

y florezcan al alba.

Pero vuestros zapatos, 

los únicos zapatos,

han dejado desnudos vuestros pies,

porque,  como vosotros, 

han sido heridos de muerte…

Los  camellos no pueden avanzar por las ruinas.

Y aquel peluche blanco, 

inocente  y amoroso,

compañero de ilusiones y llantos,

está perdido, como vosotros,

en medio de la desolación de la guerra.

Eráis niños… 

Pero os han robado la infancia:

el derecho a la alegría y a los sueños.

Vuestros reyes, los reyes de la guerra,

os han  robado la paz.


5 de enero de 2024. Noche de Reyes


©Margarita Álvarez Rodríguez


Imagen: Pixabay.com

martes, 19 de diciembre de 2023

De mujeres, féminas y hembras (y III)

 

                           


            Después de haber abordado en dos artículos anteriores los significados y  las connotaciones peyorativas que adoptan en español las voces mujer y fémina, en este vamos a pararnos en la palabra hembra, usada como equivalente a  mujer, en correlación con la palabra macho, como equivalente a hombre.

            La palabra hembra ─voz patrimonial derivada de femǐna tiene hoy en nuestro idioma una connotación más negativa que fémina,  referida a la mujer, porque parece que de  alguna forma la animaliza. No ocurría así  hace años cuando era habitual decir frases como tengo tres hijos: dos varones y una hembra, para especificar el sexo.  O se decía, a modo de anuncio, cuando nacía un bebé  en una maternidad: es un varón o  es una hembra. Simplemente marcaban el sexo biológico. El uso de la palabra hembra era más frecuente en el lenguaje rural que en el urbano, y no resultaba chocante.

            Sorprende, no obstante, que   la  lengua  española tenga dos términos diferenciados para el masculino: macho, que se refiere al sexo biológico del animal,  y varón, al del hombre. En cambio, en el caso  del femenino, hembra se refiere al mismo tiempo al animal y  a la persona. Aún se puede oír a algunos hombres una expresión,  usada a modo de piropo, pero que cosifica a la mujer: ¡Vaya hembra! Es evidente que en esa frase solo se valora el aspecto físico y sexual de la mujer.

            No hace muchas décadas, al rellenar formularios con datos de tipo personal nos proponían la selección entre las letras M/H o V/H para señalar el sexo: macho/ hembra o varón/hembra, respectivamente. Felizmente,  mantenemos las letras M/H, en la actualidad,  pero han sufrido un notable cambio  en su significado, porque  las asociamos a mujer/hombre. Ese cambio se produjo por un decreto de 1993. Hoy también encontramos en los formularios las abreviaturas M/F, equivalentes a masculino/femenino. Aquí sí que, con la misma abreviatura,  hemos reinterpretado el contenido: hemos dado la vuelta al lenguaje.

            Desde el punto de vista biológico la palabra hembra, igual que macho, es una designación objetiva. Sin embargo, las palabras, usadas por los hablantes, adquieren connotaciones de tipo social, además de  una valoración subjetiva, que sumamos a su significado objetivo.

            Si echamos una ojeada al Diccionario de Autoridades para consultar la voz macho encontramos que se habla de animal de sexo masculino, pero, como algo curioso,  aparece,  en otra acepción, el significado de tonto o necio. También  la expresión macho cargado de letras para calificar al “hombre que es muy docto en su facultad y es inútil para toda otra cosa”.  En cuanto a hembra, con el significado de mujer, aparece esta acepción: “El sexo que concibe, el animal que engendra en sí, tanto de los racionales, como de los brutos”.

            Si buscamos los términos  macho/hembra en el Diccionario  de la Lengua Española (DLE), nos encontramos con que las dos primeras acepciones de la palabra macho son: 1. Animal de sexo masculino. 2. Mulo.  Si hacemos lo mismo con la palabra hembra, las dos primeras acepciones son: 1. Animal de sexo femenino. 2. Mujer.  El primer significado es equivalente en ambos casos, pero en el segundo hay una notable diferencia, pues se identifica hembra con mujer, sin embargo, no se  hace lo propio entre macho y varón. Ante este hecho  la tentación más fácil es  culpar a la RAE de una supuesta manipulación o antifeminismo.  Sin duda, la RAE en muchos casos podría aquilatar mejor las definiciones  y hacer otras cosas en pro de la paridad  ─hablaremos de ello en artículos venideros─, pero en este caso simplemente refleja el uso que hacen los hablantes ─que esa es la labor de un diccionario─, y un diccionario debe recoger lo que esté en  uso en el habla de un momento determinado  e incluso mantenerlo cuando deje de usarse indicando que es un arcaísmo o una voz anticuada. De no ser así, el diccionario no nos serviría para interpretar los textos del pasado ni tampoco algunos del presente.

            Si decíamos en el artículo anterior que la palabra feminismo es usada de forma peyorativa por parte de algunos hablantes, es seguramente más peyorativa la palabra machismo.  Y hay otros usos de la palabra macho que también lo son. Pensemos en las expresiones: se cree muy macho, presume de machote o de  machito, es un  macho alfa…  Son términos peyorativos vinculados a las voces macho y machismo. A partir de la palabra macho, ha surgido, en los últimos años,  el neologismo  micromachismo(s), forma de machismo que se manifiesta en pequeños actos, gestos o expresiones, habitualmente inconscientes. Y no podemos olvidar algunas palabras o expresiones con claros   tintes machistas, como machada u hombrada,  cuando se usan en el lenguaje deportivo para calificar una proeza deportiva realizada por una mujer. Es una forma de resaltar que ese logro  no es propio de  mujeres, sino de hombres. 

            Para cubrir  un  hueco semántico y buscar una palabra equivalente, de sentido antónimo a la del machismo, ha surgido en el idioma el término hembrismo, voz correcta por derivación  en cuanto a su formación  lingüística, pues sería la prevalencia de las mujeres sobre los hombres. Curiosamente, en lo lingüístico, tenemos “ventaja” las mujeres, pues  hembrismo, no surge de una palabra que, en su origen,  tenga matiz peyorativo,  ni se usan expresiones  análogas a las masculinas como podría ser *es muy hembra… Aunque, como hembrismo  es un vocablo usado con frecuencia como sinónimo de misandria ─odio al hombre─ y antónimo de machismo, ha adquirido un significado peyorativo para muchos hablantes y para algunos colectivos sociales. Y también para la mayoría de de mujeres.  Hembrismo,   en su semántica, no  estaría lejos del significado del vocablo  feminazi.   Sin embargo,  también es palabra usada por  la psicología  y sociología con un significado más técnico, para definir una exagerada sumisión y pasividad de la mujer respecto al hombre.

            En cualquier  caso, nunca se podría identificar hembrismo con feminismo y oponerlo al machismo, porque el objeto del machismo es la supremacía sobre la mujer  y el del feminismo la lucha por la igualdad social entre mujeres y hombres, realizada en un ámbito colectivo. En cambio, el hembrismo, de existir, sería más bien una actitud psicológica, de carácter más individual.

            A medida  que el  término   hembrismo ha entrado en el idioma, ha descendido el uso de la palabra hembra aplicada a la mujer con connotación negativa, aunque  todavía podemos encontrar algunos restos  en el refranero tradicional, como  no dejes para mañana comida, hembra  o vino.  O este: Mala es la hembra, peor es la sed; si una mata, la otra también.

            Quedan todavía muchos ámbitos en los que habría que  profundizar, desde una perspectiva sociolingüística, para seguir el rastro  de las palabras  y expresiones que aluden a la mujer, con significado despectivo. Lo seguiremos haciendo… Aquí, en Palabra de mujer.

Artículo aparecido inicialmente en la revista Masticadores de Letras:

De mujeres, féminas y hembras (y 3)


Margarita Álvarez Rodríguez



 

sábado, 9 de diciembre de 2023

Reseña de EN LOS MÁRGENES DEL FRÍO, de Alicia López Martínez

 


En los márgenes del frío, de Alicia López Martínez

Poemario

105 páginas

Editorial AVERSO  poesía, colección PERVERSA

Alicia López Martínez es una gijonesa afincada en León, donde ejerce la labor docente y se implica en distintos actos literarios. En los márgenes del frío es su segundo poemario, tras  Pálpitos de luna nueva (2018).

 

Solo un cálido frío / en los márgenes de la verdad  por la que transito.

Quizá estos dos versos nos puedan dar una pista para leer  el poemario En los márgenes del frío. Nos sorprende la brusca  antítesis  entre el adjetivo y el sustantivo cálido  y frío, que nos  sugiere  vida/muerte amor/soledad  y también nos sorprende que la verdad por la que transita  la poeta esté en los márgenes  metafóricos de  ese cálido frío. En la dedicatoria, se nos aclara que la palabra margen alude también a los márgenes de la hoja escrita, del poema. El libro está dedicado a Antonio, el amor ausente: A Antonio, en cada margen se escribe el azul de las ausencias.  Y tenemos que estar  siempre atentos,  porque en este poemario está presente lo que dicen sus versos y aquello que no cabe en ellos y se refleja en los márgenes del dolor que no puede expresarse con palabras.

En los  márgenes del frío es un poemario de soledad y de ausencias dentro de un existir incompleto, del que habla la poeta. Y es que el auténtico eje temático del poemario es el dolor que producen esas ausencias que se manifiesta a través  de la evocación de momentos y lugares que se disfrutaron en compañía de la persona desaparecida. Son ausencias siempre atadas a recuerdos, a los de un  dolor que Alicia López trae  a la  memoria a lo largo y ancho de sus poemas. En algunos, esas ausencias cobran más presencia porque tienen nombre, pues dedica sendos  poemas a Antonio y a su padre, in memoriam. Dos personas muy importantes en su vida que han pasado la frontera con el más allá: Mis ojos contemplan una sombra que camina / hacia el lado opuesto de la vida. La ausencia de Antonio se torna presencia en todos los poemas. Cualquier elemento que la poeta contempla le trae a  la memoria la ausencia de la persona amada. Pero en medio del dolor de las ausencias, que le hace establecer diálogos líricos con lo que la rodea, de pronto surge la  luz cálida del recuerdo y  ese recuerdo  aparece  en medio de una llama, de una luz cálida,  de  un rayo de sol o de luna  o  el rayo de una tormenta… Por ello,  la amargura que destilan sus versos por el recuerdo de esos seres queridos que han volado hacia la nube sin espacio / donde reina la esperanza / de que todo sea igual / en la otra parte   es compensada por la luz, pues el amor al final se convierte en lo soñado y sigue con ella, en cada momento que evoca de las vivencias que compartieron en compañía. Es significativo el título de un poema dedicado a Antonio: Tú vives.

En las evocaciones que aparecen en el poemario  está muy presente  la naturaleza, naturaleza que abraza y que es cómplice de la poeta, pero también una naturaleza que aviva los recuerdos de las ausencias. Dentro de esa naturaleza es muy importante la presencia del bosque, con  sus distintas variedades de árboles, árboles que la comprenden y la acogen, a veces hasta  en el interior de su tronco.  Ante  esos árboles se vivió la plenitud del sentimiento del amor  en presencia de la persona amada y  ahora, en el recuerdo, el dolor en ausencia.  Además de los árboles: pinos, robles, chopos, alisos… caminamos con ella por esa naturaleza al lado de plantas aromáticas: tomillo, lavanda…  Plantas que nos sugieren un mundo de sensaciones, de colores y olores. Y  es siempre místico ese amanecer de bosque, que sugiere placidez, frescor, misterio. Hay un poema dedicado a la comarca leonesa de Omaña en que se ve muy bien la importancia del paisaje en sus sentimientos. 

    Por Omaña siente Alicia una querencia especial por la relación del amor ausente con esa comarca.  Allí mira ensimismada el paisaje  y dialoga líricamente  con el río, que es un espejo de espuma. Omaña, todo surge y resurge en tu límpida mirada, exclama en esa oda que le dedica. Es una oda a Omaña y lo es a la naturaleza, en general. Todo allí es armónico excepto unos molinos que violan su naturaleza virgen. Las referencias a Omaña aparecen en muchos poemas: su río, su puente de madera, sus alisos, sus urces… Su Peña… Esa peña de La Fortuna que han invocado tantos caminantes...   A los que somos omañeses, como yo, sus versos nos producen una emoción especial.

    Dentro de la naturaleza también aparecen los animales como signos de vida, desde una lagartija, hasta los gorriones y los grillos.  Otro elemento que se repite es el agua. El río está presente en muchos poemas, un río que contempla, en el que baña sus pies y que, a la manera manriqueña, es símbolo de vida y de muerte. La palabra margen presente en el título, además de otros significados simbólicos, nos sugiera la idea  de río, de mar… Pero, además del río, oímos caer y vemos la lluvia en varios poemas. El poema Tuya  es un fiel reflejo de los sentimientos que vive la autora al contemplar llover: Déjame recoger todos los besos que son sed, exclama. Es  la  añoranza de los besos y la  sed de  reunirse con la persona amada. Es una lluvia que rezuma amor y también lágrimas de dolor. Y es  que  otro elemento relacionada con el agua son las lágrimas…

    El mar es también un fiel reflejo de su marejada interior, como se ve en el bello soneto Añoro: Añoro tu oleaje de bravura… Hay que recordar que Alicia es gijonesa y el mar ha tenido una notable presencia en su vida. El mar es  para ella uno de los confidentes que quiere tener cerca y realmente lo tiene a través de la evocación. Lo necesita para que recoja sus lágrimas, incluso suspira por ser onda. Ese  mar  no la abandona aunque esté lejos: Pero, oh mar, / tu respondes a mi llamada / desde tierra adentro, el mar lo lleva en su interior cuando no lo puede contemplar. Y no falta la luna, con   sus connotaciones  de noche, de misterio, de dolor y  de soledad.  En algunos momentos nos recuerda a la luna trágica  lorquiana.

En esa misma noche de luna llena,

                              De luna de ámbar,

                                            de luna de llanto…

    En cuanto a la forma, la poesía de  Alicia, que parece hermética en algunos momentos, sin embargo, derrama luz a través de las imágenes que se convierten en símbolos, como el  agua y las lágrimas en las que está la vida y la muerte o la luna llena, símbolo de noche y de   luz. Precisamente la antítesis es frecuente en el poemario: monte arriba / monte abajo,  entrada /salida, cielo/infierno, despierta/  dormida…  Algunos poemas tienen forma de diálogo lírico y, tanto en ellos como en otros en los que habla en segunda persona, usa con frecuencia el procedimiento de la interrogación retórica  y el del  apóstrofe.  Esas preguntas sin respuesta, o de respuesta ya sabida,  acentúan la intensidad lírica de los versos. 

    La poeta trata  de hacernos llegar la plasticidad de sus sensaciones y vivencias y para ello usa con frecuencia sinestesias en que mezcla sensaciones: viento parduzco, verde aroma, dulce soplo, verde susurro del viento… o sensaciones y sentimientos: ¿A qué sabrá tu  ausencia?, se pregunta. No faltan las hermosas imágenes, que a veces funcionan como símbolos: la tormenta es luz en mis tinieblas o se unen a las personificaciones: tiemblan las horas que besan muy despacio / la alcoba de madera. Y en ese mundo de sensaciones tienen mucha importancia los colores, especialmente el azul del cielo y el mar y el verde del paisaje, colores que funden sus vivencias con el paisaje: verde aroma, puzle azul, beso azul.   Fluyen los recuerdos, verdes, / y fluyen los pensamientos, azules, / verdes de helecho y azul de mar y cielo.

    Son poemas largos, la mayoría  en versos libres, aunque  aparezcan muchos endecasílabos y heptasílabos, con los que  se mezclan  bellos sonetos que prueban que la autora se desenvuelve con la misma soltura en los perfectos endecasílabos y en el vaivén de los versos libres. Desde el punto de vista formal, la autora juega con la tipografía letras más grandes o más pequeñas en distintos lugares de un poema o la disposición de los versos. Ambos procedimientos le sirven para destacar algunas frases  y para marcar una distinta cadencia en la lectura. También lo hace con la morfología de las palabras buscando que algunas de ellas se conviertan en palabras polisémicas al separar sus componentes y que el verso se abra a distintos significados: (des)cubría (la) armonía (de) las penas. Es también interesante fijarse en el léxico que se repite, porque ya esos vocablos  nos descubren la esencia del poemario: ausencia, soledad, bosque, río, mar, lágrimas, sueños, luna, memoria, recuerdo, ocaso, luz, fuego… tus recuerdos que tiemblan de silencio y frío. En definitiva, palabras que para ella tienen que ver con la memoria. Incluso, uno de sus poemas se titula Versículos de memoria.      

    Es curioso cómo juega también con palabras que tienen que ver con lo gramatical: sílaba, palabra, verbo… En algún caso incluso dan título al poema: Tu sílaba. Incorpora con frecuencia en ese léxico los pronombres personales, especialmente y yo, que a veces se funden en el nosotros… Nos vienen a la memoria los famosos versos de Pedro Salinas: “¡Qué alegría más alta vivir en los pronombres!”, si bien Salinas hablaba del amor gozoso y Alicia habla del amor arrebatado por la muerte, que cobra presencia en su recuerdo: Tú y yo recorrimos / la pureza de los páramos. Y en otro verso: Tú eres yo y yo soy tú.

    A pesar de ser un poemario dolorido y lleno de tristeza y melancolía, percibimos cómo aparecen elementos que son signo de vida, entre ellos los bosques  y el agua y la luz, de forma que, en conjunto, vemos que Alicia  López espera que alguno de los rayos de luz que describe ilumine su vida y el recuerdo sea un bálsamo para las heridas de ausencia: Aún hay luz / en las llamas / del porvenir. En resumen, que en sus pálidos versos de ausencias caben los sueños con el sol amando los ocasos / y la luna sucumbiendo a sus encantos... Caben también el paisaje, la lluvia, las palabras…  La belleza literaria. Gracias, Alicia, porque En los  márgenes del frío,   a través de tu mirada poética,   sentimos  los lectores  una  cálida emoción. 


© Margarita Álvarez Rodríguez es  filóloga y profesora  de Lengua y Literatura. 



 


viernes, 24 de noviembre de 2023

A 50 años de tu partida

 

              Cincuentenario      


A mi madre, Patro, nacida en Camposalinas (León), el día 19 de marzo 

de 1930, y  fallecida en Paladín (León), el 25 de noviembre de 1973


Viento gélido de otoño dejó tu  voz silenciada…

Te dormiste en  velos de noche

y  no   despertaste  al alba.

Sobre tu cuerpo maltrecho,

la muerte tendió su sábana

del color  y la textura de  las yertas esperanzas.

¡Mamá, mamá!,

repetía el  eco,

que con su voz atronaba,

pero se volvía mudo.

Aquel  silencio lo  ahogaba.

Silencio de ángeles tristes que  por allí aleteaban.

…………………………………

Cuarenta y tres años te donó la vida

para convertirla en magia,

y en magia la convertiste,

con  aquel "cuanto más doy más tengo"

que era tu  esencia y  alma.

Con manos de  trabajo y   panes

y la pasión por bandera,

siempre alegre y entregada, hiciste de la vida fiesta…

Y así,

un día el viento airado, envidioso de tu dicha,

te arrastró hasta las nubes,

y nos dejó en un  invierno  de penas e incertidumbres.

Y nosotras, perdidas,

faltas de luz y presencia,

huérfanas de  lunas y soles, caminábamos a tientas.

Pero encendiste una vela, en la noche traicionera, 

y   su luz titilante iluminó nuestras sendas.

Y siguieron amaneceres y  días de primavera,

 y floreció tu vestido verde

que  aromó toda la tierra,

exhalando aliento de vida, lleno de ilusiones nuevas…

Y aquellas hijas tuyas  emprendimos el camino

y  seguimos tras tus huellas

hacia luminosos  veranos que alumbraron sementeras…

 ¡Muchos años han pasado, hoy serías bisabuela!

Pero aún te conservas  joven, tras cincuenta años de ausencia,

en tu cara no hay arrugas,  ni blancor en tu cabeza.

Y aquellas palabras lejanas en mi mente se conservan:

¡Mamá, mamá…! 

Como  eco de voces tenues que  presagian madrugadas…

Como  palabras   amorosas sembradoras de esperanzas…

Son sonidos de otro  otoño entre versos y nostalgia.

Son memoria de una madre de presencia eternizada.



©Margarita Álvarez Rodríguez

25 de noviembre de 1973-25 de noviembre de 2023



¡Siempre, en la memoria!

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