domingo, 16 de enero de 2022

Gracias a la vida...

 

Río Omaña, en Paladín (León)

    Como  Violeta Parra, en la famosa canción  “Gracias a la vida, que me ha dado tanto…”, cuando cumplo años  siento la necesidad de dar gracias a la vida.  Y a todas las personas que  han dedicado unos segundos a pensar en mí y a felicitarme. Decir felicidades  a alguien es  desear a esa persona  un estado de grata satisfacción espiritual o psíquica. Por tanto felicitar es regalar: regalar  los mejores deseos.

    Los años caen sobre la vida como las gotas de agua caen sobre la tierra. Y los años van alumbrando la vida lo mismo que el agua fertiliza la tierra. Cumplir años es un privilegio de la propia vida, porque en ese caminar por ella  unos seguimos adelantando  los  pasos y otros se han quedado ya en los recovecos del camino, como recientemente una persona querida.  Por eso, siempre hay que dar las gracias por cumplir años,  esperar con ilusión que  los días que tengamos por delante nos propongan nuevos sueños, nos abran  nuevas expectativas. Y no dejarlas  pasar por delante y quedarnos quietos, sino ir en pos de  ellas.

Cuando dejamos la vida laboral activa parece que nuestra vida entra en una desaceleración, en una sensación de que quien se jubila ya ha hecho lo más importante y que ahora debe mirar más al pasado que al futuro, porque el primero es más largo. Pero el reto está en saber equilibrar la memoria del pasado y  la esperanza de futuro. El tiempo no se mide por su duración cronológica, sino por la percepción psicológica. Cuando nos hacemos  mayores parece que los años corren más y que nos dejan atrás, especialmente si nosotros no nos movemos.  Por eso, hay que seguir volando con ellos,  aunque quizá el vuelo sea más corto y más pausado. No cabe la resignación. 


Los que estamos en “la edad del júbilo” no solemos dar gritos de alegría (aunque a eso aluda la palabra), pero sí somos capaces de sentir la alegría serena de  tener a nuestras espaldas un pasado fructífero en el plano personal, familiar, profesional, social…  Y además, en esa edad, podemos  aprender a   vivir la alegría del silencio,  de un silencio activo, creativo: “sonoro”.  Silencio sonoro es contemplar  la belleza de la naturaleza y del   arte, dedicar tiempo a  la lectura y  la escritura,  entablar  una serena conversación, pararse a reflexionar, caminar en soledad  sintiendo que “para estar conmigo me basta mi pensamiento”,  observar cómo transcurre la vida de los demás seres vivos, tender la mano a quien la necesita…  Disfrutar del cariño familiar  y del de los amigos…  Esos silencios sonoros son regalos que nos ofrece  la vida  y que nos pueden producir grandes satisfacciones.


 Necesitamos serenidad para darnos cuenta de que en la vida no todo es blanco o negro,   rojo o  azul… Nuestra propia  lengua, que responde a nuestras necesidades expresivas, ha creado un montón de adjetivos  para expresar que los colores  de la existencia humana no siempre son nítidos, sino que con frecuencia son difuminados, indefinidos: azulado, blanquecino, rojizo, negruzco, amarillento, grisáceo, verdoso…  En esas gamas de color y de vivencias  más difuminadas  nos movemos la mayoría de las personas.  Y, sin ser  relativistas en lo moral,  pero viendo lo que ocurre a nuestro alrededor, a  veces hay que darle la razón a Campoamor: “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira”.  O al menos  ser más  empáticos y  mirar también desde el punto de vista del otro.


 Los muchos años cumplidos nos hacen ver   la vida de una manera más serena, pero  la serenidad no está reñida con el entusiasmo. No me gusta esa frase: “¡A mí ya nada me sorprende!”. El entusiasmo nos lleva  a la sorpresa. Y sorprenderse es uno de los grandes estímulos  de la vida. Con la sorpresa llega la emoción, la alegría… A veces  la decepción… A veces la rebeldía… A veces el conocimiento… La emoción que nos produce la sorpresa es con frecuencia la causa  de ese conocimiento que queda fijado en nuestra memoria  y que no olvidaremos fácilmente. Ya decía Baltasar Gracián que  “de nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda”. ¡Qué gran palabra y actitud esa del entusiasmo! El entusiasmo nos hace sentir  dentro del ánimo  una posesión divina (en-théos, etimológicamente) que nos ayuda a  elevarnos, a perseguir sueños,  para no ver la vida "de forma pedestre" o "rastrera".


Hermosa felicitación de cumpleaños...
Con arte, con mimo, con cariño... En su pizarrina.
De Sol Gómez Arteaga. ¡Gracias! 


El año que dejo atrás ha sido para mí un año de entusiasmo, pues, además del entusiasmo hacia las cosas sencillas y cotidianas, ha habido entusiasmos y satisfacciones de mayor calado …

    Con entusiasmo he podido concluir y  llevar a la publicación mi libro Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio,  con el que ha culminado un trabajo de varios años.  Ha sido una tarea ardua y   ahora  es una satisfacción saber que ya, en forma de libro,  esas Palabras… están en las librerías y  en manos de unos cuantos lectores…  Tal vez ellos puedan   coserlas con la aquiescencia, con una sonrisa, con unos momentos de entretenimiento o de descubrimientos…   Con que un solo lector  esté dispuesto a añadir una puntada más de emoción a las que contempla hilvanadas ante sus ojos, ya produce satisfacción en quien escribe.  Sois muchos los amigos que me habéis dado alas para iniciar ese vuelo.  Gracias a todas  las personas que me  han acompañado en la presentación del libro y a las que han escrito sobre él, que ya empiezan a ser muchas.   Gracias a la vida…

Palabras hilvanadas en presentaciones, en librerías y en manos de lectores...

    Con entusiasmo  he leído  y valorado  obras  literarias de otras personas. Algunas  de ellas han confiado en mi criterio  y han permitido  que yo  “metiera mi pluma” en sus publicaciones o que les acompañara con la  palabra y la  presencia en las presentaciones de sus obras.  Con entusiasmo he escrito artículos para diversas publicaciones, reseñas, prólogos...  Con entusiasmo  sigo hilvanando palabras todos los días. Gracias a todas esas personas. Gracias a la vida…

     Con  entusiasmo emprendí la tarea, que me encomendó una persona que confiaba en mí,  de escribir la letra para un Himno a Omaña, la comarca leonesa de la que procedo.    “Yo no he  escrito himnos, yo no sé escribir himnos”,  eso pensé y eso dije. Pero una ilusión surgió dentro de mí que me dijo: “Tú puedes. Y tú debes”. Y pensé que sí, que podría intentarlo y que debía hacerlo  porque esa tierra de Omaña ha sido parte de mi esencia y lo es de mi querencia,   y porque Omaña, a través del Instituto de Estudios Omañeses, me concedió el galardón   “Omañesa 2013”. Y, con mejor o peor fortuna, escribí el himno… Y saber que lo que una hace  puede emocionar a cuantas personas  y que, además,  sirve  para hacer nuevos  amigos es un gran regalo. Gracias a la vida….

Himno a Omaña


    Con entusiasmo asumí el  encargo  de elaborar el pregón para conmemorar los 75 años de vida de la institución en la que desarrollé mi larga vida docente… “Yo no sé elaborar un pregón, nunca lo he  hecho”, pensé también… Pero debía corresponder a las expectativas de alguien que creía en mí. Bien o mal, el pregón está elaborado  y se pronunciará el día 21 de enero. Gracias a la vida…

   Con entusiasmo he asumido nuevos retos que me han propuesto para los próximos meses. Espero poder conseguirlos y,  aunque  desconozco qué me va a deparar el primer día del resto de mi vida y los que puedan  seguirlo, intentaré  compaginar la serenidad (aunque alguna vez  la azoten vientos huracanados) con el entusiasmo,  buscar cada día un nuevo aliciente: una nueva imagen o hecho que me sorprenda… Puede ser una palabra, una actitud… Algo, en definitiva,  que me haga reflexionar, escribir una frase, compartir la experiencia…

    Por todo eso y  por mucho más  hay que dar las gracias… Y por ello la palabra gracias    es  para mí  la palabra favorita (…), una palabra que es un auténtico tesoro y  que procuro  que sea siempre fiel compañera de las demás. Una palabra multicolor, una palabra de vida. Esa palabra que solo tiene sentido si es algo que damos, pues va unida necesariamente al verbo dar con el que ha creado una unidad indisoluble: dar las gracias. Si nadie diera las gracias, es como si esta palabra no existiera. Su esencia está en  el darse, en el derramarse hacia los otros. Dar las gracias es algo   que tiende puentes, que despierta sonrisas, que halaga, que acaricia… Que hace sentir al otro que está ahí,  que lo tenemos en cuenta… Es un regalo, una emoción: una palabra mágica.

    Gracias por tener una familia que me quiere y valora, gracias por tener buena salud (sin entrar en detalles), gracias por haber tenido el privilegio de ser docente, gracias por tener muchos y   buenos amigos…  Gracias por no tener enemigos. Y gracias por tener el don de la palabra  y por poder seleccionar  aquellas que me permite expresar lo que siento…

Me atraen las palabras sinceras, luminosas, que no contengan aristas, ni recovecos, ni amargura. Palabras que acaricien, que curen… Palabras de optimismo, de utopía… Palabras que me sigan haciendo creer en las personas, en su buen criterio, en su creatividad. Palabras que me hagan rebelarme ante las injusticias, palabras que no levanten vallas, sino que tiendan puentes entre un tú y un yo, y los conviertan en nosotros. Palabras de colores: palabras de vida.


La capacidad del lenguaje es lo que nos hace verdaderamente humanos. Deberíamos amar las palabras del idioma en que nos comuniquemos.  No olvidarlas, no lastimarlas, no quitarles dignidad, no añadirles agresividad innecesaria, a pesar de que expresen nuestro dolor, nuestra decepción o nuestro enfado.  Necesitamos las palabras para pensar, para hablar, para escribir: para ser… Esta es seguramente  la palabra más grande del idioma: ser. Es más que tener, es más que estar, es más que parecer… Y somos a través de las palabras. Somos lo que pensamos, lo que decimos y lo que de nosotros dicen y piensan los demás. Somos palabras…”.

Y cuando perdamos la palabra comenzamos a morir. Por tanto, mientras la vida nos permita, caminemos  y compartamos las emociones  y la sabiduría con palabras entusiastas. Tal vez ellas sean la auténtica vida.


¡Gracias a la vida!


Caminos de otoño para seguir caminando...


Nota: Las líneas escritas  en cursiva son fragmentos de las Palabras finales del libro
Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio.

    M. Álvarez Rodríguez, 16 de enero de 2022

viernes, 14 de enero de 2022

"Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio", por Antonio García Orejana

 

El autor de la reseña que sigue es Antonio García Orejana,  maestro, sindicalista y escritor.  Ha escrito muchos artículos sobre temas sociales y publicado  cinco libros. El último  (2021) es    Vida y Libertad. Un ensayo sobre la felicidad. Otras obras suyas son: Cartas del Sáhara, Nosotros, Tetas. La fuente de la vida... (bardera.sc.@gmail.com)

Para él mi gratitud.


Como buenos amigos conviven  los libros de la autora de la obra reseñada
y los del autor de la reseña


Reseña

Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio,

Autora: Margarita Álvarez Rodríguez

Obra de divulgación

Editorial Lobo Sapiens

León, 2021

476 págs.

Una vez leído el libro de Margarita Álvarez, puedo asegurar que el lenguaje del menosprecio goza de muy buena salud y que en la mente de su autora las Palabras hilvanadas son dichos por los que siente un gran aprecio. Yo también siento ese aprecio, sobre todo, cuando, inconscientemente, esos dichos coloquiales o vulgares afloran a mi mente. A partir de ahora cuando alguno me venga siempre diré hacia mis adentros: “Lo tiene recogido Margarita en su libro”.

Sobre el libro Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio solo quiero manifestar dos cosas. En primer lugar mi reconocimiento. Y quiero hacerlo constar con tres palabras: trabajo, enseñanza y belleza.

Escribir un libro siempre requiere mucha dedicación y mucho esfuerzo. Cuando uno es solamente lector, este trabajo puede ser más o menos reconocido en función de los conocimientos que se tengan del oficio de escribir. Pero cuando uno además de ser lector es escritor, entonces conoce de primera mano el trabajo que requiere la escritura de un libro. Yo, en esa doble condición, puedo asegurar que el libro de Margarita supone un arduo trabajo. Un trabajo enorme de recopilación de datos –ella reconoce que es un trabajo de toda una vida-, y una creatividad grande para saber dar la puntada adecuada en el momento justo. Sí, hilvanar esas palabras es un trabajo creativo. Es necesaria la imaginación, pues relacionar unos dichos con otros y colocarlos adecuadamente dentro de una estructura supone, además de trabajo, tener un sentido de la belleza y del decoro.

Yo opino que la escritura siempre tiene el objetivo de enseñar. Escribir para no decir nada a quien nos lee es tontería, o al menos ese es mi punto de vista. Aunque solo se escribiese para divertir a quien nos leyera, siempre esconderíamos el deseo de enseñar a divertirse -o a pasar el rato- a la gente. Sí, el deseo de enseñar creo que es innato en quien escribe. En el caso de Margarita no hay ninguna duda: ha dedicado toda su vida a la enseñanza. Con este libro sigue enseñando a quienes fueron sus alumnos, enseña a quienes fuimos sus compañeros de trabajo,  enseña a sus familiares y amigos. Y a los lectores, en general.

Y en el libro de Margarita hay belleza. Sí, los dichos son palabras y las palabras siempre son bellas, basta leer o releer las Palabras finales de su libro para encontrar en ellas esa belleza y para quererlas como las quiere ella. Pero, además, si las palabras no fuesen bellas, las frases tampoco lo podrían ser, y entonces no se podrían escribir poemas bellos ni narraciones bellas.

Y si a través de la belleza conseguimos emocionarnos entonces no cabe duda de que para que nos emocione una historia es imprescindible que nos emocionen sus palabras. Por eso las Palabras hilvanadas de Margarita no son solamente una estupenda herramienta de trabajo para quienes tenemos el gusto por la escritura, sino también un camino para conocernos y para saber que somos capaces de emocionarnos y de emocionar a quien nos lea utilizando la palabra adecuada –el dicho adecuado- en el momento oportuno.

Y en segundo lugar, y arrimando el ascua a mi sardina, me voy a aprovechar de su libro para llevármelo al huerto. Buscaré entre las Palabras hilvanadas de Margarita aquellas que hacen referencia a los productos hortícolas, porque así, además de matar el gusanillo, seguro que encontraré mucho tomate. Con los productos de la huerta lo primero que nos sucede es que se nos hace la boca agua, especialmente si son sandías, preferibles a los melones en lo que se refiere al lenguaje del menosprecio.

Para ser la alegría de la huerta es necesario ser más tierno que un ajo y no tener cabeza de pepino. Tampoco estaría mal, en mi caso, y recordando  mi juventud, ser alto como un espárrago o fresco como una lechuga.  Y puestos a pedir, aunque no sean peras al olmo, y sin meterme en muchos berenjenales, sí pediría saber distinguir entre troncos y berzas y que no me tomasen por el tonto del nabo o pensasen que no sé ni patata. Tampoco me gustaría que me pusieran las peras al cuarto o me mandasen a escardar cebollinos ni que me tuvieran a ajo y agua.

Seguro que todos estos productos hortícolas están cojonudos o “coñudos”, si somos capaces de invertir, a base de  repetición y de insistencia, la valoración de algunas palabras que en nuestro idioma tienen distinto significado si aluden a lo masculino o lo femenino, como ocurre  con cojonudo frente a coñazo.

Y termino, para que no me tachen de lechuguino, de berzotas, de hortera o me manden a freír espárragos, con un deseo y ofrecimiento a Margarita:  que de higos a brevas pueda regalarnos algún encuentro literario en La Linde,  huerta segoviana rica en frutos, tanto comestibles como literarios, para que la gente llana de mi pueblo pueda apreciar el sabor y la belleza de estas Palabras hilvanadas...

               Antonio García Orejana

                Fuenlabrada,  14 de enero de 2022

Contraportada


viernes, 7 de enero de 2022

"Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio", por Ana González Sánchez

 

La autora de  esta reseña y  recomendación lectora sobre el libro Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio, que se incluye a continuación, es Ana González Sánchez, filóloga  y profesora de Lengua y Literatura.

Para ella, mi gratitud.


LECTURA RECOMENDADA PARA EL 2022:


Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio, editorial Lobo Sapiens, León, 2021. 476 páginas.


Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga y autora del libro, me ha hecho partícipe de esta importante obra de divulgación perteneciente al ámbito de la sociolingüística y que entra de lleno en el terreno de la comunicación, donde emisor y receptor son claves para la interpretación de todas las palabras y expresiones que aparecen en el libro.

¿Por qué yo recomendaría la lectura de Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio?

Es una obra que refleja la forma de ser y de vivir de los españoles a través del lenguaje  y que abarca muchas ramas del saber: la religión, el sexo, la música, la geometría, la literatura, el comportamiento…, incluyendo palabras en uso y en desuso.

El término palabra es un hiperónimo y, como tal, hay “palabras preñadas”, palabras que “alumbran sorpresas”, palabras traviesas y que no quieren salir y que las tienes “en la punta de la lengua”, “palabras cruzadas”, como las de los crucigramas, charlatanes que cogen la palabra y no la sueltan… Y algunas hasta  pueden llegar a ser “palabra de Dios”.

¿En qué se fija uno cuando decide leer un libro?

Te puedes sentir atraído por una portada sugerente o por  las críticas que autores reconocidos y expertos en materia lingüística y sociolingüística han realizado sobre esta obra,  como la del académico de la RAE D. José María Merino o  la del antropólogo D. Carlos Junquera (autor del prólogo) y, cómo no, por  la  intención que la propia autora manifiesta en las Palabras previas de  su libro.

LA PORTADA

Hay que entender el sentido simbólico desde la portada, donde una simple aguja enhebrada es símbolo y metáfora de la conexión entre las letras y las palabras, que, por sí solas, pueden transmitir múltiples significados.

EL SUBTÍTULO y EL INTERIOR

¿Por qué lenguaje del menosprecio?

La autora, a lo largo de los más de 50  apartados, nos presenta expresiones que hablan del menosprecio, llamadas también disfemismos, y que también tienen ese carácter simbólico o connotativo dependiendo del origen etimológico, como, por ejemplo,  “histeria”, del griego “hystera”, que significa útero y que desde Hipócrates iba ligado a la insatisfacción sexual; de la localización geográfica,  como “filibustero”, pirata que en el s. XVII actuaba en el mar de las Antillas; de origen étnico, como “gitano”, asociado con el ladrón  (léase “La gitanilla”, de Cervantes, en que  la autora ya recoge connotaciones negativas).

Por ejemplo, en el capítulo 7, podemos leer algunas como “hacer el indio”, “trabajar como un chino”, “ser un panchito”, cuyo carácter peyorativo depende muchas veces de la intencionalidad del hablante, del tono en que se digan y de cómo lo perciban los interlocutores, que para mí es la clave para hablar o no de menosprecio.

En el capítulo 5, titulado “Del carácter y el comportamiento”, la estupidez se asocia con “el pedorro, el sosaina, el zopenco…”. Margarita Álvarez  aporta más de 250 sinónimos de tonto y unas cuantas expresiones más con el mismo significado.

Algo muy curioso en Palabras hilvanadas, en el capítulo relacionado con expresiones sobre la propia lengua, es cómo juega con el sentido de las letras, la simbología de las mayúsculas, aplicada por ejemplo a las tallas de la ropa. Una “x o X” puede significar desde una incógnita, una talla de ropa grande si la unes a la “L”, la “XL”, o el mes ”X”, utilizado en las fechas para el mes de octubre. O lo referido al alfabeto, los signos de puntuación y su combinación para formar emoticonos, la virgulilla de la eñe, a la que dedica unos curiosos octosílabos que aluden al temor de que se perdiera para nuestro idioma a causa de la universalización de los teclados de los ordenadores.

“Celebras ser española, / y tañer las castañuelas… / Te necesitamos eÑe… / eñe de niña y pestaña... / Mientras lo español exista, / tu vida será halagüeña... / eres su santo y su seña".

 ¿Cómo abordar la lectura del Libro?

Quizás de una forma aleatoria, porque leas de principio a fin, empieces por el medio o por el final…, nunca perderás el hilván.

Las palabras por sí solas tienen un significado positivo, denotativo: "sota, cardo" y adquieren significado peyorativo cuando se alude, por ejemplo, al carácter de las personas “ser una sota, un cardo”, o  a metáforas zoomorfas en el capítulo 15: “ser un bicho raro”, “a cara de perro”,  “saltar la liebre”…

En  Palabras finales, la autora reflexiona sobre la convivencia de las palabras y dice: "… se mezclan en ese baúl palabras diversas que intentan convivir amistosamente, aunque.… no siempre sea fácil. Se producen roces… entre la humildad y la soberbia… la paz y la guerra… el amor y el odio… Y tantos y tantos antónimos…" y destaca como palabra especial, que contrasta con la falta de entendimiento de las anteriores, la palabra “concordia”, que significa “con corazón” y que refleja el deseo de armonía entre todos a través de la buena comunicación, del diálogo y de las buenas palabras… Porque los seres humanos, como la autora dice: "Somos a través de las palabras".

¿Qué más razones hay para leer Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio?

Un motivo esencial para leer este libro es que, a medida que vas avanzando en la lectura de los capítulos, te encuentras con una cantidad de citas literarias impresionante que te invitan a leer todos los libros de los que proceden, porque no se trata solo de identificar el lenguaje del menosprecio en Palabras hilvanadas, sino de reconocer a una Madame Bovary, a una Ana Karenina, a un Huckleberry, etc.

Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio es una grandísima fuente de información y de erudición, una obra ingente que no solo nos enseña cosas y nos refresca la memoria, sino que además nos hace pensar y nos divierte al  recrear miles de expresiones  del lenguaje coloquial, porque, como decía Larra: "Hay en el lenguaje vulgar frases afortunadas que nacen en buena hora y se derraman por toda una nación…".

Termino con “un silencio elocuente”, silencio que es un acto de apoyo a Margarita, a la vez que de agradecimiento, por haber compartido con todos nosotros el trabajo de muchos años y que, en parte, había publicado periódicamente a través de su blog De la palabra al pensamiento (www.larecolusademar.com).


 Ana González Sánchez


Contraportada



Margarita Álvarez Rodríguez, autora del libro.


Otras reseñas de la obra:

Reseña de Manuel Cuenya en el diario La Nueva Crónica

Reseña de Alicia López Martínez

Reseña de Antonia Álvarez Álvarez

Reseña de María José Prieto Vázquez

 

    

jueves, 30 de diciembre de 2021

"Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio", por Alicia López Martínez

 La autora de la reseña sobre Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio que se incluye a continuación es Alicia López Martínez, filóloga, profesora de Enseñanza Secundaria y escritora.

Para ella, mi gratitud.






El pasado día 22 de diciembre, tuve el honor de presentar en el Salón de Actos del Ayuntamiento de León el libro de Margarita Álvarez Rodríguez  que lleva por título Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio, publicado por la editorial Lobo Sapiens. Con este libro Margarita nos regala su trabajo, su esfuerzo, su afán por dejar constancia del auténtico valor que tienen las palabras como expresión del humano pensamiento y que, en no pocas ocasiones, son denostadas. Tengo claro que, como dice su prologuista, Carlos Junquera Rubio, Catedrático de  Etnología de la Universidad Complutense de Madrid, aquí tenemos un libro “lleno de ciencia, de sabiduría”.  Y yo afirmo que es un libro necesario. Necesario por varios motivos, y me centro sobre todo en dos.

 El primer motivo es el hecho de que Margarita determina en su obra algo evidente y que es que el lenguaje está íntimamente vinculado con la sociedad. Es más, nosotros somos seres sociales gracias al lenguaje, facultad única y, como indicó Platón, innata, del ser humano.  Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio gira, por tanto, en torno a una de las disciplinas más importantes de la Lingüística actual: la Sociolingüística y, en concreto, la sociolingüística crítica que nace de la mano de autores como William Labov o Deborah Tannen y cuyo objetivo es identificar y tratar de explicar la lengua y sus procesos dentro de los diferentes grupos o estratos de la sociedad, oponiéndose, en cierta medida a que esta, la lengua, sea estudiada únicamente como un sistema de códigos, estructuras y símbolos. Obviamente, no se trata de una exclusión, sino una inclusión dentro del campo del estudio filológico ya que el todo lingüístico permite conocer y, cómo no, reconocer el alcance que tiene una lengua en la sociedad y el habla en la individualidad al ser medio de comunicación de índole convencional con el que los usuarios hacen un tipo de contrato acerca de su configuración interna. Y es que ya era hora de poner los puntos sobre las íes.

 El segundo motivo es su carácter claramente divulgativo, práctico, pedagógico. Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio es un libro de investigación que muestra continuos guiños, y que conjuga la sabiduría popular y el saber científico de una persona especialista en el estudio de la Lengua. Margarita, como filóloga y como docente con 40 años de experiencia, ha deseado a través de esta obra cubrir un amplio espectro de receptores, que en realidad no es más que la sociedad en sí misma. Su meta está conseguida dado que Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio es el resultado de una labor concienzuda, realizada con sumo cariño, con mucho mimo en el que Margarita desglosa en distintos campos semánticos o bloques, hasta 17, el rico repertorio de frases hechas, modismos, giros lingüísticos, así como proverbios o refranes que se usan hoy en día y otros que van perdiendo calado ya que la lengua, como ser vivo que es, evoluciona adaptándose al medio con novedosas expresiones que realizan muy bien su labor de ponerse en el medio y quitar a otras de en medio. Nombro algún apartado como es el referido al cuerpo humano, a la música, a las matemáticas, a la literatura, a la enfermedad y la muerte, a la religión, al carácter y el comportamiento, al sexo, a los oficios … No hay duda de que este acúmulo de elementos es imprescindible para poseer una adecuada competencia sociocultural y comunicativa al constituir un claro reflejo de tradiciones y costumbres de una colectividad, abierta y expresiva, muy dada a la locuacidad, al desparpajo, a los palabros.

 Palabras hilvanadas. El lenguaje de menosprecio pese a ser un libro denso, de casi 500 páginas, es lúdico, llano y cercano. Cada apartado es un conjunto de hebras muy bien pespunteadas a través de distintas agujas. Una de ellas es la intertextualidad pues no hay momento en que no aparezcan citados autores y obras como Cela,  Quevedo, Unamuno, El Quijote, Góngora, El Buscón, Miguel Hernández y así suma y sigue. La otra aguja es el metalenguaje, que no es más que hablar sobre la propia lengua para comprenderla y comprendernos. Margarita Álvarez aborda los niveles de estudio metalingüístico: el metalenguaje universal, el histórico y el individual mediante la búsqueda de la raíz en la doble articulación del lenguaje de Martinet, la teoría de la Información de Roman Jakobson y el análisis metapragmático al describir las reglas del uso del habla que ayudan a comprender ese acervo lingüístico que constituye nuestra cultura.

Es evidente que uno cuando comienza o continúa la lectura de Palabras hilvanadas no pierde el hilo, ni los papeles porque se puede leer por el principio, por el medio o por el final. En realidad, uno puede leerlo por donde le salga del moño porque en cada apartado Margarita realiza un auténtico y genuino encaje de bolillos, quedando cada uno de ellos como un pequeño relato, según ella indica, que representa la exclusiva estructura de la influencia que la colectividad tiene en el habla y que hace que esta refleje las pautas vitales que la conforman a la vez que demuestra que un idioma es esa caudalosa fuente de información que confluye en la dimensión general de sus hablantes.

         No hay que olvidar que, como indica el título Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio, Margarita Álvarez hace especial hincapié en el llamado lenguaje del menosprecio. Siomesí, ese lenguaje tan personalmente o íntimamente social. Recordemos que la humanidad ha sentido especial atracción por lo prohibido, sin que ello haya impedido que lo respetara o lo transgrediera con cometidos diversos, y que quisiera conocer su origen y/o motivación. De ahí que “el lenguaje del menosprecio” pueda y deba incluirse dentro de lo prohibido, políticamente hablando. De ahí que determinados términos sean considerados tabúes o disfemismos. No hay duda de que podemos considerar que lo tabuizado, en la lengua o en el habla, no son más que comportamientos y realidades, que pueden incluso vincularse a determinados factores como son el sexo, la edad, el nivel de instrucción, la clase social y que se expresan mediante el más potente vehículo de comunicación: nuestro idioma. Margarita expone y contextualiza. Expone y explica el origen, su etimología, el uso de este lenguaje un tanto alejado de lo formal y que de por sí es irónico, displicente, arrogante, transgresor y siempre contundente. Qué carajo, se utiliza en la oralidad y de manera espontánea. Margarita, por tanto, demuestra y hace sonreír en no pocas ocasiones, al lector con estas expresiones tan utilizadas por el común de los mortales y que a veces te deja con la boca abierta. Por eso Margarita también advierte de su uso indiscriminado e inapropiado en determinadas situaciones. Así, manifiesta en sus propias palabras que la lengua sigue manteniendo expresiones sexistas, pero esos dichos son producto de los comportamientos sociales y debemos cambiar estos, si queremos que cambie el idioma. El uso de este lenguaje soez por parte de las mujeres no va a cambiar nada porque la palabra “coño” no es sinónimo de libertad y porque la repetición de la misma es una copia de los comportamientos machistas que esas mujeres pretenden desterrar y termina diciendo que es mejor que las mujeres saquen la capacidad de razonamiento del cerebro.

         En definitiva, Margarita Álvarez, mujer, amiga, escritora, profesora, omañesa, gracias por tu empeño, por tu buen hacer, por tu sabiduría y gracias por este obsequio con el que nos acercas de una manera tan gozosa al conocimiento de estas palabras hilvanadas, a través de tu dedal único. Ha merecido la pena ya que todo conforma una obra de alta costura.

Alicia López Martínez

José Antonio Martínez Reñones (editor), Margarita Álvarez Rodríguez (autora),
Alicia López Martínez (filóloga y autora de esta reseña). Presentación en León,
salón de actos del Ayuntamiento, 22/12/2021



Miembros de la mesa y actuación de Isamil9

Fotos: Paco Fergar

Otras reseñas: 






martes, 21 de diciembre de 2021

A María Antonia, in memoriam

 Y la memoria se hace palabra

para María Antonia Megido García


Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la  alegría

no podrá morir nunca. José Hierro.




Entre el dolor y la emoción escribo estas palabras para ti, María Antonia. Un 20 de diciembre (con un día de retraso) nos llega de forma brusca la noticia de tu muerte,  que se presentó  de forma  inesperada y  traicionera.  Y me vienen a la mente aquellos versos de Alberti : “No tuviste tu muerte, la que a ti te tocaba / malamente a sabiendas equivocó el camino”.  Y los de  Miguel Hernández: “Temprano  levantó la muerte el vuelo / temprano madrugó la madrugada”.

Hasta hace pocos días manteníamos  contacto contigo, gozabas  de buena salud, hacías planes, realizabas viajes…  Algunos los hemos compartido tras nuestras jubilaciones: Escocia, Castillos del Loira (con Beatriz y con Ana y nuestros esposos). Y aquel a Sicilia, que hicimos sin ti, porque imponderables de última hora lo impidieron.  Otros se quedaron pendientes… Pero si algún día los realizamos, ten por seguro que te  enviaremos una crónica a la inmortal morada.

Han pasado varias décadas, desde que nos conocimos, pero conservabas el mismo aspecto, siempre moderno y dinámico,  y el mismo corte de pelo que llevabas  cuando estudiábamos Filología, en la Universidad de Oviedo. en aquellos tiempos convulsos del final del franquismo  Tu voz cantarina, tu risa clara  eran puentes que tendías hacia tus amigos… Eran  puertas que indicaban que tu casa y tu amistad estaban abiertas para los que nos acercábamos a ti.

Hace pocos días había hecho planes contigo  para una posible presentación de mi libro en Oviedo. Sé que  te estaba prestando leer mis Palabras hilvanadas… Me decías hace pocos días: "Desde el prólogo atrapa. Un libro para leer, releer y  consultar. Admiro tu capacidad de investigación y documentación".  Y me  asegurabas que harías una reseña... Pues en esas palabras estabas haciendo  esa reseña, sin saberlo. Mi gratitud. Son  para mí palabras  hilvanadas de amistad.

Me resulta  difícil hoy encontrar  algo adecuado para que te acompañe en el viaje. No querías flores, pero permíteme que estas palabras  sean como  las pétalos  de la memoria… Te voy -tus amigos  te vamos-  a ofrecer versos.  Versos compartidos que a buen seguro te serán conocidos, porque los hemos leído muchas veces.  Para ti, que fuiste profesora de Lengua y Literatura (catedrática), no puede haber mejor despedida…  Cuando hace  mes y medio cumplías años,  yo te escribí estas coplillas de felicitación y me decías al leerlas que “celebrar  la vida en verso es un privilegio”:

Caen hojas, caen años,

es proceso natural,

pero vuelven primaveras

y  la vida bullirá.

Hay que cultivar los sueños

y nunca dejar de andar

buscando luz y belleza

en un paisaje otoñal… MAR

Pues,  a pesar de tu ausencia, queremos  poder seguir celebrando contigo la vida en “prosa” y en  verso, porque  nada puede la muerte contra la inmortalidad del recuerdo…  Y tu ser y tu estar permanecerán vivos en la memoria. Te  has ido, pero permanecerás con nosotros: con tu familia,  con tus amigos, con tus antiguos alumnos… En el año 2020, en el momento en que perdías a tu madre, yo escribí para ti un poema sobre las madres. Y ese texto terminaba así: Porque el recuerdo inmortal tiene una vida infinita / y se convierte en un río que siempre es espejo de vida. Hoy esos versos van hacia ti, pero también se quedan con nosotros...

Y, dado tu carácter vital y alegre, a  buen seguro suscribirías estos  de Juana de Ibarbourou, porque tus ojos, siempre expresivos,  volverán a ver “la lámpara salvaje de los ocasos rojos”.

Amante: no me lleves, si muero, al camposanto.

A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente

alboroto divino de alguna pajarera

o junto a la encantada charla de alguna fuente

A flor de tierra, amante. Casi sobre la tierra,

donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos,

alargados en tallos, suban a ver de nuevo

la lámpara salvaje de los ocasos rojos.


Hasta siempre, María Antonia.

Francia, 2018 / Escocia, 2017

Oviedo, junio de 2021
Hoy quiero vivir sin darme cuenta. Mafalda



sábado, 18 de diciembre de 2021

Trazos de sombra, de Sol Gómez Artega

 

Género: narrativa (relato)

Marciano Sonoro Ediciones, 2021

Págs. 224


Trazos de sombra traspasados de luz


Ha sido para mí un regalo conocer a Sol Gómez Arteaga: conocerla como escritora y, posteriormente, como persona. Una persona en que destacan: su tenacidad para defender aquello en lo que cree (rebelde con causa), su entrega, su equilibrio, su serenidad… Sol es una persona que observa, con mirada incisiva, pero serena, el mundo que la rodea. Es una persona que escucha. Escucha los problemas que tiene la gente, escucha el español conversacional… Y de ello hace literatura.  Decía en un artículo reciente que el escritor tiene que  estar atento, como un cazador de mariposas, a lo que pasa fuera y lanzar la red, cuando algo, como un aleteo, brilla en el aire. Y desde ahí, desde ese aleteo,  lanza la red y consigue  crear belleza, la belleza de lo sencillo, de lo cotidiano, y  consigue arrastrarnos en pos de su mirada.

Despacio, sin hacer ruido, pero con todo merecimiento, Sol Gómez Arteaga, se está ganando un puesto destacado entre los escritores leoneses. Su forma de aproximarse a la vida de la gente sencilla o diferente  nos recuerda a otros escritores de la tierra como  Julio Llamazares,  que hablan  con frecuencia de soledad y desarraigo. Son escritores que consiguen  la belleza más difícil: la de la sencillez. Y, además,  Sol es siempre una escritora y una persona de luz, aunque  hable de sombras, porque es capaz de iluminarlas a través de la narración. Todas sus obras destilan verdad (sea historia real o inventada) y visión crítica de la realidad. Así lo vemos en sus anteriores libros de relatos  Los cinco de Trasrey y otros relatos y  Del sol a la tinaja y en su novela breve El Vuelo de Martín.  Y también en sus artículos y poesía.

Su última obra, de reciente publicación, es Trazos de sombra, un libro formado por cuarenta de relatos. Tuve el privilegio de ser lectora anticipada de esta obra cuando era aún un manuscrito sin pulir  y ya supe, desde ese momento, que en él había literatura: buena  literatura. También tuve el honor de participar en su presentación pública en Madrid.  Los relatos de Trazos de sombra están inspirados en hechos y personajes que se han entrecruzado en su vida, por su dedicación profesional. Son personajes de sombra, de sombra porque algo hay en su mente escondido tras un tupido velo, que no es fácil  sacar a la luz, aunque Sol ha conseguido hacerlo patente  magistralmente. Y es que ella narra desde la luz (es como aquella "señora de rojo sobre fondo gris", de Delibes) y ha sabido de manera certera, y a la vez delicada, ponernos delante de las enfermedades mentales, de situaciones  que, a veces, no están muy lejos de nuestra propia realidad. Y lo hace desde la verdad y desde la literatura. 

Sol Gómez Arteaga, con su nueva publicación
"Señora de rojo sobre fondo gris". Foto: Luis Luisiten

Todo lo que escribe la autora está pegado siempre al día a día. Consigue con su cercanía que reflexionemos con ella, que nos pongamos de su parte. Nos convence. Son textos que con frecuencia reflejan situaciones  problemáticas, incluso dramáticas, tomadas casi siempre de la realidad, relatos que tienen vida en su interior. Y a pesar de que a veces presentan situaciones duras o personajes que nos producen inquietud, casi siempre aparece la ternura o el bien, como un contrapunto. Domina a la perfección la técnica del relato, y consigue atrapar al lector desde las primeras líneas y, casi siempre, rematarlos con broche de oro, unas veces con finales intuidos por el lector y otras con   unos finales sorprendentes, por lo inesperados.

El libro tiene un sugerente título: Trazos: dibujos, rayas, bosquejos, (de) sombra: algo escondido que la mente consciente no puede ver del todo o quizá comprender. Hermosa e inquietante metáfora. Son personajes diferentes  a los ordinarios,  y la autora nos sumerge en la profundidad de los trastornos mentales de sus mentes y  saca al exterior esas obsesiones que los atenazan. Son relatos breves, de 3 o 4 págs., pero de gran intensidad dramática: relatos con fuerza.  Esa  brevedad condensa el problema que vive el personaje, nos hace enfocar nuestra visión lectora más intensamente sobre él y así consigue que la situación planteada produzca un mayor impacto emocional en el lector.

Por estos relatos pululan seres humanos que se creen perseguidos, adolescentes con rebeldía causada por falta de  afecto, trastornos obsesivos, miedo al deterioro cognitivo, problemas de autoestima, bulimia y anorexia, celos, miedo a envejecer, violencia de género… Son “trazos de sombra”, historias diferentes a las vividas por cada uno de nosotros, pero que, en realidad, no son  tan extrañas como pueda parecer: la incomunicación, el sentirse en un mundo hostil con lo que les rodea, une a la mayoría de los personajes. Con pinceladas rápidas y con distintos procedimientos narrativos se nos presenta la personalidad de unos seres humanos desvalidos, incomprendidos, débiles… que, con frecuencia,  nos inspiran ternura.

Ternura nos inspira esa mujer que contrata un viaje en taxi solo para poder mantener una conversación con el taxista, ese chico abandonado  por el padre en un bosque al cuidado de una abuela que no conoce o ese otro discapacitado que se convierte en asesino de palomas porque no sabe canalizar la agresividad que siente, a causa de los  celos. O esos dos Pececitos, ancianos con demencia, que en un descuido de su hija provocan una inundación mientras se bañan. Y otros varios.

Los títulos de  los  relatos ya merecen por sí mismos una observación.  Algunos quedan reducidos a un adjetivo o a un solo nombre  acompañado por un determinante: Atrincherada, Desfondada, Mi caja, La gotera, Una maleta… Una palabra nos da a conocer ya el tema del relato y fija la atención en ese elemento que se convierte en sombra en la mente del personaje.

Trazos de sombra nos atrae   también por la forma de contar, que se corresponde con  las inquietudes y nubes que nublan esas mentes alucinadas. La autora usa distintas técnicas narrativas. Es poco frecuente la técnica   omnisciente del narrador que sabe todo y narra en tercera persona, más bien aparece la narradora observadora que, cuando usa  la tercera persona,  no sabe todo  del personaje, solo conoce lo que observa. Eso se ve muy bien en el relato El hombre que tocaba las esculturas, uno de los más bellos  y conmovedores,  y que, además, condensa el estilo y la visión crítica de la autora.  

Sol Gómez Arteaga  quiere bucear en la mente convulsa de esos personajes diferentes, captar sus desequilibrios, sus vaivenes emocionales, y para ello maneja con mucha soltura el monólogo interior, el estilo libre indirecto, la narración en primera y en segunda persona, con frecuencia mezclados en el mismo texto. En A través del espejo, que trata el tema de la  anorexia y bulimia, utiliza la primera persona para  introducirnos con mayor intensidad en el problema que vive la narradora: Tenía dieciséis años cuando empezó todo. Me miraba en el espejo, me veía gorda, entonces empecé a no comer. Hay textos en que narra en segunda persona con una especie de diálogos de interlocutor “mudo” que interpelan al propio lector con la verdad que desprende el personaje. Eso ocurre en Desfondada, que termina con estas palabras:   ¡Qué más le puedo contar yo, señor juez! Que creo que la mente es el mayor de los misterios, y que mi señora —Dios sabrá por qué, eso no le toca juzgarlo a una ignorante criada— se dejó ir sin enfermedad, pero también sin alicientes, exhausta de vida, desfondada, desfondada.

A veces cuenta  “sin contar”. En Adelfa,  se presenta una  particular técnica narrativa, pues la autora juega con varios tiempos: pasado lejano que se narra, presente que no se narra, pero se intuye, pasado cercano que no recuerda la enferma…  Pero el diagnóstico final nos revela de forma clara y escueta el pasado no narrado: amnesia psicógena compatible con asfixia erótica tras supuesta y desafortunada y brutal… práctica sadomasoquista.

Es una obra  innovadora también en la estructura interna. Hay textos que adoptan forma de carta (Carta al rey); otros, de diario, incluso aparece  la visión caleidoscópica, con narración a varias voces, como en  Hermanos de leche. Algún relato tiene estructura dramática: Señorita Corazón Solitario. En general, son puntos de vista muy originales, en los que un  humor tierno e inteligente tamiza las situaciones duras o dramáticas… Ese tipo de humor tierno que recuerda a veces al de Miguel Mihura está presente, por ejemplo, en  De dinosaurios y elefantes. Al humor hay que añadirle una fina ironía con la que consigue la autora en ocasiones  la ridiculización del mundo de los cuerdos (El hombre que tocaba las esculturas).

La autora escribe con  un estilo claro, limpio: pocos adjetivos, pero  muy certeros, unidos, a veces, a comparaciones: diestra sagaz, escurridiza como un anfibio (la sombra de una persona). Maneja muy bien el registro  coloquial,  con toda la riqueza, el dinamismo, la expresividad  y la creatividad de este, rasgos que reflejan el desequilibrio mental de los personajes, como ocurre en   el relato La maleta.

En cuanto a los personajes, la obra es un mosaico del género humano, pues hay  variedad de protagonistas: niños,  adolescentes, personas maduras, ancianos, hombres, mujeres… En algunos relatos aparece más de un personaje, pero el eje de la narración pivota sobre uno solo, en el que se manifiesta ese trastorno  que lo aparta de la lucidez. Con descripciones muy breves,  conocemos en muchos casos el aspecto externo de los personajes  y apenas se muestran, en cambio,  otros rasgos de su personalidad que no sean aquellos relacionados con el tema que se plantea en cada relato. La brevedad de los relatos y el hecho de que cada uno se centre en un desequilibrio mental concreto  nos hace hablar de   personajes planos. Son personajes débiles, inquietantes, sin alicientes, que parecen esconderse en ese trastorno mental.  Tal vez esa locura es su escudo protector ante el  mundo hostil que los rodea. Decía un personaje de su obra anterior (un sintecho de El vuelo de Martín): No solo no te dejan morir como quieras, sino que tampoco te dejan vivir. Por eso elegir la locura no me parece la peor opción.

También es interesante la intertextualidad en Trazos de sombra. Añade la autora citas al principio de cada relato, de autores clásicos y contemporáneos que nos ponen en la pista de lo que luego nos va a presentar.  El libro  incluye, asimismo, sugerentes fotografías de Óscar García Bárcena. Ponen un contrapunto de color, añaden plasticidad  a esos trazos de sombra y les van abriendo puertas de luz. La obra está prologada por José Jaime Melendo, psiquiatra, con el que la autora ha trabajado en los servicios de salud mental de un gran hospital madrileño.  "La lectura repetida de estos relatos constituye un tratado del alma, un discurso de las entretelas de nuestro psiquismo", asegura el prologuista. Y Marciano Sonoro Ediciones ha realizado una cuidada edición de la obra.

En conclusión,  Sol Gómez Arteaga nos hace avanzar por los relatos sin respiro, porque nos sorprende con cada personaje, con cada situación,  con cada problema que plantea. Porque nos hace entrar en la mente de los personajes, en sus zozobras, en sus miedos, en sus soledades. Porque nos hace sentir cercanos a esos personajes. Porque nos descubre otra realidad que está ahí y que a veces permanece oculta a nuestros ojos. Estos Trazos de sombra son pequeñas pinceladas de gran literatura  con las que consigue sorprendernos, conmovernos,  distraernos…. ¿Qué más podemos pedir a un libro? Solamente que caiga en nuestras manos y lo leamos despacio y  con fruición.

        Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga y profesora.


Presentación de Trazos de sombra en Madrid, Casa de León en Madrid, el 17/XII/2021
Foto: Luis Luisiten

Sol Gómez Arteaga con la autora de esta reseña.
Madrid, 17/XII/2021. Foto: Luis Luisiten


El libro Trazos de sombra se presentará en León el día 30 de diciembre, en el salón de Actos del Ayuntamiento, calle Alfonso V, 1.



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