jueves, 12 de enero de 2023

Reseña: "Camino de San Trago", de Iván Pablo López

 


Uno editorial

Género: Narrativa

468 págs.




Es para mí un gran placer realizar la reseña de esta novela, cuyo autor fue en su día alumno mío en Bachillerato. Entonces, alumno, y, ahora, maestro, del que he aprendido mucho, tanto fuera de esta novela como dentro de ella.

Iván Pablo López es doctor en Historia y experto conocedor de la geografía urbana  y artística de la ciudad de Madrid y de otros muchos lugares de España. Durante años se ha dedicado a  organizar rutas y viajes culturales por España, como la ruta del Cid. De varias de ellas he podido disfrutar personalmente. Es buen conocedor del Camino de Santiago, que ha realizado como romero y como guía de peregrinos y, sin duda, eso se nota tan pronto el lector se adentra en la novela Camino de San  Trago.

Cuando leemos el título de este libro parece que nuestra mente trata de engañar a nuestra mirada. Santiago, San Tragodos parónimos  que tienen una similitud fonética evidente. Pero al mismo tiempo que el título  nos resulta chocante,  tenemos la certeza de que este camino peculiar también nos llevará  a Santiago, pues eso nos indica la flecha amarilla que aparece en la portada y en la contraportada. Para saber cómo vamos a hacer ese camino hay que traspasar la portada y ponerse a leer. La palabra trago es un palabra polisémica en español, alude a la acción y efecto de tragar y, más específicamente, a la ingestión de bebidas alcohólicas. Pero trago también significa desgracia, infortunio. ¿A qué tragos se refiere el autor?  Tal vez tuvo presente aquella invectiva que  lanzaba Góngora contra Quevedo en que sugería que este también era aficionado a la bebida como él mismo: A San Trago camina, donde llega: / que tanto anda el cojo como el sano. Todo ello parece decirnos: Pasen y  vean (lean). 

La novela es la crónica de lo que les ocurre haciendo el camino a dos grupos de personas que lo van realizando en paralelo y coincidiendo en los mismos lugares. Se trata de un grupo de mujeres que forman  parte de una asociación peculiar, Partenopea, y de un grupo de estudiantes de una universidad norteamericana. Dos perfiles muy distintos de peregrinos. El autor nos describe el funcionamiento de la asociación Partenopea que tiene un cierto cariz esperpéntico, como lo tiene también la actuación de las asociadas. 

La organización se rige por  una cierta estructura militar bajo el mando de la lideresa, Purificación Abad.  Existe, además, una tetrarquía de cuatro coronelas y, bajo ellas, capitanas, sargentas y reclutas. El autor las llama en una ocasión falange de hoplitas. El grupo de peregrinas va capitaneado por Rafaela, que es una persona desenvuelta y que sabe sacar provecho y cobrar comisión por oír la explicación de su guía o por vender dulces de los conventos.

El otro grupo  está dirigido por un viejo profesor jubilado, que conoce bien el camino, pero no tan bien  al grupo que dirige. Peter T. de la Bramante, ayudado por Macarena, enlace español para el grupo, y por Rebeca, la guía, tratan de realizar un viaje cultural con los estudiantes que va encontrando diversas dificultades, en especial los problemas graves con el alcohol de una de las estudiantes, Meggie, que tiene que ser repatriada.

Ambos realizan el camino en octubre de 2022, repetición del Año Santo motivada por la pandemia, para concluir en Santiago de Compostela el día 1 de noviembre. Los dos grupos usan un autobús de apoyo y una parte del camino lo hacen en ese autobús, especialmente el grupo de mujeres que realiza caminatas cortas. A lo largo del camino van surgiendo una serie de dificultades con la que se enfrentan los guías y los peregrinos que tienen que ir solucionando sobre la marcha, una de ellas quedarse sin dinero. Aparecen y desaparecen personajes con los que se encuentran, a veces pintorescos,  que crean situaciones exóticas, como Cristóbal, el de la calesa y otros grupos o romeros individuales.  Aparecen peregrinos fingidos, problemas como los robos…

Los personajes, especialmente los del grupo de jubiladas, están tratados con cierto matiz caricaturesco  que nos recuerda a los  personajes valleinclanescos. Bastaría con que nos fijáramos en los nombres tanto del grupo, Partenopea, que nos suena a Partenón, como los de las socias: Angustias Catalina, Socorro, Dolores, Milagros, Magdalena, Visitación, Inmaculada, Auxiliadora… Más la propia Purificación Abad, la lideresa, a la que llama con el disfemismo la teleñeca y a la que compara con una abadesa medieval. Es como si el ejército y el clero se fundieran en su persona. Son nombres que tienen una cierta connotación religiosa… 

Pero su religión es tan sui géneris como el camino de Santiago que realizan, donde lo que menos hacen es caminar, pues es un microbús el que las desplaza  la mayor parte del trayecto de Roncesvalles a Santiago. No tienen, pues, el perfil del auténtico peregrino. No se alimentan de bocadillos, se alojan en hoteles, a veces de lujo, compran de forma compulsiva… El autor capta muy bien la singularidad de cada viajera y las manías variopintas que tienen. Nos parece también caricaturesco el nombre del guía, el doctor Carlitos Greco, a pesar de ser una persona muy impuesta en historia y arte.

Iván Pablo López parece crear un contraste caricaturesco entre el título académico, el diminutivo del nombre  y el apellido de este personaje,  que nos suena  a cultura clásica, tal vez en consonancia con Partenopea, el nombre del grupo. Para incidir en el carácter esperpéntico de los personajes  en muchos casos parece que el autor las deshumaniza al animalizarlas: alimañas, lagartas, urracas, avestruces son nombres con las que las designa. También las llama aquelarre. 

Además del aspecto cómico que reflejan muchas situaciones, y que le dan aspecto de sainete,   la novela tiene el contrapunto serio que es la parte  en la que se nos explican elementos artísticos y culturales  de distintos lugares del camino. Las explicaciones las pone en boca de los guías respectivos de los dos grupos: el doctor Carlitos Greco,  de Partenopea, y Rebeca, del grupo de chicos estadounidenses. 

En las explicaciones se pone de manifiesto de forma evidente la sabiduría artística del autor,  Iván Pablo López. Así, conocemos la Real Colegiata de Roncesvalles, el románico de Santa María de Eunate, San Martín de Frómista… Y muchos monumentos más. Pero no contiene solo explicaciones de monumentos, realizadas siempre de forma muy plástica, sino que se insertan también explicaciones históricas como  la relación entre Alfonso el Batallador  y doña Urraca, la batalla de Clavijo y el tributo de las cien doncellas… Religiosas, como la historia de Santiago Apóstol, la vida de san Millán de la Cogolla, referencias a papas y a la papisa Juana… Hay referencias etimológicas, como el origen del nombre Sahagún (de Campos). Científicas,  como el valor fertilizante de la colombina… No faltan tampoco alusiones mitológicas.

La novela usa la técnica del flash back, pues comienza cuando han llegado a Santiago y están tratando de conseguir la Carta  Compostelana. Luego da un salto hacia atrás para presentarnos los preparativos del viaje de ambos grupos. La estructura no llega a cerrarse de forma circular, pues en el último capítulo avanzan algo los hechos al contarnos cómo finalmente consiguen una Compostela falsa, pues por delación de una partenopea, la dispensación oficial de las mismas no se las entrega por no cumplir con los requisitos. 

En la última secuencia nos sorprende con un salto espectacular en el tiempo anticipando el futuro (flashforward) situando la acción el mismo día del año 2088, en que uno de aquellos peregrinos universitarios, ya octogenario, vuelve con su esposa a Santiago acompañado del bastón que el profesor de la Bramante le ha dejado en herencia. Reproduce algunos comportamientos de su maestro como dejar flores en algunos lugares a personas y desaparecidas. 

Dado que en la novela aparecen otros muchos saltos atrás para recrear hechos históricos, este ir hacia adelante nos da la sensación de que quiere universalizar el  Camino en el tiempo. Llovía cuando llegaron los peregrinos de 2022 que protagonizan la novela y llueve en el año 2088 y  también ha llovido en tiempos anteriores: Les comenzó a llover agua de distintos tiempos, aguas de distintos nombres y espacios. En esos peregrinos parece que está representado pasado, presente y futuro de ese peregrinaje (…) La lluvia caía sobre siglos de granito y milenios de esperanza (…) sobre vivos, sobre muertos…

La narración base se realiza en tercera persona,  pero esta obra es más que una narración omnisciente que avanza en el tiempo, pues  reproduce de una forma original  y plástica lo que está  sucediendo ante los ojos del narrador.  En realidad, parece que oímos y vemos lo que sucede. Para ello  el autor va introduciendo  en la narración muchas frases en estilo directo  de pensamientos o   conversaciones entrecortadas, como ráfagas y sin marca de diálogo, que reproducen lo que dicen o lo que piensan los personajes. Usa la cursiva para  hacer notar que eso no está puesto en boca  del narrador principal.  Por eso parece que estamos ante una narración coral. 

Un elemento importante que contribuye a esa plasticidad auditiva es el uso muy frecuente de exclamaciones u onomatopeyas que expresan   los sentimientos o la actividad que realizan  los personajes.   “Oímos”, por ejemplo, el clic de las fotos, y muchas otras onomatopeyas: snif, plas, cloc…, las conversaciones fragmentadas de gente que habla por   teléfono, “vemos” el enviar de los mensajes de whatsapp. Tenemos  la sensación de que hay espectadores de lo que está ocurriendo desde la distantica, pues les llegan en el momento fotos o mensajes. Hasta los movimientos del autobús: frena, gira, intermitentes… aparecen entreverados en medio de la narración.

Estamos ante una narración compleja. Dentro  de la  narración que realiza el  narrador principal  se introducen otros niveles de narración con narradores secundarios como  los guías, cuando dan explicaciones de tipo cultural, y los jefes de los grupos, cuando dan instrucciones a los peregrinos,  además de otros personajes secundarios que van valorando lo que sucede. Las explicaciones de tipo histórico tienen también un gran poder evocador, pues  no solo se cuentan fríos hechos, sino que   el lector se convierte en espectador de  los mismos en el momento  en que sucedieron.  Por ello estamos ante una narración compleja. Aparece también la metaliteratura con la introducción de versos sueltos de distintos autores: Borges, Garcilaso, Lorca… A veces son también letras de canciones que hacen referencia a lo que se oye. 

El estilo se corresponde con ese mundo esperpéntico que refleja. Abundan  las metáforas  o comparaciones con un matiz caricaturesco: la  mesnada (grupo de peregrinas), la compara con un aquelarre. El estilo tiene relación con esa  visión  esperpéntica de los hechos y de los personajes, por ello, están presentes recursos que tienen con que ver con la deformación  y la caricatura. La comparación hiperbólica le lleva, por ejemplo, a comparar una disputa entre las peregrinas de Partenopea con la batalla de Salamina, en la que sitúa a las distintas contendientes en el grupo de las  atenienses o de las persas. Hiperboliza también cuando dice de alguien que tenía más años que el sol.  Son frecuentes las comparaciones y metáforas denigratorias: Franco es definido como  un pigmeo dictador reptiliano. Para dar sensación de incultura  de las  partenopeas  nos presenta cómo deforman el nombre del  profesor Peter T. de la Bramante, experto en Garcilaso, para convertirlo en  Peter de la Bocelli, experto en La vida es sueño

El léxico también contribuye a dar la sensación de confusión y  el ambiente de película de Berlanga. Aparece con frecuencia el léxico coloquial, lleno de apelativos en el trato personal que dan sensación de hipocresía: tesoro, alhaja, cielo… Aparece el léxico desenfadado: jodienda… Se mezclan en el texto expresiones en inglés y otras en  español deficiente para reproducir el lenguaje de los estudiante estadounidenses. Y como el camino es cosmopolita, aparecen también otros idiomas: italiano, francés… 

El autor deforma la visión de las cosas y de los personajes a través del lenguaje. Además  de las comparaciones con animales, ya citadas, aparece la mezcla del lenguaje culto, incluso técnico (gablete) con el coloquial (brear a palos)  y  los contrastes como la mezcla de arcaísmos lingüísticos o morfológicos: de esta guisa, por ende, por mor de … con neologismos como influencer o llamar CEOs (“chief executive officer”)  a los que tienen un cargo de responsabilidad, aunque vivieran en épocas pasadas. No faltan tampoco los latinismos cuando nos recuerda, por ejemplo, que la expresión buen camino, que se intercambian los peregrinos que se encuentran,  es la expresión moderna que sustituye a ¡ultreia! (más lejos) et suseia (más alto). No faltan los galleguismos, entre otros: zarzallo, orballeira, lapiñeira  para llamar a la lluvia fina o el famoso conjuro de la queimada. 

Deforma también con el uso de disfemismos,  como cuando opta por llamar  pelleja a una bota de vino omnipresente en la vida diaria de las partenopeas (San Trago) o el microbús en que viajan  queda convertido en camioneta o en camión. Lo mismo ocurre con el abuso  del galicismo epatante, que parece el lema del grupo, y  que, a fuerza de repetirlo los personajes, resulta ridículo y vacío de contenido. A ese afán por la caricatura contribuyen a veces los calificativos y ciertas rimas o paronomasias: Purificación Abad se levantaba a horas tétricas, vampíricas, muy inquietantes, pretéritas. La adjetivación, en general,  presenta  matices hiperbólicos, pues con frecuencia se realiza con una enumeración de adjetivos: huraño, elitista, acomplejado y menesteroso;  palique políglota, plurilingüe, ecuménico y mundial; seráfico, deífico y arcangélico silencio. Se podrían aportar muchos más ejemplos. 

Estamos, pues, ante una novela que nos hace conocer el Camino en el aspecto cultural, pero, sobre todo, nos hace conocerlo en el día a día de todos esos personajes variopintos que caminan o circulan por él. Es como un diario que se escribiera  a partir de la grabación de un micrófono  que fuera reproduciendo  todo lo que allí se oye. Porque esta novela de Iván Pablo López es una novela que se lee, pero, sobre todo, es una novela que se oye y que se ve. 

Nos aporta muchos datos para conocer la historia del Camino, nos habla de las curiosidades, de  las dificultades, de los tipos humanos que transitan por él, que el autor  disecciona en la novela. Dados sus conocimientos históricos, que expone a través de los guías, aprendemos mucho siguiendo a estos peculiares peregrinos, pero la novela nos sorprende, sobre todo, por su habilidad literaria para presentarnos el Camino de Santiago de  otra manera, en que se  mezcla lo serio con lo satírico, la realidad con la ficción. 

Es una novela que  ha exigido al autor documentación y observación, pero, sobre todo, es una obra apasionada: una explosión de vivencias. Un Camino de San Trago, en las dos acepciones que se apuntaban al inicio,  porque demasiados tragos pasan por la boca de los personajes: vino, orujo, licor verde…, con resultados a veces imprevisibles y no deseados, y también porque está lleno de pequeños y grandes inconvenientes. En fin, esta novela,  con que nos deleita Iván Pablo López, nos permite hacer   con sus personajes el  Camino de Santiago y el de San Trago, a la vez,    y   es, además,  el inicio de su camino literario, ante el que solo podemos desearle:  ¡Buen camino!

 

©Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga y profesora de Lengua y Literatura



Si deseas ponerte en contacto con el autor, lo puedes hacer por alguna de estas vías:

Cuenta de correo: ivanpl01@ucm.es

Cuenta  de Instagram: @ivan_pablo_lopez_perez

Cuenta de Facebook: Iván Pablo López Pérez

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