miércoles, 11 de diciembre de 2019

¡Mucha mierda! Con perdón…


  Expresiones relacionadas con lo escatológico



  

     Este artículo  se va a mover entre lo escatológico y lo coprófilo. Aclaramos, pues, desde el comienzo, el significado de los sustantivos de los que proceden estos términos. La escatología es uso de expresiones soeces relacionadas con los excrementos. La coprofilia es la atracción fetichista por los excrementos.

    Caca, culo, pedo, pis.  A los niños pequeños les hacen gracia estas palabras  relacionadas con la coprofilia  y las usan, a modo de retahíla, para provocar la atención de los  adultos, especialmente cuando ven que estos se encuentran incómodos al oírles  repetirlas  en público. 

       Pero no solo  a los niños. A los hablantes adultos también nos gusta movernos en lo mundo de lo escatológico. De lo contrario,  no se entendería  por qué la palabra mierda, y lo que tiene que ver con ella, está tan presente en el habla coloquial española.

  Como una forma de mostrar nuestro disgusto o  contrariedad (aunque a veces también estas expresiones solo reflejan  afectividad), usamos muchas veces la expresión “me cago en”, que suele  quedar convertida en me cagüen Y nos cagamos en las cosas más diversas.

      Con frecuencia recurrimos a la madre o al padre: cagüen tu madre, tu padre. A la madre, dudando de su moralidad sexual, se le añade a veces, sin miramientos, un epíteto: tu puta madre. Pero no solo  nos cagamos en los padres de los demás, a veces también  en los nuestros. Y lo curioso es que cuando un hijo consigue enojar a sus padres pueden ser estos los que digan cagüen tu madre o padre, como si los aludidos por el insulto no fueran ellos, sino otras personas.

       Y poco importa si están vivos o muertos, o si los muertos son recientes o no, pues también tenemos la variante me cagüen tus muertos. Y en ese cagarnos en las cosas más diversas, aparece también la referencia a nuestros primeros meses de vida, a la cuna, a la leche: cagüen la cuna que te arrulló  o la leche (que mamaste). Uno de los más frecuentes es, sin duda, cagüen la puta, que se puede convertir  en la puta madre o simplemente en el naipe de la puta  de oros o de bastos. No es menos frecuente la alusión a la mar salada. Y algunos se remontan a tiempos y  personajes muy lejanos y traen a Diógenes a la actualidad. Otros disfemismos  menos bastos sirven para suavizar la expresión anterior, tal es el caso de mecachis.

      Tampoco nos sentimos extrañados cuando oímos decir que alguien se caga en diez (Diez). No parece que haga referencia al número, ni al apellido Díez, que es frecuente en la provincia de León, tal vez sea una suavización de la palabra Dios. No falta quien considera que es una etimología popular que procede del apellido de un general francés (D´Huez) que los españoles del sureste de España recordaban con odio por su crueldad.

     Los elementos religiosos no quedan fuera de la escatología. Se oyen con frecuencia expresiones blasfemas como me cagüen Dios (o san Dios),   la hostia o la hostia puta,  el copón,  la Virgen,  los clavos de Cristo, todos los santos… En algunos casos, con ligeras modificaciones  que alteran la referencia a  Dios, no nos importa crear otra divinidad y aparece la forma: me cagüen diosla. También se puede aludir al demonio con nuestros “cagamentos”: me cagüen el demonio. Y no faltan las tres Marías que en este contexto son: la caca, la mierda y la porquería.

  Aunque estas expresiones pueden ser consideradas blasfemias y, en cualquier caso, son expresiones irrespetuosas,  en muchos ocasiones no tienen componente injurioso, porque se han desposeído del sentido religioso y  son usadas  de la misma forma por personas que creen en Dios  y  por otras  que no creen. Y no solo hay expresiones relacionadas con la divinidad para el Dios cristiano, pues Buda también aparece con frecuencia en expresiones de este tipo. Y hasta nos podemos inventar algún santo original: cagüen san pito pato.

    Hay otras expresiones ligadas a partes  o aspectos de nuestro cuerpo. Se puede alguien cagar en nuestras muelas –de momento los dientes están a salvo-  o  elegir el cuerpo entero y cagarse en  nuestra (mi) estampa o en algo más etéreo como nuestra sombra. Y cuando no se encuentra el lugar o la persona oportuna para regalarle nuestros excrementos lingüísticos o queremos mostrar un desagrado genérico la frase se transforma en me cago en todo (lo que se menea). Personas, animales y plantas serían los objetivos de esta lindeza. Si se mueven, claro está. Y hay unos extraños animales que parecen especialmente inquietos, son los ratones colora(d)os, a los que convertimos en receptores preferidos de nuestros excrementos.

   El hecho de defecar no se queda en las expresiones anteriores. Con frecuencia, cuando cometemos un error difícil de enmendar, nos sale espontánea la expresión: ¡La he cagado!  En ocasiones, cuando son otros los responsables de la metedura de pata, les dedicamos la expresión la cagaste Burt Lancaster (pronunciado aproximadamente: Bur Lancáste). ¿Y qué tiene que ver el actor estadounidense con este asunto? Parece que nada que vaya más allá de la  gracia o la musicalidad de la propia frase que dio título  a un disco muy popular, del grupo Hombres G,  publicado en 1986. En cualquier caso, seamos nosotros los responsables de la cagada o él,  la mancha puede ser indeleble.



Si salimos precipitadamente de un lugar, lo hacemos cagando leches. Como parecía que lo hacían los animales que transportaban la leche en tinajas, cuando este reparto se hacía a domicilio y la precipitación iba dejando pequeños regueros de leche donde se había repartido.

Algo de resultado muy insatisfactorio es una cagada, quizá porque la persona que lo ha hecho lo ha realizado atropelladamente. Está claro: no conviene ser un cagaprisas. 

A los que actúan de forma cobarde o pusilánime les llamamos caguetas,  cagados, cagones… Y sin ser especialmente cobardes todos hemos sentido alguna vez el   cague, ese miedo intenso que paraliza.  Es bien conocido el hecho de que ante una situación de miedo extremo es difícil controlar los esfínteres. Dejó buen testimonio de ello Cervantes en El  Quijote, cuando, en la  famosa aventura  de los batanes, Sancho siente un miedo extremo ante unos misteriosos sonidos nocturnos, y este miedo  le impide controlar lo que ocurre en su cuerpo, por lo que don Quijote lo reprende:

̶ Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo.

̶ Sí tengo –respondió Sancho ̶ , mas ¿en qué lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca?

 ̶ En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar –respondió don Quijote. (Capítulo 20, I).

"El Quijote" (20, I),  edición  de  Martín de Riquer
con ilustraciones de Mingote


      El mismo fragmento del Quijote traducido al macedonio,  en la edición del "Quijote universal del siglo XXI"

Algunos vocablos  que designan  a las personas aluden a su poca categoría laboral, como el cagatintas (chupatintas), un oficinista de poca categoría, o el cagarrache, operario de una almazara que depende del maestro. Y la palabra caganidos que, con el mismo sentido que el último pájaro de una pollada, se aplica al último hijo de una familia. Y con el significado de desecho se usa la palabra cagafierro para la escoria del hierro. Algunos nombres de  animales también derivan del verbo cagar: cagaaceites se llama al pájaro zorzal. El cagachín o cagarropa es un tipo de mosquito.

En el lenguaje juvenil actual encontramos, sin embargo, una expresión que llama poderosamente la atención, porque trata de destacar algo de forma positiva. Así, oímos decir ¡huele que te cagas! para un perfume u otra cosa que huele bien. Expresión curiosa y contradictoria, pues hay que evitar hacer lo que sugiere, de lo contrario, el olor sería bien diferente. 


     ¡Y una mierda! 


    Con lo de cagar y cagada viene en consonancia la palabra mierda que también adorna el lenguaje coloquial. 

    Para mostrar el enojo y despachar de un lugar a la persona que nos resulta inoportuna podemos optar por enviarla a distintos lugares, algunos bastantes escatológicos: a cagar, a cagar al vía, a buscar la cagada  de un lagarto, al guano  (excrementos de aves marinas) o, llana y simplemente, le decimos: ¡Vete a la mierda! Cuando la sensación se hace ya insoportable actuamos contra nuestro abanico: ¡A la mierda, abanico, que se acabó el verano! O simplemente elevamos el tono, lo acompañamos del movimiento de algún dedo de la mano y lanzamos una expresión con componente cuantitativo: ¡Y una mierda!

    ¡Mierda o a  la mierda!, es la interjección que usamos más frecuentemente para indicar contrariedad: ¡Mierda, no me di cuenta!  A veces lo comunicamos con cierta calma: lo mando todo a la mierda  y, otras, mostramos nuestra rabia con una expresión de mayor  intensidad: ¡a la puta mierda! O repetimos la palabra haciendo un dúo o trío: ¡Mierda, mierda, mierda!  Y  si somos políglotas podemos sustituirla por la conocida palabra francesa  y  gritar:  ¡Merde!

    Como sustantivo, la palabra mierda sirve para calificar algo malo o muy malo: un trabajo de mierda,  una vida de mierda…  O sirve para calificar la poca valía de una persona: es un mierda, es un jefe de mierda… A veces adquiere valor pronominal y equivale a nada: me importa una mierda o ¿a mí qué mierda me importa?  Pero la mierda puede ser un poco más visible si la convertimos en una especie de estandarte,  en una mierda pinchada en un palo y salimos con ella a pasear o desfilar. Podremos hacerlo si antes no nos hemos cogido una mierda (castaña, cogorza, pedo…), porque en caso contrario perderíamos nuestro estandarte en el paseo.

    En ocasiones, adopta un  significado más claramente metafórico. Eso ocurre en expresiones como revolver la mierda, que aluden al hecho de  buscar más problemas donde ya los hay, o  estar de mierda hasta el cuello, para describir a alguien al que se le puede criticar por su actitud moral o social, o me tocó comerme la mierda, cuando alguien debe responsabilizarse de los errores ajenos. Lo que huele a mierda, sin serlo, es algo reprochable dentro de una actuación poco clara. Y si no levantamos las alfombras con frecuencia, es posible que estemos ocultando la mierda desde épocas lejanas.

      Una de las expresiones más conocidas para desear éxito de público dentro del mundo del espectáculo  es la famosa  ¡mucha mierda! Parece que viene de siglos atrás cuando la gente elegante acudía al teatro en coches de caballos.  Los animales dejaban sus excrementos camino del teatro, por tanto,  a mayor cantidad  de excrementos,  más público, y más éxito de la representación.
    
     Hay muchos refranes populares que  recogen la palabra mierda  y le dan un  sentido figurado. Vayan unos pocos ejemplos: A quien con mierda trasiega, algún olor se le queda; gaviota hacia tierra, marinero a la mierda; la mierda cuanto más se revuelve, más huele; ni mierda sin pedo, ni boda sin tamborilero… Y todos hemos oído alguna versión de este  microcuento: Este era el cuento de María Sarmiento que fue a cagar y cagó en el asiento.

   En la lengua catalana hay muchos dichos populares y refranes que usan este lenguaje escatológico  sin ningún reparo: Pluja a la muntanya, merda al pla (los problemas de los de arriba afectan más a los de abajo). Las gallinas de arriba cagan a las de abajo, se dice en castellano.  Són cul i merda (son culo y mierda), para hablar de personas que son inseparables. Hay que recordar también la presencia en los belenes  de un personaje  que está defecando y que es típicamente catalán, el caganer.  Esta figura está  aceptada por la iglesia y  puede representar a cualquier personaje famoso de la actualidad, aunque en su origen representaba a un campesino catalán.

    Y al lado de la mierda la caca, que es una forma más  familiar y personal, y que a veces adquiere un tono afectivo, por lo que parece que podemos hablar de ella de  una forma menos malsonante. La  expresión hacer caca (parece que es algo que depende de nuestra propia decisión) es la preferida para niños y adultos. Y para los más modernos la palabra se ha quedado en dos escuálidas letras: KK (caca).

     También el habla cotidiana usa expresiones relacionadas con el verbo mear: al que mea (o escupe) para arriba le cae encima, es una frase que critica la jactancia. Cuando queremos mostrar máxima extrañeza ante un hecho decimos que es para mear y no echar gota. Y cuando alguien tiene una actuación inadecuada o inoportuna, que mea fuera de tiesto. De la  niebla que desprende mucha humedad se dice que es una niebla meona y de la lluvia que es solo un calabobos,  lluvia meona. Y meón  o meona se llama también a los niños  recién nacidos.  Sin olvidarnos de esos beatos santurrones que llamamos meapilas.

     El español también es original a la hora de referirse a ir a orinar o a defecar. El número de expresiones es ingente. Unas finas, como ir al baño, al inodoro, al excusado, a hacer aguas mayores…, y otras menos finas, pero más originales. Ahí van unas pocas: a hacer popó, a plantar un pino, a sentarse en el trono, a descomer, a poner un mojón, al confesionario, a quitarse un peso de encima, a visitar al señor Roca, a ver chi cago, a rescindir el contrato a KK, a hacer lo que nadie puede hacer por mí, a soltar lastre… Y tantas más que se oyen, sobre todo, en el lenguaje juvenil.

     Los excrementos  han  tenido en ocasiones usos prácticos que les han dado un valor social reconocido. Parece que algunos pueblos prerromanos de la península Ibérica, de forma profiláctica,  se enjuagaban la boca con orina. También es conocido que  algunas damas romanas se embadurnaban el rostro con las heces para conseguir mayor tersura. En algunas culturas se han usado también con fines médicos para curar heridas.

    Hoy casi todos  reconocemos   la caca sonriente del WhatsApp, uno de los emoticonos más conocidos del mundo. Una evolución del señor Mojón de la serie South Park,   que apareció en diciembre de 1997.



        Y  no hay que olvidarse  del culo.  Aunque esta palabra, es más aceptable en el lenguaje formal que las anteriores, siempre que nos refiramos únicamente al conjunto de las nalgas.  A pesar de ello, con frecuencia, en la lengua más finolis, esta palabra se evita con otros términos  como trasero, pompis, culete  Sin embargo, hay  muchas expresiones malsonantes y vulgares, seguramente por sus connotaciones sexuales, como la dirigida a quien se le manda ¡a  tomar por el culo! o a quien le deseamos  ¡que te den por el culo!, expresión de rechazo hacia alguien. También podemos dar por el culo a los demás, cuando nos empeñamos en molestar.

   Otras expresiones sirven para expresar defectos o situaciones. Tenemos  el culo apretado, si somos personas presuntuosas;  apretamos el culo contra el taburete,  si tratamos de afrontar un peligro; nos  caemos de culo, cuando  nos quedamos atónitos ante una situación sorprendente; nos quedamos con el culo al aire, cuando nos encontramos en una situación comprometida; perdemos el culo, cuando nos damos mucha prisa, o vamos de culo cuando algo nos va muy mal.

   Para intensificar algo podemos añadir también esta palabra, bien para definir a alguien, como en es tonto del culo,  o para quejarnos: estoy hasta el culo de todos, especialmente de los los lameculos del jefe.  Y cuando queremos rechazar contundentemente algo que antes se había pedido,  le decimos a la persona que nos lo proporciona  que se lo meta por el culo, (si tiene el tamaño adecuado, claro está).

     Si queremos que  alguien se comprometa,  le exigimos que se moje el culo y que no se equivoque y  confunda el culo con las témporas. Otras expresiones con la palabra culo nos presentan también aspectos peyorativos como la excesiva lejanía de algo que está en el culo del mundo, la deficiencia visual de la persona que lleva gafas de culo de vaso o la excesiva inquietud del que es un culo inquieto o culo de mal asiento. Quizá de tanto moverse  termine desgastando el pantalón y dejando sus posaderas a culo pajareroPero siempre es mejor que el desgaste se produzca por ese motivo que  por el hecho de que le hayan dado una patada en el culo. Y esto de dar patadas en semejante lugar está demasiado de moda en algunos ámbitos, especialmente en el laboral, aunque hay personas que tienen siempre buena suerte, porque nacen con una flor en el culo.


   Hay un culo, sin embargo, que tiene connotaciones positivas. Es el culo de rana. Todos hemos oído o reproducido aquello de sana (cura), sana, culito (rabito) de rana, que si no sanas hoy, sanarás mañana. Parece que estas palabras se convierten en un bálsamo curativo para conseguir que un niño se calme cuando ha sufrido un daño físico.

     Y concluimos con el  pedo, que ha dado origen a muchos refranes, alusivos a su significado real, con frecuencia relacionados con la alimentación o los buenos modales o con sentido más figurado: Ni en parte pública ni en secreta hagas del culo trompeta.  También se ha incorporado al idioma la expresión metafórica cogerse un pedo, para hablar de la situación de ebriedad.

      La literatura no ha sido reacia a incorporar en sus textos algunas referencias a lo escatológico. El escritor clásico que tiene mayor obsesión por  lo relacionado con la  coprofilia es Quevedo. Aparentemente trata el tema de forma humorística, pero en muchos casos, tras el humor y la burla, se esconde un componente simbólico o   moral. 

     Uno de sus famosos sonetos comienza: La vida empieza en lágrimas y caca… Y para defenderse de las críticas de su  enemigo Góngora le escribe estos  versos: (…que nunca que yo sepa  / se le cayó la mierda de la boca. Escribe también la ingeniosa y humorística obra breve, en prosa,  Gracias y desgracias del ojo del culo. Y en muchos otros textos también está presente esta temática.

      Recogemos un fragmento de su famoso Poema al pedo:

(…) El pedo es como la nube que va volando

y por donde pasa va fumigando,

el pedo es vida, el pedo es muerte,

y tiene algo que nos divierte:

el pedo gime, el pedo llora,

el pedo es aire, el pedo es ruido

y a veces sale por un descuido,

el pedo es fuerte, es imponente,

pues se los tira toda la gente. (…)

Quevedo decía que el pedo es cosa alegre, porque dondequiera que se suelta anda la risa y la chacota. 

Pues así,  poniendo una sonrisa en el lector, cerramos este artículo tan merdoso. Y si te has asombrado de que este tema dé tanto de sí, solo te queda decir: ¡Cágate, lorito!

Manneken pis, famosa estatua de Bruselas
Jeanneke pis,  Bruselas



sábado, 30 de noviembre de 2019

Romance a la EÑE





Te escondes entre las letras
misteriosa y pizpireta,
otras catorce grafías
te llevan la delantera.

Pero tú eres pintoresca
y te sales de la hilera,
porque no te asusta el mundo:
¡te lo pones por montera!

Te acicalas, te maquillas
y  te pones la peineta,
y segura de ti misma
organizas una fiesta.

Celebras ser española
y tañer las castañuelas,
y bailar sobre teclados
que un día  te dieron penas.

Prestas nombre a  festivales,
que llaman a los poetas,
y el Instituto Cervantes
te  agita como su enseña.

Eres emblema de España,
que te lleva entre sus letras,
y con sonido nasal
le añades voz y solera.

Tienes hermanas gemelas
en los ecos de  otras lenguas,
mas tu aspecto es singular
y tu figura discreta.

No salgas del alfabeto,
que nos dejas sin vivencias,
porque necesitan  eñes
para hacerse verdaderas.

Nos faltarían castañas,
las del Bierzo y  extremeñas,
pues el lugar  y el producto
necesitan tu presencia.

Y añoranzas de    niñez,
quizá de  ñoñas muñecas,
que educaron nuestros sueños
en  sensaciones maternas.

¿Cómo escribir las palabras
curiosas por su rareza,
por ejemplo, ñiquiñaque,
o,  simplemente, pequeña?

Nos faltaría cariño
y caricias hogareñas
y las hazañas de héroes
y las enseñanzas nuevas,

y los vestidos añiles,
que  miriñaques no llevan,
y  zapatillas de paño
que buscan unas madreñas.

Te necesitamos, eñe,
queremos tu pervivencia:
eñe de coño y de coña, 
eñe de guiño y de peña,

eñe de niña   y pestaña,
eñe de moño  y cigüeña,
eñe de montaña y piña,
eñe de teñir y aceña,

eñe de viña y de braña,
ene de pañal y leña,
eñe de caño  y campiña,
eñe de  morriña añeja…

Sin olvidar gentilicios:
madrileño, cacereña,
logroñés y tinerfeño,
coruñés y malagueña…

También  el leonés  siente
por ti, eñe, la querencia:
tiene ñalgas y ñegrales,
tiene ñisgo y ñorabuena...


Mántente siempre ahí firme,
clama mi voz  pedigüeña,
y sigue marcando el ritmo
con zanfoña y pandereta.
 
Lanza al mundo una sonrisa,
con tu carita risueña,
y mantén la resistencia
que has llevado por bandera.

Con  la  virgulilla al viento
y el futuro que te espera
presumes  hoy de   española,
que es tu esencia más señera.

Mientras lo español exista
tu vida será halagüeña:
eres parte de su sangre,
eres su santo y su seña.

Logotipo del Instituto Cervantes
Palabras leonesas:

ñalgas: nalgas
ñegrales: negrales, moratones 
ñisgo: bizco
ñorabuena: enhorabuena

                

¡Viva la eñe, leñe!  





domingo, 24 de noviembre de 2019

¡Regaladme un río!



A esas mujeres...

"Siemprevivas calladas. Siempremuertas". 
                          
                                Luzmaría Jiménez Faro


Río Omaña (León)

Regaladme  un río. 
Un río caudaloso.
  
Un río  que acoja las lágrimas
que  se deslizan silenciosas  de unos ojos marchitos.
Una lágrima y otra lágrima. Y otra.
Lágrimas de mujer.
Lágrimas de  desamor. 
Lágrimas  de soledad.
¡Lágrimas de duelo!

Esas  lágrimas amargas 
que  han hecho olvidar la dulzura  de un beso,
esas que han sembrado de sollozos  los rincones oscuros,
esas que han quebrado  una dignidad horadada,
esas que han caído al borde de un torrente furioso,
esas que han encogido los cuerpos y congelado las almas...


Regaladme un río. 
Un río misericordioso.

Un río que acune esas lágrimas y las envuelva en ternura,
que  entone  un clamor por la   libertad y el  respeto,
que borre  las huellas  del desprecio y del llanto,
que cure las heridas  sangrantes del desconsuelo,
que arrastre la negra amenaza al mar del olvido.

Regaladme un río. 
Un río luminoso.

Un río que  atrape en su  noche  reflejos de luna.
Un río  que se vista de estrellas  y desprenda fulgores.
Un río que vea dormir los inviernos  y despertar primaveras.
Un río que tiña  su espejo de color esperanza.
Un río humano que alumbre  aguas de  igualdad y justicia.

Regaladme  un río. 
Un río impetuoso... 

Solo necesito que me regaléis un río.
¡Un río de vida!


   Margarita Álvarez Rodríguez, 2019







jueves, 21 de noviembre de 2019

Del agua y del tiempo, de Manuel Cuenya


Reseña literaria 





Edición: La Nueva Crónica. León, 2019

Género: Lírica

Págs: 125

Manuel Cuenya (Noceda del Bierzo-León), es escritor, profesor universitario, colaborador  en prensa, editor de  la revista cultural La Curuja, viajero sensible que busca emociones, que luego nos hace llegar con imágenes y palabras…

La obra  Del tiempo y del agua nos presenta las emociones del autor ante el mundo que lo rodea. Su mundo exterior y su mundo interior. Y, especialmente,  lo que él llama su matria berciana, ese rincón leonés que está  “más allá de León, más acá de Galicia”.

La  obra contiene una Presentación de la filóloga Álida Ares, un Proemio, varios apartados que el autor titula: Matria, Memoria y muerte, Amor y vida, De otras sendas y Dioses humanos. Remata con un Epílogo del autor y unas palabras en la contraportada de la poeta Margarita Merino.

El libro es un conjunto de poemas escritos en versos libres y de textos en prosa que podemos enmarcar dentro de la mejor línea de la prosa  poética. Sigue en ello la estela literaria de tantos autores bercianos y leoneses. 

En Matria el autor nos acerca a la esencia de la tierra berciana pasada por el tamiz de sus sentimientos. “Mi matria es la tierra carnal donde nací y el agua que me arrulla en las llamas del valle”. Es la vida en armonía con una naturaleza exuberante: tierra, pájaros, colores, olores, sonidos… Y el agua, que tiene una presencia esencial. Un paisaje  generoso,  que sigue  regalando vida, a pesar de que  el progreso  lo  ha hollado cruelmente y ha transformado los pulmones de sus gentes en “nata negra”.

Dentro de ese paisaje   tienen un protagonismo especial los ríos y lagos  bercianos. Breves pinceladas de una bellísima prosa poética nos presentan, de una forma muy plástica. unas aguas que hablan a los ojos, a los oídos y a los sentimientos. Son las aguas  de los ríos : Balboa, Sil, Selmo. Cúa, Valcarce, Burbia, Boeza y Oza.  Ríos que,  en unos casos, aportan dinamismo y pasión, y, en otros, armonía, sosiego... Y siempre,  emoción y vida. También los lagos tienen  un atractivo especial: Cheiroso, Sumido, Carucedo y  Las Charcas. Lagos de pepitas de oro, lagos de leyenda, lagos de magia. Una naturaleza paradisíaca en torno al agua.

En el segundo apartado, a los sentimientos se une la reflexión sobre el paso del tiempo, la vida y la muerte. Nos eleva ahora  a los temas metafísicos. La muerte golpea y mata a los que mueren y también a los vivos. Pero el tiempo no borra las heridas ni la memoria. Destacan en este apartado los poemas que dedica a la memoria histórica de los desaparecidos a causa de la dictadura franquista. Son poemas que nos producen estremecimiento. A pesar de todo, frente a la angustia que nos produce la muerte y también la vida,  el autor defiende que vale la pena soñar.

El tercer apartado nos habla de amor y vida. El amor se presenta  con muchas pinceladas de sensualidad  (“déjame habitarte en los acantilados de tu oleaje”) y en relación con el paso del tiempo. La visión del amor parece adquirir alguna resonancia nerudiana (también recuerda  la rima X de Bécquer), al  extenderse por el universo y adquirir una dimensión cósmica.

El cuarto apartado, titulado De otras sendas, nos mueve por el espacio y el tiempo. Hay resonancias  de otros lugares más lejanos: Tierra Santa, México, Marruecos… Lugares engarzados con tiempos concretos: Nochebuena, Nochevieja, Año Nuevo. Nos invita a caminar,  a viajar, a sentir, a empaparnos de experiencias… “La vida es tiempo y espacio”. 

El último apartado es el de Dioses humanos, y nos presenta a personas que han marcado  la vida de aquellos que los han conocido  y amado, entre ellos su padre, cuya trágica muerte conmocionó al autor.

En el epílogo nos habla de la necesidad de escribir, escribir para reflexionar, para sentir, para vivir… Para ser.  Y para  provocar una emoción  en los lectores.

El agua y el tiempo son los ejes sobre los que gira la obra y los que  le dan título.  El agua porta vida  y el tiempo trae muerte. Ambos son un fluir constante. Parece que el autor se mueve entre la apelación epicúrea al carpe diem (sensualidad  referida al amor y a la naturaleza) y la visión de  un universo armónico y bello, que se situaría más en una línea platónica. De cualquier forma, aunque no aparezca una trascendencia de tipo religioso, refleja una creencia en la inmortalidad de las personas desaparecidas, a través de la memoria.

Es verdad que el tiempo corre sin dilación lo mismo que el agua de los ríos: nos atrapa y nos devora. Pero no se puede borrar aquello que ha ocurrido en el tiempo: la memoria de lo pasado.   El tiempo está impregnado de dolor, pero también de amor. El tiempo es una ilusión, pero debemos vivir esa ilusión de eternidad, porque se puede atrapar la belleza en la misma fugacidad, ya que la belleza trasciende al tiempo. Por eso,   hay  que  amar la vida y la belleza. 

Aunque  el autor no omita referencias a  las  pesadillas de la vida, la obra presenta una visión optimista, pues, a pesar de la fugacidad del tiempo, siempre nos pueden salvar    los sueños y la inmortalidad de la memoria. No podemos bañarnos dos veces en el mismo río, porque ni el río sería el mismo ni tampoco nosotros, como decía Heráclito, pero podemos bañarnos una y otra vez, y  triunfar sobre el tiempo.

En cuanto al estilo, el autor usa con frecuencia una sintaxis de  frases breves que concentran e intensifican la emoción. Los paralelismos sintácticos  y la repetición frecuente de palabras (“el tiempo, el tiempo, el tiempo…”)  también contribuyen  a esa intensificación y   a dar ritmo poético al verso libre. Nos sorprende un doble uso literario de la segunda persona gramatical con la que, unas veces, logra desdoblar su personalidad  (el yo, y el tú que es también el yo), introduciendo de forma muy eficaz la técnica del monólogo interior y, en cambio, en otras ocasiones, le sirve para apostrofar a un interlocutor silencioso.

La obra nos sorprende por la abundancia de metáforas con imágenes sorprendentes y muy creativas: “Bierzo-útero”, “vida afilada”, “los raíles del dolor”…  Otro recurso que está muy presente es la sinestesia, tanto en la fusión de sentimiento y sensación, como de sensaciones captadas por distintos sentidos: “aguas amorosas”, “suave reflejo”, “versos que saben a ternura”,  “el color de los anhelos”…  Uno de los poemas alude a ella en el título: Sensual y sinestésica

Es también un acierto la forma  que tiene  Cuenya de usar la intertextualidad de otras obras, para integrarlas en sus propias reflexiones, y   el uso de  las citas que encabezan la mayor parte de los textos, y que nos permiten leer fragmentos de otros poetas: Ángel González, Julio Llamazares, Pedro Salinas, Miguel Hernández, A. Gamoneda, P. Neruda, Rosalía de Castro…

El autor, según dice en el epílogo,  trata de compartir su emoción con la de los lectores, de que los lectores sientan “escalofríos”,  y lo ha conseguido plenamente, ya que nos hace reflexionar sobre el tiempo y el espacio, la vida y la muerte… Y también sobre la justicia, la libertad, el amor… Nos hace emocionarnos al compartir los sentimientos del autor mientras se embelesa con la contemplación de la naturaleza, mientras se rebela contra la injusticia, mientras ama, mientras sufre… Y nos hace disfrutar de la plasticidad con que describe el paisaje y de  la belleza de las palabras (algunas de colorido leonés: trancar). “La lengua que hablo puede que sea mi matria”, dice el autor.

En resumen, estamos ante un libro que seduce al lector  por la emoción de su contenido y la belleza de su estilo y edición.





Margarita Álvarez Rodríguez

Madrid, noviembre de 2019


viernes, 8 de noviembre de 2019

Memoria de un pozo



Pozo del pueblo de Paladín en verano


Ahí estás aún, orondo, erguido, sintiendo pasar el tiempo,  vigilando, como un centinela, los días y las noches de una  calle solitaria.  Has visto pasar por delante el silencio, el jingrio,  el trabajo…  El ladrido de un perro,  la moñica de una vaca. Alegrías y penas.  La vida y la muerte.   

Abres los ojos al sol  de la mañana y acarician tu espalda  las rubianas de la tarde. Has resistido, impertérrito, al frío, al calor, al viento, al bastio Nadie como tú sabe mejor qué es estar albentestate


Al sol mañanero de un día de verano

Desde tu silencio ves pasar las estaciones.  El invierno esconde tu pelo bajo un gorro de lana  blanca, la primavera te adorna con una pamela florida, el verano te   hace crecer una espléndida melena   que cae sobre tu frente   y la otoñada te  cubre con  una boina afrutada.

Con su pamela florida, en primavera

Distingues los pasos de tu gente y los de las personas desconocidas, pero saludas a todos  los que te encuentran a su paso. Eres un símbolo de la relación de vecindad, de la convivencia.

Has sido espejo en que se han  reflejado las caras de varias generaciones, caras del color del sol y del viento, sobre todo de mujeres, que dejaban deslizar el caldero desde la polea, para que tú, generoso, se lo devolvieras lleno de agua. En tu entorno se ha desarrollado una parte importante de la dedicación a las labores de hogar de la mujer campesina, que ha acudido a ti para saciar la sed de la familia, para poder cocinar para ella,  para lavar el sudor de la fatiga… ¡Qué esfuerzo el de portar esos pesados calderos de cinc que se llevaban por pares y que siempre tenían que estar llenos!

Con su boina afrutada de inicios de otoño

Hoy tu ventana está cerrada y  tu polea silenciosa. Quizá los  rapaces ignoren lo que has significado para  sus abuelos. Saben que eres un pozo, pero nunca se han asomado a tu brocal. No saben que  fuiste cavado a mano, que tus paredes están revestidas de piedras, colocadas con  arte y con mimo,  o que, en un tiempo ya lejano, la vida cotidiana  tenía mucho que ver contigo. No saben que no siempre existieron los grifos. 

Te vas quedando solo. Otros pozos comunitarios o privados te acompañaban hace décadas, pero el tiempo los ha desmoronado  o los ha transformado en otros pozos de  formas nada tradicionales. También las fuentes compartían contigo sus  aguas salutíferas y generosas.  Fuentes naturales que brotaban con fuerza del suelo en cualquier rincón, que nos sorprendían  escondidas entre unas hierbas, protegidas por unas urces,  al borde de un camino o en lugares más apartados. Hoy ya no son reconocibles muchos de los  lugares en que manaban. Llegó el progreso y con él el calentamiento global, y se llevó muchos  regalos de la naturaleza. ¿Progreso? 

Mientras, han surgido otros pozos, tubos plantados en el suelo a golpes o con maquinaria, por dentro de los cuales sube el agua sacada con el motor, mientras baja, de forma preocupante, la capa freática.  Ganó la utilidad al encanto y a la ecología.

Hoy ya  no nos ofreces tu agua, pero ahí sigue, escondida a la mirada, quizá un poco nartinosa.  Es posible que esperes que alguien tire una piedra para  devolvernos el eco, para sentirte vivo y útil. Pero, aunque no nos lleguen ni la imagen ni el sonido,  nos conformamos con tu presencia, con tu compañía. Manos generosas te han ayudado a resistir, a dejarte en herencia. Manos futuras deben seguir curándote  las heridas y manteniéndote con vida. 


Con tu gorro de lana blanca, en invierno


Has sido fuente de vida… Hoy eres fuente de memoria…  ¿Mañana?

Mañana será otra historia.


Al final de la primavera


De centinela, en la calle solitaria


viernes, 1 de noviembre de 2019

Las flores del recuerdo


A la memoria de mis padres...




En el mudo camposanto,
hoy cobra voz el silencio.

Allí quedaron los cuerpos,
las almas de allí partieron,
para anidar en la mente
de aquellos que los quisieron.

San Pedro bendice el campo,
con las lágrimas del duelo,
gota  a gota convertidas,
en un río de recuerdos.

Agua sonora de vida,
que suena a rumor eterno.
A los pies de la vallina,
la memoria se hace eco.

Y el eco retumba y vuela
por los valles y los cerros,
y proclama esa memoria
más allá del cementerio...

Cementerio viejo de Paladín, situado en los restos de una antigua iglesia dedicada a San Pedro


Cementerio nuevo, unido al antiguo


El cementerio de Paladín (León), donde están enterrados mis padres, está situado al pie de la vallina de san Pedro.

Licencia Creative Commons
La Recolusa de Mar por Margarita Alvarez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.