martes, 16 de abril de 2013

PRIMAVERA OMAÑESA

             DE COLORES, OLORES Y MELODÍAS...
             
                                   Salid a encontrarla
               por esos caminos.
               ¡Va loca de soles
               y loca de trinos!          
                                            
                                     Gabriela Mistral


Y la encontramos, en todo su esplendor, por esos caminos de Omaña (León).

Riberas del río Omaña, en La Utrera.
                          
La primavera hace revivir la naturaleza, que ha estado dormida durante los largos meses de invierno. Con ella renace la vida de los omañeses. En primavera la gente se pone al solín en las abrigadas, pero el tiempo engaña y a veces vienen marzadas o marzo mayea y mayo marcea. Son frecuentes los días en los que llegan aún los turbones de nieve. Marzo y abril presentan la cara del resto del año: abril y mayo, las llaves del año.

En abril suele llover de forma abundante. Lo refleja bien el refranero: El buen amigo y el buen abril, uno entre mil. No hay abril que no sea vil. En abril, aguas mil. En general, se agradece la lluvia primaveral siempre que sea antes de San Juan, porque la lluvia por San Juan quita vino y no da pan. Es frecuente que en los días lluviosos la lluvia levante a mediodía, si no es así, cuando llueve a mediodía, agua para todo el día. Cuando el cielo está empedrao anuncia agua: Cielo empedrao, suelo mojao. Poco a poco la temperatura se va haciendo más agradable: En marzo a pie descalzo y en abril, pierna y pernil, pero frecuentemente la mejoría es engañosa, pues hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo. Se dice por la zona que no se debe tomar el sol con la cabeza descubierta en los meses cuyo nombre lleva la letra erre, porque ese sol produce catarro.

 Los pájaros pueblan árboles y prados: lavanderas, relinchones, mierlos, cucos o cuquiellos, bubillas, forines, verderones, pardales… Y cerca de las casas, bajo aleros y en corrales, anidan las golondrinas, que son aves especialmente queridas y respetadas.




La primavera es tardía en Omaña, pero, copiando las palabras de Antonio Machado, ¡es tan bella y dulce cuando llega! Las violetas son las flores más madrugadoras y, con su cabeza inclinada y su aspecto humilde e insignificante, perfuman los bordes de los caminos. 




Las cerzales relucen en medio de los prados por su copa algodonada, que anuncia las cerezas que, como arracadas rojas,  colgarán de sus ramas en verano. A veces ese manto blanco se ve bruscamente teñido de marrón por alguna fuerte pelona tardía. Pronto, los perales, también cubiertos de flores  blancas, les toman el relevo. 


Un manzanal en flor

 Y sus compañeros,   los manzanales, para no ser menos, se tiñen también  de  un blanco sonrosado. 


La alfombra verde de los prados se decora con narcisos, margaritas y otras flores  que dibujan arabescos que van del    blanco al amarillo. Los montes se cubren de un manto multicolor. El cantiueso y el tomillo aportan el aroma primaveral. 


Es en mayo y junio cuando la primavera se muestra en todo su esplendor, pues por santa Cruz el monte reluz: el tomillo, la escoba y la urz. Las  ramas poco  exuberantes de  las urces   se conviertan ahora en  espléndidas galanas  que se maquillan, de  blanco y amarillo, las llamadas albares, y de tonos rosáceos, las cabriteñas. Las tiesas escobas, los peornos, las argomas y carqueisas también se engalanan y se convierten en grandas manchas amarillas que junto con las urces tapizan el monte: sus chanas, sus cuetos, sus vallinas y valles, sus solanas y avesedos.


El Canto Fincado (Carrizal de Luna)



El río  corre todavía caudaloso, porque si ha nevado mucho en invierno, o ha llovido mucho en primavera, como ha ocurrido este año,  vien crecido, y a su orillas despiertan muy lentamente los chopos y los alisos.




Río Omaña  desde el puente viejo del Piélago (30/3/2013)
            
Cerca de los núcleos urbanos, las zarzas y los espinos también cambian sus espinas por flores y a las puertas de las casas, allá por el meses de mayo y junio, empiezan a florecer los rosales.








El verano, que se va acercando de forma sosegada, aún se hará esperar, pero, mientras, los omañeses aguzan sus sentidos para disfrutar plenamente de los olores, los colores y las melodías que emanan de esta naturaleza primaveral, que  son un auténtico deleite  para los sentidos…


Una parte del texto procede del libro El habla tradicional de la Omaña Baja de Margarita Álvarez Rodríguez

Nota: El Canto Fincado, según estudio de Adolfo Díez Muñiz, doctor en  Geografía  e Historia, y natural de Carrizal de Luna, es un monumento megalítico ("El menhir de Carrizal", artículo publicado en la revista  De Omaña, nº 1)

miércoles, 20 de marzo de 2013

SALUDANDO A LA PRIMAVERA


21 DE MARZO: DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA Y DÍA MUNDIAL DEL ÁRBOL

La poesía  es  la música de nuestro paisaje interior. La poesía nos hace captar la belleza del mundo que nos rodea, nos sirve de cauce para expresar nuestros sentimientos y nos sirve de puente para confluir con otras personas a través de la palabra.

¿Y qué mejor fusión que poesía y naturaleza? Ya decía Lorca: La poesía es el médium de la naturaleza /que expresa su grandeza por medio de palabras. Los árboles son  los centinelas de la naturaleza.  
  Los hay arrogantes y majestuosos por su porte, árboles que  miran el mundo desde arriba, como la sucuoya que puede medir hasta 100 m. y vivir más de 2000 años.  Los hay esbeltos, como los chopos, que  tiñen de verde  las  riberas de nuestros ríos y  que se visten con traje dorado en otoño. 
       Dulce chopo, / dulce chopo, / te has puesto /  de oro. (Lorca)
    Los hay simbólicos, como el laurel, o elegantes, como el ciprés, que mira al cielo y que es símbolo de vida espiritual..

       Enhiesto surtidor de sombra y sueño / que       acongojas el cielo con tu lanza. (G. Diego)


Los hay cercanos, plantados y mimados por la mano humana, y que nos aportan dulces recompensas, árboles que se adornan de flores multicolores y suave perfume  en primavera y que luego se  engalanan con sus frutos a modo de  joyas multicolores.
                                                                                                           

¡Gloria de los huertos, árbol limonero, / que enciendes los frutos de pálido oro…! 
(A. Machado)


Hay árboles que pasan desapercibidos, que no son esbeltos, que no se adornan con colores especiales en primavera o verano, pero que están  ahí a nuestro lado: nos dan su sombra, que invita al  descanso o a la plácida conversación; nos dan sus frutos, que saboreamos con delicia; nos dan su madera… y  generan  el oxígeno que permite que siga la vida… Son árboles que crecen de forma silenciosa,  a veces en tierras pobres, en lugares inaccesibles,  pero siempre fuertes y robustos.


Siempre firme, siempre igual, / impasible, casta y buena, / ¡oh tú, robusta y serena, / eterna encina rural! A. Machado

Estos árboles son como esas personas que están a nuestro alrededor y nos pasan desapercibidas, personas  que nos aportan su apoyo y comprensión, su trabajo silencioso, que hace posible el nuestro. Son la leña que mantiene vivo nuestro fuego interior o el dulce fruto que nos ayuda a superar las amarguras. Son como la higuera de este emotivo poema de Juana de Ibarbourou, en el que va mi homenaje primaveral  AL ÁRBOL Y  A LA POESÍA:



Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.


En mi quinta hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos, 
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se visten...

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
-Es la higuera el más bello
de los árboles en el huerto.

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo, le cuente:
-Hoy a mi me dijeron hermosa.




 21 de marzo de 2013

sábado, 9 de marzo de 2013

Lenguaje deportivo y violencia



                    En clave de epopeya...

En este artículo se va a hacer un  análisis sobre el carácter  violento que adopta el lenguaje del deporte y, más específicamente, el que aparece en las crónicas deportivas relacionado con el fútbol. Un lenguaje bélico y violento que hace a veces olvidar la nobleza del deporte y nos hace partícipes de sentimientos y actitudes más bien antideportivos, que no parece que puedan  fomentar la paz y la  tolerancia.  Bastaría observar cómo proliferan en ese lenguaje las palabras que sugieren dureza por la reiteración del sonido fuerte –rr- (regate, rapidez, recorte, rechace,  irrumpe, aferra, barrera, rompedor, retaguardia, rival…) o por terminar por los sufijos aumentativos  –ón o -azo (patadón, cañonazo…) que dan  sensación de fuerza y agresividad. El léxico y las frases hechas relacionadas con lo bélico y violento se prodigan en periodismo deportivo. Podríamos crear una pequeña crónica ficticia con palabras sacadas de crónicas reales para darnos cuenta de lo expuesto. 

Ahí va la crónica:


Los jugadores van a salir al campo de batalla con todas las baterías para dar la guerra hasta el final. Las espadas están en alto antes del partido Los jugadores salen a muerte, dispuestos a  matarse entre sí. El delantero centro, en la primera jugada, desentierra el hacha de guerra, hace una incursión, irrumpe con rapidez  y fusila al portero. De un patadón,  le lanza un cañonazo, como si de  su bota saliera un obús o un chupinazo. Este jugador  da letales zarpazos, necesita tener pegada para hacer el pase de la muerte y entrar en el área enemiga, como un buen artillero.  Otros  jugadores disparan repetidamente a puerta, lanzan latigazos a la red. La  delantera  es agresiva. Se necesita un jugador que catapulte a nuestro equipo, porque el rival en pugna es de armas tomar. Los jugadores sacan su   instinto asesino, pero no descuidan la retaguardia por lo que  realizan un repliegue de líneas. La mejor defensa es siempre un buen ataque. 

El entrenador arenga a su equipo, le da consignas. El equipo está presidido por un capitán, que hace regates rápidos para romper la barrera. Cuando algún jugador está cansado, se busca un hombre de refresco. Los defensas deben ser baluarte o escudo defensivo porque está en liza el honor del club. El ariete lanza latigazos  estacazos, trallazos, zurdazos que revientan la red. El ataque pone cerco a la portería contraria y se rompe la retaguardia del rival. El equipo de casa, que juega en su feudo y que aspiraba arrasar, vence la contienda, después de pelear sin rendición, pues el partido no fue  una marcha militar. El gol conseguido en la pena máxima será el resultado que campeará en el marcador. Pero se termina  el partido con varias bajas,  porque los equipos se dieron de tortas, y  árbitro permitió un juego agresivo al rival.  Al final, con la Champions a la vista, se produce un armisticio. 

El léxico de carácter bélico no se agota en el recogido más arriba, pues también hay que añadir que los jugadores militan en equipos, se integran en sus filas y la batalla a veces es un combate naval en que participan escuadras, por eso,  se van a pique, naufragan… Y para que el acontecimiento sea más épico, emulan a Julio  César, forman parte de legiones y se pasean por la historia así: La Rosaleda era un Rubicón para el Barcelona, o  por la literatura de la epopeya clásica:   Simao probó las carreras homéricas y dio cabezazo imperial a la salida de un córner.

Otras veces modernizan el arte de la guerra y, de los mandobles de  espadas, pasan a los morteros, las baterías, los fusiles y a sofisticación bélica de los misiles. Y así, de las legiones, se ha  pasado a tropas cargadas de reclutas. Los jugadores se convierten en peleones  héroes marciales y símbolos imprescindibles de la patria a la que  entregan  su valor hasta límites de epopeya. Pero su valor parece escaso si no se comparan con animales agresivos: los once leones  se batieron y dieron la guerra hasta el final. "Los madridistas, en cambio, estaban  encantados en su guarida".

Si lo anterior nos parece exagerado, a la hora de  insistir en el carácter violento y la fiereza del lenguaje deportivo, bastaría reproducir algunos titulares o expresiones que se han publicado recientemente: El Rayo se come al Betis. El Valencia mata al Deportivo en la orilla… El Madrid golpea de  nuevo. El Barça tocaba sin avanzar y su rival plantaba dos líneas militares por delante de su área. El Madrid manda al  Barça a urgencias. Para el Madrid es una semana de rearme emotivo… 


Y la lista se podría alargar mucho más. A veces  los comentaristas justifican abiertamente la actitud del agresor y lo disculpan con frases  como esta: “Ha tenido que hacer una falta, no ha habido más remedio que derribarle”.

Visto el lenguaje periodístico del mundo del deporte, y especialmente del fútbol, habría que preguntarse qué diferencia hay entre las crónicas deportivas y  narrar una guerra en la que los vencedores se dedican a asolar  sin miramientos a una población.  Es evidente que  estamos ante un lenguaje muy agresivo,  dirigido a un público  mayoritariamente de varones. Es verdad que es un lenguaje metafórico y que hay que reconocerle a ese lenguaje su creatividad lingüística (en otro momento se puede hacer un análisis de esa faceta), pero hay que tener en cuenta  que el lenguaje no solo es el cauce del pensamiento, sino que con frecuencia se convierte en la sustancia del mismo. ¿Por qué tanta obsesión por usar imágenes violentas?

Si resulta   preocupante que los periodistas deportivos abusen de este lenguaje violento, no lo es menos que consideren también a los aficionados parte de ese engranaje militar. Bien significativa es esta cita de una crónica reciente: "La perversión es que la mayoría del público, en gran parte militarizado, perdona cualquier estrategia, por cicatera que sea, y abuchea al equipo contrario por no atacar con más ansia”. 

Debemos hacer deporte para mantener el cuerpo sano, pero no a costa de  llenar nuestra mente de tensión y agresividad. Recordamos  la famosa frase de Juvenal: “(Orandum est ut sit) mens sana in corpore sano”, en el sentido  original, el  de la necesidad de un espíritu equilibrado y pacífico  en un cuerpo equilibrado. ¡Ojalá el deporte haga realidad ese equilibrio! Porque en la palabra sosegada tiene la violencia su peor enemigo.

viernes, 1 de marzo de 2013

DE COLORIDO LEONÉS

CANTOS DE BODA (recogidos en Paladín, Omaña -León-)



En el portal de la iglesia
cuatro claveles floridos,
son los señores novios
y los señores padrinos.
Al señor cura de hoy
salud le deseamos,
para casar las solteras
que en este pueblo quedamos.
Nos vamos a dar la vuelta
con muchísima alegría
despidiéndonos del templo
de Jesús y de María.
Al revolver la esquina 
y al revolver el escalón
ya se ven los palacios
del galán que se casó.
Boda de Ireneo y Patro (1952)

Está calle está regada
y esta noche no ha llovido
la ha regado la novia
con lágrimas y suspiros.
El señor novio de hoy
gran sentimiento ha causado
que ha dejado a sus padres
y a sus hermanos llorando.



“Cuando acababa la ceremonia, después de los trámites de rigor, los novios salían de la iglesia bajo un arco de flores y los invitados mostraban su alegría con cánticos, aplausos… Se lanzaban los voladores, que producían gran estruendo, acompañados de la música de instrumentos populares o de los redoblantes o tamborileros. Se solía invitar a todos los asistentes a la misa, aunque no fueran invitados a la boda, a la pitanza, que consistía en la distribución de vino y pastas.

Y en medio de la algazara se entonaban canciones de tono festivo y a veces humorístico, dedicadas a los novios”.             Del libro “El habla tradicional de la Omaña Baja”

 

Boda de su hija Teresa, bajo el tradicional arco
que se hacía a los novios omañeses (1985)
























PARA EL NOVIO

 Despídete, gocho pinto,
de la pila de tu padre,
que esta es la última vez
que de soltero la lambes.
 
PARA LA NOVIA

 Casada, ya estás casada,
ya te echaron la jimostra,
ya no te vas a los trigos
ni aunque te pique la mosca.


Estos cantos de boda han sido recogidos de la voz de Adoración Álvarez (hermana de Ireneo y tía de Teresa),  fallecida hace pocos meses.






viernes, 4 de enero de 2013


Sobre sexismo lingüístico

A VUELTAS CON EL GÉNERO Y EL SEXO (y III)

         En aras de la lucha contra el sexismo en la lengua y en la sociedad, hemos creado en el lenguaje sociopolítico términos que resultan llamativos y chocantes, y que nos llevan al desconcierto. Hablamos, por ejemplo, de discriminación positiva, para favorecer la presencia social de la mujer, cuando el término discriminación tiene un carácter negativo y va unido a un adjetivo con significado positivo, por lo que la relación  entre ambos  crea una paradoja. ¡Curiosa manera de eliminar  una discriminación con otra discriminación! 

         Hay que aprender a valorar a las personas por su valía personal y no porque formen parte de una “cuota” que marca la llamada discriminación positiva. Es seguir reconociendo, a través del propio idioma, que decimos que es sexista, que el sexismo es inevitable.

Lo mismo ocurre cuando oímos a mujeres que adoptan lo peor  del lenguaje de los hombres para tratar de situarse socialmente a su nivel. ¡Triste liberación  la de las mujeres que  piensan conseguirla adoptando expresiones malsonantes frecuentes en el lenguaje de los hombres como: “Estoy hasta los cojones o que te den por el culo” y otras similares! Sin embargo, no somos conscientes de que hay auténtico sexismo cuando para referirse o dirigirse a las mujeres se usan adjetivos relacionados con el aspecto físico como: ricura, gordi,  preciosa, muñeca… y para el hombre otros  que valoran su personalidad o su sexo: macho, jefe, tronco…

Resalta como un hecho evidente al estudiar cualquier idioma  que en todas las lenguas hay características que están marcadas por los rasgos diferenciadores de la personalidad entre sexos. Así, en castellano,  el lenguaje de las mujeres usa más los diminutivos: solita, problemillas, gordita, faldita…, los acortamientos: gordi, peque, cari, ilu, porfa, pelu… y el prefijo moderno super: supersimpático, superdivertido… En cambio, los hombres utilizan el sufijo  –amen o –men que no usan las mujeres: tetamen, culamen, pelotamen… Hay adjetivos o expresiones frecuentes en el lenguaje femenino e inusuales en el masculino: bonito, mono, chuli…, es muy cuco, es un cielo…, no sé qué ponerme…  

En el lenguaje masculino son más frecuentes, en cambio, expresiones ligadas a la violencia: te parto la cara, te doy una hostia, dímelo a solas, si tienes cojones… Esto es consustancial a la diferencia de sexos y es difícil que pueda cambiarse.

Pero también es verdad que expresiones que oímos en la lengua coloquial siguen marcando la diferencia, no solo de personalidad, sino también social, entre hombres y mujeres. A la hora de referirnos a una relación sexual accidental las mujeres suelen decir: me he enrollado con… y los hombres: me he tirado a… El término quinceañera (chica que está en edad de merecer) no tiene equivalente en masculino. De un hombre que se queda soltero no se dice que se le ha pasado el arroz o que se queda para vestir santos, pero, eso sí, los hombres echan canitas al aire… En expresiones como estas se sigue constatando que la visión social de los dos sexos no es la misma.

Es también curioso observar cómo la palabra cojones  es muy utilizada por los hombres con connotaciones generalmente positivas, por eso se identifica con lo valioso (cojonudo), la valentía (tenía dos cojones, con un par de cojones, me sale de los cojones, te corto los cojones), el éxito (me salió de cojones)…, en definitiva, con cualidades que se atribuyen más a lo varonil.

Otro aspecto interesante del idioma es fijarse en la forma en que se insulta a los hombres y a las mujeres para darnos cuenta de la distinta valoración social de los unos y las otras. Se supone que un hombre debe ser valiente, por tanto, al poner en duda su valentía aparecen  insultos como: acojonado (a-cojonado: sin cojones), cagado, mierdecilla, jiñao, huevón, huevazos, pintamonas, rata, gallina, cagueta… 

También al hombre se le supone la inteligencia, por ello hay variedad de insultos relacionados con la carencia de esta cualidad: zote, adoquín, mendrugo, sandio, ciruelo, melón, atún, percebe, membrillo, cernícalo, primo, merluzo… Se da por supuesta también su virilidad, por eso, cuando  falta esta, le llamamos: impotente, marica, maricón, pitopáusico… 

Se asume que el hombre debe llevar los pantalones (autoridad) y, si no es así, es un calzonazos, huevazos, un donnadie… También se supone que el hombre debe gozar siempre de la fidelidad de su pareja, por ello, cuando esto no ocurre, se le ridiculiza con términos como: cornudo, cabestro, cornúpeta, cabrón… Puede observarse que estos insultos no se utilizan para las mujeres, pero sí se usa la referencia a la madre para insultar al varón: hijo de puta, de perra, de su madre…, como si la mujer, en su condición de madre, fuera la responsable de la actitud del hijo.

Hay insultos específicos para la mujer que denotan la distinta valoración social de los dos sexos. Tienen que ver con su comportamiento sexual, con su aspecto o con su carácter: puta, putón, pendejo, fulana, zorra, guarra,  pendón, loba, lagarta, cardo, sargento, feto, callo… Curiosamente, muchos de estos términos son masculinos.

Vivimos desgraciadamente una lacra vinculada a la violencia machista y hemos creado una ley contra la llamada  violencia de género y esta denominación de la ley tiene ya una andadura política y social que será imposible cambiar. Pero la violencia  a la que se refiere la ley no está ligada al género, que es un concepto puramente gramatical, está ligada al sexo, pues se ejerce la violencia sobre personas de sexo hembra o mujer, o sea, de hombres hacia mujeres. Al utilizar una expresión que es calco léxico del inglés gender violence y  aceptar la confusión que  ha generado  el feminismo entre sexo y género gramatical (pues le ha añadido  a este último  connotaciones socioculturales), hemos perdido una buena ocasión de llamar a las cosas por su nombre y nos hemos perdido en los vericuetos del idioma, confundiendo otra vez sexo y género gramatical.  Más ajustada,  y en consonancia con las lenguas románicas, habría sido la denominación Ley contra la violencia doméstica o por razón de sexo, que proponían los académicos, pero otra vez nos ha vencido el gusto por el anglicismo.


A veces en un deseo de abreviar el lenguaje del desdoble, ampuloso y falso, en la escritura se trata de simbolizar la presencia  de los dos sexos bajo el signo de la @, signo que no forma parte de nuestro alfabeto y que, por tanto, no podemos leer con un sentido neutro.  La arroba, que es una antigua unidad de peso,   da la sensación de dejar la a del femenino en su interior rodeada y supeditada de nuevo al signo de la o masculino.  ¡En poco se  valora a las mujeres si su presencia en los textos escritos queda marcada por una medida de peso! Más estrambótico resulta aún el uso de la x para referirse a los dos sexos.

En las últimas décadas la educación de la mujer ha ido produciendo, y no siempre para bien, como se decía al principio, una igualación de su lenguaje con el del hombre. Antes, las mujeres tendían más al uso de eufemismos que creaban un falso lenguaje “más fino”. Así se oían más palabras y expresiones como pompis (culo), hacer uso del matrimonio (coito), venir el tío de América, estar mala (tener la regla), venir la cigüeña (embarazo), hacer pis…

Pero, aunque se haya igualado el uso en algunos aspectos, es una realidad que la lengua no se puede uniformar, porque el uso que hacen de un idioma las mujeres y los hombres es diferente y además es un hecho científico que la capacidad  lingüística es distinta en los dos sexos.  Las mujeres tienen mayor capacidad lingüística: mayor variedad de léxico y mayor complejidad sintáctica. No en vano llamamos a nuestra primera lengua, lengua materna, porque en la mayoría de los casos se aprende observando y oyendo a la madre.

Lo que sí es claro es que no se transforma la sociedad a través de la reforma del lenguaje. Mussolini trató de cambiar el tratamiento de cortesía italiano lei, que es un pronombre de 3ª persona femenino, y que es válido para ambos sexos, por voi, forma masculina para referirse al hombre. Pero sus intentos fueron fallidos, pues en Italia se sigue tratando de  usted con el pronombre lei, válido para los dos sexos. Algo parecido se hizo en la Alemania del Este cuando se trató de crear un alemán popular que les distinguiera del “alemán burgués” de la República Federal Alemana. El intento fracasó antes de desapareciera la propia República Democrática Alemana.

Así pues, si queremos que desaparezcan los rasgos sexistas de un idioma, debemos acabar antes con el sexismo social y cultural. En definitiva, cambiemos los  pensares, sentires y vivires y en la lengua, de manera natural,  irán cambiando los decires.

Otros aspectos del tema en estos artículos:


A vueltas con el género y el sexo I

A vueltas con el género y el sexo II

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